Sí, sonará todo lo absurdo que ustedes quieran eso de Sandro Tonelito pero esa sería la traducción literal de Botticelli (por cierto maravilloso nombre para un pintor) del italiano al español, si acaso solo cabría la alternativa de "Barrilito", pero no creo que eso mejore mucho la cosa. Y es que las herencias de familia son algunas veces una verdadera cruz y Sandro Botticelli soportará la suya por los siglos de los siglos.
El pintor, nacido en Florencia, se llamaba en realidad Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi (1445 -1510), era el menor de cuatro hermanos y nació 25 años después que el primero de ellos, Giovanni. Suponemos que por encontrarse ya sus padres un tanto mayores, Giovanni se encargó del cuidado y educación del chico. Giovanni era bajito, robusto y no tardó muchos años en coger unos cuantos kilos de más, acercándole peligrosamente, por decirlo elegantemente, a la perfección griega del círculo, lo que motivó que se le conociera como "Botticello" (tonel). Por extensión aquel niño que siempre le acompañaba y que para muchos pasaba por ser su hijo, pasó a ser el chico de Botticello, o lo que es lo mismo, Botticelli (tonelito) a pesar de su delgadez. Y así, Sandro, uno de los más grandes pintores del Renacimiento quedó definitivamente bautizado para la historia como Botticelli, mas no por gracia de Dios sino de los hombres y sus chanzas.
Según cuenta Vasari, en su biografía de grandes artistas, Botticelli era un tanto caprichoso y excéntrico y bastante dado a las bromas, pero sobre su aspecto solo sabemos, por uno de sus autorretratos, que no era lo que se dice una persona obesa. Botticelli era amigo íntimo del joven y poderoso Lorenzo de Médici y este tenía entre sus aficiones la poesía y no dudaba, a modo de juego, en dedicar alguna letrilla humorística a sus favoritos. Según se recoge en el libro "Vidas secretas de grandes artistas" de Elizabeth Lunday, Lorenzo dedicó uno de aquellos poemas a Botticelli, jugando con el significado de su apodo y su insaciable apetito:
Botticelli, cuya fama no es pequeña,
Botticelli, digo , es insaciable.
Más insistente e indiscreto que una mosca.
¡Cuántas de las locuras que ha hecho le recuerdo!
Si lo invito a cenar,
quien lo hiciera que se ande con cuidado,
ya que no va a abrir la boca para hablar,
no, ni siquiera que lo sueñe, pues tendrá la boca llena.
Llega cual pequeño tonelito, y se marcha cual tonel rebosante.
Quién sabe si con los años y los banquetes, aquello de Tonelito resultó algo más que un mote inmerecido. Lo que sí tenemos claro es que, con el pincel en la mano, el talento de Sandro Botticelli era inmenso.
Imagen: Tomada de Wikimedia Commons - Dominio Público CC0 - Fuente Original
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