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jueves, 4 de diciembre de 2025

Narciso y el triste origen del Eco


La mitología griega es muy dada a los castigos divinos y también a las bellas historias; la de Eco y Narciso es un buen ejemplo. Cuenta Ovidio en la Metamorfosis que las palabras nunca resultaron más bellas que cuando eran pronunciadas por Eco, una ninfa de las montañas de voz prodigiosa. Con su hipnótica conversación mantenía distraída a HeraJuno en la versión latina de Ovidio— mientras que el díscolo Zeus daba rienda suelta a sus impulsos con otras ninfas.

Cuando Hera supo cómo había estado siendo engañada y no pudiendo nada contra su todopoderoso marido, decidió castigar a Eco y lo hizo privándola de su don con la palabra. No le quitó la voz, pero la obligó a repetir únicamente la última palabra que dijera la persona que hablara con ella, dejándola para su desesperación sin conversación ni capacidad de expresarse.

El amor siempre te persigue y fue en el campo donde Eco se enamoró de Narciso, un ser tan bello que el adivino Tiresias predijo que «viviría mientras no se conociera a sí mismo». Eco, sin el don de la palabra y con aquella condena a repetir lo que le decían, no podía declararle su amor y se limitaba a seguirlo mientras se escondía entre los árboles. Narciso intuyendo la presencia de alguien preguntaba:

— ¿Hay alguien aquí?

—Aquí, aquí —respondía Eco.

El juego se repitió varias veces hasta que la ninfa, desesperada, se mostró e intentó abrazar a Narciso que, un tanto harto de oír tan repetidas sus palabras y creyéndola un poco fuera de sí, la despreció diciéndole: «¡Morirás antes que yo pueda entregarte mi cuerpo!»

Sin poder decir todas las bellas palabras que tenía en la mente se marchó con el corazón roto a vivir entre montañas y cañadas, suspirando por un amor que nunca fue correspondido. Se abandonó de tal modo que con el tiempo perdió su belleza y adelgazó tanto que finalmente se desvaneció, quedando de ella tan solo el eco de su voz cuando alguien hablaba frente a las montañas a las que se había retirado.

Cuentan que un muchacho, rechazado también por Narciso, imploró a los dioses que éste sufriera los males del desamor en la misma medida que él. En aquellos tiempos, parece que las plegarias eran a veces atendidas, y Némesis, la personificación de la venganza divina, entendiendo justa la súplica, condenó a Narciso a enamorarse de su propio reflejo, cosa que ocurrió cuando pudo verse reflejado en un manantial, no pudiendo ya apartar la vista de sí mismo. Para unos terminó muriendo de desamor, consumido al no verse correspondido; para otros, en lecturas más románticas, encontró su fin al acercarse tanto a su reflejo en el manantial que terminó cayendo en él y ahogándose.

Todavía le quedaría una eternidad para contemplarse a sí mismo en el reflejo de la laguna Estigia del inframundo. Su historia todavía resuena, como el eco de la ninfa, en los narcisistas que tienen en los espejos al mejor de los amigos.



Escultura de Eco: Obra de Ferdinand Leenhoff, 1888. Mármol. Rijksmuseum, Ámsterdam.
Cuadro: "Narciso" - CaravaggioGalleria Nazionale d’Arte Antica, Palazzo Barberini. Roma

Imágenes: Img 1 - Img 2 - Wikimedia Commons CC0

martes, 17 de junio de 2025

Artemisa, la diosa de las tartas de cumpleaños

 

"Alabad también a Artemisa, la doncella cazadora, que vaga por las montañas y por los bosques" (Aristófanes)

Las actuales tartas de cumpleaños tienen un importante eco inspirador en los pasteles que los griegos ofrecían a la poderosa Artemisa, hija de Zeus y hermana melliza de Apolo; una diosa asociada entre otras cosas con la caza, los animales salvajes, la virginidad y también con la Luna. Puede que por esto último, a semejanza de nuestro satélite, aquellos pasteles -denominados "anphiphontes"- eran redondos y para recrear el resplandor de la luna -y por devoción- los adornaban con  pequeñas velas encendidas de las que el humo que ascendía hacia arriba servía como portador de los deseos demandados a la Diosa. 

Los romanos ya celebraban algunos cumpleaños con dulces circulares, pero no sería hasta aproximadamente el siglo XV cuando vuelve, quien sabe por que vericuetos de la historia, el eco de aquellas divinas tortas de Artemisa, esta vez en forma de "Geburtstagkuchen" o lo que es lo mismo torta de cumpleaños, un bizcocho (kuchen) sobre el que se colocaban tantas velas como años eran cumplidos además de una extra por los futuros, y sobre las que, como ahora, solo quedaba cerrar los ojos fuertemente, concentrarse en un deseo y soplar con fuerza para apagar todas las velas y que el humo se elevara raudo hacia el cielo, llevando con él, como siglos atrás, nuestros deseos, esperando que resulten cumplidos, quien sabe si todavía con la intercesión de la olímpica Artemisa.

La escultura de la imagen es conocida como "Diana de Versalles". Recordar que Diana es la versión romana de Artemisa. La obra, de exquisita factura, es una copia romana del siglo I o II de un original griego en bronce hoy perdido y que es atribuido inicialmente al escultor Leocares pero también a Praxíteles. La escultura se descubrió en Italia, se discute si en Nemi o en la Villa Adriana de Tivoli. Actualmente se expone en el parisino Museo del Louvre.


Imagen: Tomada de Wikimedia Commons CC0 - Fuente Original

miércoles, 1 de enero de 2025

El 1 de enero y el Dios Jano



Jano (en latín Janus) es, en la mitología romana, un Dios bifronte que tenía dos caras, mirando una de ellas simbólicamente al pasado y la otra al futuro. Jugando con la foto que acompaña el texto, podríamos decir que deseamos que el futuro esté a la derecha, donde parece que la luz está de cara, en definitiva un 2025 luminoso que nos haga olvidar el pasado paisaje de ese 2024 que ayer nos abandonaba.

Jano era el dios de las puertas, los comienzos y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año (que en español pasó del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a Enero). Como dios de los comienzos, se lo invocaba públicamente el primer día de enero (Ianuarius), el mes que derivó de su nombre porque inicia el nuevo año. Se lo invocaba también al comenzar una guerra, y mientras ésta durara, las puertas de su templo permanecían siempre abiertas; cuando Roma estaba en paz, las puertas se cerraban. Jano no tiene equivalente en la mitología griega.

Imagen: De Wikimedia Commons - CC0 - Fuente Original

viernes, 6 de diciembre de 2024

Rodín, la Fuente y el mito de las Danaides


La versión masculina del castigo eterno soportando una tarea irrealizable se encuentra en el mito de Sísifo, pero la femenina se encuentra en  la historia de las Danaides.

Dánao era rey de Libia y tenía cincuenta hijas llamadas las Danaides. El hermano de Dánao era Egipto que a su vez tenía cincuenta hijos. Entre los dos hermanos habían existido disputas que motivaron que Dánao tuviera que exiliarse con todas sus hijas en un barco de cincuenta remos (nos podemos imaginar quienes remaban) a Argos, lugar del que llegó a ser rey. El caso es que con el tiempo, Egipto mandó a sus cincuenta hijos para que casaran con sus primas y lograr así una reconciliación familiar, pero Dánao, receloso, accedió a la unión y torcidamente pidió a sus hijas que, regalada por él, llevaran una daga, la noche de bodas para con ella dar muerte a sus esposos. Por tan horrendo crimen, una vez llegada la muerte de las danaides, estas fueron castigadas a rellenar por toda la eternidad un barril sin fondo que se encontraba en el Inframundo.

"Las Danaides" por Waterhouse
Las representaciones clásicas de este mito recogen el momento del infructuoso llenado de aquel recipiente sin fondo, pero Rodin decide buscar otra perspectiva y muestra la desesperanza y la esterilidad de aquella tarea infinita, esculpiendo en mármol el cuerpo agotado de una danaide que reposa su cabeza "como en un gran sollozo" encima de su brazo. Su pelo, esparcido sobre la base, aparenta, de forma maravillosa, ser el mismo liquido que todavía mana de la jarra sobre la que descansa su cuerpo,

La forzada postura de "La danaide" responde al concepto que tenía Rodin de la escultura: “el escultor debe de aprender a reproducir los sentimientos en la superficie, lo que quiere decir que todo debe vibrar en la superficie de la pieza, el alma, el amor, la pasión, la vida… por tanto la escultura es el arte de los huecos y los montículos y no del pulido y la suavidad”. Ciertamente el cuerpo de la danaide aparece amorosamente pulido, pero en una postura casi dolorosa, llena de recovecos y angulosidades y reposa sobre una superficie apenas trabajada y con las marcas aún visibles del cincel, ofreciendo de esta manera un interesante contraste.

La escultura, también conocida como "La fuente"  fue esculpida en principio para que formara parte de "La puerta del Infierno" aunque más tarde fue eliminada del proyecto. La obra data de 1889 y se exhibe en el Museo Rodin. Para algunos biógrafos de Rodin, muy posiblemente la gran escultura y durante un tiempo aprendiz y amante del escultor, Camille Claudel pudo ser modelo para esta maravillosa Danaide,

Para terminar la historia debemos contar que sólo una de las hermanas se libró de este castigo eterno, Hipermnestra, la mayor de todas las Danaides, que no llegó a matar a su esposo Linceo en muestra de gratitud por haberla respetado durante toda la noche. En el juicio al que fueron sometidas todas las hermanas, Hipermnestra fue perdonada y liberada por Afrodita, conmovida por su amor hacia Linceo.

Linceo terminó tomando cumplida venganza y mató a las danaides asesinas así como a su padre. 


Imágenes: Fuente de la Imagen 1 - Imagen 2 tomada de Wikimedia Commons

viernes, 12 de abril de 2024

"Perseo y Andrómeda" de Pierre Puget, "El Miguel Ángel de Francia"


 "El mármol tiembla frente a mí, no importa cuán grande sea la pieza"

La frase podría haber sido firmada por Miguel Ángel y sin embargo corresponde a Pierre Puget, un escultor, pintor y arquitecto barroco que alcanzó tal maestría y versatilidad en las artes, sobre todo en la escultura, que se ganó con el tiempo el sobrenombre de "El Miguel Ángel de Francia", reconocimiento que resulta muy definitorio de su talento en un país en el que abundan los grandes escultores. En esta línea, el escritor y crítico Theofhile Gautier, escribía en 1854, 160 años después de la muerte del escultor: "Pierre Puget se ha convertido en el mayor estatuario de su época y quizás en el artista más francamente francés del que podemos vanagloriarnos"

Buen ejemplo del dominio que Puget tenía sobre el mármol a la hora de trabajarlo es la obra "Perseo y Andrómeda", realizada por encargo de Luis XIV en 1684 y que actualmente se expone en el Louvre. La obra, en la que Puget contó con la ayuda de Christophe Veyrier, es de un notable virtuosismo y dotada de gran movimiento, tal y como ocurría con las obras de Bernini del que Puget recibió enseñanzas y una gran influencia.  

La escultura muestra a Perseo liberando a Andrómeda de la roca a la que había sido encadenada como ofrenda a un monstruo marino a raíz de la jactancia de su madre, Casiopea, que presumía de ser más bella que las Nereidas. Otras fuentes dicen que de quien alababa Casiopea su extremada belleza era de su hija, la propia Andrómeda. El caso es que Poseidón, protector de las Nereidas, molesto por aquellas palabras, inundó las tierras donde vivían los progenitores de Andrómeda con las aguas del mar y envió un monstruo marino (Ceto) de voracidad insaciable que haría estragos entre el ganado. Pronto se supo por el Oraculo de Amón que la única salvación era ofrecer en sacrificio a Andrómeda a aquel monstruo, por lo que la ataron desnuda a una roca a su merced. Cuando Perseo la vio indefensa en la roca se enamoró de ella y tras hablar con sus padres, logró el compromiso de que si la salvaba le sería entregada en matrimonio. Ante el monstruo, Perseo hizo uso de la cabeza de la Medusa que provocó que este quedara convertido en coral. Fue así como la hermosa Andrómeda se convirtió en la esposa del valiente Perseo.

Ya en esta página hablamos de la escultura "Milón de Crotona", una de las obras maestras de Puget, a la que habría que añadir, por ejemplo, su "San Sebastian", ubicado en la genovesa basílica de Santa María Assunta, obra soberbia en la que se puede apreciar igualmente la gran influencia de Bernini.

Imágenes: De Wikimedia Commons - Imagen 1 (CC0) - Imagen 2 (CC BY 3.0)

domingo, 7 de noviembre de 2021

"La verdad desnuda saliendo del pozo" - Jean-León Gerôme



Cuenta una leyenda, de la que no logro encontrar su origen y que paso a reproducir de una forma muy libre, que en cierta ocasión, a la orilla de un lago, se cruzaron los caminos de la verdad y la mentira. "¡Buenos días!" dijo la mentira y la verdad contestó a su saludo: "Buenos días". "Hermoso día" continuó diciendo la mentira, mientras la verdad, siempre cautelosa, miró hacia el cielo y lo vio de un azul resplandeciente y sin nubes, escuchó los trinos de los pájaros y comprobando que ciertamente era un día hermoso asintió. Siguió la mentira diciendo que era un día caluroso, algo que la verdad tuvo por cierto, y la invitó a tomar un baño en las cristalinas aguas del lago. La mentira se desnudó alegremente y dejando sus toscas y grises ropas en la orilla, se zambulló en el agua y dijo a la verdad que el agua estaba deliciosa. La verdad, precavida, tocó las aguas con las puntas de los dedos de uno de sus pies y confirmó que ciertamente el agua invitaba a tomar un baño, por lo que, confiando en la mentira, se desnudó igualmente y dejó sus blanquísimas y delicadas ropas junto a las de la mentira y se lanzó también, despreocupada, al agua. Después de nadar un rato tranquilas y de que la verdad terminara por olvidar sus recelos de la mentira, esta, aprovechando un momento en que la verdad no miraba, salió del agua y se vistió con las exquisitas ropas de la verdad y marchó apresuradamente, mientras que esta cuando salió del agua se negó por completo a vestir las oscuras ropas de la mentira y comenzó a andar desnuda provocando el horror de todos los que la veían. Es así que, ayer como hoy, la gente prefiere aceptar la mentira disfrazada de verdad y no la verdad al desnudo.

Eso decía la leyenda sobre la desnudez de la verdad y ya de muy antiguo, el filósofo griego Demócrito apuntaba: "De verdad sabemos nada, pues la verdad es un bien encendido... en un pozo abismal". Puede que fuera allí, en un oscuro pozo, el lugar en donde la verdad hubo de esconder su intimidante y resplandeciente desnudez, y saliendo de ese pozo, en cueros vivos, fue como la pintó Jean-León Gérôme en 1986, en un soberbio cuadro que lleva por título: "La verdad que sale del pozo con su látigo para castigar a la humanidad". Se cuenta que el pintor tenía este cuadro sobre el cabecero de su cama y que cuando murió lo encontraron con uno de sus brazos extendido, señalando a su obra, en un postrero gesto de despedida. Ahora el cuadro se expone en el Museo de Anne-de-Beaujeu, de la escondida ciudad francesa de Moulins.

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

jueves, 4 de noviembre de 2021

El mito de Sísifo, Albert Camus y el absurdo de la vida

 

"Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el “por qué” y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. “Comienza”: esto es importante. La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento."

El fragmento pertenece a "El mito de Sísifo" (1942) ensayo filosófico en el que Albert Camus utiliza esta historia y el castigo de su mitológico protagonista como ejemplo del absurdo de la vida humana. Sísifo, fue el fundador y rey de Éfira, ciudad que con el tiempo sería conocida como Corinto. Según se cuenta tenía fama de ser el más astuto y fullero de los hombres, además de un gran avaro y mentiroso que era capaz de cualquier artimaña para conseguir más riquezas. Aunque el motivo no está del todo claro y cambia según las fuentes, Sísifo, encontrándose ya en el inframundo, fue castigado por Zeus a perder la vista y a subir una gran roca cuesta arriba por una empinada montaña, tarea en la que siempre, antes de alcanzar la cima, la roca escapaba de sus manos y rodaba hacia abajo, hasta el valle, desde donde había de comenzar una y otra vez su repetitiva, agotadora e interminable tarea de volverla a subir. Para Camus, en su filosofía del absurdo, la vida humana carece de significación, y los esfuerzos realizados por la humanidad para encontrarlo solo conducen al fracaso, cómo cuando a Sísifo se le escapa una y otra vez la roca cuesta abajo. Una vida cargada de repeticiones inútiles y vacías, que se realizan más por tradición e inercia que por coherencia y lógica, y ante la que solo caben tres salidas: el suicidio, la religión o la aceptación del absurdo, resultando esta última la opción por la que aboga Camus, añadiendo que la falta de significación de la vida no deja de ser un motivo de regocijo, pues invita a que cada ser humano pueda libremente moldear su propia vida, su significación particular y su porvenir. Habrá que seguir con la lucha diaria, no nos queda otra.

La fotografía, en la que a la escultura de Sísifo le cambian la montaña por una suntuosa escalera, es obra de Paolo Monti y sin bien no menciona la ubicación concreta, debe tratarse de un palacio de Bolonia.

Imagen: De Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0) - Fuente Original

martes, 19 de octubre de 2021

Rómulo y Remo o la sangrienta fundación de la ciudad de Roma

 

Según cuenta la leyenda, en la que se encuentran ecos de otras muchas historias, los gemelos Rómulo y Remo eran hijos de la vestal Rea Silvia y de Marte, el Dios de la guerra. Como quiera que en el momento de su nacimiento, su abuelo Amulio, temeroso de perder el poder, había ordenado una matanza de los niños de su círculo familiar a los que consideraba una futura amenaza, mandó también que estos dos gemelos fueran asesinados. Por suerte, a quien se le había encargado matarlos le pudo el hecho de acabar con la vida de dos niños inocentes y los dejó a su suerte, flotando en una cesta sobre las aguas del rio Tíber, cuya corriente les llevó rio abajo hasta una zona ubicada entre las colinas del Palatino y el Capitolio en la que la cesta detuvo su camino. 

En ese lugar fueron encontrados por la loba Luperca y por un pájaro carpintero (animales asociados al Dios Marte, padre de los niños) que se encargaron de cuidarlos y alimentarlos. No tardó en encontrarlos el pastor Fáustulo, quien se encargó, junto a su esposa Acca Larentia de cuidar en secreto de los niños. Ya mayores, y conocedores de su historia, hicieron justicia con Amulio y marcharon al lugar donde detuvo su camino la cesta en su bajada por el Tiber, pensando en fundar en aquel sitio una nueva ciudad, aunque sin ponerse de acuerdo entre ellos. Rómulo quería construir "Roma" sobre el Palatino y Remo "Remoria" sobre el Aventino. Rómulo, ayudado por los buenos augurios, solo logró imponer su idea de ciudad tras ver el doble de buitres en el cielo que su hermano. Así, Rómulo se decidió a marcar los límites de su ciudad, la futura Roma, con un surco sagrado para lo que se ayudaba de un arado tirado por una vaca y un buey blancos. Tal como Rómulo llegaba a las zonas donde pensaba que debían estar las puertas de la ciudad levantaba el arado para no dejar el surco que representaba las murallas que defenderían la nueva urbe. Una vez delimitados los confines de la ciudad ordenó que nadie los traspasara hasta que no finalizaran las ceremonias, pero Remo, celoso, saltó por encima de las nueve murallas que había trazado Rómulo, quien en un ataque de ira se peleó con su hermano causándole heridas de las que moriría poco después. Sus palabras fueron: "Así perezca todo el que se atreva a saltar mis murallas". Rómulo quedó enterrado en la colina del Aventino, el lugar donde este quería fundar "Remoria". Muy cerca, Roma tomó su sangrienta carta de nacimiento el 21 de abril del año 753 a. C.

Lástima que ese sea el triste colofón de esa tierna imagen de los dos gemelos alimentándose de la loba capitolina. Son muchas las representaciones de ese momento, pero la más famosa es la loba que se expone los Museos Capitolinos y que encabeza esta entrada. La escultura es de época etrusca, pero las pequeñas esculturas de Rómulo y Remo que beben de sus generosas ubres, son un añadido renacentista datado en 1471, probablemente obra de Antonio Pollaiuolo.

Imágenes: De Wikimedia Commons - Imagen 1 (CC0) - Imagen 2 (CC BY-SA 3.0)

miércoles, 22 de septiembre de 2021

El Dios Heh y el millón de los egipcios


Lograr descifrar la escritura jeroglífica egipcia resultó todo un reto para los estudiosos del lenguaje. Solo el milagroso descubrimiento de la piedra Rosetta dio la clave a Champollión para poder traducir los jeroglíficos que tantos secretos guardaban de una cultura milenaria. Algunos de aquellas figuras simbólicas parecen no perder su significación a pesar del paso del tiempo. Las figuras de Heh, Dios egipcio del espacio infinito y la eternidad, que usualmente se muestra semiarrodillado y con los brazos levantados hacia el cielo, sirvieron para representar muchas ideas, entre ellas la de sostén del cielo, pero también se usó para representar la cifra "un millón". Sin duda hoy seguimos de rodillas con las manos levantadas, deseando que un millón nos llueva del cielo y nos arregle el porvenir. No sé como no lo han puesto como símbolo de la lotería.  

La figura del Dios Heh que aparece en la fotografía de cabecera pertenece a la colección del Metropolitan Museum de Nueva York.

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC BY 3.0) - Fuente Original

domingo, 28 de febrero de 2021

Argos, el fiel perro de Ulises


 

Homero nos cuenta en la Odisea como después de veinte largos años, diez luchando en Troya y otros diez para poder encontrar el camino que le permita volver a su tierra, el rey Ulises (Odiseo) llega a Ítaca, donde habrá de enfrentarse a la legión de pretendientes que aspiran a casarse con su esposa, la supuestamente viuda Penélope.

Para poder estudiar que ocurre en su hogar y llevar finalmente a cabo su plan contra los desaforados que campan a sus anchas en su hogar, decide presentarse en el mismo, transfigurado en un viejo y miserable mendigo que se apoyaba en un bastón y lleva pobres vestiduras, mientras que sus facciones han sido disimuladas por Atenea, resultando irreconocible a los ojos de los demás.

Cuando llega a su casa, acompañado de su amigo Eumeo que, por supuesto, tampoco lo ha reconocido, se encuentra con su fiel perro Argos, que será el único que logre vislumbrar, bajo el elaborado disfraz, al añorado amo que lealmente espera desde hace tanto tiempo. Derrotado ya por los años, Argos solo tiene fuerzas para dedicar a su amo una amorosa mirada, bajar las orejas y mover el rabo de alegría. Ulises que no puede detenerse a acariciarlo para no delatarse ante los demás, deja escapar una furtiva lagrima ante la lealtad de su viejo amigo, que morirá, después de reencontrarse con su amo, tan pronto como este adelante sus pasos.

Homero nos relata el encuentro en canto XVII de la Odisea:

"Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión (Troya). Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:

¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores.

Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:

—Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo.

Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Parca de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año."

Hasta ahora siempre había pensado que si alguna vez llegaba a tener un perro lo llamaría "Scraps", el perro de Charlot en el film "Vida de perro", pero ahora tendré como mínimo que echarlo a cara o cruz con Argos... igual hasta hago alguna trampilla en favor del segundo.

El dibujo de cabecera, titulado "El retorno de Ulises" (1884) es obra de Louis-Frederic Schützenberger.

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

miércoles, 17 de febrero de 2021

Belcebú y "El señor de las moscas"



El temible Belcebú de la tradición hebrea era representado como un ser colosal, cornudo, de rostro hinchado coronado de una cinta de fuego y con alas de murciélago, muy parecido a la visión ofrecida arriba por el pintor William Blake en su obra "El número de la bestia es 666". Pero Belcebú, o Beelzebub como se le nombra en los textos bíblicos, no era una creación hebrea, este se basaba en Baal Zebub, una deidad cananea, que los hebreos según su costumbre de representar dioses ajenos en forma maligna, le privaron de todos sus elementos positivos para convertirlo en el Príncipe de los Demonios.

Sobre la etimología de Baal Zebub hay muchas teorías. Solo decir que Baal (El amo, el señor), era el dios de la lluvia, el trueno y la fertilidad, una deidad venerada ampliamente en la zona de Asia Menor y que a veces se representaba con un yelmo con cuernos como representación de su estrecha relación con el toro, símbolo de la fertilidad (así se observa en la estela de la derecha, encontrada en Ugarit y expuesta en el Louvre). Unos cuernos que en la iconografía cristiana tendrían una significación algo más retorcida.

Entre los cananeos existía la costumbre de que, aun adorando al mismo Dios, Baal, cada localidad intentaba hacerlo suyo añadiéndole el nombre de la ciudad. Así, hay quien dice que cerca de la ciudad de Ecrón se encontraba la ciudad de Zebul, de dónde derivaría el nombre de Baal-Zebul (y más tarde Baal Zebub). Hay muchas otras interpretaciones, incluso la que traduce este nombre literalmente como "El señor de las moscas", una etimología sobre la que no me extenderé, pero que si tiene un basamento real en el culto que se le ofrecía a Baal Zebul en sus templos y que hizo que se le conociera de ese modo.

Al parecer, era en los mismos templos dedicados a su dios Baal, donde los cananeos realizaban sus ofrendas y sacrificios de animales, con la curiosa costumbre de no limpiar la sangre vertida en los mismos, provocando que el templo estuviera siempre repleto de moscas. De hecho existía la creencia de que Baal se comunicaba y daba respuestas por medio de la interpretación del vuelo o el zumbido de aquella legión de insectos. 

En este mito es en el que se basó el escritor inglés William Golding para titular su libro "El señor de las moscas". Esta obra nos habla de como un grupo de niños, perdidos en una isla tras sobrevivir a un accidente aéreo, solos y sin la compañía de ningún adulto, se van paulatinamente desnaturalizando en sus comportamientos, en un viaje hacía la cara más salvaje del ser humano. En el relato, Baal Zebub, el señor de las moscas, queda representado por una cabeza de jabalí clavada sobre una estaca en un claro del bosque, ofrenda que los niños hacen a la supuesta  y temida bestia que habita aquella isla. Sobre la pútrida ofrenda vuelan centenares de moscas mientras esta se consume poco a poco, al igual que se corrompe la inocencia de los niños. 

El momento de la ofrenda queda recogido en el libro de la siguiente forma:

"Jack levantó la cabeza del animal y clavó la blanda garganta en la punta afilada del palo, que surgió por la boca del jabalí. Se apartó un poco y contempló la cabeza, allí clavada, con un hilo de sangre que se deslizaba por el palo.
Instintivamente se apartaron también los muchachos; el silencio del bosque era casi total. Escucharon con atención, pero el único sonido perceptible era el zumbido de las moscas sobre el montón de tripas. 
(...) Jack les habló en voz muy alta.
—Esta cabeza es para la fiera. Es un regalo.
El silencio aceptó la ofrenda y ellos se sintieron sobrecogidos de temor y respeto. Allí quedó la cabeza, con una mirada sombría, una leve sonrisa, oscureciéndose la sangre entre los dientes. De improviso, todos a la vez, salieron corriendo a través del bosque, hacia la playa abierta.
Simón, como una pequeña imagen bronceada, oculto por las hojas, permaneció donde estaba. Incluso al cerrar los ojos se le aparecía la cabeza del jabalí como una reimpresión en su retina. Aquellos ojos entreabiertos estaban ensombrecidos por el infinito escepticismo del mundo de los adultos. Le aseguraban a Simón que todas las cosas acababan mal."

Hay al menos dos películas sobre "El señor de las moscas", una de 1963, dirigida por Peter Brook y otra de 1990 que corre a cargo de Harry Hook. La primera se valora generalmente mejor que la segunda.

Imágenes: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Imagen 1 - Imagen 2

jueves, 28 de enero de 2021

El anillo de Prometeo


 

Aunque hubo algunos intentos previos, es Prometeo, un Titán, hijo de Japeto y Clímene, el que en la mitología griega crea a los hombres moldeándolos con arcilla. Es conocida como la Raza de Bronce, de la que Prometeo se convierte en amigo y protector. Su conflicto inicial con Zeus nace de la ofrenda que los hombres realizaron a los dioses de un buey. Por mediación de Prometeo y sus artimañas los hombres se quedaron con la carne y los dioses finalmente solo recibieron grasa y huesos, lo que provocó el enfado de Zeus que como castigo negó el fuego a la humanidad. 

Prometeo buscó la manera de robar el fuego del Olimpo y entregarlo definitivamente a los hombres en el tallo de una cañaheja. La reacción de Zeus no se dejó esperar. Lo primero que hizo fue ordenarle a Hefesto crear la primera mujer, la bella Pandora, moldeándola igualmente con arcilla y tras insuflarle vida la mandó a la casa de Epimeteo, hermano de Prometeo, donde se guardaba la jarra (o la caja) que contenía ocultas en su interior todas las desgracias que Zeus quería que se derramaran entre los desconsiderados hombres. Los sucesos desencadenados por Pandora y su curiosidad los reservamos para otra publicación.   

El castigo de Zeus a Prometeo fue ejemplar. Fue llevado al Cáucaso donde Hefesto lo encadenó a una roca, lugar al que Zeus envió un águila que eternamente se comería su hígado durante el día, para recobrarlo gracias a su inmortalidad durante la noche. Un suplicio que se repetía cada día y cada noche hasta el fin de los tiempos. Sólo Hércules, hijo de Zeus se apiadó de él y tras disparar contra el águila lo liberó de sus ataduras. Zeus, con amor de padre, se sintió orgulloso de la acción de su hijo y no tomó represalias contra él ni actuó nuevamente contra Prometeo, al que eso si, obligo a llevar para siempre y en recuerdo simbólico de su castigo un anillo forjado con el hierro de las cadenas que lo sujetaban al Cáucaso adornado con un trozo de roca de la montaña. 


Para seros sinceros todo el relato no es sino una excusa para poder traer al blog esa maravillosa escultura con la que abrimos la entrada, "Prometeo encadenado", obra del francés Nicolas-Sébastien Adam en 1762 y que se expone en el parisino Museo del Louvre, todo un milagro en piedra. Más adelante se encuentra la delicada escultura de "Pandora" (1819), obra del belga Henri-Joseph Ruxthiel expuesta en el Museo Granet (Aix-en-Provence). Finalmente aparece "Hércules liberando a Prometeo", con el águila ya muerta a sus pies. Obra realizada por Josef Lax en 1893 que forma parte del conjunto de esculturas que recuerdan las proezas de Hércules en el Palacio Imperial de Hofburg en Viena.

Imágenes: De Wikimedia Commons. Imagen 1 (CC0) - Imagen 2 - Imagen 3 (CC BY-SA 4.0)

domingo, 15 de noviembre de 2020

El castigo eterno de las Cariátides

 

"Nada es tan bello como las ruinas de una cosa bella" (Auguste Rodin)

Todos cargamos algún peso, pero los griegos eran especialistas en cargar las espaldas de los demás. Cuando Atlas lideró a los Titanes en su lucha contra los dioses del Olimpo, tuvo que soportar, una vez derrotado, el castigo impuesto por Zeus de cargar sobre sus espaldas el Cielo durante toda la eternidad. La historia de las famosas Cariátides, las bellas columnas con forma de mujer que sostienen parte del Erecteión, el templo ubicado en la Acrópolis ateniense, también tiene que ver, según algunos, más con un castigo que con una glorificación de la belleza.

Aunque hay quien mantiene que las esculturas representan a las danzantes de la ciudad griega de Carias que llevaban cestos de plantas sobre sus cabezas en las danzas folclóricas dedicadas a la diosa Artemisa Cariátide, otros como el arquitecto romano Vitruvio (siglo I a.C.) dan un origen más sombrío a las bellas esculturas, que de un modo distinto también está relacionado con las mujeres de la misma ciudad del Peloponeso. El mismo Vitruvio nos da la clave en el siguiente texto entresacado del libro I de su obra "Los diez libros de Arquitectura":

"A menos que esté familiarizado con la Historia, (el arquitecto) será incapaz de justificar el uso de aquellos ornamentos que tenga ocasión de introducir. Si, por ejemplo, en vez de columnas se colocan estatuas de mármol de mujeres vestidas con estola – que se llaman cariátides – y si superpone modillones y cornisas, deberá saber dar explicaciones a quienes pregunten; veamos: Caria, ciudad del Peloponeso, conspiró contra los griegos con ayuda de los persas, enemigos de los griegos. Posteriormente, al verse libres tras una gloriosa victoria, los griegos, de común acuerdo, declararon la guerra a los habitantes de Caria. Una vez conquistada la ciudad y pasados a cuchillo sus habitantes, se llevaron como esclavas a sus matronas, sin permitir que se desprendieran de sus estolas, ni de sus distintivos matronales, para que fueran conducidas en ceremonia triunfal y, a la vez, para que pagaran sus delitos en favor de su ciudad, agobiadas por tan grave ultraje, como ejemplo imperecedero de esclavitud. Quienes en aquel momento ejercían como arquitectos, diseñaron en los edificios públicos unas estatuas de matronas que soportaban todo el peso, con el fin de transmitir a la posteridad el castigo impuesto por las ofensas de las cariátides". 

Y desde entonces hasta hoy, la arquitectura de todo el mundo se llenó de bellas mujeres que vestidas con sus peplos soportaban sobre sus cabezas bellos edificios, como las de abajo en el Hôtel de Ville (Ayuntamiento) de Paris. A veces, las modernas cariátides tienen la suerte de verse acompañadas en el mismo edificio con bellos atlantes de torso desnudo a los que trocaron el cielo por ladrillos. Hermosas figuras que recuerdan un castigo, mitos para los que nunca existirá el perdón que les libre de su pesada carga. 



Imágenes: Tomadas de Pxfuel.com - Imágenes libres de derechos -Imagen 1 - Imagen 2

domingo, 8 de noviembre de 2020

Kafka, Prometeo y los buitres


"Erase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.

Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

– Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

– No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.

– ¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?

– Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

– No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.

– Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba."


"El buitre" (1920) es un pequeño cuento del siempre singular Franz Kafka, en cuya interpretación no quiero entrar. Para ilustrarlo nos hemos permitido un pequeño giro y hemos colocado una imagen de la escultura "Prometeo encadenado" (1762),  una espectacular obra del escultor Nicolas S. Adam en la que se representa el castigo de los dioses a Prometeo por haberles robado el fuego para dárselo a los hombres. En este mito es un águila el que interminablemente comerá del hígado de Prometeo que, como inmortal que era, volvía a sufrir el suplicio al día siguiente después de crecerle nuevamente el hígado por la noche. Prometeo finalmente será liberado por Hércules quien logra matar al águila de un flechazo. El buitre en vez de flecha tenía reservado un tiro pero, Kafka decidió otro final... La historia del buitre me recordó este mito y la afición de Kafka a jugar con la mitología en sus relatos; de hecho incluso tiene otro pequeño cuento titulado "Prometeo". La escultura se exhibe en el Museo del Louvre (París)

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público - (CC0).- Fuente Original

viernes, 23 de octubre de 2020

Friné Vs Afrodita: El juicio a la belleza


La hetairas eran en la antigua Grecia lo que en tiempos más modernos fueron las geishas en Japón, bellas damas de compañía que, amén de otras habilidades, eran diestras en el arte de la danza, la música y la conversación. Fueron hetairas famosas: Aspasia de Mileto, Lais de Corinto, Thais, Targelia o Campaspe, pero de entre todas estas sofisticadas cortesanas de la antigüedad, Friné destacó con luz propia, dada su proverbial belleza y por haber sido el modelo elegido por Praxíteles para sus inmortales Afroditas. 

Fue tal el éxito que Friné tuvo en su oficio que se cuenta que con sus ganancias mandó reconstruir las murallas de Tebas destruidas por Alejandro Magno, y que encargó una Afrodita de oro y la regaló al Templo de Delfos. El siempre agudo Diógenes, no pudo reprimirse y escribió en su base la leyenda: "Se hizo de la incontinencia de los griegos".

Como decíamos, Friné fue la musa de Praxíteles y sirvió de modelo para muchas de sus esculturas, algunas tan famosas como la "Afrodita de Cnido" (a la derecha la copia romana conocida como Afrodita Ludovisi o Altemps), la primera escultura que se hace de una diosa completamente desnuda e inspiración para las muchas que vinieron después. Praxíteles esculpió su obra en mármol de Paros y quiso despojarla de todo erotismo intencionado, de modo que intentó que la sensualidad de la obra surgiera de la naturalidad, del momento en que la diosa se prepara para tomar un baño y se deshace de su ropas sobre una ánfora, razón que justifica su desnudez. Toma su nombre de Cnido por ser esta la ciudad que finalmente adquirió la obra, después de que los responsables de la Isla de Cos la rechazaran por considerarla demasiado voluptuosa y compraran a Práxiteles una diosa vestida de forma "más púdica y severa". Algo así como las majas de Goya, pero en piedra.

Además de musa y modelo, Friné era también la amante habitual de Praxíteles quien cierto día, después de quedar extasiado por los mimos que le dispensaba la cortesana, le dijo que como obsequio podía escoger la mejor de las esculturas que guardaba en su famoso taller. Friné sabía todas las respuestas sobre los secretos del amor pero no de las virtudes que realmente hacían meritoria una escultura por lo que demoró su elección e ideó una estratagema para poder saber cuál era la más valiosa. Acordó con una sirvienta que cuando ella estuviera comiendo con Praxíteles durante un banquete entrara en el mismo y a plena voz gritara que el estudio del escultor estaba ardiendo. 

La reacción del artista  a los gritos de la sirvienta fue inmediata y este empezó a gritar desencajado: "¡Salvad mi Eros, salvad mi Eros!". Ni que decir tiene que fue esta la obra que eligió la astuta Friné, una obra que después regalaría a su ciudad natal, Tespies, y que por tal razón es conocido como el Eros de Tespies. La copia que se puede ver a la izquierda tiene por nombre "Eros Farnesio" y se encuentra en el Museo Arqueológico de NápolesAteneo de Naucratis, un cronista de la antigüedad, dice que en la base del Eros original se colocó esta inscripción:

“Praxíteles ha  dedicado su mayor cuidado a esculpir el Amor que sentía, extrayendo el modelo de su propio corazón, dándome a Frine como mi propio pago. Y lanzo filtros de amor, ya no disparando flechas, sino mirando fijamente”.

En cierta ocasión, Friné cometió un acto de soberbia, sabedora de la rotunda belleza de su cuerpo, y en una celebración de las fiestas Eleusinias se desnudó por completo y bajo hasta la playa andando entre la admiración de todos los presentes que le abrían un pasillo por el que ella avanzaba como una verdadera diosa. Tal y como se puede ver en el grabado de más abajo a la derecha, obra de Louis Chalón (1901). El ya citado Ateneo de Naucratis recogió unas palabras sobre este suceso:

"Pero Friné era realmente más hermosa en las partes que no se le veían (…) En las fiestas de las Eleusinias y en la de Poseidón, tras quitarse el manto y dejar sueltos sus cabellos se metió en el mar, a la vista de todos los griegos. A partir de ella pintó Apeles su Afrodita Anadiomene. Y Praxiteles, el escultor, su amante, modeló su Afrodita Cnidia según su imagen". 

No perdonaron los griegos estos desplantes y terminaron por acusarla del grave delito de impiedad, por considerar que se había atrevido a compararse con la propia diosa Afrodita y de vanagloriarse de que su imagen estaba en los templos junto a los Dioses, como así era. Para otros la acusación provenía de un tal Eutias, un galán desdeñado por ella, y que la acusaba de haber hecho una sacrílega parodia de los misterios de la diosa Deméter

Praxíteles, asustado por los cargos que hacían sobre su musa y amante, encargó su defensa al hábil Hipérides. El delito de impiedad era en la antigua Grecia un delito de suma gravedad y fue el mismo por el que fue acusado Sócrates y que le costó finalmente la vida. Hipérides hizo todo lo que pudo pero no era capaz de convencer totalmente a los jueces de la inocencia de Friné. Desesperado Hipérides pasó de las palabras a los hechos o a las pruebas que se diría hoy en día y de un tirón arrebato la túnica que cubría el cuerpo de la acusada, dejándola totalmente desnuda ante los jueces a quienes les dijo: "¿Como puede ser impía una mujer que tiene formas de diosa? Piedad para la belleza!". Con estos contundentes argumentos Friné consiguió la absolución unánime del tribunal. Resultaba evidente que era una diosa de carne y hueso. El cuadro de Jean-León Gérôme que abre la entrada, "Friné ante el Aerópago" (1861), ilustra a la perfección este momento. 

Finalmente cerramos con un cuadro de Henryk Siemiradzki en la que se ve a Friné en el momento previo a bajar las escaleras hacía la playa en las Fiestas Eleusinias.



Imágenes: De Wikimedia Commons - 1,2,3,4 Dominio Público (CC0) - 5 (CC BY-SA 3.0)
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jueves, 3 de septiembre de 2020

De las Musas a la Soledad, pasando por las Tres Gracias


Hay una anécdota simpática sobre un escultor, que donde la leo identifican con Rodin pero que dudo muchísimo que sea realmente el protagonista, que servirá al menos para traer por aquí a las "Las tres gracias": la belleza, el encanto y la alegría, representadas por las tres damiselas conocidas por Eufrósine, Aglaya y Thalia, las hijas de Zeus y la ninfa Eurínome, que inspiraron el maravilloso grupo escultórico de Antonio Canova que encabeza esta entrada.

La anécdota cuenta que un escultor, al que no daremos nombre, hizo nueve esculturas de mujer, todas de tamaño similar pero con posturas o gestos totalmente diferentes. Un amigo suyo al ver el grupo finalizado le preguntó qué representaban y el escultor le dijo que eran "Las nueve musas": Calíope musa de la poesía, Clío de la historia, Euterpe de la música, Erato de la poesía lírica, Melpómene de la tragedia, Polimnia de la retórica, Talía de la comedía, Terpsícore de la danza y Urania, musa de la astronomía. El escultor hubiese deseado vender el grupo al completo pero al no encontrar comprador, aceptó a regañadientes la venta de dos de aquellas esculturas y desde ese mismo momento pasó a denominar al grupo restante como "Los siete pecados capitales". Por mucha palabrería que le echó al asunto no logro venderlas todas y de nuevo tuvo que aceptar vender dos de las piezas por separado y como un artista ha de tener recursos no encontró problema alguno en intentar vender el grupo como "Los cinco sentidos". Falto de suerte y con la cartera vacía solo pudo colocar una de las obras, que convirtió a las restantes  en "Las cuatro estaciones",  un grupo que no duró ni un verano juntas, pues cuando de nuevo el escultor se vio en la necesidad de vender otra de las obras hubo de rebautizar el grupo como "Las tres gracias". Ni por esas logró vender el lote, que solo iba colocando pieza a pieza y con mucho trabajo. De este modo tras vender una nueva escultura se quedó con las que pasaron a ser "La noche y el día" y cuando vendió una de las obras de la pareja, se quedó con una única talla que paso a llamar "La soledad". Tampoco ella duró. Desde ese día las musas nunca más volvieron a visitarle.

Suena a chistecillo antiguo, pero no cabe duda de que sirve a la perfección para ilustrar esa habilidad que tienen muchos artistas para buscar una razón de ser para sus obras, a veces con disquisiciones casi de tipo filosófico o metafísico que obligan a los aficionados al arte a fruncir el ceño mientras que escrutan la obra a la búsqueda de aquella elaborada explicación que dio el sesudo artista.

Del grupo de "Las tres Gracias" de Canova existen dos copias, una en el Hermitage y otra que muestran por temporadas en el Victoria & Albert Museum o las Galerías Nacionales de Escocia.

Imagen: Tomada de Wikimedia Commons. Licencia (CC BY-SA 3.0). Enlazamos la fuente original:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Le_tre_Grazie.jpg

martes, 1 de septiembre de 2020

La Venus Victrix (Borghese) de Antonio Canova


Una de las obras maestras del gran escultor Antonio Canova es sin duda el notable retrato que hizo de Paulina Bonaparte, la hermana de Napoleón, conocida como Venus Borghese (1804-1808). En esta escultura la modelo se muestra atrevidamente desnuda lo que suscitó muchos comentarios. Al respecto hubo quien le preguntó a Paulina como había podido posar sin ropas ante el artista, a lo que esta contestó con naturalidad y total desenfado:

"Había una buena estufa en el estudio…"

La escultura se presenta como una Venus Victoriosa (Venus Victrix). En realidad Canova sugirió inicialmente representarla como Diana, la diosa de la caza, pero fue la propia Paulina la que insistió en ser mostrada como Venus, la diosa del amor, algo que parece justificado dada la fama que llegó a adquirir en Roma. Paulina tenía 25 años cuando el escultor empezó el trabajo en un único bloque de mármol de Carrara y a modo de diosa, la presentó reclinada sobre un diván, indolente, extendiendo la pierna derecha sobre la que reposa la izquierda y sosteniendo la manzana del Juicio de Paris en su mano izquierda como atributo normal de la diosa, mientras parece dirigir su altiva mirada hacia el espectador. No es como otros retratos alegóricos del autor, una obra muy idealista, pero aunque hace referencia al arte antiguo, muestra un naturalismo típico del siglo XIX. Debido a la notoriedad de Paulina, su marido el príncipe Camillo Borghese, y autor del encargo, mantuvo la escultura oculta a los ojos del público, y en raros casos permitía su visión y siempre bajo la tenue luz de una antorcha. De cualquier manera, el trabajo fue muy bien recibido y se considera una de las obras maestras de Canova.  La obra se expone en la Galleria Borghese de Roma.


Imagenes: Tomadas de Wikimedia Commons.- Licencia Creative Commons
1.- CC BY 3.0 - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Antonio_canova,_Paolina_Borghese_come_Venere_vincitrice,_1804-08,_04.jpg
2.- CC BY-SA 4.0 -  https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Paolina_Borghese_(Canova).jpg

jueves, 27 de agosto de 2020

¿Qué tienen que ver Horus y Seth con San Jorge y el dragón?

San Jorge es uno de los Santos más venerados en la religión cristiana. Fue un soldado romano educado en la fe cristiana que llegó a ser guardia personal del emperador Diocleciano. Cuando en el año 303 el emperador autorizó la persecución de los cristianos, el soldado se negó a participar y presentándose abiertamente ante todos como cristiano prefirió morir antes que renunciar a su fe. La leyenda de su lucha con un dragón aparece bastante después y parece ser el punto de origen de todos los cuentos de hadas, caballeros y dragones de nuestra cultura.

Dejando a un lado los detalles del relato sobre el enfrentamiento de San Jorge con el dragón, existen interpretaciones de todo tipo sobre el mismo; en unas Jorge no sería sino una representación del creyente, que a lomos de su caballo blanco que es la iglesia, es capaz de vencer al paganismo, la tentación y Satanás encarnados en el dragón. Otros ven ecos de Perseo venciendo a la Gorgona Medusa y otros en la figura de San Miguel Arcángel. Pero más allá de todas estas posibilidades existe otra bastante sugerente. La religión cristiana siempre ha sido muy dada a apropiarse de fechas y ritos de otras culturas tras una conveniente adaptación a sus propios intereses, es por ello que no resulta extraña la teoría que mantiene que la lucha de San Jorge contra el dragón no sería si no la representación del combate que mantuvieron Horus y Seth en uno de los mitos más importantes de la religión egipcia y que a través de los romanos tuvo una larga vida. Horus, hijo de Isis y Osiris, era el Dios celeste, el Dios de la realeza en el cielo, mientras que Seth era el Dios del Caos, de la sequía y el desierto. Sin entrar en los detalles del porqué de la lucha entre ambos dioses, representación clara del bien y del mal, si apuntaremos que aunque Horus normalmente se representa como un halcón, también fue representado en época romana como "El Caballero-Horus", un halcón con cuerpo de hombre, vestido con el uniforme de soldado romano y que tal y como relataba el mito da muerte con su lanza a Seth que se muestra como un cocodrilo. Tal que así se representan en la foto que da inicio a esta entrada, un bajorrelieve del siglo IV, conocido como "Caballero Horus" que se expone en el Departamento de antigüedades egipcias del Museo del Louvre. Curiosamente el nombre egipcio de Horus era "Hor" y se pronuncia "Jor", siendo la plausible raíz del nombre del Santo en muchos países: Jorge, George, Giorgio, Jorj, Jörg

Solo hacía falta remodelar una pizca un mito crucial de la antigüedad para que el cristianismo tuviera un símbolo potente del triunfo del bien sobre el mal con una historia que al fin y al cabo ya había tenido la potencia de vencer a los siglos.


Fuente: En el periódico de "La vanguardia" de Barcelona (Cataluña tiene como patrón a San Jorge) se recoge un interesante artículo de Sílvia Colomé sobre esta teoría, que enlazo para quien quiera más detalle. El Dios egipcio que se esconde tras Sant Jordi - (22-04-2019)

Imágenes: Ambas tomadas de Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0). Se enlazan fuentes:
1.- https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Horus_horseman-E_4850-IMG_4871-gradient.jpg
2.- https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Saint_georges_dragon_grasset_begule.jpg