Hay un ramillete de arias de ópera que forman parte del
imaginario popular: la preciosa Habanera de Carmen con su pajarillo rebelde, «La
donna è mobile» de Verdi o el «Largo al factótum» —Fígaro— de Rossini; pero por
encima de todas ellas brilla con luz propia un aria de Mozart. Y es que pocos
serán los que en algún momento de su vida no habrán intentado reproducir las
acrobacias vocales de la Reina de la Noche en «La flauta mágica». Pronto se
darán cuenta de que es como chocar contra un muro, tan bello como difícil de
superar.
Mozart tenía en mente las especiales características vocales
de Josepha Hofer, la hermana mayor de su esposa Constanze, a la hora de
componer las arias de la Reina de la Noche. Su voz, dotada de una gran facilidad
para la coloratura, la convertía en una verdadera inspiración. Aquellas dos
arias, que se amoldaban a sus capacidades como un guante, le dieron la oportunidad
de lucirse ante todos en el estreno de la ópera.
El aria «Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen» está
cargada de virtuosismo, pero también de violencia y oscuridad. Es una pieza en
la que la Reina de la Noche, plena de ira, empuja a su hija Pamina a matar a
Sarastro si no quiere ser repudiada por ella. Esa violencia ha de reflejarse incluso
en las acrobacias vocales de la soprano, un reto tan difícil de alcanzar en
claridad y potencia que ha encumbrado o hecho sucumbir a cantantes solventes en
los escasos cuatro minutos que dura. Por si todos esos despliegues de
virtuosismo no fueran suficientes, el aria exige un par de fa sobreagudos —fa6—
tan exigentes que pocas son las voces que pueden enfrentarse con garantías al
reto vocal que supone ser una Reina de la Noche tan soberbia como la que Mozart
tenía en mente.
La otra aria que Mozart escribió para Josepha Hofer, «O
zittre nicht, mein lieber Sohn», aunque menos conocida que la anterior es también
de una gran exigencia. Aquí la Reina de la Noche embaucará al enamorado Tamino
para que rescate a Pamina del supuestamente malvado Sarastro.
En las últimas décadas han destacado en la interpretación de
estas dos piezas sopranos como Lucia Popp, Diana Damrau, Edita Gruberová, Sumi
Jo o Natalie Dessay, aunque sigue resultando icónica la interpretación de Edda
Moser, que marcó una referencia para todas las interpretaciones futuras de las
dos únicas arias de la Reina de la Noche. Mozart no necesitó más para construir
uno de los personajes más temidos y admirados de la ópera.








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