martes, 27 de octubre de 2020

¡Proletarios del mundo uníos! Pero... ¿Qué es realmente un proletario?


Marx y Engels, en su Manifiesto Comunista (1848), definieron al proletariado como la clase de trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir. Pero no siempre fue esa la acepción de la palabra y su origen se remonta a los lejanos tiempos del Imperio Romano. Por entonces como si de las castas indias estuviéramos hablando, la sociedad se dividía en estratos sociales perfectamente diferenciados: patricios, plebeyos, libertos y esclavos

Los "Patricios" eran aquellos que podían remontar su estirpe, la gens, a las primeras familias romanas y digámoslo así, eran los únicos ciudadanos con pedigrí y por consiguiente con derecho a los puestos de honor. Por debajo estaban los "Plebeyos", la plebe, que comprendía a varios grupos sociales. En la cúspide de los plebeyos estaban los "Homines novi", personas que habían logrado enriquecerse grandemente y que podían gozar de un considerable estatus y reconocimiento, Por detrás quedaban los "Equites", con economía suficiente para poder costearse toda la impedimenta necesaria para servir militarmente al Imperio en la caballería. Le seguían los "Adsidui", pequeños propietarios, obligados al servicio militar en infantería y que cuando venían épocas belicosas y de movilizaciones, corrían el riesgo de endeudarse por encima de sus posibilidades para comprar su impedimenta, y con ello perder sus propiedades. Si esto ocurría y se veía acuciado por las deudas, era fácil que terminaran como "Cliente" de un señor poderoso, un servidor que aunque hombre libre, estaba bajo la superior autoridad de su señor, él y su descendientes. A los más vagos entre los clientes, se les consideraba como "Parasitus", parásitos que simplemente vivían a costa de sus patronos. Y al final de la escala social de los plebeyos se encontraban los "Proletarii" o proletarios, ciudadanos de sexta categoría, que simplemente no tenían nada, y cuya utilidad, el único interés que procuraban al Estado era su "prole", en otras palabras, de ellos simplemente se esperaba que parieran como conejos, que tuvieran hijos que aseguraran la periódica dotación de "carne de cañón" al poderoso ejercito romano.

Ahora supongo que los proletarios modernos nos vemos reducidos a servir de mano de obra barata para este capitalismo feroz que solo ofrece contratos precarios con sueldos misérrimos  y que por supuesto no nos podemos olvidar, después de la lucha diaria, como buenos legionarios modernos que somos, de consumir compulsiva pero plácidamente todo lo que se nos ponga por delante, para que el sistema siga bien engrasado y los de siempre ganen su dinerito. Como diría un antiguo proletarii; "Nihil novum sub sole" o lo que es lo mismo "Nada nuevo bajo el sol".

La imagen que encabeza la entrada es un detalle del óleo: "El cuarto estado" de Giuseppe Pellizza da Volpedo, una obra que se expone en el Museo del Novecento de Milán.

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Enlace a la Fuente Original

lunes, 26 de octubre de 2020

El agudo "zasca" de Cristina de Dinamarca a Enrique VIII

 

Hoy en día el photoshop y hasta algunas funciones de las cámaras de los móviles hacen virguerías a la hora de embellecer y realzar el aspecto de las personas retratadas. En el pasado, en las bodas reales o de personas principales, no era extraño que, para salvar las distancias que los separaban, los contrayentes se conocieran a través de pequeños retratos. Grandes alianzas entre familias quedaban así en manos de una pequeña imagen que evidentemente se procuraba fuera lo más hermosa posible. A falta de programas informáticos, ese milagro embellecedor se conseguía de la mano de un buen pintor que con su maestría con el pincel y unas buenas monedas en el bolsillo lograba crear una ilusión acerca de una persona que en realidad no era nada ilusionante. 

Los chascos sucedidos en la antigüedad por estas triquiñuelas fueron incontables, por lo que no es de extrañar que algunas personas tomaran todas las precauciones posibles para no recibir gato por liebre. La retratada es Cristina de Dinamarca, duquesa de Milán y la imagen iba destinada a Enrique VIII, quien tras enviudar de su tercera mujer Jane Seymour (fallecida por complicaciones en un parto), buscaba una nueva esposa que le diera el ansiado varón que asegurara su linaje. Precavido como él solo y para que no embellecieran indebidamente a la posible esposa, mandó a su propio pintor, Hans Holbein el joven, para retratar a la adolescente Cristina, que aunque en aquel momento era ya viuda del Duque de Sforza, solo tenía 17 años. 

El pintor era de toda la confianza del rey inglés, quien aparece a la derecha retratado por el propio Holbein, y cuando este vio el retrato y a la bella joven hizo que la música sonara durante todo el día prometiéndoselas muy felices con la damisela danesa, que además de su ya comprobada belleza era sobradamente rica y poseía una educación exquisita. Pero no todo estaba hecho. Cristina conocía lo arriesgado que podía ser un matrimonio con el inglés. Sabía bien la suerte que corrió Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique VIII, que tras ser repudiada fue encerrada en el castillo de Kimbolton. El motivo del calenturiento arrebato fue Ana Bolena, una dama de la corte con la que había de casarse fuera como fuese, aún a fuerza de crear un cisma en la Iglesia. También sabía Cristina que después de tan irrefrenable amor la condenó a muerte haciendo que le cortaran la cabeza. Ese pequeño detalle, le hizo sentir a la prudente Cristina, serias dudas al respecto de una posible boda. Además, la madre de Cristina era la infanta de España, Isabel de Austria, hermana de Carlos I y pariente a su vez de Catalina de Aragón, por lo que supongo que le aconsejaron a la joven que si quería mantenerse de una pieza, no uniera su destino al del rey inglés. Así lo hizo Cristina, dándole calabazas con una perfecta dosis de ironía al decirle al emisario de Enrique VIII:  "Decid a su Majestad que si tuviera una cabeza más en mi cuerpo, con todo gusto la pondría a su servicio"

Tiempo después, Cristina se casó con el Duque Francisco I de Lorena, al que por cierto, le dio en poco tiempo un varón que aseguró su descendencia. Por contra Enrique VIII tras casarse fugazmente con Ana de Cleves, tomó por esposa a la adolescente Catalina Howard a la que poco después de un año, ordenó cortarle la cabeza por un supuesto adulterio. Todavía una sexta mujer tuvo el extraordinario valor de unirse al rey inglés, Catalina Parr, que por suerte logró sobrevivir a su marido a pesar de no haberle dado el ansiado heredero para su corona. 

El óleo de "Cristina de Dinamarca, duquesa de Milán" se expone en la National Gallery de Londres y el de Enrique VIII en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid.

Imágenes: Tomadas de Wikimedia Commons - Dominio Publico (CC0).- Fuentes originales: Imagen 1 - Imagen 2

domingo, 25 de octubre de 2020

John Wayne: Feo, Fuerte y Formal


"Ha habido un montón de historias sobre cómo llegué a ser apodado 'Duque'. Una es que hice el papel de un duque en una representación del colegio, que nunca hice. ¡A veces, también se ha dicho que soy descendiente de la realeza! Todo eso era un montón de basura. ¡La verdad es que me pusieron el nombre de un perro!".

Y es que más allá de su nombre artístico, a John Wayne todos lo conocían por "Duke" - el duque-; el apodo le venía de un pequeño terrier, llamado Little Duke, que tenía el actor siendo joven y del que no se separaba nunca. Al actor, que no le gustaba mucho su nombre de nacimiento, Marión Robert Morrison,  aceptó alegremente seguir llevando el nombre de su perro de por vida.

El éxito de John Wayne como actor está estrechamente ligado a la confianza que le otorgó el grandísimo director John Ford, que lo tuvo como actor principal en no pocas de sus obras maestras. Su primera película juntos fue "La diligencia", pero en realidad se habían conocido un par de años antes, cuando John Wayne solo era un jovencito que, aunque ya había realizado algunos trabajos en el cine, en aquellos momentos se dedicaba a labores de atrezzo en una película del mentado director. Un día que se encontraba cuidando un grupo de ocas que habían de utilizarse en un film, se le escaparon todas y empezaron a corretear por todo el set de rodaje mientras un hombretón de casi dos metros corría tras ellas. Las ocas con Wayne a la zaga terminaron por colarse en una complicada escena que estaba rodando Ford, echándola a perder. Ford, encolerizado empezó a escupir sapos y culebras, hasta que reparó en la cara de asustado que tenía Wayne. Algo debió ver Ford en ese mocetón en aquel momento, que no dejo de pensar en él hasta que terminó por darle el papel que le abriría las puertas de la fama con "La diligencia" (Stagecoach - 1939). John Wayne siempre fue consciente de lo importante que fue aquella ridícula anécdota en su carrera y cuando, ya famoso, se compró un yate, le pareció oportuno llamarle. "La oca salvaje".

"Yo no actúo... Yo reacciono". Wayne era un grandullón que llenaba la pantalla con su presencia; no le hacía falta hablar mucho para lograr transmitir lo que de él esperaba el director. Él mismo era consciente de ello cuando decía: "Habla bajo, habla despacio y no hables mucho". En una ocasión, el director Raoul Walsh dijo del actor: "Un simple paseo de Wayne, su forma de empuñar las armas, o su sola presencia ante la protagonista, dicen más que cualquier frase escrita por el mejor de los guionistas". Evidentemente no fueron pocos los que dudaron de sus cualidades interpretativas y el propio Wayne, uno de los actores más taquilleros de la historia del cine, dijo al respecto: “A nadie le gusta como actúo, salvo al público"

"No quiero aparecer nunca en una película que pueda avergonzar al espectador. Un hombre puede llevar a su mujer, su madre y a su hija a una de mis películas sin sentirse nunca incómodo o avergonzado".

Con los años y la experiencia, su forma de actuar fue ganando en matices, tanto que el director que mejor lo conocía, John Ford, llegó a decir: "No sabía que el muy hijo de puta podía actuar". El caso es que justamente en su última película, "Valor de Ley" ganó el Oscar a la mejor actuación. "Si hubiera sabido esto me hubiera puesto el parche en el ojo 35 años antes" dijo Wayne al recoger el galardón. Días después, como muestra de agradecimiento, hizo una copia de la estatuilla para cada uno de los intervinientes en el rodaje de "Valor de Ley", con la particularidad de que cada una llevaba el añadido de un oportuno parche en el ojo. 

"Yo quiero interpretar a un hombre real en todas mis películas, y defino la masculinidad de forma muy simple: el hombre debe ser duro, justo, y valeroso, nunca pequeño, nunca buscando una pelea, pero nunca dando la espalda a una".

En las películas se mostraba normalmente como un tipo un tanto gruñón, pero parece que en la vida real era un pedazo de pan. La preciosa Maureen O'Hara, con la que hizo "El hombre tranquilo" y "Rio Grande" (foto de la izquierda) entre otras, decía de él:  "Somos como hermano y hermana. Tenemos esa especie de relación, y me siento celosa de todas sus otras partenaires. Es infantil, lo sé, pero no puedo remediarlo. Es el ser humano más tierno, gentil, simpático y leal que jamás he conocido". Y Liz Taylor: "John Wayne es duro como el acero por fuera y blando como la mantequilla por dentro" Así quedó reflejado en el epitafio que figura en su tumba, que posiblemente en homenaje a sus tres esposas de origen hispano, figura en español: "Aquí yace un hombre feo, fuerte y formal", una sensacional descripción de sí mismo, que con el tiempo haría suya Loquillo en una de sus canciones.

Más allá de "La diligencia" y dejando muchas en el tintero  no se puede dejar de citar películas suyas como: Rio Grande, Fort Apache, La legión invencible, El hombre tranquilo, Centauros de desierto (foto de abajo), Rio Bravo, El hombre que mató a Liberty Valance... y tantas otras.

Imágenes: Todas las fotografías son cortesía de la estupenda página: Doctor Macro. 

viernes, 23 de octubre de 2020

El misterio de "Los amantes" de Magritte

"Todo lo visible oculta algo invisible" (Rene Magritte)

Y es que al pintor belga René Magritte siempre le gustó ponernos a pensar con sus cuadros. Partiendo del cubismo pronto se adentró en una singular forma de surrealismo que hacía que en sus obras pareciera esconderse un misterio, un imposible o una cierta ambigüedad que traicionaba lo que veían nuestros ojos. Entre sus obras más famosas se encuentra esta de "Los amantes II" (pertenece a una serie de cuatro obras), un óleo de 1928 que se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En la obra se presenta a una pareja que se besa mientras sus rostros se encuentran misteriosamente envueltos por un velo blanco. Esos amantes sin rostro pueden ser cualquier persona, incluso nosotros, pero también evocan ideas como que el amor puede anular los sentidos, el fingimiento, el amor prohibido entre personas que no lo pueden hacer público, el desconocimiento que se puede tener de la persona amada que no siempre revela todos sus secretos ni se entrega por completo o simplemente que el amor es ciego. 

Magritte era muy amigo de ocultar los rostros de sus personajes, ya fuera con una manzana, una paloma, un espejo que invierte el reflejo o simplemente haciendo desaparecer la cara del retratado, pero esta idea de cubrirlos con un velo blanco, repetida en alguna de sus obras tiene, al decir de algunos expertos, una siniestra explicación. 

Cuando Magritte contaba solo 13 años, su madre, tras varios intentos de suicidio previos que obligaban a tenerla siempre vigilada, logró finalmente quitarse la vida ahogándose en el rio Sambre. El cuerpo tardó días en ser encontrado y cuando lo fue, estando Magritte presente, apareció con su camisón blanco enrollado en el rostro. Magritte dijo al respecto que no sabía "si ella se había tapado los ojos con él para no ver la muerte que había elegido, o si había sido velada de esa manera por las corrientes arremolinadas". Para muchos el cuadro "Los amantes" es una evocación de este traumático suceso en la infancia del pintor, algo que este siempre negó tajantemente sin dar más explicaciones o interpretaciones. "Uno no puede hablar acerca del misterio, uno debe ser cautivado por él", decía el pintor. Para otros podrían existir ecos de Phantomas, un personaje de ficción muy admirado por Magritte que solía llevar el rostro cubierto. Aunque puede que la explicación sea mucho más sencilla, y simplemente, tal y como decía el pintor en una conferencia de 1938, en sus obras de aquella época solo pretendía dar al mundo real de los objetos un significado poético, algo que sin duda consiguió. 

ImagenDe Flickr (Vanity...) - (CC BY 2.0) - Enlace a la Fuente Original

Friné Vs Afrodita: El juicio a la belleza


La hetairas eran en la antigua Grecia lo que en tiempos más modernos fueron las geishas en Japón, bellas damas de compañía que, amén de otras habilidades, eran diestras en el arte de la danza, la música y la conversación. Fueron hetairas famosas: Aspasia de Mileto, Lais de Corinto, Thais, Targelia o Campaspe, pero de entre todas estas sofisticadas cortesanas de la antigüedad, Friné destacó con luz propia, dada su proverbial belleza y por haber sido el modelo elegido por Praxíteles para sus inmortales Afroditas. 

Fue tal el éxito que Friné tuvo en su oficio que se cuenta que con sus ganancias mandó reconstruir las murallas de Tebas destruidas por Alejandro Magno, y que encargó una Afrodita de oro y la regaló al Templo de Delfos. El siempre agudo Diógenes, no pudo reprimirse y escribió en su base la leyenda: "Se hizo de la incontinencia de los griegos".

Como decíamos, Friné fue la musa de Praxíteles y sirvió de modelo para muchas de sus esculturas, algunas tan famosas como la "Afrodita de Cnido" (a la derecha la copia romana conocida como Afrodita Ludovisi o Altemps), la primera escultura que se hace de una diosa completamente desnuda e inspiración para las muchas que vinieron después. Praxíteles esculpió su obra en mármol de Paros y quiso despojarla de todo erotismo intencionado, de modo que intentó que la sensualidad de la obra surgiera de la naturalidad, del momento en que la diosa se prepara para tomar un baño y se deshace de su ropas sobre una ánfora, razón que justifica su desnudez. Toma su nombre de Cnido por ser esta la ciudad que finalmente adquirió la obra, después de que los responsables de la Isla de Cos la rechazaran por considerarla demasiado voluptuosa y compraran a Práxiteles una diosa vestida de forma "más púdica y severa". Algo así como las majas de Goya, pero en piedra.

Además de musa y modelo, Friné era también la amante habitual de Praxíteles quien cierto día, después de quedar extasiado por los mimos que le dispensaba la cortesana, le dijo que como obsequio podía escoger la mejor de las esculturas que guardaba en su famoso taller. Friné sabía todas las respuestas sobre los secretos del amor pero no de las virtudes que realmente hacían meritoria una escultura por lo que demoró su elección e ideó una estratagema para poder saber cuál era la más valiosa. Acordó con una sirvienta que cuando ella estuviera comiendo con Praxíteles durante un banquete entrara en el mismo y a plena voz gritara que el estudio del escultor estaba ardiendo. 

La reacción del artista  a los gritos de la sirvienta fue inmediata y este empezó a gritar desencajado: "¡Salvad mi Eros, salvad mi Eros!". Ni que decir tiene que fue esta la obra que eligió la astuta Friné, una obra que después regalaría a su ciudad natal, Tespies, y que por tal razón es conocido como el Eros de Tespies. La copia que se puede ver a la izquierda tiene por nombre "Eros Farnesio" y se encuentra en el Museo Arqueológico de NápolesAteneo de Naucratis, un cronista de la antigüedad, dice que en la base del Eros original se colocó esta inscripción:

“Praxíteles ha  dedicado su mayor cuidado a esculpir el Amor que sentía, extrayendo el modelo de su propio corazón, dándome a Frine como mi propio pago. Y lanzo filtros de amor, ya no disparando flechas, sino mirando fijamente”.

En cierta ocasión, Friné cometió un acto de soberbia, sabedora de la rotunda belleza de su cuerpo, y en una celebración de las fiestas Eleusinias se desnudó por completo y bajo hasta la playa andando entre la admiración de todos los presentes que le abrían un pasillo por el que ella avanzaba como una verdadera diosa. Tal y como se puede ver en el grabado de más abajo a la derecha, obra de Louis Chalón (1901). El ya citado Ateneo de Naucratis recogió unas palabras sobre este suceso:

"Pero Friné era realmente más hermosa en las partes que no se le veían (…) En las fiestas de las Eleusinias y en la de Poseidón, tras quitarse el manto y dejar sueltos sus cabellos se metió en el mar, a la vista de todos los griegos. A partir de ella pintó Apeles su Afrodita Anadiomene. Y Praxiteles, el escultor, su amante, modeló su Afrodita Cnidia según su imagen". 

No perdonaron los griegos estos desplantes y terminaron por acusarla del grave delito de impiedad, por considerar que se había atrevido a compararse con la propia diosa Afrodita y de vanagloriarse de que su imagen estaba en los templos junto a los Dioses, como así era. Para otros la acusación provenía de un tal Eutias, un galán desdeñado por ella, y que la acusaba de haber hecho una sacrílega parodia de los misterios de la diosa Deméter

Praxíteles, asustado por los cargos que hacían sobre su musa y amante, encargó su defensa al hábil Hipérides. El delito de impiedad era en la antigua Grecia un delito de suma gravedad y fue el mismo por el que fue acusado Sócrates y que le costó finalmente la vida. Hipérides hizo todo lo que pudo pero no era capaz de convencer totalmente a los jueces de la inocencia de Friné. Desesperado Hipérides pasó de las palabras a los hechos o a las pruebas que se diría hoy en día y de un tirón arrebato la túnica que cubría el cuerpo de la acusada, dejándola totalmente desnuda ante los jueces a quienes les dijo: "¿Como puede ser impía una mujer que tiene formas de diosa? Piedad para la belleza!". Con estos contundentes argumentos Friné consiguió la absolución unánime del tribunal. Resultaba evidente que era una diosa de carne y hueso. El cuadro de Jean-León Gérôme que abre la entrada, "Friné ante el Aerópago" (1861), ilustra a la perfección este momento. 

Finalmente cerramos con un cuadro de Henryk Siemiradzki en la que se ve a Friné en el momento previo a bajar las escaleras hacía la playa en las Fiestas Eleusinias.



Imágenes: De Wikimedia Commons - 1,2,3,4 Dominio Público (CC0) - 5 (CC BY-SA 3.0)
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jueves, 22 de octubre de 2020

El difícil debut de Billie Holiday


“Una puta puede echarse 1.500 polvos al día, pero no le gusta que nadie la viole. Es lo peor que puede ocurrirle a una mujer. Y a mí me estaba ocurriendo a los 10 años”

Así de rotunda se expresaba Billie Holiday cuando recordaba su niñez. Y es que en 1930, con tan solo 14 o 15 años ya podía contar como había limpiado escaleras hasta el agotamiento, que había sido violada, que había sufrido las injusticias de un correccional y la cárcel y por último como tuvo que claudicar y iniciarse en el mundo de la prostitución para poder subsistir.


Así de vapuleada tenía la vida a aquella adolescente Billie Holiday que por aquel entonces era todavía solo Eleanora Fagan) cuando se encaminó a buscar trabajo por los bares y garitos de Nueva York a donde se había trasladado con su madre, solo 13 años mayor que ella. Necesitaba desesperadamente conseguir dinero para que no la echaran de la pensión donde vivía y espoleada por aquella situación se presentó en un tugurio de la Calle 133 de Harlem llamado "Pod's and Jerry's" con la intención de divertir a los asistentes como bailarina. El intento fue un verdadero desastre y estaban a punto de sacarla por las orejas del local cuando el pianista le preguntó si sabía cantar, dándole con ello una segunda oportunidad. La chica recordó todas aquellas letras que ya de muy pequeña escuchaba en la gramola del burdel de Alice Dean, en el que accedía a limpiar gratis si le dejaban escuchar a sus admirados Armstrong o Bessie Smith. La música se le había calado en el alma y le dijo al pianista que la acompañara con el tema "Travellin' all alone". La letra, tenía miga y empezaba diciendo más o menos: "Estoy tan cansada y sola, cansada como una piedra pesada". Cuando terminó de cantar, la gente que allí estaba  quedó boquiabierta, maravillada y puede que no tanto por el talento vocal de aquella chica, sino por la singular  y profunda emoción que era capaz de transmitir al cantar con aquella desgarrada voz suya. Alguien diría que cantaba como si le apretasen los zapatos, aunque más bien lo que le apretaba era el corazón y la vida, de hecho solía afirmar que había vivido en sus carnes no pocas de aquellas tristes y descarnadas canciones. Billie decía de aquella actuación suya en sus memorias: "Si a alguien se le hubiera caído un alfiler, habría sonado como una bomba. Cuando finalicé, todos aullaban y levantaban sus vasos de cerveza". Curiosamente Ella Fitzgerald en su primera actuación, en su debut en un concurso del Teatro Apollo también en el Harlem neoyorkino cuatro años mas tarde, pretendía actuar como bailarina y solo el miedo escénico la lanzó a cantar para salvarse del ridículo. Ganó el concurso y se convirtió en la única cantante capaz de discutirle a "Lady Day" el trono de la mejor cantante de jazz de la historia. 

El dueño del local vio negocio en la pequeña Holiday y la contrató por 18 dólares a la semana, un dinero que daba para muy poco y que había que estirar mucho para poder malvivir. Las propinas eran parte de la solución y para conseguir alguna más solía improvisar en las canciones para alargarlas y conseguir más dinero. Pero no era un garito fácil aquel; los clientes solían dejar las monedas de propina para las cantantes encima de las mesas y estas debían recogerlos con sus genitales para regocijo de los rijosos clientes. Billie Holiday podía haber sido prostituta, podía contonearse un poco por las mesas sabedora de donde estaba y de que iba la cosa, aguantar el piropo de algún que otro borracho baboso, pero sabía muy bien que era la dignidad, de modo que, a pesar de la necesidad, se negaba a recoger las monedas de propina de aquella forma tan humillante. Se hizo respetar y cuando un cliente empezó a entregárselas en mano supo que había ganado aquella partida. Desde aquel día sus compañeras empezaron a llamarla "Lady", "una dama" que por su afición a adornar su pelo con un par de blancas gardenias bien podría haber sido "La dama de las gardenias", aunque sería el gran saxofonista Lester Young, "el Presidente" (Pres)  junto al que tantas maravillas grabaría, el que le completó el apodo con el final de su nuevo nombre artístico -Billie Holiday- convirtiéndola ya para siempre en "Lady Day". "Billie" le venía de su padre que de pequeña la llamaba Bill, como si fuera un chico, cosa que a ella no le importaba por que le recordaba a su admirada Billie Dove, una actriz de la época; el resto de su nombre artístico tenía evidentemente mucho de festivo. Poco a poco Billie fue llamando la atención con su peculiar forma de cantar y no tardó en descubrirla un cazatalentos llamado John Hammond que la presentó a Benny Goodman de cuya Big Band terminó por formar parte durante un tiempo.... Había nacido una estrella, aunque no por eso la vida dejaría de golpearla inmisericordemente.

Love me or leave me.... 


Entrada dedicada a mi hermana favorita (la única que tengo), una gran admiradora de Lady Day.

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Enlace a la Fuente Original

miércoles, 21 de octubre de 2020

Michael Whittmann: "El Barón Negro" y el irrenunciable té inglés.


Los británicos siempre han sido muy suyos con las tradiciones y la guerra no es excusa para dejarlas a un lado. Arriba en la foto los pueden ver fumando un cigarrillo y tomando el té con su cesta de picnic en un momento indeterminado de la Primera Guerra Mundial. Tiempo después, ya en la segunda de las contiendas mundiales, los soldados británicos continuaban con los mismos rituales. 

Una semana después del desembarco de Normandía, concretamente el 13 de junio de 1944, una larga columna de vehículos blindados británicos formada por tanques Cromwell y M4A4 Sherman "Firefly" así como otros efectivos, paró a las afueras de la ciudad de Villers-Bocage para, a modo de desayuno, tomar un cigarrillo y por supuesto un té. 

No fue el mejor momento. En la zona se encontraba uno de los mejores tanquistas del ejército alemán, el Capitán Michael Wittmann (a la derecha), que por su contrastada valía y efectividad en el frente oriental, incluida la batalla de Kursk contra los T-34 rusos, ya había sido condecorado con la Cruz de Hierro y se le había asignado el mando de uno de los imponentes, aunque escasos, Panzer Tiger (Panzerkampfwagen VI Tiger) alemanes. Sus méritos le hacían ser conocido como "El barón negro" en claro paralelismo con el as de la aviación alemana de la Primera Guerra Mundial.

Tras localizar la columna, Wittmann (a la derecha), para no desperdiciar el factor sorpresa y no ser localizado por las transmisiones de radio, se lanzó en solitario sobre los vehículos británicos sin avisar a los otros cinco Tigers que formaban su grupo. Los tanques ingleses no eran enemigo para un Tiger y menos sin tener tiempo de alcanzar una posición adecuada. De este modo, aunque muchos tanques ingleses tenían el motor encendido, sus tripulaciones, cuando Withmann, comandando su Tiger desde la escotilla para tener mejor visión, empezó a atacarlos (en los dos primeros disparos destrozó dos tanques) solo pudieron apurar su té y echar a correr. El destrozo fue mayúsculo (foto al final). Un solo Tiger acabó en cuestión de pocos minutos con un total de 21 carros de combate y un número considerable de semiorugas y otros transportes de tropas. 

El desastre para las tropas británicas en Villers-Bocage fue clamoroso. El alto mando militar británico tomó inmediatamente cartas en el asunto. El suceso no podía volver a repetirse, de modo que en un alarde de ingenio bélico, dieron instrucciones precisas para que todos los tanques británicos incluyeran "de serie" un calentador de agua para que fuera posible preparar el té en el interior de los vehículos blindados, sin que fuera necesario de este modo abandonarlos para tomar el sagrado elixir inglés. 

Por su parte, Michael Wittmann fue nuevamente condecorado. Se intentó, como con los grandes ases de la aviación que se retirara de la acción y pasara a la instrucción de tanquistas para evitar que fuera baja por el enemigo. Pero prefirió mantenerse en primera línea. Wittmann murió el 8 de agosto en Gaumesnil, al sur de Caen. El avance aliado era ya imparable y su Tiger fue destrozado en batalla. Todavía existe controversia sobre a quien correspondió el "honor" de acabar con el tanquista alemán, que en ese momento tenía en su palmarés las bajas de 141 tanques enemigos, 132 cañones anticarros y multitud de vehículos de transporte. 

Fuentes: Artículo de ABC Historia "La épica batalla entre un solitario tanque nazi y un ejército aliado" (Manuel P. Villatoro - 04/08/2015) y nº 10 de la revista "Hoy Historia"

Imágenes: De Wikimedia Commons -Fuentes:   Imagen 1 (CC0) - Imagen 2 (recortada) (CC BY-SA 3.0 de) - Imagen 3 (CC BY-SA 3.0 de)

martes, 20 de octubre de 2020

"¡Aquí está Jack!": Curiosidades de la escena del hacha en "El resplandor"


 

Jack Torrance: Cabritillos, cabritillos. Dejadme entrar. No temáis soy vuestra mamaita, ita, ita. Si tengo la voz gruesa es que estoy afónica. Vamos cabritillos dejadme entrar.

Empieza a golpear violentamente la puerta con un hacha, mientras Wendy Torrance grita aterrorizada. Cuando asoma parte de su cara por la destrozada puerta se presenta:

¡Aquí está Jack!

En el doblaje original de "El resplandor" (Stanley Kubrick - 1980), el enloquecido Jack Torrance -al que da vida Jack Nicholson- anuncia que va a romper la puerta haciendo una muy particular versión del cuento de los tres cerditos, que desafortunadamente en el doblaje castellano pasaron a ser tres cabritillos. Eso de "soplare y soplaré y tu casa volare" tenía su miga cuando se tiene un hacha en la mano (Little pigs, little pigs, let me come in. Not by the hair on your chinny-chin-chin? Then I´ll huff... and I´ll puff... and I´ll blow your house in!). La aterrorizada Shelley Duvall contó que la escena requirió de tres días para ser rodada y hasta 60 puertas. Al principio colocaban puertas endebles para facilitar la labor con el hacha de Jack Nicholson, pero resulta que el muchacho había tenido alguna experiencia como bombero durante su servicio militar en la Air National Guard y manejaba el hacha casi como un aizkolari vasco cortando troncos, con lo que las puertas se le venían abajo a la primera de cambio restando toda la tensión que habían de provocar sus violentos hachazos. Ya con puertas macizas la cosa cambió y Nicholson pudo emplearse a fondo. Solo hay que ver el vídeo -que incluimos al final- en el que aparece preparando la escena para ya sentir miedo. 

Por cierto cuando ya tiene el hueco abierto en la puerta y dice aquel famoso "¡Aquí está Jack!", es otra licencia del doblaje español. En la versión original decía "¡Aquí está Johnny!", algo improvisado por el propio Nicholson y aplaudido por Kubrick. La frase hacía referencia a la famosísima presentación que durante 30 años hacía el famosísimo presentador Johnny Carson al presentar su programa "The Tonight Show". Para los americanos era una guiño sensacional, nada inspira más terror que algo tan familiar usado de forma perversa, pero en España no habría sido entendido por nadie por lo que lo cambiaron por "Jack", el nombre del propio personaje.

La escena parece tener una inspiración muy clara en la película sueca "La carreta fantasma" (1921 - Victor Sjöström), pero como decía algún insigne literato, el plagio cuando va seguido del asesinato, cuando el resultado supera la fuente primaria y la relega al olvido, puede ser prueba de la mayor originalidad. En el siguiente video vemos en primer lugar la escena de "La carreta fantasma" y posteriormente la relectura que Kubrick hizo para "El resplandor":

Y de complemento otro video con Jack Nicholson metiéndose en el papel antes de rodar la escena:

Imagen: De Flickr. (CC BY-NC-ND 2.0). Se enlaza la  Fuente Original

lunes, 19 de octubre de 2020

Piet Mondrian y las diagonales


"Todo verdadero artista se ha inspirado más por la belleza de las lineas y el color y las relaciones entre ellos que por el tema concreto de la imagen." (Piet Mondrian)

Curiosamente la primera vez que me llamó la atención los diseños del pintor holandés Piet Mondrian fue con aquellos preciosos maillots ciclistas del equipo "La vie claire" que en los años 80 vestían los grandes Hinault o Greg LeMond. Su moderno diseño con los cuadros de color de Piet Mondrían los hacía inconfundibles y hasta Yves Saint Laurent terminó por diseñar prendas inspiradas en ellos.

Mondrian comenzó pintando con un estilo casi impresionista, en el que tenía tendencia a pintar molinos, paisajes y árboles en los que los colores cada vez fueron resultando más radicales y los molinos más esquemáticos. En una transición imparable hacia lo absoluto dentro de la más pura sencillez formal, se topó con Picasso y tuvo una etapa cubista que más tarde desembocaría, en ese afán suyo de buscar una verdad última, en esos cuadros de estilo abstracto, surcados por líneas negras verticales y horizontales que delimitan espacios blancos y puntualmente otros de color rojo, negro, amarillo o azul, estilo del que es un estupendo ejemplo la obra que abre esta entrada. La realidad ya no existe en sus cuadros, ni siquiera existe un centro claro, solo hay islas geométricas de color, colores en principio básicos a los que añadía ciertos matices que los hacían en cierta medida diferentes. Al blanco y al negro los llamaba "no colores" en contraposición a los demás y poco a poco los blancos se hicieron cada vez más presentes. Las líneas negras no siempre llegaban al final del lienzo, como si fuera posible una alternativa a un universo totalmente cerrado. Y con esos pocos elementos sentenciaba: "El color es mi obsesión de todo el día, mi alegría y mi tormento"

Por su esquematismo y sencillez, se podría pensar que el pintor era una persona fría en exceso, aunque en realidad era amante de la diversión y el baile, extrovertido y sociable, pero como todo artista también tenía sus manías y excentricidades. Sirva como ejemplo que en la decoración de su casa desterró el color verde, que tampoco aparece en sus composiciones abstractas. Sus cuadros llevan instrucciones estrictas sobre como deben ser expuestos al publico, por supuesto perfectamente nivelados y con la mitad inferior del cuadro por debajo de la línea de los ojos del espectador.

Mondrian (a la izquierda) había creado junto a Theo van Doesburg y otros, el movimiento "The Stijl" que aspiraba a la integración de las artes o el "Arte total", con el fin último de mostrar las leyes universales y su armonía y estructura matemática a través de sus obras. No seré yo el que pueda explicar estas aspiraciones metafísicas; para ser sinceros, más allá de su misterioso y atractivo equilibrio, cuando veo sus obras me quedo literalmente "a cuadros". Pero lo que si resulta curioso es hasta el punto en el que defendía cada uno de los artistas sus postulados. Entre las discusiones que mantuvieron Mondrian y Doesburg resulta llamativa la que acabó con el primero fuera del grupo. Doesburg mantenía que había que incluir la lineal diagonal en las obras pues les otorgaban más dinamismo. Mondrian se mantuvo en sus trece y se enrocó en la estricta perpendicularidad y paralelismo de sus líneas. Curiosamente no pocas obras de Doesburg y Mondrian son prácticamente iguales, solo diferenciables porque el primero incluía esas perversas diagonales que al parecer lo estropeaban todo. Algo tendrían las diagonales en contra de la armonía cuando ahora el nombre de Doesburg es muchísimo menos conocido que el de Mondrian. Supongo que si alguien le hubiese propuesto a nuestro cuadriculado Mondrian una línea curva o una esfera para sus obras podría haber llegado al asesinato. 

La obra de cabecera se titula "Composición con rojo, amarillo, azul y negro" (1921) - Kunstmuseum Den Haag de "La Haya". La segunda es "Molino de viento" (1917) - Museo Stedelijk de Ámsterdam

Imágenes. De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuentes Originales. Imagen 1 - Imagen 2 - Imagen 3 

domingo, 18 de octubre de 2020

Los piojos de Stalingrado


La batalla de Stalingrado fue un verdadero infierno. Más allá de los avatares de la propia guerra y sus horrores, en este encontronazo entre el ejército alemán y el ruso, durante 200 interminables días a caballo entre 1942 y 1943, se dieron muchas circunstancias que solo se pueden calificar como dantescas.

Dos millones de personas, entre soldados y civiles perdieron su vida en Stalingrado, casi 1.250.000 en el bando ruso y 750.000 en el bando alemán. Pero no todos murieron por las balas o los explosivos del enemigo, muchos no pudieron resistir las penosas condiciones de vida a las que les abocó una lucha tan prolongada en un ambiente tan hostil.

Prácticamente no había agua, la poca de la que se disponía era dedicada a beber y cocinar lo poco que podían llevarse a la boca. Las raciones eran ínfimas en ambos bandos y los alemanes desesperados ante la falta de avituallamientos terminaron comiéndose los caballos, de los solo dejaban las pezuñas con sus relucientes herraduras. El aseo era todo un lujo. No había ropa limpia y las tropas pasaban semanas sin poderse cambiar. El frio era inmisericorde especialmente con el bando alemán que no disponía de ropas adecuadas para combatirlo. En sus últimos momentos, el ejército alemán era una sombra de lo que fue, envuelto en harapos y famélicos solo intentaban resistir aquel infierno. El agotamiento, la sensación de poder morir en cualquier momento, el hambre y la sed hacían que solo vivir fuera insoportable. Con la falta de higiene y agua potable terminó por aparecer la disentería, las dermatitis, la sarna y los insectos se cebaban con los soldados. 

Como cuenta Anthony Beevor en su libro "Stalingrado" y se cita en la revista Historia y Vida nº 594, cuando finalizaba la batalla y el ejército alemán vivía sus peores momentos, era fácil saber cuándo uno de sus soldados, acurrucado para intentar mantener el calor, pasaba del sueño a la muerte. En el momento en que su corazón dejaba de latir una procesión de piojos salía de las mangas de sus sucias guerreras y de las perneras de sus gastados pantalones en busca de otro compañero vivo al que poder parasitar.

Por supuesto, en el bando ruso, se sufrieron también penurias igual de cruentas. Los horrores de la guerra son así.

Imagen: De Wikimedia Commons - Bundesarchiv (obra de Friedrich Gehrmann) - (CC BY-SA 4.0). Enlace a la Fuente Original

sábado, 17 de octubre de 2020

Voltaire: El primero de los asnos


En cierta ocasión, Federico II de Prusia invitó a Voltaire a cenar. La admiración que aquel tenía por el filósofo era grande aunque a veces le hacía blanco de sus pesadas bromas. En aquella ocasión le dejó una nota sobre su plato que decía:

"Voltaire es el primero de los asnos. Federico II"

Cuando Voltaire, llegó a la mesa y le indicaron el lugar donde había de sentarse leyó la nota en silencio. Conocedor de la tendencia a las chanzas del belicoso rey prusiano, Voltaire no se inmutó lo más mínimo, simplemente se limitó a leer la nota nuevamente, pero esta vez en voz alta ante el resto de las personalidades presentes en aquella cena:

"Voltaire es el primero de los asnos. Federico, el segundo"

El busto de Voltaire que acompaña la anécdota es obra del escultor Jean-Antoine Houdon (1741-1828). Se expone en la Galería Nacional de Arte de Washington.

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC POR 2.5) - Se enlaza la Fuente Original

viernes, 16 de octubre de 2020

Rita Hayworth y la bomba atómica

"Todos estamos atados a nuestro destino y no hay manera de liberarnos"

Tras el desbordante éxito de "Gilda" la fama de Rita Hayworth estaba fuera de toda medida, y desde ese mismo momento, tal y como decía la actriz, quedó atada a un destino que en realidad no deseaba. Se había convertido en un mito sexual de la noche a la mañana. La prensa la presentaba como "La diosa del amor" y la actriz lo sufría en sus propias carnes; era evidente que "Gilda" la  había devorado y en alguna ocasión llegó a decir: "Todos los hombres que conocía se fueron a la cama con Gilda … y se despertaron conmigo". Ya no era solo una mujer, representaba algo más, los hombres querían poseer al mito y después se olvidaban de la mujer. Ella se lamentaba: "Todo lo que quería era lo que todo el mundo quiere, ya sabes, ser amada". Su atracción para el público era tal que la "Columbia Pictures", los estudios para los que trabajaba, se acabarían colocando entre las primeras compañías cinematográficas de Hollywood, gracias a los millonarios ingresos que le reportaba la actriz con sus películas. De hecho Frank Sinatra afirmaba "Rita Hayworth es la Columbia"

Y es que el terremoto que causó esta actriz con Gilda y ese striptease tan explosivo como breve y pacato -en realidad solo llega a quitarse un guante- tomó dimensiones inimaginables. No cabe duda de que la chica era "la bomba", por lo que no es extraño que a alguien se le ocurriera la idea de pegar una imagen suya en la bomba atómica que Estados Unidos arrojó sobre el atolón de las Islas Bikini. Rita Hayworth era una declarada pacifista y el "homenaje" parece que no le sentó nada bien. Otros admiradores mas precavidos, pensaron por contra en los devastadores efectos que una bomba atómica podría causar, no solo en el peligro para sus vidas, si no también para sus pertenencias más queridas. Así, en plena efervescencia atómica, se organizó una histérica expedición a la Cordillera de los Andes con el único fin de enterrar en sus cumbres una copia de "Gilda" y asegurar su conservación en caso de que estallase un desastre nuclear. Y es que como decía la película: 

"Nunca hubo una mujer como Gilda"


Imágenes: Cortesía de la estupenda página "Doctor Macro"

jueves, 15 de octubre de 2020

Rudolf Nuréyev, la "oveja negra" del ballet ruso

“Creo haber roto las barreras entre la danza clásica y la danza moderna”

Rudolf Nuréyev, tenía muy claro el papel estelar que había desempeñado en el mundo del ballet. Su fuerza y su personalidad crearon una nueva forma de entender el baile y le auparon a la categoría de mito, siempre expuesto a la comparación con Nijinsky, un bailarín con el que, más allá de sus orígenes tártaros y su inigualable talento para la danza, guardaba no pocas coincidencias. Nuréyev evitaba las comparaciones y pronunciarse con claridad sobre Nijinsky y sin embargo en una ocasión le dedicó estas palabras:

“Nijinski y yo no tenemos nada que ver. La imaginación de la gente de 1900 forjó un ideal, fue el primer montaje publicitario en el mundo de la danza. Realmente bailó muy poco, pero captó la imaginación de la gente de 1900, mientras que yo tengo que captar la imaginación de la gente de los años sesenta a los ochenta”

Nuréyev, podía ser encantador o sumamente endiablado. Los responsables del Covent Garden, expertos en divismo, declararon en cierta ocasión al diario Times: "Mejor cien Callas que un Nuréyev". No era fácil el bailarín. Poseedor de un talento incontestable para la danza era también apasionado y generoso a la vez que impulsivo, temperamental, ingobernable y a veces hasta grosero con sus compañeros. 

Era único. Fue singular hasta para venir al mundo, así el bailarín nació en 1938 en un tren de pasajeros en medio de la inhóspita Siberia, el famoso Transiberiano, en el que viajaba su madre camino de la recóndita Vladivostok, donde el padre de Nuréyev estaba destinado como comisario del Ejército Rojo. Su infancia fue dura, llena de privaciones y rechazos. Débil y enclenque, tuvo la suerte de asistir a un ballet a los seis años que cambió su vida: “En ese momento ya no pude pensar en otra cosa que en ser bailarín. Me sentí poseído, llamado a serlo”. Pero no lo tuvo nada fácil y hubo de luchar contra la oposición paterna para dedicarse a la danza. Por entonces le llamaban despectivamente "el cuervo blanco" que era como decirle aquí "la oveja negra", era el "rarito", pero pronto el baile le haría fuerte y poderoso. 

Al principio solo pudo dedicarse a bailes tradicionales, de modo que no empezó a recibir una formación clásica avanzada hasta los diecisiete años en que fue admitido en la Academia Vaganova (asociada al Ballet Mariinski -después Kirov-). Empezando a esa edad ya es harto improbable que un bailarín alcance las cotas de excelencia que logró Nuréyev, de hecho, su profesora, Vera Kostrovitskaya , tuvo que decirle al incontenible alumno: “Jovencito, usted puede llegar a ser un bailarín brillante, aunque también puede ser que no llegue a nada, que es lo más probable”. Y sin embargo, en tan solo un par de años su evolución resultó imparable y pronto destacó de manera fulgurante convirtiéndose en un pilar de la danza rusa y una de las figuras más señeras que han pasado por el excepcional Ballet Kirov, de donde surgieron casi todas las estrellas de la danza, desde Nijinsky a Barýshnikov o de Pavlova a Galina Ulánova

Él era su propio norte: “Adquirí tenacidad y voluntad, entendiendo muy pronto que debía cuidar de mí mismo. Desde entonces sólo confío en mí mismo y me fío solamente de mi intuición y la experiencia personal”. Puede que por eso, cuando en 1961 (año de la foto de cabecera) Nuréyev se ganó la oportunidad de viajar con su compañía a Paris, donde obtuvo un apabullante éxito, ya estuviera preparado para tomar decisiones cruciales en su vida. En Paris, hacía cincuenta años, desde que en aquella ciudad bailó Nijinsky con los Ballets Rusos de Diaghilev, que los parisinos no veían un bailarín tan prodigioso y formidable como Nuréyev y la ciudad quedó rendida a sus pies. El KGB controlaba de cerca a sus estrellas y cuando las alarmas se encendieron por el tipo de relaciones que estaba frecuentando el bailarín en la noche parisina decidieron retornarlo de inmediato a Rusia. Nuréyev se dio cuenta de que difícilmente le volverían a dejar salir de Rusia, un país inmenso, cuya forma de vida, con todos sus corsés y formalismos, ya se le había quedado pequeño. En el mismo aeropuerto de Paris-Le Bourget, ya camino de Rusia, buscó el momento oportuno y decidido a no volver, pidió asilo político. El escándalo fue monumental, el éxito posterior también. Encontró la libertad en muchos sentidos. En la expresión de su arte, libre ya de ataduras y academicismos pudo volcar más de su propia personalidad. Aquella frase suya que decía "La técnica es aquello de lo que hay que echar mano cuando te quedas sin inspiración" nos da alguna pista de la pasión que volcaba sobre el escenario. 

Su inmediata unión a la bailarina Margot Fonteyn (foto de la izquierda) logró la perfección y una pareja que ya es mítica en el mundo de la danza. Cuando Nuréyev solo tenía 23 años ella ya hacía puntas por los 42. Su experiencia y apoyo para entrar en el Royal Ballet londinense, ayudó mucho a calmar al desbocado bailarín que decía de ella: "Cuando se encuentran amigos como Margot desaparecen todas las dificultades, tanto en la vida como en el escenario.... Margot Fonteyn ha sido para mí la mejor partner, mucho más que cualquier otra anterior o posterior a ella: no pensaba nunca en sí misma mientras bailaba, sino sólo en el espectáculo, y podías estar seguro de que en escena no te traicionaría nunca...". Cuando bailaron por última vez ella tenía ya 69 años. 

Y si exitosa fue su pareja profesional también tuvo suerte al elegir su pareja en la vida, su relación con el también bailarín Erik Brhun, aunque con altibajos tormentosos, fue determinante para dar cierta estabilidad  a los desvaríos y excesos de Nuréyev, que se acentuaron notablemente cuando su declive empezó a hacerse evidente. 

En cualquier caso su decisión de abandonar Rusia no fue pacífica. Volvía a ser "la oveja negra" y descarriada. En ausencia fue condenado a siete años de prisión, le retiraron el pasaporte y todos su bienes fueron confiscados por el Estado. De buenas a primeras su nombre desapareció en Rusia, era como si su figura nunca hubiese existido en el mundo de la danza, a pesar de ser el mejor de sus bailarines. Solo 26 años después de su "fuga", en 1987, obtuvo un permiso especial de Gorbachov para poder volver a su país y así abrazar a su madre moribunda a la que no veía desde su marcha. Puede que ya por entonces estuviera enfermo de Sida, enfermedad que causó su muerte en 1993 cuando tan solo tenía 54 años. Todavía hubo de esperarse cinco años después de su muerte para que el Estado Ruso, en 1998, anulara el castigo que pesaba sobre el ya fallecido Nuréyev argumentando que “no había traicionado a la patria ni habría revelado secretos militares o de Estado”. El bailarín, a pesar del dolor que pudiera suponerle la lejanía de su familia tenía muy claras las cosas: “No siento nostalgia, esta es la verdad, aunque parezca difícil de creer. Pero es que mi vida aquí ha sido muy agradable, y mi carrera de bailarín ha funcionado bien. Todo ha sido tan bueno que no ha habido lugar para la añoranza. Todos mis éxitos están en Occidente. En mi vida presente no echo nada en falta” 

Imagénes: Tomadas de Wikimedia Commons. Enlaces a las fuentes: Imagen 1 (CC0), Imagen 2 (CC BY-SA 3.0) Imagen 3 (CC0)

miércoles, 14 de octubre de 2020

El curioso origen de los apodos de Lenin, Stalin y Trotsky

Los apodos de los primeros líderes de la revolución rusa tenían una sonoridad especial. Más allá de la necesidad impuesta por la clandestinidad de sus inicios, parece que fueran actores que han de renunciar a su nombre real para adoptar otro que esté a la altura del personaje que esperan ser. Y no podemos negar que nombres como Lenin, Trotsky o Stalin resultan tan efectivos como las marcas, parecen diseñados al milímetro para transmitir fuerza y personalidad y sin embargo a veces su origen es de lo más peregrino. 

Lenin, arriba en la foto de entrada, se llamaba en realidad Vladimir Ilich Ulianov y su apodo tiene un origen ciertamente inesperado. Una vez llegadas las discrepancias dentro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, al que pertenecía Lenin,  uno de sus oponentes ideológicos, el también revolucionario marxista Gueorgui Plejánov, terminó alineándose con los mencheviques. Este empezó a firmar algunos escritos con el apodo de "Volgin" (el que pertenece al Volga) haciéndose eco del famoso rio, el más largo de los de la Rusia occidental, una corriente que recorría el país de norte a sur. Vladimir Ilich, que lideraba la opción contraria, los bolcheviques y que curiosamente había nacido en la ciudad de Simbirsk (actual Ulianovsk) a orillas del Volga, buscó por contra el rio que sin sus afluentes es el más largo de toda Rusia, el inmenso y poderoso Lena, un rio siberiano cuyas aguas, simbólicamente, marchan en dirección contraria a las del Volga, del sur al norte y que además estaba cerca del lugar donde estuvo exiliado Vladimir Ilich durante varios años, quien, jugando con el nombre del rio del mismo modo que hizo Plejánov,  pasó a llamarse Lenin (el que pertenece al Lena).  

El caso de Stalin (a la izquierda), es un poco más errático; su nombre de nacimiento era Iósif Vissariónovich Dzhugashvili y hasta llegar a su apodo final tuvo un rosario de nombres: Sosó o Soselo (diminutivo georgiano de Iósif por el que lo llamaban las personas más cercanas), Morti, Nijaradze, Chizhikov, Ivanovich y Koba, este último el más conocido entre los apodos secundarios. Koba era el nombre de un héroe georgiano que aparece en la novela "El parricida" de Alexsander Kazbegui, de la que es el protagonista, un montañés proscrito, temerario y obsesionado por la lealtad y la traición que es capaz de sobrevivir a todos sus enemigos. A Stalin debió encontrar algunos ecos de su persona en Koba y su nombre le pareció un buen seudónimo para si mismo; en cualquier caso, aunque es un apodo muy conocido no sería el definitivo. 

En la senda de Volgin y Lenín, "Don José" terminó por adoptar, quien sabe si para no desentonar en el cartel, el nombre de Stalin, literalmente "Hecho de acero" ("Stal" es acero en ruso). Y a decir verdad, duro, lo que se dice duro, lo fue y mucho.

Trotsky (en la foto de abajo) se llamaba en realidad Lev Davídovich Bronstein, que a mi me suena de maravilla también, pero prefirió adoptar el nombre de Trotsky, el jefe de los carceleros de la prisión de Odessa donde estuvo recluido un tiempo y que estaba encargado de custodiarlo. Tras la prisión fue condenado al destierro en Siberia y cuando ya imbuido de las ideas de Lenin, decidió huir de la nada, primero lo hizo en un carro de heno y posteriormente en un ferrocarril. Para cuando tuvo que elegir un nombre que colocar en el pasaporte falso que habría de utilizar en esa nueva etapa como prófugo, quien sabe por que razón se acordó de su carcelero Trotsky, cuyo nombre le acompañaría ya toda la vida.

Imágenes: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0). Enlaces a fuentes: Imagen 1, Imagen 2, Imagen 3.

martes, 13 de octubre de 2020

Thomas Mann y la falsa humildad

 

"El escritor es aquel al que escribir le resulta más difícil que a las demás personas"

Eso decía Thomas Mann, sabedor de que lograr la excelencia en algo que en principio puede hacer todo el mundo es ciertamente muy complicado. En cierta ocasión este escritor alemán, autor de obras como "La muerte en Venecia""Los Buddenbrook" o "La montaña mágica" y Premio Nobel de Literatura en 1929, conoció a otro escritor de obra mucho menos reconocida y valorada que la suya pero que tenía a su propia persona y a sus libros en el epicentro de su conversación no dejando de mostrarse ciertamente pedante.  Frente a Thomas Mann este escritor no dejaba de empequeñecerse, pero no de manera puntual y humilde, si no de forma persistente, de modo que cada poco intercalaba en la conversación frases del tipo: "Yo no soy sino un pobre principiante", "A mí, que todavía nadie me conoce", "Mi nombre no puede compararse con el suyo"....  Mann terminó hastiado del escritor y en cuanto pudo zafarse de su presencia y en el tono cáustico que solía utilizar frecuentemente en sus afirmaciones le comentó a la persona que le acompañaba:

"Ese hombre no tiene derecho a empequeñecerse de esta forma. Para tener ese derecho, hay que ser bastante más importante de lo que él es"

Y leyendo esta anécdota no pude evitar acordarme de aquel adagio que en cierta ocasión le escuché a un amigo y que tanto me gustó: "No seas tan humilde que no eres tan grande", frase que en algunos sitios se atribuye a la estadista israelí Golda Meir.

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Enlace a la Fuente Original

lunes, 12 de octubre de 2020

La verdadera muerte de "Braveheart" (William Wallace)


En 1995, Mel Gibson dio el campanazo con su película "Braveheart", se llevó cinco premios Oscar, entre ellos el de mejor película y el de mejor director. A pesar de que la película se permite infinidad de licencias históricas, de pronto William Wallace se convirtió en un héroe que había pasado, a velocidad vertiginosa, del más sombrío de los olvidos a ser conocido por todos. Hasta Melendi se hacía eco de su grito de libertad en una de sus canciones más conocidas. La influencia de la película no es poca, de hecho, en 1996, el año siguiente al estreno del film y ante las crecientes demandas de independencia de Escocia, los ingleses accedieron a una de las peticiones históricas de los escoceses, la devolución de la famosa "Stone of Scone", la sagrada "Piedra del destino", una piedra cargada de simbolismo sobre la que los escoceses nombraban a sus reyes. La piedra en cuestión cayó en manos de Eduardo I tras ser derrotado William Wallace y fue colocada en el asiento del trono inglés. En otras palabras, bien sea como un honor (lo más probable) o como un símbolo de sumisión, los reyes de Inglaterra y después del Reino Unido sentaban sus reales posaderas en el acto de su coronación sobre la venerada piedra de los escoceses, tal y como lo hizo la actual Isabel II en 1953 en el acto de su coronación

Aunque es cierto que William Wallace no fue un angelito con sus enemigos, de hecho se cuenta que se hizo un cinturón para sujetar su espada con la piel de Hugh de Cressingham, uno de los líderes del ejercito inglés en la batalla del Puente de Sterling, el castigo que después recibió fue de una crueldad sin límites. La película pasa de puntillas sobre el suplicio que resultó la muerte del líder escocés. Vemos como medio lo ahorcan, lo estiran e intuimos que algo hacen sobre su cuerpo justo antes de que lance con sus últimas fuerzas el famoso grito de "libertad", vemos como le cortan la cabeza y luego una voz en off nos relata como descuartizaron su cuerpo y lo repartieron por distintas partes del país. Suena terrible, pero se muestra de una forma muy "light" que de ningún modo se acerca a la realidad de una ejecución que fue mucho más cruenta. 

Tras ser declarado culpable de traición al rey Eduardo I (que por cierto no murió a la par que Wallace si no dos años después), fue desnudado y arrastrado de los talones por un caballo desde la Torre de Londres hasta Smithfield, unos seis kilómetros en los que sufrió el escarnio público. Los ingleses que querían que la cosa les durara, parece que pusieron su cuerpo sobre unas pieles para que no se desollara vivo y estropeara lo que estaba por venir. Buscando ser ejemplarizantes con el castigo, primero hicieron un amago de ahorcamiento por asesino y ladrón en el que tuvieron mucho cuidado de cortar la cuerda antes de que muriera para que el ritual de ejecución por alta traición se completara en toda su dureza. Luego procedieron a cortarle sus atributos y a sacarle las tripas estando todavía vivo por su traición al rey inglés y los quemaron ante el agonizante Wallace. Metódicos como ellos solos continuaron arrancándole el corazón, el hígado, los pulmones y los intestinos en castigo por los sacrilegios que supuestamente había cometido contra la iglesia. Acto seguido le cortaron la cabeza  y descuartizaron su ya maltratado cuerpo. No satisfechos aún, su cabeza, conservada con alquitrán quedó ensartada en una pica en el Puente de Londres. La parte de su brazo derecho la enviaron a Newcastle, territorio inglés que sufrió los embates de William Wallace y las otras tres partes a Escocia como "aviso a navegantes" de las consecuencias que comportaba oponerse a Inglaterra y su poder. Así la parte de su brazo izquierdo quedó en Berwick, la de su pie derecho en Perth y la de su pie izquierdo según unos fue a parar a Aberdeen y otros a Stirling, lugar en el que William Wallace obtuvo su mayor victoria sobre los ingleses y donde hoy se erige una imponente torre de 70 metros en su honor (en la foto). En la foto de cabecera podemos ver el monumento dedicado a William Wallace en la ciudad de Aberdeen.

Fuente: Historia de National GeographicWilliam Wallace. El héroe trágico de Escocia

Imágenes: De Wikimedia Commons. Enlace a Imagen 1 (CC0) - Enlace a Imagen 2 (CC BY-SA 2.0)

domingo, 11 de octubre de 2020

Rafael Nadal por él mismo

 

Rafael Nadal ha vuelto a ganar hoy Roland Garros y con su triunfo iguala a Roger Federer como el tenista con más títulos de Grand Slam de la historia, veinte cada uno de ellos. No ocultaré mi rendida admiración por esta persona que además es muy posiblemente el mejor deportista español de todos los tiempos. En mi opinión puede que no sea el mejor tenista técnicamente pero, y ahí esta su grandeza, nadie como él lucha tanto por conseguir sus objetivos, nadie se levanta como él de las caídas, nadie como él nos enseñó que nunca hay que rendirse y que querer es poder. Hoy con este triunfo se adentra un poco más en el territorio de la leyenda. Hoy ha hecho historia y por eso ha venido de visita a este blog. Mi aplauso para él. A ver que nos dice el propio Nadal:

"Todos los que practicamos deportes sabemos que salimos para ganar o perder. Hay que aceptar las dos cosas. Uno no se puede venir abajo para perder un partido o muy arriba para ganarlo. Nadie se acuerda de las victorias, sólo de las derrotas"

"Las derrotas no engrandecen nada por desgracia, pero también uno se da cuenta de la dificultad de lo que he hecho hasta hoy. Ayuda a valorar todo lo que he hecho anteriormente"

"Sin sufrimiento, no hay felicidad"

"Nadie es eternamente perfecto"

"Mi peor rival es el próximo"

"Hay mucha gente que se esfuerza cada día y no tiene la suerte de llegar a la cima. Lo importante es el camino, pensar en el día a día, pensar que las cosas van a llegar"

"Las dudas no se superan, convives siempre con ellas. Lo que sí que puede hacer uno es dar lo máximo cada día, y esforzarse para hacer las cosas mejor día a día"

"Siempre he entrenado al máximo nivel, a la máxima intensidad, y esto me hace sentir más preparado en los momentos de máxima dificultad de los partidos"

"La parte mental es muy importante, porque al final siempre vienen momentos malos y tienes que estar preparado para aceptarlos y así superarlos. Es como la vida, en la que hay que aceptar con la misma tranquilidad los momentos buenos y los malos"

"Lo básico es creer en ti e intentar dar lo mejor de uno mismo cada día. Yo he tenido épocas malas y uno las acaba superando"

"La sensación de representar a tu país y no jugar sólo para uno mismo es muy especial. Hay nervios, responsabilidad, pero es de las sensaciones más bonitas que he tenido en mi vida"

"Ni os engañéis, ni yo me voy a engañar. Que he jugado un partido bueno, sí, bastante bueno. Eso sí, hay que seguir con la cabeza bien fría y saber que he dado un pasito adelante, pero que no he ganado nada. Hay que seguir"

"Lo que más satisfecho me deja es la evolución, superar una situación complicada y estar en semifinales sin haber jugado el mejor torneo. Hoy he jugado a muy buen nivel, pero me quedo con la actitud de todos los días, la de sin encontrar soluciones seguir creyendo que las voy a encontrar"

"Para ver qué se puede mejorar, qué es lo que se ha hecho bien y mal, hay que tener actitud necesaria y cabeza fría, y abierta para analizar las cosas y buscar soluciones"

"No creo que las cosas cambien por sí solas, las tienes que hacer cambiar y yo voy a hacer lo posible por cambiar"

"Es un honor igualar el récord con alguien como Borg. El año que viene intentaré venir aquí y superarlo, pero ahora toca disfrutar de este trofeo, que no es poco, que no es fácil de conseguir. Cualquier comparación con él es un honor"

"No me olvidé de jugar. Quizá aún no es el momento de enterrarme"

"Cualquier victoria es importante para mí porque me da la oportunidad de jugar otro día. Y eso es lo que necesito, jugar. Necesito competir"

"Si la rodilla va bien, ¿qué razón hay para que no lo logre? Durante ocho años he estado entre el primero y el segundo del mundo. Me atrevo a pensar que en siete meses no se me ha olvidado jugar el tenis"

"Los españoles triunfan por varios factores: espíritu de superación, espíritu de mejora y exigencia máxima. Con menos recursos hemos conseguido más que ellos, algo estaremos haciendo mejor"

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC BY 2.0). Enlace a la Fuente Original