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sábado, 24 de enero de 2026

Treinta euros por «La joven de la perla»

 


El director de cine Peter Webber nos regaló en 2003 una película preciosa sobre "La joven de la perla", no solo la corporeizó convincentemente en la persona de Scarlett Johansson, sino que además fue capaz de darle un nombre —Griet— y una historia. El cuadro es de una belleza tal que todos queremos saber detalles de la muchacha retratada, pero en realidad nada sabemos.

Los estudiosos afirman que es tan solo un tipo de obra conocido como «tronie», o lo que es lo mismo un estudio de rostro, de expresión o actitud idealizado sin que necesariamente represente a una persona real identificable. Puede que eso aclare por qué, en realidad no sabemos nada de esa preciosa chica que nos mira directamente. Todo el cuadro está repleto de sombras. La imagen de la muchacha rebosa de luz, una luminosidad intensa que se ve realzada por la insondable negrura del fondo, pero ¿era ese fondo verde en sus inicios, como atestiguan los expertos? ¿Es realmente una perla lo que luce la chica? Eran tan caras por aquel entonces que una perla tan grande habría resultado prohibitiva. ¿Tenía pestañas? Poco le hacían falta en esa mirada llena de magia, pero aún hay dudas al respecto. Incluso su turbante se tiene como una prenda impropia de la Holanda de aquel tiempo. Y tanto misterio no hace sino aumentar nuestra fascinación por el retrato.

Y sin embargo, esa mirada respira tanta verdad que estoy seguro de que fuera quien fuese la que con el tiempo fue denominada como «La Gioconda del norte» hubo de existir de verdad. 

Cuando todavía no se cotizaban como ahora las pinturas de Johannes Vermeer, un amante de su obra, Arnoldus Andries des Tombe compró el retrato en una subasta en La Haya en 1881. El cuadro no se encontraba en buenas condiciones y al no ser valorado el autor solo le costó dos florines y treinta céntimos, lo que en aquel entonces podía valer un par de zapatos modestos y al cambio, serían hoy no más de treinta euros. Cuando Arnoldus falleció, consciente del potencial valor de aquella obra, la legó al Museo Mauritshuis de La Haya donde se expone en la actualidad. 

Hoy, el retrato de esta bellísima chica, que busca con su mirada la nuestra como si pudiera vernos más allá del cuadro, podría competir en fans con la mismísima Gioconda que también parece mirar más allá. Su valor, como el de esta última, es incalculable.

Puede que algún día esté frente a "La joven de la perla" y me mire solo a mí.



Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público CC0

lunes, 8 de septiembre de 2025

La belleza imposible de la Venus de Botticelli

 

La cabeza resulta demasiado pequeña en relación al cuerpo, su cuello es de un largo imposible, sus hombros tan estrechos y caídos que casi no dejan sitio para sostener unos brazos que de por sí, sobre todo el derecho, son demasiado largos y delgados. Su tronco está desproporcionado, al igual que sus piernas con respecto al torso, el ombligo está demasiado alto y su figura, en forzado contraposto, guarda un equilibrio tan precario que a buen seguro la haría caer de la concha que le sirve de pedestal.

Parece que estuviéramos hablando de un engendro deforme, de un ser carente de armonía y belleza, sin embargo, es de la diosa de "El nacimiento de Venus". obra de Sandro Botticelli expuesta en la florentina Galería Uffizi, a la que pertenece esta descripción. Sus formas son tan irreales e imposibles como lo son hoy las de una muñeca Barbie.

Y no es que Botticelli fuera mal pintor, simplemente buscaba una idealización, no de la belleza mortal, sino un arquetipo de la belleza eterna y espiritual dentro de la corriente neoplatonista. Y si para ello el pintor tenía que tomarse algunas licencias no reparó en minucias anatómicas para conseguirlo. Puede que tuviera razón, no en vano es uno de los cuadros más reproducidos y alabados de la historia de la pintura y su Venus rubia, con su abundante cabellera movida por el soplido de Céfiro, el viento del oeste, es todo un icono de nuestra época.

La imagen se inspira en el mito del nacimiento de Venus según el relato de Hesíodo en su “Teogonía”. La diosa del amor, nace de los genitales del dios Urano, tras ser cortados por Saturno y luego arrojados al mar. En el cuadro se omite el detalle truculento y más que su nacimiento, lo que vemos es el momento triunfal en el que la bellísima diosa del amor arriba a la orilla de una isla que la tradición identifica con Chipre o Páfos.

El momento concreto representado por Botticelli probablemente se inspira en unos versos de  Poliziano de “Stanze per la giostra” que, en una traducción libre del italiano y con la licencia de presentarlo en formato de prosa poética, comenzaban así:

“En el tempestuoso Egeo, en el seno de Tetis, flotaba el miembro divino cercenado, que bajo el giro diverso de los astros erraba por las olas, envuelto en blanca espuma. Y de allí nació, con gestos gráciles y alegres, una doncella de hermosura sobrehumana, que céfiros lascivos empujaban hacia la orilla, haciéndola girar sobre una concha, mientras el cielo goza con ello.

Dirías que eran verdadera la espuma y verdadero el mar, y verdadera la concha y verdadero el soplo de los vientos; en los ojos de la diosa brillaban destellos, y el cielo, y los elementos, parecían reírle en torno; las Horas pisaban la arena con blancas vestiduras, el aura rizaba sus cabellos, largos y sueltos; no del todo iguales, no del todo distintos eran sus rostros, como bien conviene a hermanas que comparten la misma gracia.

Jurarías verla salir de las olas: la diosa, con la diestra recogiendo su cabellera, y con la otra cubriéndose el dulce pecho; mientras al toque de su pie sagrado y divino la arena se revestía de hierbas y de flores. Después, con semblante radiante y celestial, fue acogida en el regazo de tres ninfas y envuelta en un manto cuajado de estrellas.”

Son muchos los que especulan con que la modelo de esta Venus fue Simoneta Cattaneo, de casada Vespucci, la gran musa del Renacimiento, una mujer por la que bebían los vientos no pocos pintores, según se desprende de la gran cantidad de potenciales retratos que hay de la joven. Entre aquellos enamorados destacaba Giuliano de Médici, familia a la que estaba ligado estrechamente Botticelli. Aquel amor platónico había inspirado sonetos de Poliziano y puede que fuera la motivación del cuadro.

En la postura adoptada por Venus viven las antiguas esculturas púdicas de Venus, o la Afrodita de Cnido o tantas otras que deslumbraron a los artistas renacentistas. Botticelli únicamente se tomó la libertad de intentar mejorar lo que parecía inmejorable. Y a pesar de las aparentes deformidades parece que lo consiguió. Hoy su Venus, es todo un símbolo de la belleza que adorna escaparates, bolsos, camisetas y los salones de millares de hogares. Ni Marilyn con su falda al viento puede hacerle competencia.



Imagen:
Tomada de Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0)
- Fuente Original

sábado, 21 de junio de 2025

Pierre - Auguste Renoir, los colores y los desnudos


“¿Por qué habría de esconder lo que es hermoso? Si los senos de una mujer son obscenos, entonces también lo es el sol.” (Aguste Renoir)

En cierta ocasión le preguntaron a Renoir como lograba dar tanta naturalidad y delicadeza a sus desnudos, a lo que contestó: 

"No hago más que pintar, y pintar y seguir pintando, hasta que siento ganas de pellizcar. Entonces ya sé que está bien lo que he hecho."

Para él, la piel femenina era el terreno por excelencia para jugar con la luz y el color. El crítico Georges Rivière en "Renoir y sus amigos" contaba como a veces el pintor dedicaba largas horas para encontrar ese tono exacto de rosa y ocre para la piel que tenía en la mente según la luz, a menudo mediante mezclas imposibles con colores que a priori se podrían considerar contradictorios. No en vano afirmaba: “No hay nada más difícil que pintar la piel humana. Y nada más hermoso. Es como acariciar con los ojos”. 

No era amigo de pintar diosas idealizadas e inalcanzables, prefería la belleza real de las mujeres que le rodeaban. Fueron sus modelos preferidas su esposa Aline Charigot, la niñera Gabrielle Renard, amores como Lise Tréhot o Margot: "No pinto Venus, pinto a Louise, a Aline, a Gabrielle... ¿Por qué querría inventar una diosa, si la tengo frente a mí?"

Fue un pintor difícil de clasificar y si bien perteneció de lleno a la escuela impresionista, hay que añadir que se terminó distanciando de la misma por su pasión por los paisajes y sobre todo por los desnudos femeninos. En una carta de 1883 escribió: “Había llegado a un punto muerto. Había ido tan lejos como podía con el impresionismo, y me di cuenta de que no podía pintar ni una figura desnuda ni una Virgen con él. Necesitaba volver a aprender.”

Su pasión por la mujer era declarada y no podía renunciar a pintarlas: “Un seno, es redondo, es caliente. Si Dios no hubiese creado el cuello de la mujer, no sé si habría sido pintor.”

Renoir buscaba principalmente captar la mezcla de colores brillantes, estudiar el efecto producido por la luz del sol y crear una belleza gozosa, así que para Renoir el ejercicio de la pintura suponía una especie de placer físico, la sublimación de la atracción física a través de su plasmación en el lienzo. De este modo, cuando hablaba de pintura no eran pocas las veces que terminaba hablando de sus desnudos:

“Arreglo mi motivo a mi gusto, después me alejo y lo pinto como un niño. Quiero que un rojo sea sonoro para que resuene como una campana, si no lo es, agrego rojos y otros colores hasta obtenerlo. No soy más inteligente que eso. No tengo ni regla ni método… Miro un desnudo, veo miríadas de tintes minúsculos. Tengo que encontrar aquellos que harán vivir y vibrar la carne sobre mi tela.”

Mirbeau decía de Renoir que nunca pintó un cuadro triste, incluso cuando usaba el negro, muy habitual en sus obras y un color denostado por muchos impresionistas, lograba que la pintura rezumara, no sé si definirlo como glamour, optimismo o alegría. Sirva de ejemplo el conocido como "El baile en el Moulin de la Galette" o "Los paraguas" (derecha).  "Para mí, un cuadro debe ser algo amable, alegre y hermoso, sí, hermoso. Ya hay demasiadas cosas desagradables en la vida como para que nos inventemos más." decía el pintor.

Su amor por la pintura era tal que los achaques de la edad no pudieron alejarle de los pinceles. Con los años la artritis reumatoide severa deformó de tal forma sus manos y sus dedos que casi no podía coger los pinceles. Su hijo, Jean Renoir, el gran cineasta, recordaba como unos asistentes le ataban los pinceles a los dedos con cintas para que pudiera seguir trabajando y contaba:

“Veía cómo mi padre temblaba de dolor al pintar, pero seguía adelante. Sus dedos estaban tan torcidos que no podía sostener un cigarrillo sin ayuda. Y sin embargo, pintaba.”

Y así hasta su muerte, siempre queriendo aprender. En su lecho de muerte, pidió un lienzo y pinceles para plasmar su visión del ramo de flores que había en el alféizar de la ventana. Al devolvérselos a la enfermera por última vez, dijo: "Creo que empiezo a entender algo al respecto"

Otras citas del pintor:

"Pinto con alegría, con la misma alegría que usted hace el amor con una mujer."

"La obra de arte es el medio por el cual el artista expresa su pasión."

"Mi preocupación ha sido siempre pintar desnudos como si fueran unos espléndidos frutos."

Las grandes bañistas

Imágenes: Tomadas de Wikimedia Commons CCO Fuente Original 1 - 2 - 3 - 4

martes, 17 de diciembre de 2024

Napoleón cruzando los Alpes - ¿A caballo o en mula? - Historia de una mentira

 

Napoleón acababa de hacerse con el poder en Francia (1799)  cuando se encaminó hacia Italia con la idea de liberar a Génova de las tropas austriacas. Para conseguirlo pensó en llegar al lugar al estilo de Aníbal, osea a través de los Alpes, (el camino más corto pero también el más peligroso e inesperado)  lo que le daría la ventaja de la sorpresa, y de paso lo equipararía al mítico general cartaginés. 

La jugada le salió bien y pronto su audacia y sabiduría como estratega en el campo de batalla resultaron incuestionables a los ojos de todos. Aquel paso por los Alpes a través del puerto de montaña del Gran San Bernardo es el que se plasma en el famoso cuadro que abre esta entrada y del que hay hasta cinco versiones.

Nada importaba que Napoleón hubiese cruzado realmente los Alpes en una pequeña mulilla, resguardándose del frio con su abrigo y ropa corriente de montaña (tal y como lo representó Paul Delaroche en el cuadro que podemos ver a la derecha) y dos semanas después que su ejército, que aprovechando el buen tiempo se había adelantado. Napoleón deicidió que aquella victoria debía de representarse de forma gloriosa y el pintor Jacques-Louis David se encargaría de ello. La nueva escena poco o nada tiene que ver con la realidad y Napoleón aparece lleno de dinamismo y determinación, vestido con uniforme de General en Jefe, con un bicornio ribeteado en oro, un historiado fajín y un precioso sable de estilo mameluco. El brazo en alto dirigiendo el avance de sus tropas, y él mirando descaradamente al espectador mientras el viento mueve su espectacular capa y las frondosas crines de su brioso caballo de batalla que controla con su otra mano que viste un precioso guantelete. En cuatro de las copias del cuadro es "Marengo", el famoso caballo de Napoleón, el que aparece y en el restante, la versión de Charlottenburg, es la yegua parda "Belle" la que lleva a Napoleón.  

La pose recuerda mucho a la imagen de Alejandro Magno montando a Bucéfalo en el sarcófago que lleva su nombre (Museo Arqueológico de Estambul), también tiene ecos de la estatua ecuestre que Falconet hizo de Pedro I el Grande (San Petersburgo) y yo personalmente le veo un cierto parecido con el retrato ecuestre del Conde Duque de Olivares obra de Velázquez (Museo del Prado). Abajo a la derecha.

Pero Napoleón tenía muy claro a quien quería emular con aquella gesta y por eso el pintor dejo grabado en las rocas de la montaña los nombre de Aníbal, Carlo Magno y por supuesto de él mismo, haciendo alusión a que su persona era el sucesor natural de aquellos dos genios militares.

La primero de las cinco copias, la que abre esta entrada, fue encargada por nuestro rey Carlos IV, en un acto de casi servil peloteo (que no evitaría la posterior entrada de las tropas napoleónicas en España) y durante un tiempo estuvo expuesto en Madrid hasta que José Bonaparte se lo llevó al tener que partir de España por la puerta de atrás. Hoy el cuadro está expuesto en la Malmaison. 

No lo tuvo fácil David para hacer el cuadro ya que Napoleón no sabía estarse quieto y no se prestaba a posar. David tuvo que conformarse con los apuntes que años atrás había hecho del militar tras lograr que posara tres insuficientes horas para un retrato que quedó inacabado, de un busto y de sus ropas militares. Para la pose a caballo el pintor hubo de ayudarse de su propio hijo subido a una escalera adoptando el ademán que vemos en el cuadro. Desde luego no me imagino a Napoleón de semejante guisa ni siquiera un minuto. En cualquier caso, cuando David insistía a Napoleón sobre la necesidad de que posara este le respondía así:

- ¿Posar? ¿Para qué? ¿Cree que los grandes hombres de la Antigüedad de quien nosotros tenemos imágenes posaron?

- Pero Ciudadano Primer Cónsul, le pinto para su siglo, para los hombres que le han visto, que le conocen, ellos querrán encontrar una semejanza.

- ¿Semejanza? No es la exactitud de los rasgos, una verruga en la nariz lo que da la semejanza. Es el carácter el que dicta lo que debe pintarse... Nadie sabe si los retratos de los grandes hombres se les parece, basta que sus genios vivan allí"

Las Cinco versiones son: En cabecera del artículo.-1ª versión de 1800 y original expuesto en el Palacio de la Malmaison.- A la derecha en fotos pequeñas se empieza con la 2ª versión - 1801 - Expuesta en el Palacio berlines de Charlottenburg. Sigue hacia abajo la 3ª versión y primera de las del Palacio de Versalles, pintada en 1802, le sigue la versión de 1802 expuesta en Museo Belvedere de Viena, y por último y a abajo la 5ª y última versión de 1804 y conocida como segunda versión del Palacio de Versalles. 

La imagen se hizo tremendamente popular y se convirtió en un recurso perfecto para cantar las victorias de Napoleón. La propaganda y el marketing ya hacían de las suyas.


Fuente: Entrada realizada a partir de un artículo publicado en el nº 599 de la Revista "Historia y Vida"

Imágenes: De Wikimedia Commons - 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8

jueves, 12 de diciembre de 2024

"El beso" de Rodin y el hombre que sirvió de modelo

 

Nada podemos contra el inexorable paso del tiempo, salvo si uno está esculpido en piedra por un genio como Auguste Rodin en una obra maestra como "El beso", entonces eres inmortal. Aunque no lo parezca de eso nos habla el óleo con el que encabezamos esta entrada, una obra de Tamara de Lempicka titulado "Mendigo con mandolina" (1935). Su secreto nos lo contaba la propia pintora:  

"Yo quería pintar un hombre viejo. Era una necesidad superior a mis fuerzas… Él me acompañó al estudio… Después, un día… sacó de su bolsillo un amarillento recorte de periódico. Había sido doblado cientos de veces. Me lo dio y dijo: "Yo no siempre he sido así como usted me ve hoy." El recorte trataba de los amantes de Rodin. Se especificaban los nombres de los modelos. "Yo soy ese hombre", dijo".

Nadie adivinaría, de no leer la anécdota, que esa persona, aquel mendigo, es la misma que sirvió de modelo para "El beso" de Rodin. De la mujer no sabemos nada pero seguro que ella, con los años, también llevaba toda una vida esculpida en su rostro.

"El beso" (1882) se basaba en la historia de Paolo y Francesca, personajes reales que vivieron en la Italia medieval. Dante recogió su historia en "La Divina Comedía" y nos contaba como mueren a manos del marido de ella cuando este los sorprende besándose. O sea, en la escultura se les representa justo antes de morir, en su último instante de felicidad. A la pareja, que eran cuñados, se les conocía como "los amantes malditos" por haber sido condenados a errar por los infiernos en un eterno castigo por su amor prohibido. Dante les reservó habitación (sin vistas) en el circulo del Infierno destinado a los lujuriosos.

La escultura fue ideada por Rodin para que presidiera su monumental "Puerta del infierno", hasta que el escultor se dio cuenta de que una obra como aquella, para nada representaba a unos amantes malditos, de hecho, estaba llena de encanto y rezumaba armonía, felicidad y amor; tal era su belleza que en modo alguno podía coronar una puerta tan siniestra. Desde entonces la sacó de aquel proyecto (que nunca llegó a culminarse) y le dio entidad propia e independiente. Fue un éxito inmediato y la gente que no sabía identificar a los personajes ni su truculenta historia empezó a referirse a la obra como "Le baiser" (El beso), un título sin duda mucho más apropiado.  


Fuente: A partir de la biografía Tamara de Lempicka publicada por Taschen

Imágenes: Imagen 1 de Pinterest - Imagen 2 e Imagen 3 de Wikimedia Commons CC0

sábado, 30 de noviembre de 2024

Claude Monet y el Gordo de la Lotería

 

"Yo quiero pintar el aire que envuelve el puente, la casa, el barco, la belleza del aire en el que están estos objetos, y esto no es en modo alguno imposible" (Claude Monet)

Ahora que estamos a las puertas de la campaña navideña y no son pocas las personas que buscan un golpe de suerte con la lotería que les permita vivir según sus sueños, puede que cuadre recordar como esa suerte llamó a la puerta de Claude Monet. 

El pintor, arriba retratado por Nadar, empezó a ganarse la vida desde muy joven como caricaturista, faceta en la que alcanzó bastante éxito, pero pronto se lanzó al mundo de la pintura. No tardó en abandonar el realismo puro y duro y buscó su propio camino en el arte, uno en el que por su forma de entender la pintura el dinero escaseaba. Si bien Monet no pasó nunca verdadera necesidad tampoco era libre del todo para pintar lo que quisiera, de alguna manera estaba condicionado por el imperativo de procurar lo necesario a su familia haciendo vendibles sus obras, debiendo avanzar en sus ambiciones artísticas ayudado por circunstancias externas. El año antes de pintar "Impresión, sol naciente" (1872), la obra que daría carta de naturaleza al impresionismo en el "Salón de los rechazados", falleció su padre de quien heredó algún dinero, puede que el suficiente para darle fuerzas para dar aquel paso en su forma de pintar. No le fue fácil abrirse camino con aquella nueva forma de ver la realidad que pintaba y sobre todo la luz que incidía sobre ella, pero poco a poco logró abrirse un hueco en el mundo del arte, aunque no dejaba de estar condicionado totalmente pues seguía dependiendo de las ventas de sus cuadros.

En 1890, cuando el pintor tenía ya 50 años, tuvo un golpe de suerte y le tocó la Lotería Nacional Francesa, nada menos que cien mil francos fueron a su bolsillo (unos 350.000 € de hoy en día) suficiente para pintar lo que realmente le viniera en gana. Fue entonces cuando compró la propiedad de Giverny donde vivía de alquiler y se dedicó a crear y pintar incansablemente un jardín y un estanque que no paraban de crecer, y fue también entonces cuando empezó sus series de cuadros en las que estudiaba el efecto de la luz, a distintas horas del día, sobre un mismo motivo, de hecho al respecto decía Monet: "El motivo es para mí del todo secundario; lo que quiero representar es lo que existe entre el motivo y yo". Aunque ya había dado pasos en las series sobre un mismo motivo, como por ejemplo sus cuadros de la Estación de Saint Lazare o los acantilados de Étretat, con su nueva situación económica, esa pulsión por el estudio de la luz se potenció enormemente, y así, el mismo año de 1890 lo dedicó a realizar series de pinturas sobre almiares de heno, el año siguiente sobre álamos, y posteriormente y de forma sucesiva sobre la fachada de la Catedral de Ruan, las vistas de Londres, sus nenúfares o Venecia (abajo y perteneciente a esta serie "San Jorge Mayor al crepúsculo"). La suerte que le trajo la lotería le permitió olvidarse de pintar para ganarse la vida, ahora pintaba para disfrutar, pintaba lo que quería tantas veces como lo deseara. Eso es suerte. Espero que también os visite a vosotros.

"El color es mi obsesión diaria, mi alegría y mi tormento" (Claude Monet)

Imágenes: De Wikimedia Commons - CC0 - Fuente Original: Imagen 1 - Imagen 2

jueves, 28 de noviembre de 2024

Un Van Gogh para la ventana rota de un gallinero

 

Tras el suceso en el que Van Gogh, el día previo a la Navidad de 1888, se seccionó su oreja izquierda con una navaja de afeitar, fue atendido por el Doctor Félix Rey en el hospital de Arlés, quien posteriormente se dedicó durante un tiempo a procurarle la medicación y cuidados que le eran precisos al pintor. Van Gogh, siempre una persona agradecida, le regaló un retrato al galeno quien, a pesar de no quedar muy satisfecho con la pintura la aceptó cortésmente, sobre todo para no alterar a un ser tan inestable como era en aquellos momentos el pintor. Félix Rey siempre mantuvo que el cuadro, ahora considerado uno de los mejores retratos firmados por Van Gogh, le pareció ridículo y horroroso; no podía entender que su barba luciese verde o los reflejos de color rojo que había dado a su pelo. Van Gogh solo vendió un cuadro en vida, su arte era totalmente incomprendido, demasiado revolucionario y evidentemente la familia del doctor tampoco entendió aquel retrato que de inmediato, y seguro que con alguna sonrisilla, terminó en el desván de la casa. Cuando uno de los cristales de una ventana del gallinero la vivienda se rompió, la madre del médico encontró la utilidad perfecta para aquella inservible pintura y la colocó para tapar el hueco dejado por el cristal roto y así, en estas singulares circunstancias, quedó el cuadro que ahora se manipula con guantes para evitarle el más mínimo daño, durante diez largos años.

En 1900, diez años después de la muerte de Van Gogh, este ya era un pintor cotizado y un artista marsellés se buscó las maneras para contactar con el médico que había cuidado y conocido a Vincent de quien era todo un entusiasta admirador. Allí supo del retrato y de los "exquisitos cuidados" que se le estaba dando en el gallinero a la que ya era obra de un artista reconocido y alertó al médico de que podrían conseguir algún dinero por la pintura. Aun con dudas, buscaron otra solución para el cristal roto y limpiaron como pudieron el retrato para después contactar con el marchante Ambroise Vollard, quien a la vista de la obra ofreció unos "suculentos" 50 francos por ella, cantidad que al padre del médico le pareció una enormidad para "semejante birria", pero el doctor, valiente en lo que él entendía un órdago a la grande, pidió 150 francos, que prontamente le fueron pagados. No mucho después el cuadro que ahora luce maravillosamente en el Museo Pushkin de Moscú, fue comprado por miles de francos. 

El doctor Félix Rey, que vivió hasta 1952, siempre mantuvo su idea de que la fama y el valor dado a la obra de Van Gogh eran todo un fraude. Espero que para el diagnóstico médico tuviera mejor tino.

Imagen: De Wikimedia Commons donde figura como Dominio Público (CC0) - Fuente Original

domingo, 14 de abril de 2024

De cuando Picasso aún no podía comprarse ni un par de guantes


"Me gustaría vivir como un hombre pobre con mucho dinero" (Picasso)

Y el caso es que con el tiempo, Picasso se hizo un pintor sumamente rico gracias al reconocimiento general y a la elevadísima cotización alcanzada por su obra encontrándose el artista todavía en plenitud creativa, algo que le convertiría en un verdadero mito viviente del arte a imagen de lo que le ocurrió también, antes de morir, a Miguel Ángel. Tan consciente era de su papel en el arte moderno que se ufanaba en decir: "Cuando era un niño mi madre me dijo “si vas a ser soldado, serás general. Si vas a  ser monje, terminarás siendo el Papa”. En lugar de eso, me convertí en pintor y terminé siendo Picasso"

Pero también es cierto que en sus inicios Picasso no estaba sobrado de fondos. En los primeros años del siglo pasado, en aquella época en la que compartía piso con Modigliani en el Bateau-Lavoir y pintaba obras de su periodo azul como "El guitarrista ciego" o los "Saltimbanquis", la economía de Picasso no daba para mucho, tenía para pinturas y poco más, pero a la vez, como todo joven (nació en 1881) tenía una cierta tendencia por aparentar y vestirse a la moda (algo que después creo que dejó un tanto en el olvido) y como quiera que no tenía con qué comprarse el par de guantes que por entonces eran la sensación en el vestuario masculino, llegó a un acuerdo con su amigo Ángel Fernández de Soto, un especie de dandi que quedó inmortalizado en el famoso cuadro "El bebedor de absenta". Cómo quiera que este era poseedor de un par de maravillosos guantes, Picasso, ni corto ni perezoso le propuso que compartieran el par, usando un guante cada uno de ellos. Y así, paseando uno al lado del otro, con una mano esplendorosamente enguantada y la otra desnuda, pero discretamente alojada en el bolsillo del abrigo, paseaban ufanos y risueños por las calles, por supuesto a la última moda…. El tiempo de posar con alpargatas y en calzoncillos, como un rico que vive como si fuera pobre, no había llegado aún para Picasso.

Por cierto, el cuadrito al que hacíamos referencia, este del "Bebedor de absenta" que tenemos arriba a la derecha, fue vendido en 2010 en Christie's por 42'1 millones de euros. ¿Cuántos pares de guantes se podrían comprar con ese dinero? Picasso pensaba de su retratado amigo, el ya citado Ángel Fernández de Soto, que era "un gandul divertido" que vivía más para la juerga y la noche que para el arte. Y ahí lo tienen preparándose su "hada verde" para brindar por todos nosotros. Si Picasso hubiera pintado también el par de guantes sobre la mesa, seguro que hasta podría haberse cotizado más. 

Imágenes: Img 1 - De Wikimedia Commons (CC0) - Img 2 de Flickr (CC BY-NC-SA 2.0)

jueves, 7 de marzo de 2024

La pobreza a los diez años - Matilde Alba Swann




Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato.
de un zapatito roto, opaco, desclavado.
El patio de la escuela… Apenas tercer grado…
Qué largo fue el recreo, el más largo el año.
Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza.
Hubiera preferido tener rotas las piernas
y entero mi calzado. Y allí contra una puerta
recostada, mirando, me invadía el cansancio
de ver cómo corrían los otros por el patio.

Zapatos con cordones, zapatos con tirillas,
todos zapatos sanos. Me sentía en pecado
vencida y diminuta, mi corazón sangrando…
Si supieran los hombres cuánto a los diez años
puede sufrir un niño por no tener zapatos…
Qué anticipo de angustia. Todavía perdura
doliéndome el pasado. El patio de la escuela
y aquel recreo largo.

Mi piececito trémulo, miedoso, acurrucado.
Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado.
Un pájaro sin alas, tendido al pie de un árbol.
La pobreza no tiene perdón a los diez años.

El poema titulado "La pobreza a los diez años" es obra de la poetisa argentina Matilde Alba Swann (1912 - 2000) y le acompaña una imagen del cuadro "Niña escribiendo" obra de la pintora y grabadora francesa  Henriette Browne (1829 - 1901). Este poema paso por nuestra página de facebook hace tiempo de la mano de la amiga Carmen Solano

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público CC0 - Fuente Original

sábado, 30 de diciembre de 2023

La Risa: Dostoievsky Vs Murillo


"Hay una gente a la que su risa traiciona: uno se da cuenta en seguida de lo que llevan en las entrañas. Incluso una risa indiscutiblemente inteligente es a veces repulsiva. La risa exige ante todo franqueza, pero ¿dónde encontrar franqueza entre los hombres? La risa exige bondad, y la gente ríe la mayoría de las veces malignamente. La risa franca y sin maldad, es la alegría: ¿dónde encontrar la alegría en nuestra época y dónde encontrar a la gente que sepa estar alegre? (…) La alegría de un hombre es su rasgo más revelador, juntamente con los pies y las manos. Hay caracteres que uno no llega a penetrar, pero un día ese hombre estalla en una risa bien franca, y he aquí de golpe todo su carácter desplegado delante de uno. Tan sólo las personas que gozan del desarrollo más elevado y más feliz pueden tener una alegría comunicativa, es decir, irresistible y buena. No quiero hablar del desarrollo intelectual, sino del carácter, del conjunto del hombre. Por eso si quieren ustedes estudiar a un hombre y conocer su alma, no presten atención a la forma que tenga de callarse, de hablar, de llorar, o a la forma en que se conmueva por las más nobles ideas. Miradlo más bien cuando ríe.

(...) No comprendo más que una cosa: que la risa es la prueba más segura de un alma. Mirad a un niño; ciertos niños saben reír a la perfección, y por eso son irresistibles. Un niño que llora me resulta odioso, pero el que ríe y se alegra es un rayo del paraíso, una revelación del porvenir en el que el hombre llegará a ser, por fin, tan puro e ingenuo como un niño. "

El fragmento pertenece a "El adolescente", obra de Fiódor Dostoievski publicada en 1875. Y es que hay tantas sonrisas: de auténtica felicidad, contagiosas, deslumbrantes, joviales, risueñas, tímidas, tensas, indescifrables, sutiles, torcidas, coquetas, pícaras, cómplices, provocadoras, seductoras, burlonas, descaradas, maliciosas, altaneras, arrogantes, sospechosas, ladinas, fanfarronas, despreciativas, sibilinas, socarronas... y como no las sonrisas fingidas e hipócritas. Se dice tanto cuando reímos.

Para ilustrarlo hemos escogido el maravilloso cuadro "Mujeres en la ventana" (1665-1675) de Bartolomé Esteban Murillo, en el que una joven sonríe abiertamente mientras su compañera, algo más mayor, oculta su sonrisa. Para muchos estudiosos del arte sería la imagen de las chicas de un burdel, y sin saber con claridad si el color de los ojos de la más joven pudieran ser verdes, bien se podría jugar con aquella famosa copla que decía "apoyá en el "alfeizar" de la mancebía miraba encenderse la noche de Mayo. Pasaban los hombres y yo sonreía, hasta que en mi puerta paraste el caballo...." El cuadro se expone en la Galería Nacional de Arte de Washington DC (EEUU).

Imagen tomada de Wikimedia Commons en la que aparece como (CC0) - Fuente original

miércoles, 2 de marzo de 2022

"Los Miserables" de Víctor Hugo Vs "El doctor Gachet" de Van Gogh

 

"¿Sois lo que se llama un ser feliz? Estáis triste todos los días. Cada día tiene su disgusto y su pequeño cuidado. Ayer temblabais por una salud que os es querida, hoy teméis por la vuestra; mañana tendréis una inquietud por el dinero; pasado mañana os inquietará la diatriba de un calumniador; el otro la desgracia de una amigo; después el tiempo que hace; después cualquier cosa que se rompa o se pierda; después un placer que la conciencia o la columna vertebral os echan en cara; otra vez la marcha de los negocios públicos. Y esto sin contar las penas del corazón, y así sucesivamente. Apenas se disipa una nube, se forma otra; apenas hay un día de sol y de alegría entre ciento. Y sin embargo, sois del pequeño número que goza de la felicidad. En cuanto a los demás hombres, la eterna noche se cierne sobre ellos."

El fragmento pertenece a "Los miserables" obra de Víctor Hugo publicada en 1862. El cuadro, "El retrato del Dr. Gachet" (1890) es obra de Vincent van Gogh y fue pintado en Auvers-sur-Oise en los últimos meses de su vida. El propio Van Gogh escribía en una de sus famosas cartas:

"He hecho un retrato de M. Gachet con una expresión melancólica, que bien podría parecer una mueca a aquellos que lo vean... Triste pero amable, y aun así clara e inteligente, así es como muchos retratos deberían hacerse... Hay cabezas modernas que podrían mirarse durante mucho tiempo, y que se volverán a ver, quizás, con nostalgia, cien años después."

El cuadro, tras la muerte del pintor, fue vendido en 1897 por la cuñada de Van Gogh por tan solo 300 francos. En 1990 se subastó por 82'5 millones de dólares convirtiéndose en la pintura más cara hasta aquel entonces. Hoy, inexplicablemente, la obra se encuentra en paradero desconocido. Existe otra versión, algo diferente, en el parisino Musée D'Orsay .

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

sábado, 22 de enero de 2022

Henri Matisse: "Esto no es una mujer"

 

En cierta ocasión, en el transcurso de una exposición, una mujer se dirigió a Henri Matisse y al respecto de una de sus obras allí expuestas en la que aparecía una figura femenina le dijo: "Estoy convencida de que el brazo de esta mujer es demasiado largo". Matisse que por aquel entonces ya era un pintor famoso gracias a su revolucionario uso del color y a su interpretación libre de las formas, le contestó: 

"Madame, esto no es una mujer, es un cuadro"

La obra que hemos elegido para ilustrar esta anécdota: "Mujer con abrigo púrpura" no tiene que ser la que la motivó el comentario de aquella indiscreta admiradora de la obra de Matisse, aunque bien podría haberlo sido por como dejó pintado los brazos de la retratada. La modelo es Lydia Delectorskaya, asistenta de Matisse durante muchos años. La obra, fechada en 1937, se expone en el Museo de Bellas Artes de Houston.

Imagen: De Flickr -  (CC BY-NC 2.0)  Thomas Hawk - Fuente original 

jueves, 30 de diciembre de 2021

Una mirada distinta de "La muerte de Marat" (Jacques-Louis David)

 

"El divino Marat, con un brazo colgando fuera de la bañera, del que pende sin fuerzas su última pluma, traspasado el pecho por la herida sacrílega, el divino Marat acaba de rendir el último suspiro. Sobre el verde pupitre que frente a él se extiende, todavía está en su mano la pérfida misiva. (…) El agua de la bañera está enrojecida por la sangre, y el papel ensangrentado; yace en el suelo un gran cuchillo de cocina embebido de sangre (...) Lo más asombroso de este insólito poema es que está pintado con extrema rapidez, cosa que, teniendo en cuenta la belleza del dibujo, es motivo sobrado de estupor. Es el pan de los fuertes, y el triunfo del espiritualismo; este cuadro, cruel como la naturaleza, tiene todo el perfume del ideal. ¿Cuál era esa fealdad que tan rauda ha borrado la Muerte con la punta de un ala? En adelante, Marat podrá desafiar a Apolo; la Muerte viene a darle un beso con sus enamorados labios, y ahora Marat descansa en la calma de su metamorfosis. Tiene esta obra algo de tierno, a la par que de conmovedor; en el aire frío de esta estancia, sobre estos fríos muros, en torno a esta fría y fúnebre bañera, revolotea un alma"

Son palabras de Charles Baudelaire recogidas en "El museo clásico del Bazar Bonne-Nouvelle" (1846) sobre la obra "La muerte de Marat" (1793), y no seré yo el que intente superarlas para describir el cuadro. Puntualizar que el pintor, Jacques-Louis David era íntimo amigo de Marat y que resulta evidente que idealizó la imagen del asesinato de este a manos de Charlotte Corday haciendo de su figura todo un mártir, siendo tal su logro que la obra es conocida por algunos como "La piedad de la Revolución". 

De los motivos que movieron a Charlotte Corday a cometer su acción (siempre inexcusable) no se suele hablar, aunque son detalles que facilitan una mirada distinta sobre el cuadro y restan algo de la pretendida beatitud otorgada al retratado. Marat sufría graves problemas de piel, según algunos debido a una grave dermatitis y según otros a una grave infección que cogió mientras hubo de esconderse en las cloacas de Paris, al correr su vida peligro por su carácter combativo contra los más poderosos en los primeros compases de la Revolución. Los intensos picores que esta enfermedad le producían intentaba calmarlos con un turbante alrededor de su cabeza empapado en vinagre y tomando largos baños de agua durante los cuales solía ocuparse, ayudándose de un escritorio improvisado a su lado, de sus quehaceres políticos y de sus publicaciones en el periódico "El amigo del pueblo". Marat, muy cercano a la facción jacobina a la que pertenecía Robespierre durante la tenebrosa época revolucionaria conocida como el Terror, empleaba parte de ese tiempo dedicado al reparador baño a escribir sus listas con los nombres de las personas que debían ser ejecutadas por crímenes de Estado, de hecho, Charlotte Corday logró acceder al mismo lugar donde tomaba su baño Marat con la treta de presentarle una supuesta lista de girondinos (facción revolucionaria más moderada que los jacobinos y a la que pertenecía la propia Corday), que deberían ser ejecutados como enemigos de Francia. Tras dictarle los nombres que Marat escribió diligentemente, le dijo (según la crónica de Lamartine): "¡Está bien!" dicho con el tono de un hombre seguro de su venganza, "¡en menos de ocho días irán todos a la guillotina!", momento tras el cual, reafirmada en su propósito, Charlotte sacó un puñal que llevaba escondido entre sus ropas y lo hundió en el cuerpo de la persona que por ella era percibida como una "bestia". "He matado un hombre por salvar cien mil" alegó en su juicio. Cuatro días después fue ajusticiada en la guillotina y cuando su cabeza cayó en el cesto el verdugo la cogió de los pelos y delante de todos la abofeteó. Charlotte, en unas últimas palabras escritas a su padre se despedía así:

"Perdonadme, querido papá, decía, de haber dispuesto de mi existencia sin vuestro permiso; he vengado muchas víctimas inocentes e impedido otros desastres. El pueblo, algún día desengañado, se regocijará de verse libre de un tirano... No olvidéis estos versos de Corneille: La deshonra está en el crimen y no en el cadalso". Mañana a las ocho deben juzgarme". 

David supo imprimir a su obra una atmosfera un tanto tenebrista, llena de dolor y contención, pero puede que por que su arte estuviera más en los pinceles que en la oratoria o por la gran amistad que le unía al fallecido, cuando presentó el cuadro ante la Asamblea que se lo había encargado lo hizo con estas grandilocuentes palabras:

"¡Acudid todos! Madres, viudas, huérfanos, soldados oprimidos… ¡Acercaos, todos aquellos a quienes defendió poniendo en riesgo su vida! Y contemplad a vuestro amigo. El que velaba ya no existe. Su pluma, terror de los traidores… su pluma se le escapa de las manos. ¡Oh, desesperanza! ¡Vuestro infatigable amigo ha muerto! Ha muerto siendo amigo vuestro, dándoos su postrero pedazo de pan; ha muerto sin tener bastante ni para su entierro. Tú, posteridad, lo vengarás; les dirás a nuestros nietos de cuántas riquezas podría haber sido dueño si no hubiese preferido la virtud a la fortuna"

La obra, que actualmente se expone en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica (Bruselas) fue admirada y reproducida mientras que vivió Robespierre, pero tal y como este fue guillotinado la obra cayó en desgracia e incluso David fue perseguido por sus cercanías al ala jacobina. Por suerte para el artista Napoleón estaba a la vuelta de la esquina, deseoso de un gran pintor que lo inmortalizara y con él, David volvería a tener un papel protagonista, pero aun así su óleo de la muerte de Marat seguiría siendo una obra maldita imposible de vender hasta que en 1846 Charles Baudelaire reivindicó el cuadro con sus palabras, parte de las cuales se recogen al inicio de esta entrada. La familia de David terminó donando el cuadro a la ciudad de Bruselas en 1886, ciudad a la que tuvo que exiliarse el pintor tras la muerte de Napoleón.


Algunas citas de Marat:

"Para triunfar solo se necesitan tres cosas: audacia, audacia y más audacia"

"No, la libertad no está hecha para nosotros: somos demasiado ignorantes, demasiado vanidosos, demasiado presuntuosos, demasiado cobardes, demasiado viles, demasiado corruptos, demasiado apegados al descanso y al placer, demasiado esclavos de la fortuna para saber jamás el verdadero precio de libertad. ¡Presumimos de ser libres! Para mostrar cuánto nos hemos convertido en esclavos, basta con echar un vistazo a la capital y examinar la moral de sus habitantes ”

"Quinientas o seiscientas cabezas cortadas habrían asegurado tu descanso, libertad y felicidad. Una falsa humanidad ha refrenado tu brazo y suspendido tus golpes; debido a esto, millones de tus hermanos perderán sus vidas"

"Una obediencia ciega supone una ignorancia extrema"

"Las revoluciones empiezan por la palabra y concluyen por la espada."

"¿De qué sirve la libertad política para los que no tienen pan? Sólo tiene valor para los teorizantes y los políticos ambiciosos."

"No existe el fracaso, salvo cuando dejamos de esforzarnos."

Imágenes: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Imagen 1 - Imagen 2

sábado, 18 de diciembre de 2021

"El sol de la mañana" de Hopper Vs "Suave es la noche" de Scott Fitzgerald


 

“De algún modo se había acostumbrado a que fuera él el que pensara por todos y,  en sus ausencias,  antes de dar el menor paso siempre pensaba automáticamente en lo que él hubiera hecho;  por eso ahora no se sentía preparada para oponer su propia voluntad a la de él. Y, sin embargo, tenía que pensar por sí sola. Por fin se había aprendido el horrible número de la puerta que llevaba al mundo de los sueños, el umbral de una salida que no era tal salida. Sabía que el mayor pecado que podía cometer tanto en aquél momento como en el futuro era engañarse a sí misma. Le había costado mucho aprenderse aquella lección, pero al fin la había aprendido. Si te niegas a pensar, otros tienen que pensar por ti y les cedes el poder,  dejas que perviertan y reglamenten tus condiciones naturales, que te civilicen y te esterilicen.”

El fragmento pertenece a "Suave es la noche" (Tender is the night - 1934), una de las grandes obras de Francis Scott Fitzgerald. Para ilustrarlo hemos elegido el cuadro "Sol de la mañana" (Morning Sun - 1952) de Edward Hopper, en el que una mujer, en soledad y silencio deja bañar sus pensamientos por la luz de un nuevo día y abre la ventana de par en par para que marche la oscuridad de su desnudo cuarto. Hopper necesitaba poco para lograr un simbolismo realmente significativo.

Imagen: De Flickr donde aparece como (CC BY-NC-SA 2.0) - Fuente original

viernes, 17 de diciembre de 2021

La "Pietá" de Bouguereau: El dolor de un pintor por su hijo


Bouguereau pintó esta sensacional "Pietá" (1876) en un momento crítico de su vida, cuando se encontraba totalmente arrasado por el dolor provocado por el reciente fallecimiento de uno de sus hijos a la temprana edad de 16 años. Bouguereau estaba tan hundido como la Virgen de su obra que, enlutada, es mostrada con el rostro sombrío y lleno de pena, ojos enrojecidos por el llanto y entrelazando fuertemente sus manos alrededor del pecho de su hijo en un último abrazo que parece que no querrá soltar jamás. Alrededor del luto riguroso de la Virgen y del blanco reluciente del cuerpo de Jesús, hay nueve ángeles que a pesar de su afectado dolor resultan a la vez una explosión de color que todavía realza más la sombra que la Virgen lleva en su rostro. Todo es dolor, pero no el de la Virgen (que también) sino el de un pintor destrozado por la pena, el que Bouguereau dejo por su hijo en cada una de las perfectas pinceladas de esta maravillosa obra de arte. 

William-Adolphe Bouguereau (1825-1905) fue un pintor francés muy famoso en su época a pesar de su academicismo. El olvido actual en el que se ve envuelto para la gran mayoría se debe principalmente a que su producción artística coincidió mayormente con esa revolución artística que fue el impresionismo y que con su éxito terminó por ocultar todo lo demás. Algunos de sus contemporáneos como Gauguin, Cezanne o Van Gogh lo aborrecieron o ignoraron abiertamente. No siempre se puede estar acertado a pesar del propio talento. Huysmans decía del pintor en su diccionario de arte: "condenado durante años como maestro en la jerarquía de la mediocridad y enemigo de todas las ideas progresistas". 

Aunque poco a poco las ideas han ido cambiando y recuperándose la admiración por este sensacional artista del que decía Damian Bartol: "William Bouguereau es, sin duda, uno de los mayores genios artísticos de la historia. Sin embargo, en el último siglo, su reputación y sus logros incomparables han sufrido un ataque difamatorio, deshonesto, implacable y sistemático de inmensas proporciones. Su nombre fue borrado de la mayoría de los textos de historia y cuando se incluyó fue solo para degradarlo y menospreciarlo ciegamente a él y a su trabajo. Sin embargo, como veremos, fue él quien abrió las academias francesas a las mujeres, y fue él quien podría decirse que fue el pintor más grande de la figura humana en toda la historia del arte. Sus figuras cobran vida como ningún artista anterior lo ha hecho antes o desde entonces. No solo fue el mejor en pintar anatomía humana, lo que es más importante, capturó los matices tiernos y sutiles de la personalidad y el estado de ánimo. Bouguereau atrapó las mismas almas y espíritus de sus súbditos al igual que Rembrandt. Se dice que Rembrandt capturó el alma de la vejez. Bouguereau capturó el alma de la juventud."

La "Pietá", que actualmente pertenece a una colección privada, fue hasta no hace mucho propiedad del actor Mel Gibson.

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC0) - Dominio Público - Fuente Original

sábado, 20 de noviembre de 2021

Franz Schubert y el verdadero origen del "Ave María"

 

El cierta ocasión, el genial George Gershwin, dijo: "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María". Lo curioso es que esta pieza no fue originalmente concebida por Schubert como una melodía que acompañase a la oración católica del mismo nombre.

La canción en realidad se llama Ellens dritter Gesang (Ellens Gesang III, D. 839, Op. 52 n.º 6), o lo que es lo mismo "Tercera canción de Ellen", un lied compuesto por Franz Schubert en 1825. La pieza, rebosante de espiritualidad y devoción religiosa, se ha convertido en una de sus composiciones más populares y ciertamente es conocida por todos como "Ave María", aunque su origen primero sea muy distinto al esperado.  

La pieza original, la que daría lugar al actual Ave María, fue un lieder compuesto originalmente como arreglo de un poema épico de Walter Scott titulado "La dama del lago" y forma parte del ciclo de canciones del mismo nombre (Liederzyklus vom Fräulein vom See). En el poema original de Scott, el personaje de Ellen Douglas, la Dama del Lago (el lago es el Loch Katrine de las Tierras altas de Escocia) se ha ido con su padre para esconderse en la cercana «Cueva del duende» para evitar la venganza del rey a su anfitrión, Roderick Dhu, el jefe del Clan Alpin, quien los había cobijado desde que el rey los exilió. Ella canta una oración dirigida a la Virgen María invocando su ayuda, pero con una letra totalmente diferente a la oración cristiana. 

Las palabras de apertura de esa oración de Ellen, a saber, «Ave María», pudo conducir a la idea de adaptarle a la preciosa melodía de Schubert el texto completo de la oración tradicional católica, de tal manera que la versión latina del Ave María tiene ahora un uso tan frecuente con la melodía de Schubert, y es tan perfecta para describir la inmaculada idea de la virginidad y la luz de la madre de Jesús, que ha dado lugar a la suposición errónea de que este compositor escribió la pieza con dicha oración en mente, algo que si leemos la letra original del lieder comprobaremos que se aleja totalmente de esa idea: 

La letra original traducida es la siguiente:

¡Ave María! ¡mansa doncella!
¡Escucha la oración de una doncella!
Tú puedes oír aunque sea de lo salvaje,
Tú puedes salvar en medio de la desesperación.
Seguros podemos dormir bajo tu cuidado,
aunque exiliados, marginados e injuriados.
¡Doncella! Oye la oración de una doncella;
¡Madre, oye a una hija suplicante!
¡Ave María!

¡Ave María! ¡Intacta!
El lecho de piedra que ahora tenemos que compartir
Parecerá este edredón de plumas apiladas.
Si tu protección se cierne allí.
El aire pesado de la tenebrosa caverna
Se respirará como bálsamo si tu has sonreído;
Entonces, ¡doncella! Oye la oración de una doncella;
¡Madre, ten en cuenta a una hija suplicante!
¡Ave María!


¡Ave María! ¡Formada sin mancha!
Demonios apestosos de la tierra y el aire,
De esta su acostumbrada guarida exiliados,
Huirán ante tu hermosa presencia.
Nos inclinamos a nuestra suerte de cuidado,
Bajo tu guía reconciliados;
Oye por una doncella la oración de una doncella,
¡Y por un padre oye a una hija!
¡Ave María!

Janet Baker, nos canta la versión original:


y Luciano Pavarotti nos regala con su perlina voz, la versión por todos conocida




El cuadro que acompaña el texto es el "Tondo Doni" (Galeria degli Uffizi - Florencia) de Miguel Ángel, en el que se puede ver a la Sagrada Familia vestida de un color sensacional y con una amorosa Virgen en primer plano que recoge a Jesús de las manos de San José.

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC0) Dominio Público - Fuente Original

martes, 16 de noviembre de 2021

La Amistad y el Viento: Leyenda árabe de los dos amigos


Cuenta una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, dándole uno de ellos una bofeteada al otro. El ofendido, sin decir nada, escribió en la arena:

"Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro"

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado inmediatamente por el mismo amigo que antes lo había abofeteado. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

"Hoy mi mejor amigo me salvo la vida"

Intrigado su amigo, le preguntó:

¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Esbozando una sonrisa, le respondió:

“Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo, por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo podrá borrarlo “

Y es que como decía aquella frase de autor anónimo: "Se necesita sólo de un minuto para que te fijes en alguien, una hora para que te guste, un día para quererlo, pero se necesita de toda una vida para que lo puedas olvidar"

Acompañamos esta leyenda árabe con la imagen del cuadro "Peregrinos yendo a la Meca" pintado en 1861 por el pintor francés Léon Belly (1827-1877), obra que se expone en el parisino Musèe D'Orsay. Quien sabe si entre esos peregrinos podrían estar los dos amigos protagonistas de esta historia....

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

lunes, 15 de noviembre de 2021

"La novia" de Chagall y la cabra de la felicidad de "Notting Hill"

 

En la deliciosa película Notting Hill (1999 - Roger Michell), hay una escena en la que la preciosa y aparentemente inalcanzable Anna Scott (Julia Roberts), al ver la inesperada reproducción de un cuadro de Chagall que el enamorado William Thacker (Hugh Grant) tiene como decoración en una de las paredes de su casa le dice a este:

- ¡No puedo creer que tengas esa imagen!

- ¿Te gusta Chagall?

- Sí. Así debería ser el amor: flotando en un cielo azul oscuro

- Con una cabra tocando el violín

- Pues sí... la felicidad no es completa sin una cabra tocando el violín.

El cuadro, obra del pintor Marc Chagall, tiene por título "La Mariée" (La novia), y en ella parece como si,  flotando en el aire, ese sujeto vestido de azul le descubriera el rostro a la novia, retirándole delicadamente el velo, para así presentarla y entregarla a su futuro esposo, en este caso el espectador que se enfrenta a la obra.

Permítanme que para mi, hoy, "La novia" sea mi querida sobrina Nuria, a la que hace un par de días tuve el honor de acompañar hasta el altar como padrino y presentarla ante su flamante esposo Jonathan, recién casados a los que les deseo la mayor de las felicidades y que nunca les falte una armoniosa cabra que les toque el violín por siempre, esa pizca de locura y alegría que ilumine todos sus días juntos.


Imagen: De Flickr (CC BY-NC 2.0) - Fuente Original