Aunque Malevich y Rodchenko ya habían presentado obras
esencialmente monocromas, Robert Rauschenberg decidió explorar, a comienzos de los
años 50, otras formas de expresión del vacío
visual. En 1951 creó sus «White Paintings», lienzos totalmente pintados de
blanco que, en solitario o agrupados en varios paneles, estaban concebidos para
reflejar los cambios de luz o los efectos fortuitos de las sombras sobre su
superficie. Era la realidad cambiante que incidía sobre los lienzos la que les
daba significado, la que acababa, por así decirlo, de pintarlos.
El compositor John Cage, amigo y colaborador de Rauschenberg, describió aquellos cuadros como «aeropuertos para las luces, las sombras y las partículas» porque estaban prestos para recibir todo aquello que pudiera posarse sobre ellos. Esa idea de vacío visual fue una de las inspiraciones de John Cage para su obra 4'33", una pieza de piano sin notas que da nacimiento en 1952 al vacío sonoro, en un paso más allá de una broma muy anterior de Alphonse Allais que con aquella partitura sin notas titulada «Marcha fúnebre compuesta para las exequias de un gran hombre sordo», avanzaba en la idea del silencio. Si en los cuadros de Rauschenberg eran las luces y sombras las que daban réplica al vacío visual, en la obra de Cage el aparente silencio solo se veía alterado por las mínimas reacciones, toses o movimientos del público. Una obra difícil de clasificar en la que, si los asistentes alcanzaban a escuchar algo, era, en buena medida, a sí mismos.
Rauschenberg, sin embargo, aún quería ir un paso más allá. En 1953 se presentó en el estudio de Willem de Kooning, uno de los artistas más prestigiosos del momento, algo tembloroso y algo más que achispado —iba con una botella de Jack Daniel’s en la mano—, para pedirle un dibujo suyo con el único propósito de borrarlo.
Rauschenberg temía que su propuesta fuera mal recibida —de hecho, había llamado a la puerta confiando casi en que De Kooning no estuviera en casa—, pero el pintor lo recibió y escuchó sus explicaciones. Aunque no le gustaba la idea parece que intuyó el propósito del ya conocido autor de las “White Paintings” y, en vez de mandarlo a paseo, rebuscó entre sus dibujos y le entregó uno de ellos, no cualquiera, decidió que debía ser uno que realmente echara de menos y que, además, ya puestos, resultara difícil de borrar.
Rauschenberg empleó cerca de un mes y, según recordaría
después, más de cuarenta gomas en borrar el dibujo, del que apenas quedaron
unas leves manchas, hendiduras y rastros sobre el papel. Dos años más tarde,
cuando quiso incluirlo en una exposición pidió la colaboración a su amigo y
artista Jasper Jhons para decidir como presentar la obra. Jhons ideó y ejecutó
la pequeña leyenda situada bajo el papel, en la que podía leerse: «Dibujo de
De Kooning borrado. Robert Rauschenberg. 1953».
En Andalucía bien podrían decir de Rauschenberg y de aquel
atrevimiento, tan próximo para algunos al arte de vender humo: «¡No tiene arte
ni ná!». Una frase que puede pronunciarse con incredulidad ante lo que parece
una burla o, cambiando apenas la entonación, con verdadera admiración. Elijan
ustedes.
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