sábado, 20 de junio de 2026

El Mulhacén, la legendaria tumba de un sultán nazarí

 

El Mulhacén, que con sus 3.479 metros de altura, es el pico más alto de la Península Ibérica, guarda escondida en su nombre una bonita leyenda.

Uno de los últimos sultanes nazaríes fue Mulay Hasán, padre de Boabdil, aquel al que, según la leyenda, su madre Aixa le dijo, una vez se volvió para observar por última vez su perdida Granada: "Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre".

Mulay Hasán, casado posteriormente con Isabel de Solís, una cautiva cristiana que al convertirse al islam adoptó el precioso nombre de Zoraida, murió agotado y decepcionado del trato con los hombres. La leyenda cuenta que en sus últimos momentos pidió alejarse lo más posible del mundo terrenal, de la corte y sus traiciones palaciegas. Anhelaba la más absoluta soledad, sin que lo perturbaran ni los vivos ni los muertos. Para ello pidió a su querida Zoraida ser enterrado en la más alta cumbre de sus dominios, el lugar más lejano posible de las personas que lo defraudaron y el que, a la vez, más lo acercara al cielo sin perder de vista el paisaje de las tierras por las que tanto luchó. Esa montaña no es otra que el Mulhacén, que desde ese legendario enterramiento adoptó el nombre contraído de su singular huésped. Mucho se especuló sobre las posibles riquezas y tesoros que podrían haber acompañado el cuerpo del sultán y muchos han sido los que han intentado encontrar la tumba sin éxito.

La realidad dice que esas piedras que se pueden observar mientras se sube la montaña y que muchas veces brillan como si fueran de plata poco tienen de tesoro, son simplemente un tipo de mica y la tradición histórica, mucho menos poética, añade que Mulay Hasán más que en aquella soberbia cumbre terminó enterrado, primero en la Rawda de la Alhambra y después en Mondújar.

Pero así son las leyendas, invencibles desde que se convierten en mito.  Todos seguiremos pensando que Mulay Hasán sigue por allí, disfrutando de unas vistas incomparables y con un tesoro esperando ser descubierto.

Pero ojo: si subes pensando solo en riquezas por descubrir, como si aquello fuera una pirámide natural llena de tesoros, no dejes de vigilar donde pones los pies, que la montaña también tiene su orgullo.


Imagen: De Wikimedia Commons - Carlos Serra CC BY-SA 3.0 - Fuente original

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