«Cuentan la fabulosa historia de que, cuando se estaba bañando, un águila le arrebató una de sus sandalias a su doncella y se la llevó a Menfis; y mientras el rey administraba justicia al aire libre, el águila, cuando llegó sobre su cabeza, arrojó la sandalia en su regazo; y el rey, conmovido tanto por la hermosa forma de la sandalia como por la extrañeza del suceso, envió hombres en todas direcciones al país en busca de la mujer que calzaba la sandalia; y cuando la encontraron en la ciudad de Naucratis, la llevaron a Menfis y se convirtió en la esposa del rey.»
Unos dos siglos más tarde, el autor romano Claudio Eliano retomó la historia y concretó un poco más: identificó a aquel rey con Psamético, faraón entre los años 664 y 610 a. C. Todo indica que la historia era popular en la Antigüedad, así, mucho antes de que Perrault imaginara una calabaza convirtiéndose en carroza y unos ratones en lacayos, un águila ya había hecho en Egipto las veces de milagrosa hada madrina.
Y todavía hay quien aspira a ser original: «Nihil novum sub sole»

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