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domingo, 8 de febrero de 2026

El día que Freddie Mercury dominó a Darth Vader


«Siempre supe que era una estrella, ahora parece que el mundo está de acuerdo conmigo».


Son palabras atribuidas a Freddie Mercury, un personaje que a día de hoy es ya un mito, un icono de toda una época, como bien lo pueden ser Superman o Darth Vader a los que gustaba  poner a su servicio y que lo llevaran a hombros. 

Y es que los conciertos de Queen eran todo un espectáculo en los que Freddie Mercury cuidaba hasta el más pequeño detalle de sus puestas en escena para que sus fans disfrutaran de cada segundo; así en los últimos años 70 y principios de los años 80 el vocalista de Queen tenía la costumbre de finalizar sus conciertos subido a hombros de algún personaje de ciencia ficción mientras cantaba alguno de sus himnos, en muchas ocasiones «We will rock you». Aquello parecía un giro glam de lo que en España hacían los toreros en las plazas de toros al final de una tarde triunfal mientras sonaba un pasodoble. 

Freddie Mercury empezó a montarse primero sobre los hombros de Santa Claus, continuó sobre los fornidos hombros de Superman, pero como buen friki de la saga de «Star Wars» no tardó en ser atraído por el lado oscuro de la fuerza y decidió asentar sus "reales" posaderas sobre el mítico Darth Vader. 

La cosa quedaba de lujo mientras él entonaba el «We will rock you», pero a George Lucas, el director de «La guerra de las galaxias» no le hizo gracia el asunto, máxime cuando se encontraba defendiendo a capa y espada los derechos de merchandising de la saga que tantos beneficios le estaban reportando, así que ni corto ni perezoso movió a sus abogados por el uso sin autorización que Queen hacía de Darth Vader. El malo más malo de la galaxia no podía estar al sumiso servicio de una estrella de rock en la que parecía que «la fuerza» era más poderosa que en él mismo.

La cosa no llegó a juicio. Bastó que se pusieran de acuerdo, que Freddie se comprometiera a que Darth Vader no lo llevara más sobre sus hombros "en papahuevos" como decimos por aquí y seguramente con alguna compensación económica por los daños a la imagen del temible Darth Vader con el que no era de recibo que se jugara así. Freddie Mercury y Queen siguieron en cualquier caso llevando su música hasta el último rincón de la galaxia, desde Endor, a Geonosis, pasando por Naboo y  Tatooine camino de Coruscant. 

De hecho, cuentan las malas lenguas que Chewbacca y Han Solo no podían pilotar el Halcón Milenario si no sonaban a toda pastilla las canciones de Queen en la cabina. 


Imagen: Tomada de la red

miércoles, 14 de enero de 2026

Elvis Presley y la guitarra que no sabía tocar


 

La infancia de Elvis Presley no fue nada fácil y sin embargo el entorno que le tocó vivir puede que fuera parte esencial de su éxito posterior.

Su hermano gemelo nació muerto y este hecho marcó profundamente a su familia y posteriormente al propio Elvis. Era un chico muy tímido e introvertido, diametralmente opuesto a lo que representaría como estrella del rock. Su familia vivía de manera extremadamente humilde, circunstancia que se agravó cuando su padre fue encarcelado por un cheque fraudulento de tan solo cuatro dólares. Esa circunstancia les hizo perder su casa y no lograr acomodo fijo durante años.

Aunque no destacaba como estudiante, ni siquiera en música —no sabía leerla ni encajaba en las enseñanzas puramente académicas— a la edad de diez años su voz impresionó a una profesora durante los rezos escolares matutinos y esta le animó a participar en un concurso de canto. Lo hizo con la canción «Old shep», y si bien solo quedó quinto, ganó por ello un premio de cinco dólares. Esa conciencia de que era capaz de ganar dinero cantando le animó a no dejarlo. Como Elvis decía: «Yo era un niño normal, pero me gustaba la música. La música era lo único que me hacía sentir diferente».

Con once años, la situación de la familia seguía siendo muy difícil. Elvis esperaba para su cumpleaños una bicicleta o un rifle, en cambio recibió una guitarra barata —que no sabía tocar— con la que hubo de conformarse. De forma autodidacta aprendió los primeros acordes y aquella guitarra de saldo se convirtió en inseparable. Tenía pasión por la música góspel, gracias al cual aprendió a sentir la música en su interior —algo que no se enseña en las escuelas— y los barrios pobres en los que vivía lo ponían en contacto directo con las entrañas del blues, del jazz, del rhythm and blues y del country, influencias que el cantante fue asimilando a su manera. Ese era el caldo de cultivo en el que crecería la futura estrella. 

Primero empezó cantando piezas hillbilly ocasionalmente en el colegio —con las consabidas burlas de sus compañeros— pero no tardó en evolucionar radicalmente en todos los aspectos. En su forma de vestir y peinarse llegaron las patillas y el tupe y su música empezó a tomar una esencia propia hasta desembocar en un estilo totalmente nuevo, el chispeante rockabilly que le daría sus primeros éxitos. Sam Phillips dijo: «Si pudiera encontrar a un blanco que tuviera un sonido negro y un sentimiento negro, podría hacer mil millones de dólares». Lo encontró en Elvis Presley. Lo demás es historia del rock: Sun Records, el programa de Ed Sullivan, los movimientos de caderas y la fama.

Puede que con once años, Elvis hubiese sido mucho más feliz con una bicicleta, pero sin duda es también muy posible que la historia del rock hubiera sido otra muy distinta si no hubiera recibido aquella guitarra barata. Si la vida te da limones...

No es extraño que como en la imagen de «El rock de la cárcel» que abre esta entrada, tras tantas dificultades, se pusiera de puntillas y con un significativo golpe de cadera le dijera al mundo que lo había logrado.

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público CC0

domingo, 4 de enero de 2026

Los propósitos de enmienda de Johnny Cash


 

El comienzo de un nuevo año siempre viene acompañado de decisiones y objetivos a alcanzar, que siendo sinceros, se repiten cada año tras caer una y otra vez en la tentación de incumplirlos a los pocos días o semanas. Johnny Cash, el famoso hombre de negro del country, también hacía sus listas de intenciones, cosas sencillas en algunos casos y otras no tanto. Todos queremos mejorar cuando se abre un nuevo ciclo. Él lo hizo bajo el epígrafe «Cosas a hacer hoy»:

1. No fumar

2. Besar a June —June Carter, su esposa—

3. No besar a nadie más

4. Toser

5. Orinar

6. Comer

7. No comer demasiado

8. Preocuparse

9. Ir a ver a Mamá

10. Practicar el piano

                       NOTAS: No escribir notas


Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público CC0

jueves, 18 de septiembre de 2025

Nina Simone: Del fracaso a la gloria

 

“El jazz es una palabra blanca para definir a la gente negra. Mi música es música clásica negra” (Nina Simone)

Y es que Nina Simone, además de una gran cantante - sin duda, una de las intérpretes con más personalidad de la historia del jazz-, había recibido en su juventud una sólida formación pianística fundamentalmente clásica, que hicieron de ella una portentosa intérprete del instrumento. Con cuatro añitos ya tocaba el piano en la iglesia donde su madre predicaba y fue allí donde una profesora de piano llamada Muriel Mazzanovich la vio tocar y se le ocurrió la idea de convertirla en una verdadera pianista clásica, olvidando que aquella chiquita era mujer y a la vez negra, lo que en aquella época y aquel país lo convertía en un reto casi imposible.

En cualquier caso aquella profesora hizo que Nina se ejercitara lo indecible con interminables horas de práctica al teclado, metiendo en su cabeza las intrincadas partituras de J.S. Bach o los dificilísimos ejercicios de Czerny. 

En 1951 llegó el momento de la verdad. Nina fue una de las primeras jóvenes afroamericanas en enfrentarse a las exigentes pruebas de acceso del afamado Conservatorio Instituto Curtis de Filadelfia.

Según algunas fuentes, sus padres acudieron a verla en tan importante ocasión y se sentaron cerca del escenario. No tardaron en ser desplazados a la última fila. Mujer temperamental desde muy joven, Nina se negó a tocar hasta que sus padres pudieron volver a la primera fila. No le importaban las posibles consecuencias en un momento delicado como en el que se encontraba y eso demostraba la pasta de la que estaba hecha aquella joven.

Interpretó obras de gran calado de Rachmaninov, Liszt, Czerny y por supuesto Bach, pero no fue suficiente y puede que, por fortuna para la historia de música, le dijeron que no era admitida. Sin duda perdimos una gran pianista clásica, pero ganamos una diosa del jazz y el soul, con lo que creo que salimos ganando.

Hay que decir que, por el reducido número de plazas que ofertan, es el centro de estudios de más difícil acceso del mundo junto con la Escuela Juilliard de Nueva York, donde curiosamente sí pudo estudiar previamente Nina Simone, formación que hubo de interrumpir por trasladarse su familia a Filadelfia. Por el Conservatorio de Filadelfia pasaron artistas de la talla de Leonard Bernstein, Samuel Barber, Jorge Bolet, Lang Lang, Hilary Hahn, Nino Rota.... Ahora supongo que se sentirán un tanto contrariados de no poder poner el nombre de Nina Simone, tan grande como el de aquellos, en la lustrosa lista de antiguos alumnos.

El caso es que había que ganarse el sustento y aquello de tocar una polonesa de Chopin estaba muy bien, pero siendo negra daba poco para llenar la despensa familiar. Ella se llamaba en realidad Eunice Kathleen Waymon y decidió tomar como nombre artístico el de Nina Simone. Nina por Niña y Simone por la admiración que sintió por Simone Signoret en “París, bajos fondos”.

Ya con el nombre que la haría famosa, empezó a tocar el piano en un club de Atlantic City noche tras noche. No era el escenario ideal para una chica de su formación, pero daba de comer y fue el lugar en el que empezó a forjarse ese estilo suyo tan característico y combativo que la convertiría en leyenda.

Pero no crean que olvidó del todo aquellas influencias clásicas; si escuchan su gran tema "Love me or leave me" (abajo) notarán en su parte central un maravilloso solo de piano, en el que es perfectamente reconocible el estilo barroco de las obras para teclado del gran Johann Sebastian Bach; es verdadera música clásica pasada ligeramente por el tamiz del jazz.

La fusión, a veces, nos regala maravillas como esta. Con razón esa forma suya de cantar y tocar el piano hizo que la prensa alguna vez se refiriera a ella como "High Priestess of Soul", o lo que es lo mismo la "Alta Sacerdotisa del soul". Ahora es tiempo de quererla, pero nunca de dejarla. Oigámosla:

Love me or leave me:




Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público - CC0 - Fuente Original

viernes, 12 de septiembre de 2025

"Tongue and Lips": De cuando los Rolling Stones le sacaron la lengua al mundo


Hoy está de moda entre los jóvenes —y los que ya no lo son tanto— sacar la lengua en las fotos como una señal de rebeldía. Pero no es ninguna novedad: los Rolling Stones llegaron antes.

No busquen ideas retorcidas en el logo de los Rolling Stones, esa boca insolente con la lengua fuera se conoce como “Tongue and lips” (Lengua y labios), aunque también se alude a ella, y con motivo, como “La lengua de Jagger”.

La inspiración partió del propio Mick Jagger jugando con uno de sus gestos habituales en concierto donde no es extraño verle sacar su lengua de forma irreverente. Además, el cantante encontró un eco de sí mismo en una imagen vista de la Diosa Kali, en la que aparecía con la lengua fuera como símbolo de poder y vitalidad.

No era una época en la que las bandas de rock tuvieran logos, pero aquella visión de Kali, diosa que es a la vez símbolo de energía destructiva y creadora, puso la mente del vocalista de los Stones a trabajar.

Jagger encargó darle forma a su idea a John Pasche, un joven diseñador británico que tan solo cobró 50 libras por lo que acabaría siendo uno de los logos más famosos de la música del siglo XX. El propio Pasche recordaría después:

“Nunca fue mi intención reproducir la lengua de Jagger literalmente, sino capturar la idea de una protesta contra el establishment”

El logo, utilizado por primera vez en el álbum "Sticky Fingers" (1971) —no en la portada que era de Warhol, sino en la funda del disco— pronto se convirtió en todo un emblema de la banda y por extensión en el símbolo de una forma de entender la vida y la música. Los Stones, con aquella boca roja sacando la lengua, buscaban desafiar al mundo; no en vano eran los chicos malos, el reverso de los educados Beatles.

Décadas más tarde, en 2008, el transgresor logo de los Stones ya era un clásico. Además de resultar una obra del mejor arte pop, era el símbolo de toda una época, por lo que el londinense Victoria and Albert Museum no dudó en comprar los bocetos originales por casi 100.000 libras.

Su creador, John Pasche, solo consiguió un extra de 200 libras. Puede que al recibirlas no se sintiera del todo recompensado y tal vez, quién sabe, puede que en su cabeza resonara aquella canción que decía: “I can’t get no Satisfaction”.


Imagen: Tomada de Wikimedia Commons - CC BY-SA 3.0 - Fuente Original

miércoles, 10 de septiembre de 2025

"Space Oddity", David Bowie y la odisea de Major Tom

 

Tras ver en los cines “2001: A Space Odyssey” (1968) David Bowie se quedó literalmente colgado de las estrellas. Eran tiempos propicios para mirar al cielo. El hombre se preparaba para conquistar la Luna y todos se preguntaban qué habría más allá.

Bowie apenas tenía un disco publicado cuando se lanzó a escribir “Space Oddity”, un título que, como él mismo reconocería, se inspiraba en la película de Kubrick. Al respecto recordaba: “Me quedé completamente drogado al ver la película y me alucinó, sobre todo el pasaje del viaje”.

La canción nos cuenta el viaje espacial de Major Tom. Escuchamos sus contactos de radio y la cuenta atrás del despegue, mientras ajusta el casco y toma sus pastillas. Tras lanzarse al espacio con éxito y ya convertido en un héroe, los periódicos quieren saberlo todo de él. Cuando desde la Tierra le animan a abandonar la capsula y flotar en el espacio, Tom describe su experiencia con palabras inolvidables:

“Aquí Major Tom a Control de Tierra: Estoy cruzando la puerta y estoy flotando de la manera más peculiar;  las estrellas se ven muy diferentes hoy. Estoy sentado en una lata, muy por encima del mundo. El planeta Tierra es azul y no hay nada que pueda hacer. Aunque ya pasé de cien mil millas me siento muy quieto y creo que mi nave espacial sabe qué camino tomar. Dile a mi esposa que la amo mucho, ella lo sabe.”

Y así, mientras su nave se aleja y el contacto con la base se apaga, su voz ya no encuentra eco. El astronauta se convierte en un viajero sin regreso, un símbolo de soledad cósmica y, al mismo tiempo, en una estrella más.

Con un gran sentido de la oportunidad, Bowie lanzó su disco sólo días antes de que alunizara el Apollo XI con Neil Armstrong dando “su gran paso para la humanidad”. Poco podía imaginar Bowie que una canción en la que se habla del peor de los escenarios posibles, un astronauta perdido en el espacio, fuera el tema elegido por la cadena televisiva BBC para acompañar las imágenes de aquel histórico momento. El mismo cantante quedó sorprendido; cuando la compuso ni tan siquiera tenía esperanzas de que llegara a sonar en la radio.

Con “Space Oddity” la carrera de Bowie despegó hacia el estrellato con la misma fuerza de un cohete. Años después confesaba: “Creo que escribí una canción muy bonita. Pero en ese momento pensé: ¿y ahora qué hago? No quería quedarme encasillado como el tipo del astronauta.”

Sin embargo, tres años después volvió al cosmos con “Starman” en la que a través de las ondas de una radio se recibía un mensaje de esperanza desde el espacio exterior, la voz de un ser de otro mundo. Incluso más tarde, con “Ashes to ashes”, habló de nuevo de Major Tom, pero en esta ocasión en un tono muy distinto. La letra, muy hermosa inicialmente, llega a un verso demoledor: “Sabemos que Major Tom es un yonqui, perdido en lo alto del cielo, tocando fondo.”  Es como si el héroe hubiera caído, como si fuera un reflejo de la inocencia perdida y de los propios excesos de Bowie.

El eco de Tom viajó más allá de su creador y con el tiempo llegarían nuevos astronautas, que bajo los ecos de aquel, se perderían poéticamente en el espacio. Sirva de ejemplo la canción “Serenade” de la Steve Miller Band, el tema del “Space Cowboy” que tan maravillosamente versionó en español M-Clan, por cierto, según ellos mismos, teniendo siempre presente la sombra de Major Tom de Space Oddity.

Al menos hubo quien quiso rescatar a Tom y devolverlo a la Tierra. Eso hizo Peter Schilling en 1982 con su tema “Major Tom (Coming Home)”, donde el astronauta, tras trece años vagando por el espacio encontraba finalmente el camino de regreso a casa.

Puede que Major Tom sea, al fin y al cabo, el astronauta más famoso de la historia de la Música.



Nota: JCC, un lector en nuestra página de facebook nos añadía que David Bowie todavía haría referencias a Major Tom en dos temas más. Primeramente en Hello Spaceboy, de Outside (1995) y en su último y póstumo disco, Black Star (2016) en cuyo vídeo aparece el cadáver de un astronauta, dando a entender que es Major Tom.

Imagen generada artificialmente.

jueves, 17 de julio de 2025

¿Por qué B.B. King llamaba "Lucille" a todas sus guitarras?


 "¿Sabes que me hace más feliz que nada? Dame seis cuerdas y seré feliz" (B.B. King)

Y tocándolas, como sólo él sabe hacerlo, nos hará feliz también a nosotros. No en vano, B.B. King es uno de los pilares fundamentales del blues y protagonista del mismo durante gran parte de su historia. 

Nadie habría imaginado que aquel chico de un pueblecito del sureño estado de Mississippi, marcado a fuego por la pobreza, el racismo y el duro trabajo en los campos de algodón algún día sería el indiscutible “Rey del Blues”. El mismo hablaba así de sus primeros años:  “Empecé a recoger algodón cuando tenía 7 años. Trabajaba desde el amanecer hasta el anochecer... Ganaba 35 centavos al día”. Con el tiempo lo que ganó fue el cariño, respeto y admiración de todos los amantes de la música y, no hay que olvidarlo, 15 premios Grammy.

Su verdadero nombre era Riley B. King y su apodo de B. B. King deriva de su etapa como DJ en un programa de radio de la emisora WDIA de Memphis. Allí se presentaba como "Beale Street Boy King", apodo que con los años acortó a “Blues Boy” y por último a su enigmático B.B. una marca acreditada que solo podría discutírsela Brigitte Bardot.

 Aunque por supuesto hubo una guitarra especialmente significativa en su vida, todas las que vinieron detrás de esta siempre tuvieron el mismo nombre: “Lucille”, pero pocos saben el motivo de tal fijación. ¿Un posible amor?

 El nombre les viene de un incendio que hubo en un local del poblado de Twist (Arkansas) sobre 1949, donde tocaba en sus inicios. El fuego se desató cuando se volcó un barril medio lleno de queroseno que ardía en medio del salón, una forma barata, y muy peligrosa, de calentar aquellos garitos en invierno. Todo el mundo salió huyendo ante el fuego y B.B. King también, pero cuando se dio cuenta de que había olvidado su preciosa guitarra Gibson L-30 en el local, volvió a recuperarla jugándose el pellejo por ella. El incendio fue tan repentino y virulento que dos personas murieron a consecuencia del mismo. Fue más tarde, tras saber B.B. King que el incidente había sido provocado por dos hombres que se peleaban por una muchachita llamada Lucille y que en el barullo golpearon el bidón, cuando pudo meditar sobre el serio peligro que había corrido su vida. Escarmentado por la experiencia decidió darle el nombre de aquella chica, Lucille, a la guitarra de tan solo treinta dólares que le llevó a internarse en las llamas. Por supuesto se lo mantuvo a las guitarras que vinieron después, con la clara intención de no olvidar nunca que no se debe arriesgar la vida tan alegremente.

Agradecido a su guitarra, sobre todo a la primera, le dedicó una canción, “Lucille”, que comenzaba diciendo: 

“El sonido que estás escuchando es el de mi guitarra. Se llama Lucille, y estoy loco por ella. Lucille me sacó de la plantación… podría decirse que fue ella quien me trajo la fama.”


domingo, 22 de junio de 2025

Mahalia Jackson y el "Sueño" de Martin Luther King

"Dios ha sido bueno conmigo. Me dio una voz y una vocación. Yo canto para Él."

Son palabras de Mahalia Jackson, la reina del Gospel, nacida en la más completa pobreza, en una chabola del paupérrimo "Water Street" de Nueva Orleans, a unos metros del Mississippi. Su infancia no fue fácil y solo era rica en la fe religiosa que le habían impregnado sus padres y que nunca abandonó: "La fe es la clave. Nunca tuve mucho dinero, pero tenía mucha fe. Y Dios siempre me sacó adelante." Su alma era inmensa y por las noches al acostarse susurraba "Algún día el Sol brillará para mí en algún lugar lejano". Y aunque fueron muchos los días que su voz le deparó momentos de brillo, puede que el más grande fuera en Washington frente a miles de esperanzados manifestantes que esperaban por fin empezar a ser tratados como personas de pleno derecho.

En el camino de la consecución de los derechos civiles para la población afroamericana de Estados Unidos fue crucial el discurso dado por Martin Luther King en agosto de 1963 en Washington, para muchos el mejor discurso de la historia. Allí se habían congregado millares de personas bajo un sol abrasador, expectantes ante lo que le pudieran decir sus lideres, pero también cansados por los días de marcha hasta aquel lugar. Hacía falta activar a toda aquella multitud, prepararlos para recibir el discurso, calentar el ambiente para que las palabras tuvieran un poder multiplicado.

Fue entonces cuando Martin Luther King, sabedor de la mágica energía que era capaz de transmitir Mahalia Jackson con su voz y sus canciones, le pidió: "Mahalia ¿por qué no cantas "I´ ve Been Rebuked and I’ve Been Scorned?", una vieja canción religiosa que, recordando el sufrimiento del pueblo negro, venía a decir: "Me han rechazado y me han escarnecido. Cuando yo regrese al cielo le diré al Señor cuanto me habéis hecho desde hace tiempo". La cantante, adaptándose al momento, le imprimió un ritmo trepidante con sus palmas y sus movimientos y electrizó a las personas allí congregadas que la coreaban al unísono, ajenos ya al cansancio y el calor.

Según las crónicas, "Cuando Mahalia cantó, fue como si una ola atravesara a la multitud. Fue algo sagrado". Con su voz abrió las almas de todos los presentes, abrió las puertas para que Martin Luther King entrara con su mensaje y este recogió el testigo para hacer una intervención histórica. Pero no acabó ahí el papel de Mahalia Jackson, y durante una pequeña pausa del predicador en aquel discurso que ya tenía empezado, como si aquella inmensa explanada fuera la capilla de un templo, gritó como una feligresa enfervorecida: "Tell them about the dream, Martin!" (¡Háblales del Sueño, Martin!) y el Predicador, que tenía un discurso con un ritmo más formal y pausado, también se contagió del poderoso espíritu de aquella indómita cantante y redoblando sus energías e improvisando sobre lo que tenía preparado, empezó aquel histórico mensaje que conmocionó a todo el mundo y ayudó sobre manera a que este fuera un poco más justo:

"Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.

Yo tengo un sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: 'Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales'.

Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo el sueño de que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!(…)”


Imágenes: Tomada de Wikimedia Commons - Dom. Público CC0 - Fuente Original 1 - 2

sábado, 14 de junio de 2025

Lillian Helmann, una Valquiria de armas tomar


“La técnica es inseparable del arte. Solo dominando la técnica de su material está el artista en condiciones de moldear su obra mental y ofrecerla a los demás. Incluso artistas de gran talento intelectual permanecen limitados si no dominan la técnica.”

Son palabras de Lilli Lehmann, la soprano wagneriana por antonomasia en los inicios del Festival de Bayreuth. Una cantante de una fuerza y un porte en el escenario tan acusados que su imagen quedó como modelo de lo que tendría que ser, incluso caricaturescamente hablando, una soprano wagneriana. Famosa fue su postura erguida, mirada firme y distante, su vestuario voluminoso y adornado con metales, espadas, cascos y ornamentos propios de la mitología germánica. Fue pionera en la forma de abordar sus papeles y al respecto mantenía: “No basta con portar una espada o una corona. La Brünnhilde debe vivir en el gesto, en la mirada, en la forma de andar. Eso también es canto.” 

Hizo suyos los papeles de Isolda y fue capaz de interpretar, algo insólito aun hoy, los tres papeles de Brunilda en "La Valquiria", "Sigfrido" y "El Ocaso de los Dioses". De esta proeza solía decir: "Prefiero cantar las tres Brunildas de Wagner antes que una sola Norma de Bellini", lo que no quita para que fuera capaz de abarcar un repertorio que alcanzaba los 170 papeles. 

Tras una larga trayectoria profesional se volcó en la enseñanza e incluso publicó un libro titulado "Cómo cantar", donde mantenía: “Mi conciencia artística me impulsa a revelar todo lo que he aprendido… y a entregar mis ‘secretos’, que solo parecen secretos porque los estudiantes rara vez siguen el camino del estudio correcto hasta el final.” o “Todo artista serio tiene un deseo sincero de ayudar a otros a alcanzar la meta: la meta hacia la que todos los cantantes se esfuerzan, cantar bien y hermosamente.” No obstante, no siempre fue tan generosa con sus conocimientos y su puntito de orgullo de estrella no le faltaba. Se cuenta que en cierta ocasión coincidió en una fiesta con su principal rival en los escenarios wagnerianos, la diva Lillian Nordica, quien se le acercó y le dijo: 

- ¿Puedo hablar un momento con usted? A lo que Lilly Helmann le contestó altivamente: "lo siento, este curso no acepto más alumnos". En algunos escritos es una amiga de Lillian Nordica la que se acerca a nuestra protagonista con la intención de concertar una visita entre ambas sopranos, prima donna con prima donna, aunque la respuesta de Lilly es idéntica.

Imagen: Tomada de Wikimedia Commons - CCO - Fuente Original

jueves, 2 de enero de 2025

El escatológico origen de "God save the King"



Aunque reconozco que yo cuando escucho el famoso "God save the Queen" pienso en el añorado Freddie Mercury y su grupo o a lo más en la irreverente versión que hicieron los Sex Pistols, hoy nos toca hablar del muy curioso origen de este solemne himno del Reino Unido.

Ya sabemos lo ceremoniosos que han sido siempre los ingleses y lo bien que saben dar pompa y boato a las grandes ocasiones, momentos en los que mientras abusan del terciopelo rojo, suelen usar como fondo musical el famoso "God save the Queen" (King si es un hombre el que está en el trono). Evidentemente con la muerte de la Reina Isabel II y la llegada al trono de su hijo, el himno ha cambiado de sexo.

Lo curioso, es que ese himno inglés tan patriótico y ampuloso tiene su origen, nada menos que en las posaderas del Rey de Francia Luis XIV, el Rey Sol, al que podemos ver a la derecha en el famoso cuadro que le dedicó el pintor Hyacinthe Rigaud. En 1686 el rey francés tuvo que someterse a una dolorosa operación con motivo de una fístula anal que hubo de ser abierta en dos ocasiones y a la que el Rey hubo de someterse sin ningún tipo de anestesia. Se cuenta que el rey se comportó como un verdadero machote y aguantó dignamente el trance, provocando la admiración-peloteo de sus súbditos.

Unas monjas del claustro de Saint-Cyr decidieron mostrar a través de una canción su alegría por la recuperación de su monarca y que este pudiera ya sentarse en el trono a sus anchas, componiendo una canción llamada "Grand Dieu sauve le roi" que posiblemente fue musicada por Lully o Charpentier según las fuentes, llegando con el tiempo a ser himno francés.

Parece que un viajante inglés pudo oír la melodía, la copió y tras diversos avatares en los que parece estar implicado John Bull y Haendel, terminó por convertirse en el himno británico, con la curiosidad de que el himno se adaptará en título y letra al sexo del monarca, pudiendo ser de esta manera "God save the Queen-King" según los casos. !Estos ingleses siempre tan prácticos y ahorradores!

Curiosamente Prusia y posteriormente el Imperio Alemán entre 1871 y 1918 también lo tuvieron como himno oficial en su versión "Heil dir im Siegerkranz" Y por si faltaba poco, versiones del mismo himno han ocupado los momentos más ceremoniosos de Liechtenstein, Noruega o Suecia en distintas épocas.

Después la cosa degeneró un poco y llegaron a tocar el himno desde Motórhead hasta los Sex Pistols, las cosas…. De esta forma nadie puede negar que las fístulas de Luis XIV han tenido un papel ciertamente protagonista en la historia de Europa.

Os dejo el himno original en francés


Imágenes: De Pinterest: Imagen 1 - Imagen 2 

domingo, 17 de marzo de 2024

Frédéric Chopin y la melancolía


“Según la opinión general, mi interpretación se ha caracterizado por una sonoridad demasiado débil o, mejor dicho, demasiado delicada para el gusto de los oyentes vieneses, acostumbrados a escuchar a los artistas destrozando su instrumento […] No importa; es imposible que no haya algún pero, y prefiero esto a oír decir que toco demasiado fuerte” (F. Chopin)

La música de piano de Frédéric Chopin, arriba en un daguerrotipo de 1847, es una de las grandes delicias que podemos encontrar dentro del repertorio pianístico clásico. Sus mazurkas, valses, nocturnos o polonesas son una mezcla rarísima de delicadeza, melancolía, belleza y puntual frenesí. Cierto es que hay piezas del compositor que son verdaderamente frenéticas y de compleja interpretación, como su Estudio Revolucionario op. 10 nº 12, pero también es verdad que en no pocas de sus piezas va desgranando las notas una a una, con una parsimonia infinita, para de vez en cuando, sorprendernos con un racimo de ellas que inunda de luz y frescura todo el conjunto. Era Chopin, como parte de su música, un hombre débil y a menudo preso de la nostalgia y la melancolía. Así lo expresaba en esta carta enviada a su madre:

"Hoy el Prater estaba hermoso. Había multitud de gente a la que no conocía. He admirado las plantas, el olor a primavera y esa inocencia de la naturaleza que me devuelve los sentimientos que tenía cuando era niño. Amenazaba tormenta, así que busqué refugio. Pero llegó la tormenta y entonces me sentí melancólico. ¿Por qué? Hoy no me importa ni tan solo la música. Es tarde, pero no tengo sueño, no sé qué me pasa…. Los periódicos y carteles anuncian mi concierto, que es dentro de dos días, pero siento como si no hubiera tal concierto, parece como si no me importara. No escucho los halagos de los otros, me parecen cada vez más y más estúpidos. Desearía estar muerto, pero también me gustaría ver a mis padres. Tengo su imagen (aquí hace alusión a Konstancja, de quien se encontraba enamorado) ante mí, pero me parece que ya no estoy enamorado de ella aunque no pueda quitármela de la cabeza. Todo lo que he visto hasta ahora en el extranjero me parece viejo y odioso y me hace suspirar por mi hogar, por los dichosos momentos que no supe valorar. Lo que ayer me resultaba magnífico hoy me parece vulgar, y lo que creía vulgar se torna ahora incomparable, demasiado grande, demasiado elevado…. Estoy confuso, melancólico, no sé qué hacer conmigo mismo. No quisiera estar tan solo"

De Chopin decía Schumann: "Era un cuadro inolvidable verle sentado al piano como un clarividente, perdido en sus sueños; ver cómo su visión se comunicaba a través de su ejecución, y cómo al final de cada pieza, él tenía la costumbre de pasar un dedo a lo largo del teclado en reposo, como forzándose en arrancarse a sí mismo de un sueño".

Y así hablaba de su música Ignaz Moscheles (un gran compositor): "Ahora por vez primera entiendo su música y también puedo explicarme el gran entusiasmo de las damas. Las modulaciones súbitas que yo no podía agarrar cuando ejecutaba sus obras no me preocupan ya más. Su piano es tan etéreo que no es necesario un forte para crear un contraste. Escuchándole, uno se entrega con toda el alma, como un cantante que, olvidándose del acompañamiento, se deja llevar lejos por su emoción. Para abreviar, él es el único entre los pianistas".

Valentina Lisitsa interpreta el Nocturno nº 20 de Chopin


Imagen: De Wikimedia Commons - CC0 Dominio Público en Fuente Original

jueves, 4 de agosto de 2022

¿Era el "Adagio" de Albinoni realmente obra de Albinoni?

 

Pues eso, que el famosísimo Adagio de Albinoni, tiene poco o casi nada de la mano del compositor que le da nombre. El Adagio en sol menor, como realmente se denomina este tema, es una obra para orquesta de cuerdas y órgano en sol menor, compuesta en 1945 por el musicólogo italiano Remo Giazotto (1910-1998) y publicado por primera vez en 1958 por la editorial Casa Ricordi. El editor lanzó como argumento de venta (el negocio es el negocio) que el autor se había basado en unos fragmentos de un movimiento lento de una sonata a trío de Tomaso Albinoni (1671 - 1751), al respecto de de los cuales Giazzoto manifestaba que sólo mostraban el pentagrama del bajo y de seis compases de la melodía. Remo Giazotto era conocido especialmente por su clasificación y catalogación de las obras de Tomaso Albinoni y dijo que dichos fragmentos los había encontrado en las ruinas de la Biblioteca de Dresde tras los bombardeos de la ciudad acaecidos en la Segunda Guerra Mundial, pero una prueba seria de la existencia de tales fragmentos no ha sido nunca encontrada; es más, la «Staatsbibliothek Dresden» ha desmentido formalmente tenerlas en su colección de partituras. 

Por lo que no queda otra que decir que el famoso Adagio más que de Albinoni es de Giazotto, quien lo compuso en 1945 y si no nos atrevemos a admitir que completamente, hecho más que probable, si en su mayor parte. 
La injusticia queda para con Albinoni, un compositor esplendoroso, del que el gran público solo conocía esta pieza, como si fuera lo único valioso de su repertorio, la misma pieza que ahora resulta no ser suya. Espero que su talento sea reivindicado con otras de sus grandes y numerosas composiciones.

En la imagen aparece Santa Cecilia, la patrona de la música y los músicos, en un óleo de 1606 obra del pintor italiano Guido Reni (1575 - 1642). Se expone en "The Norton Simon Foundation" de Pasadena (EEUU)

Y ahora solo queda disfrutar del famoso Adagio, sin preocuparnos de quien pueda ser el autor. Versión para Cello con Stjepan Hauser como solista:


Imagen: De Flickr (Gandalf's Gallery) donde figura como (CC BY-NC-SA 2.0) - Fuente

martes, 3 de mayo de 2022

Duke Ellington: El señor del Jazz

 

Puede que el primer Kennedy en entrar en la Casa Blanca fuera Duke Ellington. Y es que su verdadero nombre era Edward Kennedy Ellington y su padre trabajaba como mayordomo en el hogar de los presidentes de EEUU. Su madre procedía de una familia acomodada, lo que hizo que el muchacho pronto tuviera estudios de música y aprendiera a tocar el piano, instrumento desde el que en no pocas veces dirigiría su orquesta y en el que era todo un virtuoso. Recibió una esmerada educación burguesa que lo revestía de una cierta elegancia aristocrática que le acompañaría durante toda su vida, motivo por el cual sus amigos le dieron el apodo de "Duke" (Duque) por el que sería conocido en esa singular nobleza del jazz, en la que también había condes (Count Basie), reyes (King Oliver y Nat King Cole), Presidentes (Press - Lester Young) y hasta una Lady (Lady Day - Billie Holiday). Sin extenderme en la posterior evolución musical de éste, de los iniciales Washingtonians, de su paso por el Cotton Club, de su orquesta y sus maravillosas composiciones, que ya ocuparán otras reseñas en el futuro, lo que quiero remarcar es la formación académica de Duke, como músico, algo que no era del todo habitual en el Jazz, a fin de entender las frases suyas que ahora paso a reseñar:

Duke Ellington dixit:

"Piensan que el jazz es aquella historia que he contado muchas veces de un chiquillo que nunca fue al colegio y que estando en el campo, andrajoso como una lata de espaguetis, llega a un prado y se encuentra lo que parecer ser un palo negro. Lo coge y tranquilamente se sienta bajo un sauce. Por supuesto, nosotros sabemos –aunque él no– que se trata de un clarinete. Empieza a soplar y de ahí nace el jazz. Mucha gente piensa que de ahí es de dónde viene el jazz y ahí es donde termina. No aceptan a nadie que pueda escribir algo sobre el jazz. No creen que se pueda poner en un pentagrama y no creen que requiera habilidad alguna, y que si, un segundo antes de tocar algo ya sabes lo que vas a tocar, entonces eso no es jazz, y eso es imposible, ya sabes..."

"Algunos críticos y algunas escuelas de pensamiento dicen que el jazz es libertad de expresión y todo ese tipo de cosas, pero en realidad sus ideas son muy tendenciosas, porque creen que una personalidad debería estar limitada a su principal rasgo de identidad."

"En general, el jazz siempre ha sido como el tipo de hombre que no te gustaría para tu hija."

"Ningún texto musical es swing. No se puede escribir swing, y que el swing es lo que sacude al auditor y no hay swing en tanto que la nota no ha sonado. El swing es un fluido y aunque una orquesta haya tocado un trozo catorce veces, puede ocurrir que sólo lo logre con swing a la décima quinta vez."

"Tocar "be bop" es como jugar a la sopa de letras faltándote todas las vocales."

"No soy disciplinado. Tienes que ser responsable cuando eres líder, tener la dignidad y la autoridad que requiere un líder, y eso es muy pesado para mí."

"Soy una orquesta y soy un compositor. No soy un maestro."


Y para terminar, aquí queda este sensacional vídeo en el que podemos ver a Duke dirigiendo desde el piano un meddley de algunas de sus obras más conocidas: "Mood Indigo", "Sophisticated Lady", "It don't mean a thing" y "Don't get around much anymore":


Imágenes: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Img 1 - Img 2

jueves, 25 de noviembre de 2021

Beethoven y la romántica leyenda sobre el origen de la sonata "Claro de luna"

 

Una de las maravillas que surgieron de la prodigiosa imaginación musical de ese genio que es Ludwig van Beethoven, es la arrebatadora sonata "Claro de Luna". Acerca de su composición existe una vieja leyenda, que si bien ha sido totalmente desmentida por la mayoría de estudiosos de la figura y obra del compositor de Bonn, tiene tal encanto que ya forma parte de la propia mitología de la pieza e invita a escucharla de una forma totalmente distinta.

Cuenta la leyenda, que una noche, Beethoven, siempre amante de los paseos, caminaba junto a un amigo por las calles de Bonn, su ciudad natal. Cuando cruzaban una de las zonas más humildes de la villa, una deliciosa melodía llegó hasta el compositor; eran unas notas familiares y tan bien interpretadas que abrieron la curiosidad del maestro. Impetuoso como siempre y arrebatado por lo que oía, se encaminó a la casa de donde provenía la música y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, empujó la puerta y sin llamar ni ser invitado entró en la sencilla estancia en la que, iluminados por la débil luz de una vela, un hombre joven se encontraba trabajando sobre un banco de zapatero y a su lado, una jovencísima mujer se encontraba tocando un sencillo piano, hilvanando delicadamente aquellas notas que tanto excitaron a Beethoven.

Ni que decir tiene que la entrada del compositor de aquella manera en la vivienda provocó el lógico sobresalto en sus moradores. Beethoven, un tanto atribulado por su comportamiento, se disculpó de inmediato por su arrebato y lo achacó al irresistible impulso de saber quién tocaba de manera tan delicada a aquellas horas de la noche y, todo hay que decirlo, en un lugar tan inesperado como aquella precaria zona de la ciudad. Sin duda el compositor ya sería muy conocido en la ciudad y pronto, el hermano de la joven, presente en la estancia, se tranquilizó y perdonó su atrevimiento. Fue entonces cuando la sorpresa le fue devuelta al compositor, al saber que aquella joven mujer que estaba sentada al piano y que tan diestramente lo tocaba, era totalmente ciega. Queriendo saber más le preguntó cómo había aprendido a tocar y la joven mujer, casi una adolescente, le explicó que tiempo atrás vivió junto a la casa de una estudiante de piano, que pasaba las horas practicando las obras del propio Beethoven y que había aprendido a tocar muchas de ellas con tan solo escuchar a su vecina.

Beethoven, cuya identidad todavía era una incógnita para la mujer invidente, dio unos pasos adelante y se sentó al piano. “¡Escucha!” dijo y empezó a tocar las primeras notas de una de sus sonatas. No tardaron las lágrimas en bañar los ojos de la joven, que reconociendo la pieza y la maestría con la que era interpretada, con voz entrecortada y llena de emoción preguntó si sería posible que fuera el maestro en persona el que se encontraba en su casa y tocaba su piano. Beethoven asintió y le dijo que esa noche tocaría solo para ella.

No tardó mucho en producirse un momento mágico; la débil vela que iluminaba el cuarto se apagó dejando la estancia a oscuras, lo que hizo a Beethoven detener poco a poco su interpretación. Se levantó y abrió la ventana, iluminando la pieza con la maravillosa luz de la luna. Tras reflexionar unos instantes, se dejó llevar por un momento de refulgente inspiración y le dijo a la joven: "Improvisaré una sonata a la luz de la luna", momento en el que, según la leyenda, tuvo carta de nacimiento la "Sonata Claro de Luna".  

Sin embargo, y para introducir un frío y desilusionante aspecto a este relato tan poético, debemos recordar que debido el método de escritura de Beethoven y a su hábito de retocar, revisar y pulir una y otra vez sus manuscritos hasta lograr la perfección, es probable que la improvisación de aquella noche, si la historia hubiera ocurrido así, fuese mucho menos elaborada y exquisita que el trabajo final. 

El primer movimiento de la sonata “Claro de Luna”, un adagio sostenuto, es lento, majestuoso y sombrío, casi "un lamento" como diría Berlioz, que añadía: "El adagio es uno de esos poemas que el lenguaje humano no acierta a calificar". Czerny, alumno de Beethoven, lo definió así: "una escena nocturna, en la que una lastimera voz fantasmal suena en la distancia". El tema tuvo tanto éxito que incluso provocó cierto descontento en el compositor, que ante los elogios contestaba: "seguramente he escrito cosas mejores". El segundo movimiento, un minueto, resulta más alegre y sirve de discreto puente para llegar al soberbio y complicadísimo tercer y último movimiento, (presto agitato) una maravillosa joya pianística que rebosa esa explosiva energía beethoviana tan propia de sus obras más notables. Cuando hablamos de la infinita delicadeza de esta sonata, puede que pensando solo en el famosísimo adagio inicial, olvidamos por completo que en esa misma obra brilla con la misma, o puede que con más fuerza aún, este vertiginoso y embriagador movimiento, la delicia de todo pianista que quiera sentirse dueño y señor del instrumento. 

Y aunque resulta claro que el origen que aquí se nos cuenta de esta maravillosa sonata, la número 14 de las del genial músico de Bonn, es más propio de las leyendas que de la realidad. como ya avanzábamos inicialmente, también lo es que la historia está bien trenzada y que uno se puede dejar llevar por ella, para imaginar, mientras la escucha, a Beethoven en aquella humilde vivienda, a la luz de la luna, regalando esta joya a una pobre mujer ciega. Sin duda sonará distinta a nuestros oídos. Lo que no es óbice para recordar que esta Sonata en do sostenido menor, opus 27.2, tiene en realidad el nombre de "Quasi una fantasía" y fue compuesta en 1801, cuando Beethoven tenía 30 años, y estaba dedicada a su alumna, la joven condesa Giulietta Guicciardi (retrato de la derecha), de 17 años, de quien se dice que Beethoven estaba enamorado. En una carta se refería a ella así: "Ahora vivo más feliz. No podrás nunca figurarte la vida tan sola y triste que he pasado en estos últimos tiempos... Este cambio es obra de una cariñosa, de una mágica niña que me quiere y a quien yo amo". Con lo que no cabe duda de que una joven dama, "damigella" como la llama Beethoven en la dedicatoria, ciega o no, rica o pobre, estaba detrás de la inspiración de este gran compositor para esta obra.

El nombre popular de esta pieza -"Claro de luna"- no se debe al compositor y es un apodo que se haría popular tras la muerte de este, surgiendo a raíz de una comparación que el poeta y crítico musical alemán Ludwig Rellstab realizó entre el primer movimiento de la pieza y el claro de luna que era visible en el Lago de Lucerna.

La escultura de Beethoven es obra de Caspar von Zumbusch y se encuentra en el Konzerthaus (salón de conciertos) de Viena.

La historia inicial de la leyenda toma como fuente, sobre la que se construye el propio relato, la siguiente página: Piano red

Imágenes: De Flickr - Imagen 1 - (CC BY-SA 2.0) - Imagen 2 - Wikimedia Commons (CC0)

martes, 2 de noviembre de 2021

El tango "La Cumparsita" y "Por qué canto así" de Julio Sosa


La maravillosa música del tango "La Cumparsita" compuesto por Gerardo Matos, es una obra de arte por si sola, pero aún así, con el tiempo llegó a tener más de una letra asociada; la más famosa es aquella que decía: "Si supieras, que aún dentro de mi alma, conservo aquel cariño que tuve para ti, quién sabe si supieras que nunca te he olvidado, volviendo a tu pasado te acordarás de mí...", una verdadera joya que todos asociamos a la voz de Carlos Gardel. Pero quizás resultan menos conocidos, al menos por este lado del charco, los versos "Por qué canto así", obra de Celedonio Esteban Flores, que con su poderosa voz utilizó el cantante uruguayo Julio Sosa, conocido como "El varón del tango" (abajo en la foto) para acompañar a "La Cumparsita" y que decían así:



"Pido permiso, señores, este tango habla por mí, y mi voz entre sus sones dirá por qué canto así.

Porque, cuando pibe, me acunaba en tangos la canción materna pa’ llamar el sueño y escuché el rezongo de los bandoneones en el empedrado de mi patio viejo. Porque vi el desfile de las inclemencias, con mis pobres ojos, llorosos y abiertos. Y en la triste pieza de mis buenos viejos, cantó la pobreza su canción de invierno.

Y yo me hice en tangos, me fui modelando en barro, en miseria, en las amarguras que da la pobreza. En llantos de madre, en la rebeldía del que es fuerte y tiene que cruzar los brazos cuando el hambre viene. Y yo me hice en tangos, porque el tango es macho, porque el tango es fuerte, tiene olor a vida, tiene gusto a muerte.

Porque quise mucho y porque me engañaron, y pasé la vida masticando sueños. Porque soy un árbol que nunca dio frutos, porque soy un perro que no tiene dueño. Porque tengo odios que nunca los digo, porque, cuando quiero, me desangro en besos. Porque quise mucho y no me han querido, por eso canto tan triste, por eso."

Imágenes: Imagen 1 de Flickr (CC BY 2.0) - Imagen 2 de Wikimedia Commons (CC0)

martes, 7 de septiembre de 2021

"All of me" y Dinah Washington: Puro Jazz


 

Todo de mí, por qué no (vamos toma) todo de mi
No puedes verlo, no soy bueno sin ti.
Toma mis labios, quiero perderlos.
Toma mis brazos, nunca los usare.
Tu adiós - me dejó con los ojos llorosos.
Cómo puedo, seguir adelante sin ti
(Ya sabes) tu tomaste la parte que una vez fue mi corazón
Por qué no, por qué no tomar todo de mi.


Una letra preciosa y sin duda uno de los grandes temas del jazz. "All of me" fue compuesto por Gerald Marks y Seymour Simons en 1931 y fue grabado por primera vez por Belle Baker. "All of me" se ha convertido con el tiempo en una de las canciones más versionadas de la historia, de modo que no hay cantante de jazz que no haya dejado su particular visión del tema, y aunque son muy valoradas las versiones de Billie Holiday o Frank Sinatra, yo tengo debilidad por la de Dinah Washington, cantante que cada día me gusta más y más y por supuesto por este vídeo en concreto, que rezuma swing y buenas vibraciones a cada segundo que avanza y tiene mucha culpa de que hoy hagamos esta entrada.


Imagen: De Flickr donde figura como (CC BY-NC 2.0) - Fuente Original

viernes, 3 de septiembre de 2021

Mikis Theodorakis, el Sirtaki y el dolor de rodillas de Anthony Quinn

 

Ayer, día 2 de septiembre, fallecía Mikis Theodorakis (D.E.P.), arriba en una foto de los años 60, un músico e intelectual griego que nos regaló una de las piezas musicales más efervescentes, bellas y frenéticas de la reciente historia de la música, el maravilloso Sirtaki compuesto por él para la película "Zorba el griego" (1964 - Mihalis Kakogiannis). Su baile se ha convertido en toda una enseña de Grecia y sin embargo no es una danza tradicional, nació con la película. Cierto es que tiene similitudes con una danza tradicional llamada Hasapiko, ecos de los kolos balcánicos y otras danzas de Asia menor, pero también tiene serias diferencias que le dan una identidad totalmente propia. Lo curioso es que esa identidad nace de un problema físico de Anthony Quinn, el actor que daba vida a Zorba, según contaba este, a la hora de interpretar el baile, se encontraba con serias limitaciones para realizarlo por un grave problema de rodilla y para salvar el problema se le ocurrió arrastrar la pierna para poder acometer determinadas partes del baile, lo que le dio un encanto especial que quedó perfectamente engarzado en la coreografía que finalmente diseñó Giorgios Provias para el film. La danza quedó hermanada para siempre a una música totalmente subyugante, que va acelerándose paulatinamente a medida que lo hacen igualmente las evoluciones de los bailarines, que al poder realizar la danza con los brazos entrelazados, al igual que en otras danzas griegas o sin ir más lejos como en la sardana, se ve impregnado de un aura de hermandad que le otorga una significación muy especial. ¡Juntos! como decía Quinn en la película. Este mensaje de unidad es seguramente el mejor recuerdo que se puede hacer a un Theodorakis que siempre fue un hombre comprometido con sus ideas.

La escena:

- Caramba jefe, le aprecio demasiado para no decirle. Usted lo tiene todo, menos una cosa: locura. Y el hombre tiene que estar un poco loco, si no...
- ¿Si no...?
- Nunca se atreve a cortar la cuerda y ser libre. ¿Está enfadado conmigo?
- Enséñeme a bailar... ¿quieres?
- ¡Bailar! ¿Ha dicho bailar? Vamos muchacho. Juntos



Y con una versión un poco más elaborada pero que permite disfrutar la música durante más tiempo:


Imagen: De Wikimedia Commons - (CC BY-SA 3.0) - Fuente Original

martes, 24 de agosto de 2021

Charlie Watts (D.E.P) Vs Mick Jagger. Una anécdota para el adiós de un Rolling Stone

 

Hoy, 24 de agosto, ha fallecido Charlie Watts, posiblemente el miembro menos conocido de The Rolling Stones, algo curioso, cuando es precisamente este músico el que es señalado tanto por Mick Jagger como por Keith Richards como el verdadero líder de la banda y soporte de la misma durante tanto tiempo. Casi no parece un Stone. Nunca protagonizó un escándalo ni nunca fue arrestado, pero su tranquila personalidad ha sido fundamental en la historia de la banda, tanto en los negocios como en lo artístico. Fue contratado por The Rolling Stones en 1963 para sustituir a su antiguo baterista Tony Chapman.

Charlie Watts tiene una sensacional anécdota que habla muy bien de su carácter dentro del grupo y que paso tal cual la encontré:

"En octubre de 1984 los Rolling Stones se reunieron en Amsterdam para planificar su próximo álbum y gira. Por aquel entonces Mick Jagger se comportaba como un niño caprichoso y egoísta, preocupado sólo por su carrera en solitario. Una noche, el cantante decidió salir de juerga con Keith Richards. Ambos regresaron al hotel totalmente borrachos a las 5 de la mañana para continuar la fiesta en la habitación del guitarrista. Una vez allí, Jagger pensó que sería una buena idea que el batería Charlie Watts se uniera a la fiesta, así que cogió el teléfono y llamó a su habitación. Watts, que estaba profundamente dormido, al oír el teléfono se despertó sobresaltado pensando que había sucedido alguna tragedia. Sin embargo, cuando puso el auricular en su oído escuchó a Mick Jagger gritando y balbuceando: "¿Dónde está mi batería? ¿Dónde está mi jodido batería? ¿Por qué no traes tu culo hasta aquí?". Charlie se levantó, se afeitó, se vistió su traje hecho a medida, se anudó una elegante corbata de seda al cuello, se calzó unos zapatos italianos, y con toda la calma del mundo se dirigió a la habitación de Keith Richards. Cuando llegó, educadamente llamó a la puerta, y el cantante acudió raudo y veloz. En cuanto Mick Jagger abrió aquella puerta, Charlie, sin mediar palabra alguna, le pegó con todas sus fuerzas un tremendo puñetazo. El golpe fue tan fuerte que de no haber sido sujetado en ese momento por Keith Richards, Mick Jagger habría salido despedido por la ventana. Luego, sin perder la compostura, Watts se colocó su traje y dijo: "¡No me llames más 'tu batería', en todo caso tú eres mi cantante de mierda!", y a continuación se fue. Años más tarde Jagger trató de restar importancia al incidente: "En realidad no fue así. Me empujó, pero no creo que me haya pegado. Hay bastante diferencia entre una cosa y otra, para mí". Pero el siempre discreto Charlie Watts confirmó en 1997 que aquello sí sucedió: "Estaba muy enfadado, pero no es algo de lo que me sienta orgulloso hoy en día".

The Rolling Stones, con la marcha de Charlie Watts, ya nunca serán los mismos. También ellos, como grupo, en cierta medida han muerto hoy. 

Imagen: De Wikimiedia Commons - (CC BY 3.0) - Fuente Original

sábado, 7 de agosto de 2021

Miles Davis: "The Prince of Darkness"


"El silencio es el ruido más fuerte, quizá el más fuerte de todos los ruidos"

Y si lo dice el trompetista Miles Davis, "The prince of darkness", uno de los grandes indiscutibles del Jazz, debe ser cierto. Su carrera es prácticamente inclasificable, tan camaleónica como por ejemplo la del pintor Picasso, como este, fue capaz de adaptarse como un guante a los cambios de tendencia de cada época y logró ser mucho más que un referente de cada uno de esos periodos, de hecho era un revolucionario musical, un infatigable creador de nueva música. Tras sus comienzos con Charlie Parker en los albores del Be Bop, supo abrir nuevas sendas para el jazz con el cool, hardbop, jazz fusión, jazz modal.... estilos de los que siempre resultaba ser el profeta que iluminaba a una legión de músicos que caminaban tras sus pasos. Era tal su afán por experimentar que afirmaba: "Primero lo toco y luego te digo qué es".  

En 1987, Ronald Reagan, el actor reconvertido en Presidente de los Estados Unidos, entregó a Ray Charles un reconocimiento oficial por toda su carrera. Como cualquier estrella de la música, esa especie que está por encima de protocolos y convenciones sociales, Miles Davis, excesivo en todo, se presentó en la Casa Blanca vestido "a su manera": pantalones negros de cuero, un chaleco encima de otro, con el complemento de un esmoquin que llevaba una serpiente roja en su espalda. Los artistas, son así. El caso es que algunos de los invitados al acto estarían por allí casi sin saber para qué, si acaso para probar los canapés y sonreír bobaliconamente al Presidente, de esta manera una de esas señoronas, acomodada ella y envanecida de sí misma, se encaró al estrafalario Miles Davis y después de mirarlo altivamente de arriba abajo, le preguntó con todo el veneno que era capaz de destilar que cuales eran los méritos que tenía para estar en el salón del trono, en aquel centro del mundo y de tal guisa. Miles Davis no se arrugó y fue directo a la yugular: "Bueno, tan sólo he cambiado el rumbo de la música cinco o seis veces. Ahora, dígame: ¿Qué ha hecho usted de importancia, aparte de ser blanca?"

"Kind of blue", el disco más vendido de la historia del Jazz, es suyo  y a ese disco pertenece la pieza que aparece en el vídeo: "So what" en la que es acompañado por otro genio, el gran John Coltrane.



Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

sábado, 22 de mayo de 2021

El reencuentro de Lester Young con Billie Holiday: Fine and Mellow


 

Billie Holiday es alguien que necesita poca presentación, máxime cuando vuelve a estar de rotunda actualidad por el estreno de la película "Los Estados Unidos contra Billie Holiday" (2021 - Lee Daniels). Para los buenos aficionados al jazz tampoco es precisamente un desconocido el saxofonista que la acompañaba en muchísimas de las grandes interpretaciones que la convirtieron en todo un icono de jazz, el genial Lester Young, al que Lady Day le puso dentro de la peculiar aristocracia del Jazz el apodo de "Pres" o "Prez" (Presidente), con toda la intención del mundo, y es que se quiera o no, en Estados Unidos no hay realmente Duques (Duke Ellington), Condes (Count Basie) ni reyes (Nat King Cole), allí la máxima autoridad es el Presidente y esa fue la cariñosa vitola que Billie regaló al soplador de melodías. 

Young es un mito dentro de la historia del Jazz y fue copiado hasta la saciedad, si es que se puede imitar lo inimitable. "Pres" forma parte del poker de ases de este instrumento junto a Coleman Hawkins, Ben Webster y Charlie Parker, al que se podría añadir para el repoker la presencia de un comodín muy personal mío, Don Byas. 

Lester Young tuvo un paso caótico por el ejército, donde recibió malos tratos y torturas que cambiaron radicalmente su carácter. Con el tiempo (no sé la razón) terminó disgustándose con Billie Holiday y prácticamente no se hablaban. En sus últimos años Lester Young estaba muy débil, casi no comía, estaba entregado al alcohol, prácticamente no tenía trabajo y malvivía en un hotelucho neoyorkino donde tenía todo el tiempo del mundo para reflexionar sobre lo duro que siempre había sido todo para él, sobre su vida, que como la de otros grandes del jazz, fue vivida entre penurias e incomprensión.

Ya contaba Billie Holiday en su autobiografía "Lady sings the blues": "Cuando Lester toca, parece que canta y te da la sensación de que estás oyendo la letra. La gente se cree que es engreído, pero en dos segundos le puedes herir profundamente. Me di cuenta una vez que lo hice. Juntos hemos pasado hambre y siempre le querré a él y a su música".   

En 1957, Lester fue invitado al programa "The sound of jazz" en el que se reunirían un buen número de grandes músicos de jazz e interpretarían "Fine and Mellow" con Billie Holiday. Llegado el día, Lester ya en los estudios, dijo que no podría tocar, estaba enfermo y alegaba que no tenía fuerzas para soplar su saxofón, que ni tan siquiera podía levantarse de la silla. La situación con Billie seguía siendo tensa y le pidieron que aunque no tocara al menos estuviera presente en aquella reunión de talentos tan inusual. Llegado el momento de la grabación, no se sabe como, Lester sacó fuerzas de donde no las había, para soplar una vez más su caña de metal y regaló uno de los momentos más emotivos del jazz, el solo que aborda tenía un mensaje inequívoco de cariño, tristeza y melancolía. Billie lo mira con una ternura, un agradecimiento y un amor infinitos. Ese momento de simbólico reencuentro quedó grabado y ese increíble recurso que es youtube para los curiosos de otros tiempos nos da la oportunidad de verlo, así que ahí abajo os lo dejo. Lester Young empieza a tocar en el minuto 1'29".

Lester Young al igual que Billie moriría en 1959, poco después de la sesión que antes comentábamos. Si yo tuviera un sombrero puede que fuera como el suyo, y ahora lo estaría levantando como muestra de respeto.


Canta Billie Holiday. Ben Webster (saxo tenor), Lester Young (saxo tenor), Vic Dickenson (trombón), Gerry Mulligan (saxo baritono), Coleman Hawkins (saxo tenor), Roy Eldridge (trompeta), Doc Cheatham (trompeta), Danny Barker (guitarra), Milt Hinton (contrabajo); Mal Waldron (piano) y Osie Johnson (bateria).

Imágenes: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Imagen 1 - Imagen 2 - Imagen 3