La infancia de Elvis Presley no fue nada fácil y sin embargo
el entorno que le tocó vivir puede que fuera parte esencial de su éxito
posterior.
Su hermano gemelo nació muerto y este hecho marcó
profundamente a su familia y posteriormente al propio Elvis. Era un chico muy
tímido e introvertido, diametralmente opuesto a lo que representaría como
estrella del rock. Su familia vivía de manera extremadamente humilde,
circunstancia que se agravó cuando su padre fue encarcelado por un cheque
fraudulento de tan solo cuatro dólares. Esa circunstancia les hizo perder su
casa y no lograr acomodo fijo durante años.
Aunque no destacaba como estudiante, ni siquiera en música
—no sabía leerla ni encajaba en las enseñanzas puramente académicas— a la edad
de diez años su voz impresionó a una profesora durante los rezos escolares
matutinos y esta le animó a participar en un concurso de canto. Lo hizo con la
canción «Old shep», y si bien solo quedó quinto, ganó por ello un premio de
cinco dólares. Esa conciencia de que era capaz de ganar dinero cantando le
animó a no dejarlo. Como Elvis decía: «Yo era un niño normal, pero me gustaba
la música. La música era lo único que me hacía sentir diferente».
Con once años, la situación de la familia seguía siendo muy difícil. Elvis esperaba para su cumpleaños una bicicleta o un rifle, en cambio recibió una guitarra barata —que no sabía tocar— con la que hubo de conformarse. De forma autodidacta aprendió los primeros acordes y aquella guitarra de saldo se convirtió en inseparable. Tenía pasión por la música góspel, gracias al cual aprendió a sentir la música en su interior —algo que no se enseña en las escuelas— y los barrios pobres en los que vivía lo ponían en contacto directo con las entrañas del blues, del jazz, del rhythm and blues y del country, influencias que el cantante fue asimilando a su manera. Ese era el caldo de cultivo en el que crecería la futura estrella.
Primero empezó cantando piezas
hillbilly ocasionalmente en el colegio —con las consabidas burlas de sus
compañeros— pero no tardó en evolucionar radicalmente en todos los aspectos. En
su forma de vestir y peinarse llegaron las patillas y el tupe y su música
empezó a tomar una esencia propia hasta desembocar en un estilo totalmente
nuevo, el chispeante rockabilly que le daría sus primeros éxitos. Sam Phillips
dijo: «Si pudiera encontrar a un blanco que tuviera un sonido negro y un
sentimiento negro, podría hacer mil millones de dólares». Lo encontró en Elvis
Presley. Lo demás es historia del rock: Sun Records, el programa de Ed
Sullivan, los movimientos de caderas y la fama.
Puede que con once años, Elvis hubiese sido mucho más feliz con una bicicleta, pero sin duda es también muy posible que la historia del rock hubiera sido otra muy distinta si no hubiera recibido aquella guitarra barata. Si la vida te da limones...
No es extraño que como en la imagen de «El rock de la cárcel» que abre esta entrada, tras tantas dificultades, se pusiera de puntillas y con un significativo golpe de cadera le dijera al mundo que lo había logrado.
Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público CC0

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