«Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro». (Ramón María del Valle-Inclán)
El talento del portuense Pedro Muñoz Seca para la comedia no
tenía límites. Su personal concepción del humor dio carta de nacimiento a la
«astracanada», género que aludía a la búsqueda del humor a toda costa, poniendo
a su servicio el lenguaje e incluso la verosimilitud de las situaciones. Su
obra más recordada es «La venganza de Don Mendo», un fabuloso éxito
tras su estreno en 1918 y que al día de hoy sigue cosechando aplausos, tantos
que es la cuarta obra de teatro española más representada junto a «Don Juan
Tenorio», «Fuenteovejuna» o «La vida es sueño».
Pero siempre hay quien pone peros. El crítico teatral José María de Mesa era especialmente duro con Muñoz Seca y buena prueba de ello es que a las aventuras de Don Mendo solo les auguraba siete representaciones. Puede que para dar cuenta de un lance que tuvo con este crítico venga a cuento recordar aquellas palabras de Don Mendo —inmortal en la voz de Fernando Fernán Gómez— que decían:
«Siempre fuisteis enigmático y epigramático y ático y gramático y simbólico, y aunque os escucho flemático sabed que a mí lo hiperbólico no me resulta simpático.»
Sin duda, la hipérbole, la exageración gratuita no es de recibo y sin embargo a veces son oportunas. Cuenta el escritor y columnista Alfonso Ussía —nieto de Pedro Muñoz Seca— que el citado crítico José María de Mesa fue posteriormente muy ácido con el estreno de "El Diluvio", la nueva obra del dramaturgo en la que, en su línea de humor disparatado y a la vez genial, metía a dos andaluces como polizones en el Arca de Noé.
Cuando la prensa le pidió su opinión sobre la crítica recibida y si esta le había molestado, Muñoz Seca contestó risueñamente:
—Nada de nada. No me importa la opinión de los muebles.
Al que sí le ofendió esta reacción fue el crítico que, airado, le mandó una nota quejándose de haber sido tratado como mueble. No sabemos la estancia privada en la que Muñoz Seca leería aquellas palabras, pero sí la respuesta que le dio en un pequeño ripio muy de su estilo:
Mesa, que enviado me has,
y que ahora tengo delante
pronto la tendré detrás.

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