viernes, 2 de enero de 2026

Albert Einstein, el músico que no sabía contar


 

Si Woody Allen prefería tocar el clarinete con sus amigos antes que ir a una Gala de los Óscar o Ingres solo encontraba sosiego en su violín tras largas horas de intenso trabajo con los pinceles, Albert Einstein no podía concebir la vida lejos de su violín. Su amor por la música no dejaba dudas cuando decía:

«Si no fuera físico, probablemente sería músico. A menudo pienso en música. Vivo mis sueños en música. Veo mi vida en términos musicales. No puedo decir si habría podido hacer alguna pieza creativa de importancia en la música, pero sí sé que lo que más alegría me da en la vida es mi violín». En otra ocasión dijo: «Una mesa, una silla, un plato de fruta y un violín. ¿Qué más se necesita para ser feliz?»

La madre de Einstein, Pauline, tocaba el piano y transmitió a su hijo un profundo amor por la música, de hecho, Einstein empezó a recibir clases de violín y piano a la temprana edad de seis años e incluso llegó a componer alguna pequeña pieza. 

No es que fuera Einstein un grandioso instrumentista, pero sí lo suficientemente diestro como para regocijarse de la música en compañía de otros músicos tocando piezas de cámara. Sus compositores favoritos fueron Bach y Mozart en quienes encontraba una especie de perfección que para él más que divina era matemática. En cualquier caso, la anécdota que paso a contar le ocurrió ensayando un cuarteto de Haydn. 

Se cuenta que a Einstein le resultaba imposible entrar a tiempo en uno de los movimientos de la pieza que se encontraban ensayando. O se adelantaba o se atrasaba sin remedio. El director del cuarteto desesperado ante los continuos errores del gran genio de la física le increpó: 

—Albert, tienes un grave problema: ¡No sabes contar! 

Y seguro que Don Alberto, al que en aquellos menesteres de poco le servían los galardones recibidos a su inteligencia, agachó la cabeza y lo admitió.


Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público CC0

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