miércoles, 7 de enero de 2026

La mala pata de Jean-Baptiste Lully

 


Jean-Baptiste Lully fue el compositor que puso música a la fastuosa corte de Luis XIV. Dotado de tantas habilidades cortesanas como musicales, se granjeó la amistad del monarca con sus composiciones y su habilidad para el baile en los grandes salones de Versalles

Fue el creador tanto de la ópera francesa como de la tragedia lírica y como tal puede calificarse su muerte. En la época del Rey Sol todavía se encontraba muy lejana la liviana batuta que hoy usan los directores de orquesta.  Lully gustaba acompañar la dirección de su orquesta —La Bande des Petits Violons— con una partitura enrollada, pero en determinadas ocasiones lo hacía de forma más vistosa y solemne con un pesado bastón de dirección de casi dos metros de longitud con el que se ayudaba para marcar el compás de la música.

En 1687, Lully dirigió un «Te Deum» compuesto por él para el Rey que se encontraba convaleciente de una delicada operación. Para aquella señalada ocasión, en la que 50 músicos eran acompañados por 100 voces, el compositor hizo uso de su largo bastón para transmitir más energía a la dirección. Al golpear vehementemente el suelo en uno de los pasajes más difíciles de la obra tuvo la mala fortuna de impactar con el bastón en uno de sus pies, hiriéndose un dedo.

Todo parecía un incidente sin importancia y la obra acabó entre aplausos, pero pronto la herida se infectó. Su médico, el señor Alliot, temió lo peor y no tardó en confirmar el diagnóstico de gangrena, por lo que hubo de aconsejarle al compositor la amputación de la parte afectada como último remedio para salvarle la vida.  

Lully era un extraordinario bailarín que encontraba en la danza una de sus habilidades cortesanas, tanto que llegó a bailar con el Rey en el «Ballet de la nuit». Temiendo perder brillo y posición en la corte al no poder bailar, se negó imprudentemente a la intervención médica. Como era de esperar la enfermedad siguió su curso y dos meses después del incidente la muerte visitó a Lully a la edad de 54 años.  

Fue esa la única decisión en la que quizás Lully desafinó ostensiblemente. Él que era tan estricto a la hora de marcar el compás adecuado a cada ocasión perdió aquí la vida por no perder el pie.


Imagen: Restaurada por IA sobre la base de Imagen CC0 de Wikimedia Commons

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