Más allá del Partenón, uno de los atractivos de la Acrópolis
ateniense es el Erecteion, un santuario atribuido tradicionalmente a Mnesicles —aunque
algunas fuentes mencionan también a Filocles— que servía para el culto, entre
otros, a Atenea Polias, a Poseidón-Erecteo y a Hefesto. Los arquitectos
decidieron usar un recurso ya visto antes en Delfos utilizando figuras
femeninas como columnas para sustentar parte del templo; son las famosas
Cariátides relacionadas frecuentemente con el taller del escultor Alcámenes. Las sufridas esculturas llevaban desde el siglo V a. C. soportando estoicamente su carga hasta que
en 1979 fueron relevadas por copias y llevadas al Museo de la Acrópolis, salvo
una, retirada por el avispado Lord Elgin a comienzos del siglo XIX y conservada hoy en el
British Museum.
Esculpidas en mármol pentélico, los profundos pliegues verticales
del peplo dórico que visten las cariátides recuerdan a las estrías de las
columnas tradicionales y parecen portar una especie de cesto en su cabeza que
hace las veces de capitel.
Pero lo que de verdad las trae hoy por aquí es la posible
significación de su presencia en el templo.
Para algunos son la representación de las seis hijas de
Erecteo, uno de los reyes míticos y fundacionales de la ciudad, que en su
enfrentamiento con Eleusis entregó como sacrificio a una de sus hijas para
conseguir la victoria y vio morir después a otras de sus hijas, unidas por un
juramento de muerte. De ser así, los nombres de las seis cariátides, según una
tradición tardía, podrían ser: Protogeneia, Pandora, Procris, Creúsa, Oritía y
Ctonia.
Para otros tan solo son la representación de doncellas que
danzaban en honor de Artemisa Caryatis, haciendo gala de su equilibrio mientras
portaban sobre sus cabezas un cesto con ofrendas.
Pero puede que la más controvertida de las explicaciones sea
la más atrayente. Contaba el arquitecto Vitrubio, sobre el 20 a. C., que las
Cariátides no eran sino la representación de un castigo sin final. La ciudad de
Caryae, muy cercana a Esparta, se alineó con los persas durante las guerras
médicas. En uno de los lances del conflicto los griegos pasaron a cuchillo a
los varones de la ciudad y se llevaron a sus mujeres como esclavas,
convirtiéndolas, ya en mármol, en el incansable sostén de uno de los templos
más emblemáticos de la Acrópolis, en símbolo del castigo eterno de la traición
de su ciudad.
Pueden elegir la historia que más les seduzca, aunque no todas gocen del mismo respaldo entre los historiadores. Todas, eso sí, ofrecen un plus de magia para las doncellas que siguen de guardia en el Erecteion mirando el horizonte para siempre.