Se cuenta que en cierta ocasión, Arturo Toscanini, el
sensacional director de orquesta, advirtió que los músicos no estaban dando lo
mejor de sí mismos y el ensayo no respondía en absoluto a la idea que tenía en
su cabeza de cómo debía sonar la pieza a interpretar. No se le ocurrió otra
manera de "motivar" a los músicos que con una curiosa amenaza:
—¡Cuándo me
muera, me reencarnaré en portero de burdel y no dejaré entrar a ninguno de
ustedes!
Y por supuesto, los músicos —por si acaso— se pusieron
inmediatamente las pilas. Es esta una anécdota de tono humorístico que sirve
como excusa para recordar a uno de los más grandes directores de orquesta de
todos los tiempos. Toscanini era famoso por sus interpretaciones del repertorio
de Beethoven y Verdi y logró también mucho predicamento con el de Wagner,
llegando a ser el primer director no alemán en dirigir el Festival de Bayreuth.
Fue sin duda el primer director estrella, el primero que lograba, con su
presencia y magnetismo, darle un plus a la obra que dirigía, tal y como después
ocurriría, por ejemplo, con Herbert von Karajan.
Imagen: De Wikimedia Commons - CC BY SA-4.0

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