"Hacer películas es a
menudo pura miseria. Planificarlas es muy divertido. Rodarlas es más o menos
como subir a una montaña rusa de feria; apenas te atreves a imaginar lo que
vendrá después."
Son palabras atribuidas a Carol Reed, director de cine inglés ganador de un Oscar por «Oliver!» (1968), del que se cuenta que era un hombre extremadamente respetuoso con los actores que trabajaban en sus películas y que buscaba mil formas para conducir su trabajo sin herir sus sentimientos. A tal fin, el creador de títulos como «El tercer hombre» (1949), «Trapecio» (1956) o «Larga es la noche» (1947) disponía de argucias muy refinadas para conseguir sus propósitos sin traicionar su forma de ser. Uno de sus trucos más logrados, según cuenta César Bardés en su libro «Imprimir la leyenda» tuvo lugar durante el rodaje de «El tormento y el éxtasis» (1965), la película sobre la vida de Miguel Ángel en la que podemos disfrutar de un verdadero duelo actoral entre Charlton Heston y Rex Harrison. En una de aquellas escenas en las que ambos talentos se encontraban frente a frente, Carol Reed, que había impuesto un silencio absoluto a los presentes, no acababa de quedar satisfecho con cómo se desarrollaba la toma. De forma discreta sacó un clavo que llevaba en el bolsillo y lo dejó caer al suelo para gritar de inmediato:
—¡Corten! Tiene que haber
silencio, ya lo saben. Bueno, ya que de todos modos hemos parado... ¿les
importaría repetirla?
Y, por supuesto, aquel director genial, nunca suficientemente reivindicado, aprovechaba el
pequeño parón para dar las indicaciones necesarias a fin de conseguir la escena
tal y como él la había concebido.
Imagen: Tomada de la siguiente página

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