Se tiene al rey Menes, identificado generalmente con el faraón Narmer, por el unificador del Alto y el Bajo Egipto hacia el 3100 a. C., hecho del que se cree que dejó constancia en la famosa paleta de Narmer —en la imagen—. Con un origen tan remoto, toda la vida de Menes esta envuelta en un espeso manto de leyenda.
Cuenta Diodoro Sículo que en cierta ocasión Menes fue perseguido por sus propios perros que lo obligaron a huir hacia el Lago Moeris, cercano al Nilo. Acorralado entre los perros y el agua, vio con sorpresa cómo un enorme cocodrilo acudía en su ayuda, y dejándole montar en su lomo le llevaba a la orilla contraria, salvándole la vida. En agradecimiento, Menes habría creado toda una ciudad dedicada a estos animales que recibió el nombre de Cocodrilópolis, identificada con la antigua Shedet, donde se rendía culto a Sobek, el dios representado con cabeza de cocodrilo.
Con la protección simbólica del Dios Sobek, Menes emprendió numerosas obras de infraestructuras hidráulicas intentando amansar y controlar las crecidas del Nilo que fueron la admiración del mundo antiguo. Pero todo se puede torcer.
Había otra criatura en el Nilo todavía más temida que el cocodrilo. Si en el antiguo Egipto existía una posible representación del caos, este se encarnaba en el hipopótamo macho, una animal capaz de destrozar cultivos, hundir barcazas y provocar el desorden a su paso: Puede que por eso, como una muestra del poder del faraón y su control sobre las fuerzas de la naturaleza y el imperio del orden sobre el caos, se practicaran cazas rituales de hipopótamos. Al estilo de lo que haría Asurbanipal con los leones muchos siglos después.
Es tentador pensar que fuera en una de estas cacerías rituales donde un Menes que ya avejentado —llevaba sesenta y dos años en el poder— no pudiera responder al ataque de un hipopótamo que, tal como contaba Manetón mucho tiempo después, habría terminado arrebatándole la vida, hundiéndolo en las profundidades del Nilo, el rio que durante tantos años había intentado dominar.
Venció el caos, que, encarnado en un hipopótamo se impuso a la armonía que había creado Menes con la unificación de Egipto y el nacimiento de su primera dinastía. También se impuso de alguna manera al cocodrilo que en otro tiempo le había salvado la vida. El Nilo y sus moradores hicieron grande a Menes, y llegado el momento, simplemente se lo tragaron. El Nilo era quien de verdad gobernaba la vida y la muerte en Egipto.
Imagen: De Wikimedia Commons - CC BY SA-4.0

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