Aunque la opinión no sea unánime, son muchos los que consideran
que Grigory Sokolov es el mejor intérprete de piano vivo. Nacionalizado español
en 2022, Sokolov nació en 1950 en Leningrado —la actual San Petersburgo— y con
tan solo dieciséis años ya le gritó al mundo la enormidad de su talento al
ganar el prestigioso Concurso Chaikovski de piano. El jurado estaba formado por figuras de la
talla de Emil Gilels, Lev Oborin o Nadia Boulanger, lo que resulta una prueba
clara de que aquel premio no se ganó por casualidad.
Sin embargo, su carrera no despegó al nivel que se hubiera esperado de forma inmediata y solo décadas más tarde empezó a brillar frente a todos con la intensidad que merecía su talento, aunque eso sí, sin renunciar a ninguna de sus singularidades.
Sokolov ha declarado, en alguna de las poquísimas entrevistas que este esquivo pianista ha dado, que «Si pasan cinco días sin un concierto, me siento mal. No es mi estado normal». Lo que no quita que cada uno de esos conciertos, alrededor de setenta al año, sea un verdadero reto de preparación en el que cada detalle es estudiado al milímetro. Puede que en esta forma de afrontar sus actuaciones se encuentre la razón de que ya hace tiempo abandonara los conciertos con orquesta. El tiempo que el pianista consideraba indispensable para preparar la actuación desde el piano difícilmente casaba con el de las grandes orquestas.
Ahora solo da conciertos solistas, con un programa para toda
la temporada que parece atender más a lo que su estado vital de ese momento requiere
que a lo que el público espera. Y como él se lo guisa y él se lo come, los
puede preparar a su gusto, con un ritual que roza lo obsesivo y en el que debe
conocer hasta el más mínimo detalle del piano en el que va a tocar, dedicándole
horas previas de prueba para adaptarse a las particularidades del instrumento y
descubrir todos los secretos de su potencial sonoridad.
Cuando el concierto tiene lugar, suele tocar con unas luces
tenues que hacen que toda la atención se vuelque en el sonido y no en su
figura. En sus programas de conciertos son habituales las obras de Bach,
Chopin, Beethoven, Skriabin o Schumann aderezadas con otras de Rameau,
Couperin, Byrd o Froberger, lo que denota que, como su admirado Glenn Gould,
tiene debilidad por las piezas compuestas para clavecín y por interpretarlas
con la nueva sonoridad que les otorga el piano.
Se atribuye a Gustav Mahler la frase: «Todo está en la partitura menos lo fundamental». Una cita que se ajusta como anillo al dedo a Sokolov, un intérprete que es proclive a tocar determinadas obras de una manera totalmente diferente a como lo hacen otros pianistas, abriendo puertas a nuevas formas de entender piezas como la Sonata n.º 29 —Hammerklavier— de Beethoven o la Sonata n.º 7 de Prokófiev. No es algo caprichoso, sino fruto, aparte de incontables horas de estudio, de una sensibilidad especial y una poderosa personalidad musical.
Tan parco como resulta en palabras en sus rarísimas
entrevistas, sorprende su generosidad en el escenario, donde, a la finalización
del programa anunciado, es habitual que regale al público un bis tras otro,
hasta llegar a seis.
Ya hace bastantes años que no graba en estudio, de modo que
gran parte de sus registros son grabaciones en directo, en las que rechaza los
montajes de distintas tomas. El sonido podría ser mejor en un estudio, pero no es
tarea fácil encontrar un error en la ejecución en directo de este pianista que
muestra una seguridad apabullante ante el teclado.
El concierto es el momento sagrado para Sokolov. Según contó
su productora, Yolanta Skura, para la grabación de los preludios de Chopin pidió
hacerlo en un teatro iluminado como para un concierto. Por supuesto, durante
los tres días que duró la grabación acudió vestido de etiqueta, como si de una actuación
más se tratase. Parecía necesitar ese ritual y esa escenografía para dar lo
mejor de sí mismo. Genio y figura.
Para él, no hay verdad en la música como la de la
interpretación en directo, como la magia del presente que se desvanece al
instante, por mucho que una grabación aspire a recoger una atmósfera que es
inaprensible.
Imagen: Tomada de Wikimedia Commons - CC BY SA-4.0

No hay comentarios:
Publicar un comentario