«Yo fui el Marlon Brando de mi generación».
Son palabras que se atribuyen a Bette Davis, aunque siendo sinceros también podría haberlas dicho Brando al contrario. Así era de talentosa esta actriz, que curiosamente cuando llegó a Hollywood procedente de Broadway parecía no tenerlas todas consigo. Se cuenta que el relaciones públicas que fue a recogerla a la estación se volvió al estudio solo, alegando que «no había bajado del tren nadie que se pareciera lo más mínimo a una actriz». No tardaría en callar muchas bocas y pronto se llevó dos premios Óscar a la mejor actriz por «Peligrosa» (1935), un título que le venía como anillo al dedo y por «Jezabel» (1938) a la que pertenece la foto de arriba.
Para aderezar la leyenda es conveniente no olvidar las otras nueve veces en las que estuvo nominada para dicho premio. Alguno más de ellos debería haber sido suyo, el más evidente por su interpretación de Margo Channing en «Eva al desnudo», papel que me hace pensar siempre que veo la película en que consiste realmente ser una gran actriz. Y qué decir de «La Loba» o la tormentosa «¿Qué pasó con Baby Jane?» cuyo rodaje está repleto de jugosas anécdotas con su archienemiga Joan Crawford. Son actuaciones soberbias que quedaron —a juicio de muchos— sin su justo reconocimiento en los premios.
«Hollywood siempre me quiso para que fuese bella, pero yo luché por el realismo». Así de claro tenía Davis su papel en Hollywood. Era sin duda una actriz singular, que en la época dorada del cine, en un mundo en el que primaban las estrellas que brillaban por su belleza, logró hacerlo por sus dotes como actriz y convertirse en todo un mito.
Por supuesto eran legión sus admiradores. En cierta ocasión se celebró un homenaje a la actriz en el Ayuntamiento de Nueva York que recibió el nombre «Bette Davis en persona y en película» y en el transcurso del acto, la gran actriz recibió un inesperado y desconcertante cumplido de un niño negro de ocho años que le dijo solemnemente:
—«¡Señora Davis, cuando crezca quiero ser como usted!».
Una actriz temperamental, única, con sus luces y sombras. Solo ella podía decir:
«Soy la maldita mejor dama que ha existido».
Imagen: Tomada de Pinterest

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