Según contaba la propia actriz, cuando ya tenía unos añitos,
se presentó a una audición para un papel en la que debía tratar con un director
joven e inexperto que sabía poco de las grandes leyendas del cine de unos años
atrás. Bien acomodado en su sillón, se dirigió a la actriz y le preguntó:
—Bueno, señora Winters, recuérdeme qué es lo que ha hecho
hasta hoy.
La actriz, que ya estaba un poco de vuelta de tener que
tratar con las nuevas generaciones de aspirantes a director, era consciente de
que tenía un buen par de razones para conseguir el papel —no son las que
aparecen en la foto—, de modo que preparada como iba para impertinencias de
este tipo, echó mano a su bolso y sacó de él un reluciente Óscar que puso en la
mesa diciendo:
—Este es por «El diario de Ana Frank».
Para después volver a meter la mano en el bolso y sacar un
segundo Óscar, que tras poner junto al primero, le sirvió para completar la
presentación de sus referencias diciéndole:
—Y este, por «Un retazo de azul». Ahora, ¿por qué no me
dice qué es lo que ha hecho usted hasta hoy?
Por supuesto, Shelley Winters pasó la
prueba. La incombustible actriz estuvo trabajando intensamente durante sesenta
años, acumuló nominaciones y premios Óscar a lo largo de varias décadas. y se
mantuvo ante las cámaras de cine hasta la avanzada edad de 83 años, dos antes
de su muerte. Hay estrellas, que cuando lucen poderosamente se resisten a apagarse.


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