Clark Gable, o el "Caracable" como le decíamos de chicos, era casi tan gaditano como yo; de hecho nació en Cádiz y murió en San Fernando, con la diferencia de que ese Cádiz esta en Ohio y ese San Fernando es un valle a las afueras de Los Ángeles.

No cabe duda de que el papel que representó en "Sucedió una noche" es uno de los más importantes de su carrera, de hecho le valió un Oscar, y posiblemente solo es superado en el recuerdo colectivo por su Rhett Butler de "Lo que el viento se llevo", tal es así que el conocidísimo conejo Bugs Bunny está inspirado en algunos de sus detalles en el papel de Gable en aquella película. Más allá de la evidente referencia a sus orejas, esa afición que tiene el conejo por comer zanahorias apoyándose en una valla está inspirada por la escena en la que Clark Gable hace otro tanto en "Sucedió una noche"; por cierto la primera película que ganó los cinco premios principales (Oscar a mejor película, Director, actor y actriz principal y guion).
Nadie hubiese dicho en principio que Gable, el humilde hijo de un granjero que había sido inscrito como niña en su partida de nacimiento, iba a ser el terror de las nenas (no siempre cuentan algunos). Empezó vendiendo corbatas hasta que lo descubrió Irvin Thalberg, quien a pesar de no poder reprimir un "pero mira que orejas de murciélago tiene...." lo contrató para darle las primeras oportunidades de demostrar su talento, unos inicios en su carrera al estrellato que el supo reforzar con algún que otro matrimonio "aparentemente" de conveniencia con mujeres influyentes mucho mayores que él. Antes había sido rechazado por la Warner Brothers en la que los expertos dictaminaron "Tiene las orejas demasiado grandes. Como asas de botijo" e incluso el director Mervyn LeRoy fue abroncado por haberle hecho una prueba a "ese tío con cara de mono". Desde luego esas orejas de soplillo fueron siempre un problema y en más de una ocasión tuvieron que intentar replegarlas un poco con la ayuda de esparadrapo por detrás. Todo eso por supuesto nunca le importó a Bugs Bunny que las lucía con gran orgullo mientras saboreaba sus zanahorias, y si alguna conejita le decía algo al respecto le respondía con desparpajo: "Francamente querida, me importa un bledo"
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