domingo, 23 de agosto de 2020
El Concertino de Bacarisse: La pieza musical más bella de la historia
sábado, 22 de agosto de 2020
Groucho, Harpo y las toallas
En cierta ocasión. Groucho junto con su hermano Harpo, fueron invitados a una despedida de soltero en la que la fiesta se realizaba en un restaurante que tenía unos ascensores automáticos que se abrían directamente en el comedor de la celebración. Así, con la idea de hacer una entrada triunfal en la despedida y a modo de broma, decidieron desnudarse en el mismo ascensor y guardar la ropa en unas maletas, con lo que aparecerían completamente desnudos desde el ascensor a la fiesta. Con esa puesta en escena inicial la cosa solo podía ir hacia arriba. Pero las cosas ocurren no se sabe como y el caso es que se equivocaron de piso y aparecieron donde no debían, precisamente en el lugar donde la novia había organizado su despedida junto a un numeroso grupo de chicas. La cosa fue como se esperaba una verdadera sorpresa, pero en vez de risas, provocó gritos llamando a la policía y algún que otro desmayo. Groucho contaría de aquella situación, digna de una de sus películas:
"Así que corrimos en cueros de un lado para otro hasta que apareció un camarero con dos trapos de cocina. Bueno, en mi caso, una toalla de baño".
Imagen: La fotografía de Harpo Marx es cortesía de la estupenda página Doctor Macro. Enlazamos la fuente original:
https://www.doctormacro.com/Images/Marx%20Brothers/Annex/Annex%20-%20Marx%20Brothers_05.jpg
viernes, 21 de agosto de 2020
Las trece virtudes de Benjamín Franklin
“Sé amable con todos, sociable con muchos, íntimo con pocos, amigo de uno, y enemigo de nadie”
Era Benjamín Franklin un hombre prolífico en grandes citas como la anterior, el ejemplo del hombre ilustrado, comparable en cierto modo al gran Leonardo. Fue mucho más que un hábil político, periodista o el científico descubridor, entre muchos otros inventos, del pararrayos y las lentes bifocales. Era el decimoquinto hijo de una familia muy humilde y a pesar de la pobre educación que pudo recibir la compensó con creces con su gran curiosidad y un incansable ánimo por la lectura. Tras lograr el éxito y fortuna como impresor se dedicó a la ciencia, su verdadera pasión. Por eso, por ser un hombre hecho a si mismo, tiene un especial valor la lista de las 13 virtudes que Franklin consideraba que debía seguir una persona para alcanzar la perfección moral. En lo que casi parece un manual de autoayuda de esos que tanto éxito tienen en la actualidad, citó apenas dos de las virtudes cardinales (Justicia, Fortaleza, Prudencia y Templanza) y ninguna de las tres virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad), las suyas eran otras, las que ponemos a continuación:
1.- Templanza: “No comas hasta sentirte harto. No bebas hasta la ebriedad”.
2.- Silencio: “No hables sino lo que puede beneficiar a otros o a ti mismo; evita las conversaciones triviales”.
3.- Orden: “Ten un lugar para cada una de tus cosas. Ten un momento para cada parte de tu trabajo”
4.- Resolución: “Decídete a llevar a cabo lo que debes hacer; realiza sin falta lo que hayas decidido”.
5.- Frugalidad: “No hagas ningún gasto sino para hacer bien a otros o a ti mismo; es decir, no malgastes ni desperdicies nada”.
6.- Trabajo: “No pierdas nunca el tiempo; ocúpate siempre en algo que sea útil. Deshazte de todas las acciones innecesarias”.
7.- Sinceridad: “No uses engaños hirientes; piensa inocente y justamente y, si hablas, habla en concordancia”.
8.- Justicia: “No perjudiques a nadie, ni haciéndole daño ni omitiendo lo que es tu deber”.
9.- Moderación: “Evita los extremos. No guardes rencor por las injurias tanto como creas que lo merecen”
10.- Limpieza: “No toleres la falta de limpieza en el cuerpo, las vestiduras o la habitación”.
11.- Tranquilidad: “Que no te turben las naderías o accidentes corrientes o inevitables”
12.- Castidad: “Recurre rara vez al placer venéreo, y hazlo sólo por motivos de salud o procreación, pero nunca hasta sentirte harto o débil, y sin que llegues a afectar tu propia paz o reputación o de la otra persona”.
13.- Humildad: “Imita a Jesús y a Sócrates”.
Y como hombre metódico que era, se centraba cada semana en una de sus virtudes y a modo de autoexamen anotaba con un puntito en una tabla con entradas de las virtudes y días de la semana, las veces en que se había alejado de sus propósitos. A la siguiente semana abordaba una nueva virtud sin intentar olvidar la anterior, con el propósito último de lograr dejar toda la tabla sin anotaciones.
Y es que como decía el propio Franklin: “Un camino de mil millas se comienza con un solo paso”
Imagen: Tomada de Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0). Se enlaza la fuente original:
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Benjamin_Franklin_by_Joseph_Duplessis_1778.jpg
jueves, 20 de agosto de 2020
¿Se crearon los guantes de látex por una historia de amor?
En estos tiempos extraños que vivimos por el COVID-19, los guantes de látex se han convertido en una prenda habitual para muchos quehaceres cotidianos; lo que no es muy conocido es que este tipo de guantes nació de un acto de amor. Y es que allá por el año 1889, el famoso cirujano norteamericano William Stewart Halsted, uno de los padres de la cirugía moderna, estaba rendidamente enamorado de una de las enfermeras que le asistían en las intervenciones quirúrgicas que realizaba en el Instituto John Hopkins de Baltimore, la eficiente Caroline Hampton. Cuando Halsted reparó en las graves irritaciones de piel que sufría la enfermera motivadas por su especial sensibilidad a los líquidos con los que debía desinfectar el instrumental de las operaciones y como esa dermatitis le impedían acompañarle cuando operaba, no dudó en dirigirse a la empresa de neumáticos "Goodyear" y solicitarles que fabricaran unos guantes que protegieran las manos de la enfermera y que a la vez fueran tan finos como para que no entorpecieran su labor en la sala de operaciones, pudiendo seguir contando con su presencia y hábiles manos.
Aquellos primeros guantes fueron de color negro y siendo el Doctor una persona sensible, obligó a que fueran utilizados por todos los miembros del equipo de operación, él incluido, a fin de que la enfermera no se sintiera avergonzada por su dermatitis. Tras el uso continuado de estos amorosos guantes pudo detectar que el número de infecciones postoperatorias se redujeron de forma muy considerable por lo que su uso se difundió prontamente, convirtiéndose en prenda imprescindible en los usos médicos. Ni que decir tiene que el Doctor Halsted acabaría casándose con la enfermera de sus desvelos, la eficiente Caroline Hampton.
En la fotografía podemos ver el cuadro titulado "Una operación en el Hospital Militar, Endell Street" (1920) Obra de Francis Dodd. Se expone en el Imperial War Museum de Londres.
Imagen: Tomado de Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0). Se enlaza la fuente original:https://commons.wikimedia.org/wiki/File:An_Operation_at_the_Military_Hospital,_Endell_Street_-_Dr_L_Garrett,_Dr_Flora_Murray,_Dr_W_Buckley_Art.IWMART4084.jpg
El día que fusilaron a Dios
Los vaivenes ideológicos que trae consigo el devenir histórico llevan algunas veces a situaciones de lo más pintorescas y a veces hasta ridículas. En 1917 se celebró en Moscú uno de los juicios más curiosos de la historia, nada más y nada menos que "El Estado Soviético contra Dios" en el que se acusaba al Creador de "Crímenes contra la Humanidad", al entenderse que era el culpable de todos los males. El juicio en principio suponía un curioso reconocimiento de la existencia de Dios, aunque me supongo que lo valioso para la incipiente revolución rusa era el valor simbólico del acto.
El juicio estaba presidido por el Comisario de Instrucción Pública Anatoly Vasilievich Lunacharsky (1875-1933) y constaba de un jurado popular. La vista se prolongó durante cinco horas y en él se colocó una Biblia en el banquillo de los acusados. Los fiscales presentaron numerosas pruebas de culpabilidad basadas en testimonios históricos y en un alarde de teatralidad los defensores designados por el Estado soviético aportaron argumentos en favor de la inocencia de Dios. Su baza principal fue la petición de absolución por grave demencia y desarreglos psíquicos. Sin embargo, el tribunal dejó claro desde el principio que no aceptaría una petición de absolución debido a la extrema gravedad de los delitos juzgados. Al final Dios fue declarado culpable.
El 17 de enero de 1918, a las 6.30 horas de una gélida mañana, un pelotón de fusilamiento disparó cinco ráfagas de ametralladora contra el cielo de Moscú. La sentencia de muerte contra Dios se había cumplido.
En la fotografía se puede ver el famoso Cristo Crucificado (1632) de Diego Velázquez, una obra que se expone en el madrileño Museo del Prado.
Imagen: Tomada de Wikimedia Commons - Dominio Publico (CC0). Se enlaza fuente original:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cristo_crucificado.jpg
miércoles, 19 de agosto de 2020
Las "maldades" de Pablo Picasso
¿Qué relación tiene Jack Nicholson con "Tom y Jerry"?
martes, 18 de agosto de 2020
"La gran belleza" de Paolo Sorrentino
“El descubrimiento más importante que hice pocos días después de haber cumplido los 65 años fue que no podía perder el tiempo haciendo cosas que no quería hacer” (Jep Gambardella - La gran belleza)
Últimamente parece que siempre llego tarde a las grandes películas; también es verdad que a veces, la recompensa es mayor, como cuando se abre un buen vino que ya clamaba porque se le prestara atención. Uno lo paladea más despacio, con más atención. Había visto recientemente las magníficas series televisivas "El joven Papa" y su continuación "El nuevo Papa" ambas firmadas por Paolo Sorrentino y este parecía gritarme que me dejara de gaitas y me entregara de una vez por todas a "La gran belleza", la obra con la que el director napolitano había ganado el Oscar a la mejor película extranjera en 2013. El film empieza caminando por el alambre, pronosticando un visionado difícil, hasta que aparece Toni Servillo dando vida al elegante y cínico Jep Gambardella, un personaje maravilloso que atrapado en un mundo artificial y efervescente de fiestas supuestamente divertidas, está siempre buscando la belleza y lo ridículo en los momentos más simples, escudriñando la realidad, quien sabe si buscando inspiración para su proyectada novela o respuestas con las que intentar comprender el absurdo mundo en el que vive. Así, el bon vivant Jep Gambardella lucha por zafarse en sus solitarios paseos por Roma de la vacuidad de las relaciones a las que voluntariamente se ha sometido y dotado de una sensibilidad a flor de piel para el detalle, busca con ojos muy abiertos la poesía y la belleza en cada instante. La noticia de la muerte de un amor de juventud y el saber que ella nunca le olvidó, le reconcilia con su pasado y le muestra un nuevo camino a sus sesenta y cinco años, a esa edad en la que según el mismo sentencia ya no puede perder el tiempo haciendo cosas que no quiere hacer. Ahora quiere entregarse de nuevo a la gran belleza del recuerdo de un tiempo que ya no es. Ahora quiere escribir.
Algunas citas de la película dignas de recordar:
“Termina siempre así, con la muerte. Pero antes, hubo vida. Escondido debajo el bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí, es sólo un truco” (Jep Gambardella)
“Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia." (Jep Gambardella)
"Me he pasado todos los veranos de mi vida haciendo planes para septiembre, pero ya no, ahora me paso los veranos recordando los planes que hacia y que se han desvanecido, un poco por pereza y otro poco por olvido. ¿Qué es lo que tenéis contra la nostalgia eh? Es la única distracción que nos queda a los que no tenemos fe en el futuro. La única. Sin la lluvia, agosto se termina y septiembre no empieza. Y yo soy muy ordinario, pero no hay que preocuparse. Esta bien, esta bien así." (Romano - Carlo Verdone)
Imagen: La fotografía está tomada de Flickr donde figura con licencia (CC BY-NC 2.0). Se enlaza la fuente original:https://www.flickr.com/photos/unia/18921688400/
lunes, 17 de agosto de 2020
Cuando éramos niños - Mario Benedetti
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.
ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
El poema "Cuando éramos niños" es obra de Mario Benedetti y para acompañarlo hemos elegido la fotografía "Remy escuchando el mar" (1955) de Edouard Boubat.
Imagen: La fotografía está tomada de los fondos de Wikimedia Commons donde figura con licencia (CC BY-SA 3.0) Enlazamos la fuente original:https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Remi_%C3%A9coutant_la_mer,_Edouard_Boubat,_Paris,_1995.jpg
domingo, 16 de agosto de 2020
Schopenhauer y los aplausos
"Las relaciones cotidianas son tales que con la mayor parte de nuestros buenos conocidos no volveríamos a intercambiar una sola palabra si oyésemos lo que dicen de nosotros en nuestra ausencia"
Puede que estas palabras de Arthur Schopenhauer arrojen un poco de luz sobre los motivos que le llevaron poco a poco a potenciar su tendencia a la soledad. Pesimista como era, rara vez se dejaba llevar por el entusiasmo, pero cuando entregó a su editor la obra "El mundo como voluntad y representación" (1819), en la que había trabajado durante cinco largos años y en la que pretendía desentrañar, nada menos, que el enigma de la existencia, acompañó el manuscrito de una nota que decía: "Este libro será en tiempos venideros fuente y ocasión para un centenar de otros libros".
Años después, cuando los editores le informaron que de la primera edición prácticamente toda ella se había usado para reciclar papel al resultar invendida, Schopenhauer no se inmutó demasiado y consciente del valor de la obra, que a la postre sería la más valorada entre las suyas, les contestó en un arranque de orgullo:
"¿Se sentiría halagado un músico por los aplausos de una audiencia si supiera que casi todos eran sordos?"
Con el tiempo fueron muchos los que empezaron a oír con claridad sus palabras y su pensamiento resultó crucial en la obra de personajes de la talla de Tolstoi, Bergson, Nietzsche, Freud, Mann, Jung, Einstein, Wittgenstein, Proust, Borges, Baroja, Cioran, Beckett, Unamuno y tantos otros. Los dioses del pensamiento le aplaudían sin reservas y llegó a conocer la fama en sus últimos años, una notoriedad a la que él respondió alejándose del mundo todavía más.
En el retrato (obra de Ludwig Sigismund Ruhl) podemos ver a un joven Schopenhauer (1815), de la época en la que escribió la obra a la que hacemos referencia en la anécdota y muy alejado de la visión clásica que tenemos del pensador como un señor de avanzada edad y pelo maravillosamente desordenado.
Imagen: La fotografía está tomada de Wikimedia Commons donde figura como Dominio Público (CC0). Se enlaza la fuente original:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Arthur_Schopenhauer_Portrait_by_Ludwig_Sigismund_Ruhl_1815.jpeg
sábado, 15 de agosto de 2020
El templo de Artemisa, Eróstrato y la fama
"He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande"
Tal era la fama del templo, centro de peregrinación de adoradores y viajeros, que un pastor llamado Eróstrato decidió trasladar la fama del propio templo a su persona de la forma más deleznable posible, destruyéndolo mediante un incendio por él provocado. Artajerjes, antes de ordenar su muerte, sometió a tortura al pastor para saber las motivaciones de tan vil acto y sólo así llegó a saber que el único fin que buscaba con destruir el templo era dejar su nombre en la memoria de todos, que el eco de su nombre quedara para la posteridad incluso después de muerto. Ante estas intenciones se intentó borrar su nombre de la historia, se prohibió incluso bajo pena de muerte el dar noticia de su persona, y sin embargo este logró finalmente su propósito y su eco en la historia, el mismo que el de magnicidas y otros sujetos que son capaces de cualquier cosas por sus cinco minutos de gloria, ha perdurado hasta hoy. En nuestros días, bajo el nombre de Complejo de Eróstrato se define el trastorno de intentar sobresalir a toda costa. En sus formas más livianas parece que hoy casi nadie está a salvo del mismo, en un mundo este en el que todos exponemos tan alegremente parte de nuestra intimidad por un simple "like" en la red. Y así, Eróstrato, 2500 años después, tal y como él deseaba cuando prendía fuego al templo, no deja de ser un personaje de absoluta actualidad.
En la fotografía puede verse una reproducción reducida del Templo de Artemisa construida en época moderna en Estambul.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Miniaturk_009.jpg
viernes, 14 de agosto de 2020
De cuando "El Padrino" cambió a la Mafia
Nunca se sabe qué efectos puede provocar en la sociedad una película de gran éxito, qué cambiará en la forma de vestir, en la de hablar o en la de comportarse de aquellos que la vieron. Si la película es tan reverenciada como cada una de las que componen la trilogía de “El Padrino” todo puede ocurrir.
Según se cuenta, la mafia puso muchas objeciones a que se llevara a la pantalla la historia que Mario Puzo había escrito y que había resultado todo un bestseller, de hecho una de sus imposiciones fue que en el transcurso de las tres películas no se mentara el nombre de “Mafia”, lo que no se esperaban es que la trilogía de Francis Ford Coppola fuera a tener un efecto beneficioso para la organización. Cuando las películas fueron asimiladas por el gran público dio lugar a que entre los sociólogos se hablara de una curiosa novedad: “El efecto El Padrino”, y es que las películas recogían multitud de antiguas tradiciones de la mafia que poco a poco se habían ido perdiendo y que volvieron a ponerse de moda entre los estratos más bajos de las organizaciones. Los capos se sorprendían gratamente cuando observaban que sus jóvenes “soldati” volvían a llamarles de “Don” y que no sentían ningún reparo en acercárseles y besarles la mano en muestra de respeto, e incluso amoldaban su vocabulario al de la película, resultando que a partir de las mismas el matar a alguien con un disparo en el ojo se convirtió en “El especial Moe Greene”. Lo que no sabemos es si los capos se aficionaron también a tener gatos entre sus brazos mientras hacían ofertas... imposibles de rechazar.
Imagen: La fotografía ha sido tomada de Flickr donde figura con licencia (CC BY 2.0). Se enlaza la fuente original:
https://www.flickr.com/photos/kodisto/38537781720/in/photostream/
jueves, 13 de agosto de 2020
Los riesgos de ser actor en la Roma Imperial
Durante la época imperial, Roma estaba ávida de
entretenimientos y más allá de los consabidos espectáculos de carreras de
cuadrigas y luchas de gladiadores, el teatro, siguiendo la estela griega,
ocupaba un lugar de honor. Entre sus estrellas más rutilantes estaban Clodio
Esopo, Roscio, Batilo de Alejandría, Mnéster o Pílades, actores que concitaban
grupos de rendidos admiradores al estilo de los actuales. El éxito los podía
colocar en lo más alto, al lado del emperador, con todos los privilegios que
ello suponía, pero estar en la cima convertía su profesión en un oficio de alto
riesgo, de hecho, actuar ante el emperador podía llegar a costarles
literalmente la vida si no obtenían el aplauso. Existe constancia escrita de
que Augusto condenó a pena de azotes a más de cincuenta actores, los desmedidos
Calígula (en la foto) y Nerón llegaron a desterrar compañías enteras y el
aparentemente moderado Claudio mandó decapitar a seis actores porque sus
comedias le resultaron insufribles. Me temo que más de una de las estrellas que
rondan las carteleras actuales no habrían durado mucho en Roma y no negaré que yo, al menos, me sentiría tentado de mandar a alguno una temporadita a galeras.
Imagen: La fotografía está tomada de los fondos de Wikimedia Commons donde figura como Dominio Público (CC0). Se enlaza la fuente original:
https://es.wikipedia.org/wiki/Cal%C3%ADgula#/media/Archivo:Caligula_Ny_Carlsberg_Glyptotek_IN1453.jpg
Sigmund Freud y la "camaradería" de la Gestapo
miércoles, 12 de agosto de 2020
Bette Davis y la muerte
martes, 11 de agosto de 2020
Fragmento de "La balada de la cárcel de Reading" - Oscar Wilde
"Destruimos siempre aquello que más amamos
en campo abierto, o en una emboscada;
algunos con la ligereza del cariño
otros con la dureza de la palabra;
los cobardes destruyen con un beso,
los valientes con la espada"
Hermoso fragmento de "La Balada de la cárcel de Reading" de Oscar Wilde. La traducción es muy libre y en los primeros versos alejada del original que leo en algunas traducciones y que dice así:
"Y todos los hombres matan lo que aman,
que lo oiga todo el mundo,
unos lo hacen con una mirada amarga,
otros con una palabra zalamera;
el cobarde lo hace con un beso,
¡el valiente con una espada!"
"Un bel dí, vedremo" - Madame Butterfly
La opera no es plato de agrado para la mayoría, pero incluso sus más acérrimos detractores suelen rendirse ante la suprema belleza de algunas de sus arias. Es lo que ocurre con "Un bel dì, vedremo", un aria perteneciente a la ópera "Madama Butterfly" de Giacomo Puccini. Es sin duda el aria más famosa de esta sensacional opera y en ella Butterfly ("Cio-Cio-San"), una joven geisha que se ha casado con un teniente de la marina un tanto egoísta y cobarde, el señor Pinkerton, le expresa a su criada Suzuki la esperanza de que su marido regrese después de que hayan pasado ya tres años desde su marcha. Para todos es evidente la desfachatez del marinerito, pero ella sigue contando las horas, inocente y obstinada en su amor. La canción no es más que una recreación de cómo imagina Cio Cio San ese encuentro feliz, una Penélope oriental que no deja de tejer sueños en su mente. Poner más palabras es retardar el disfrute de la obra así que os dejo la letra traducida y pasamos a oírla en la voz de Angela Gheorghiu, una de las grandes voces actuales (que no es bueno quedarnos siempre en María Callas y dejar todo lo demás de lado)
Un bello día veremoslevantarse un hilo de humo
en el extremo confín del mar.
Y después aparece la nave.
Y después la nave es blanca.
Entra en el puerto, truena su saludo.
¿Ves? ¡Ha venido!
Yo no voy a buscarlo, yo no.
Me pongo ahí, en lo alto de la colina
y espero, espero mucho tiempo.
Y no me importa la larga espera.
Y, salido de entre la multitud de la ciudad,
un hombre, un pequeño punto,
sube por la colina.
¿Quién será?, ¿quién será?
Y cuando esté aquí,
¿qué dirá?, ¿qué dirá?
Llamará: - Butterfly- desde lo lejos;
yo sin responder.
Estaré escondida.
Un poco por bromear,
y un poco por no morir
al primer encuentro.
Y él, un poco ansioso,
llamará, llamará;
“Pequeñita, mi pequeña esposa, perfume de verbena”,
los nombres que solía llamarme.
Todo esto sucederá,
te lo prometo.
Guárdate tus temores,
¡yo con segura fe lo espero!"
https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Leopoldo_Metlicovitz,_1904_-_Madama_Butterfly.jpg
lunes, 10 de agosto de 2020
El indomable Robert Mitchum
Más allá de los papeles que hacía en el cine, Robert Mitchum tenía fama de tipo duro en Hollywood y ciertamente lo era, no en vano tuvo una juventud muy dura, en la que vagabundeo en trenes por todo el país y en la que tuvo que ganarse la vida como bien pudo ya fuera como portero de cabaret, estibador, minero y hasta boxeador profesional (llegó a disputar 27 combates en pesos pesados). Quizás por todo ese equipaje de vivencias tenía un aura especial para las actrices, cansadas de tanto melifluo guapetón y por supuesto no era un actor fácil para manejarlo como una marioneta.
Se cuenta que un director de cine poco avisado, en la primera película que rodó con Robert Mitchum, lo quiso meter en cintura y antes de empezar a rodar le soltó:
-Le advierto querido Mitchum, que yo no soy dueño de mis nervios. Cuando me enfado con un actor, le insulto, aunque sea de la talla de usted. Claro que el enfado se me pasa muy pronto y quedo tan amigo como antes.
Mitchum me supongo que sin descomponer en absoluto el gesto le regalaría una de esas miradas suyas cargadas de ironía y le replicó:
- Es una curiosa coincidencia. A mí los nervios se me alteran también facilmente. En cuanto me dicen algo desagradable me lío a puñetazos. Claro que el enfado se me pasa también en seguida y entonces, lo primero que hago es ir a la clínica a ver a mi víctima.
El rodaje seguro que fue como la seda; de hecho, a pesar de parecer no hacer nada en pantalla Mitchum era un actor metódico que se preparaba sus papeles a conciencia, resultando un actor muy apreciado por todos los directores. No es de extrañar que el propio Mitchum, que nunca se dio mucha importancia, dijera de si mismo:
“He interpretado todo, excepto a enanos y a mujeres. La gente no es capaz de decidir si soy el mejor actor del mundo o el peor. De hecho, yo tampoco. Se ha dicho que minimizo tanto que podría haberme quedado en casa. Pero debo ser bueno en mi trabajo. Si no, no me llevarían a rastras por el mundo a esos precios”
domingo, 9 de agosto de 2020
El violín de Ingres, Stendhal y Man Ray
Ingres, además de un maravilloso pintor, fue un gran aficionado a la música y un adelantado violinista. En determinados momentos llegó a ser segundo violinista de la Orquesta del Capitolio de Toulouse e incluso tuvo la oportunidad de tocar en recitales organizados por el más grande de los violinistas, el incomparable Niccoló Paganini. En cualquier caso, el violín no dejaba de ser un pasatiempo para Ingres, una distracción para relajar la tensión de su verdadera vocación, la pintura. Y así, para hacer referencia a una afición paralela a la vocación principal, se utiliza la expresión "El violín de Ingres". Un ejemplo claro serían Einstein, que también tocaba el violín para olvidar los números o Woody Allen con su clarinete para alejarse momentáneamente de sus películas.
Ingres tenía como compositores predilectos a Beethoven y a Bach y tenía la manía de desconfiar de aquellos que no amaban la música, es más, no era propenso a admitir entre sus amigos a aquellos que renegaran de Beethoven o Bach, figuras que consideraba sagradas. En cierta ocasión, llegó incluso a romper sus relaciones de amistad con Stendhal, el famoso escritor de "Rojo y negro" o "La cartuja de Parma" por dicho motivo. Y es que al bueno de Stendhal (seudónimo de Henry Beyle), durante una conversación con Ingres no se le ocurrió otra cosa que decir que a Beethoven le faltaba melodía.
Cuando terminó el encuentro, Ingres indicó de forma rotunda a su sirviente:
- Si vuelve este señor le dices que no estoy en casa. para él ya no estaré nunca más.
La fotografía de cabecera es la famosa obra de Man Ray titulada "El violín de Ingres" (1924) y la modelo es Lee Miller. El fotógrafo tuvo sin duda una visión totalmente diferente de los entretenimientos que puede ofrecer un violín y la forma en que debe ser tocado.
Imagen: La fotografía está tomada de Flickr donde figura con licencia Creative Commons (CC BY 2.0). Se enlaza la fuente original:
https://www.flickr.com/photos/60378497@N02/5528810655
Hay gentes que lo poseen todo: Jean Cocteau
Imagen: La fotografía está tomada de los fondos de Wikimedia Commons dónde figura etiquetada como Dominio Público (CC0). Se enlaza la fuente original:
https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Cocteau_1923.jpg
sábado, 8 de agosto de 2020
Molière y la virtud
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Pierre_Mignard_-_Portrait_de_Jean-Baptiste_Poquelin_dit_Moli%C3%A8re_(1622-1673)_-_Google_Art_Project_(cropped).jpg
viernes, 7 de agosto de 2020
Chopin y las musas
La música de Chopin parece tocada por la mano de los dioses. Sus nocturnos, polonesas, valses o mazurkas son preciosas obras de orfebrería musical, perfectas en cada silencio y en cada nota, unas notas que a veces resultan aparentemente tímidas o cargadas de emociones y otras agitadas por un frenesí sonoro pleno de efervescencia. Todo parece espontáneo, rebosante de una falsa sencillez que difícilmente oculta el arduo trabajo que hay tras cada vaivén de las notas. La relación del músico polaco con las musas era chispeante y fluida, pero tras el primer esbozo de la idea de una nueva obra trabajaba sobre la misma de forma incansable y agotadora. Así nos lo cuenta, George Sand, la que fue su compañera sentimental durante varios años:
"Su creación era espontánea y milagrosa. Encontraba sin buscar, sin preverlo. Llegaba a su piano de manera súbita, completa, sublime, o cantaba en su cabeza durante un paseo, y se impacientaba por tocarla para sí mismo. Pero luego comenzaba la labor más estremecedora que jamás haya visto; una serie de esfuerzos, de vacilaciones y de angustias por volver a capturar ciertos detalles del tema que había oído; aquello que había concebido como un todo, lo analizaba demasiado cuando deseaba escribirlo, y su remordimiento al no volver a encontrarlo, en su opinión, claramente definido, lo sumía en una especie de desesperación. Se encerraba en su cuarto durante días, llorando, caminando, rompiendo sus plumas, escribiéndolo y borrándolo una y otra vez, y recomenzando al día siguiente con una perseverancia minuciosa y desesperada. Se pasaba seis semanas en una sola página para escribirla finalmente tal como la había anotado la primera vez."
En el Olimpo de la Música hay muchos dioses, pero cuando hablamos del piano, Chopin es uno de los más poderosos. En la foto de cabecera podemos ver el monumento "Chopin al piano y su musa" (1906), una maravillosa obra en mármol de Jacques Fromment-Meurice que adorna el parisino Parque Monceau. La mujer que abandonada a las emociones descansa a los pies de Chopin, mientras la velada musa arroja sus flores sobre el compositor, es una perfecta representación del poder de su música, del placer inmenso de cerrar los ojos y dejarse llevar por un universo sonoro sin igual.
Y evitando los nocturnos, sirva de ejemplo este Vals Op. 64.2 tocado por Valentina Lisitsa:
Imagen: La fotografía es obra de Guillaume Jacquet y esta tomada de Wikimedia Commons, donde figura como Dominio Publico (CC0). Se enlaza la fuente original:
https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Parc_Monceau_20060812_Frederic_Chopin.jpg
jueves, 6 de agosto de 2020
"El lobo estepario" de Hermann Hesse
El fragmento pertenece a "El lobo estepario" (1927), obra del escritor Hermann Hesse. El libro fue creado en una época de profunda tristeza para el literato; tras casarse, abandonó a su esposa a las pocas semanas y abrumado por la dificultad psicológica que sentía para relacionarse con el mundo exterior, se vio abocado a un creciente aislamiento que le atormentaba, sentimientos que vuelca en las experiencias de Harry Haller, el protagonista de la obra.
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miércoles, 5 de agosto de 2020
Bukowski: "Hola y adiós"
martes, 4 de agosto de 2020
Carl Gustav Jung describe nuestra mente
Imagen: La imagen esta tomada de Flickr donde figura con etiqueta Creative Commons → (CC BY 2.0). Se enlaza la fuente original
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lunes, 3 de agosto de 2020
Los problemas de Beethoven con su aseo
https://es.wikipedia.org/wiki/Copying_Beethoven#/media/Archivo:Beethoven.jpg
domingo, 2 de agosto de 2020
"Her" o el amor virtual
https://www.flickr.com/photos/thiagomartins/12023599805
sábado, 1 de agosto de 2020
Homenaje a Alan Parker (D.E.P.)
Imagen: Tomada de Wikimedia Commons - (Autora Lisa Moran Parker) . Etiquetada como (CC BY-SA 1.0) Enlazamos la fuente original:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Alan_Parker_(Director),_London,_2012_(cropped).jpg



























