miércoles, 20 de enero de 2021

Bécquer, el poeta más gamberro de España

 

"Lo milagroso, y no ya curioso, consiste en cómo de un hombre vago y orgulloso, borracho y putañero, sucio y enfermo, carca y oportunista, pretencioso y venal, puede surgir una poesía en la que todos nos sentimos a una porque a todos nos levanta a una especie de pureza"

Si nos preguntaran por el poeta al que definen estas palabras no serían pocos los que pensarían en Charles Bukowski y, sin embargo, así fue como retrató el escritor Gabriel Celaya a nuestro romántico Bécquer en la biografía que le dedicó al poeta sevillano. A veces el tiempo termina distorsionando hasta lo indecible la verdadera personalidad de las figuras que encumbramos y sobre el poeta sevillano, que se llamaba en realidad Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida ("Bécquer", de lejana ascendencia flamenca, era el segundo apellido de su padre) hemos lanzado toneladas de azúcar ayudados por el romanticismo de sus poemas. Sin embargo, las referencias a su modo de vida nos llevan a un retrato mucho menos idealizado del poeta. A las puertas de su muerte incluso pedía que quemaran sus cartas porque le supondrían una segura deshonra póstuma. Más allá de escribir algunos artículos periodísticos y garabatear grafitis con su nombre en las portadas de los templos, como el presente en la soberbia portada del toledano Convento de San Clemente, posiblemente tras una noche de juerga, su poesía no fue publicada de forma coherente hasta después de su muerte. 

La única obra de Bécquer que alcanzó en cierta manera el éxito en vida del poeta fue aquel indefinible y pornográfico "Los Borbones en pelota" que, por razones más que obvias, no pudo firmar con su nombre y sólo fue accesible en círculos muy minoritarios. Aunque hay quien atribuye la obra a Francisco Ortego, para la mayoría de estudiosos, esta gamberra sátira del poder y sus excesos, fue realizada por Bécquer junto a su hermano, el pintor Valeriano (autor del retrato del inicio) y conjugaban a la perfección imágenes de lo más procaces con textos ideados por el poeta. La protagonista era Isabel II, que con su incontenible apetito sexual quedó retratada como ninguna otra reina: "Sentada está en su poltrona, con su chulo, cetro y corona" e incluso la mostraban practicando sexo con un burro e ilustraban esa procaz imagen de zoofilia con las palabras "Por probar de todo... de tirarse a un pollino encontró el modo". La nobleza y el clero no salían mejor parados en las orgiásticas imágenes de una obra inconcebible en la pacata sociedad española de aquel tiempo. Suerte tuvo nuestro admirado Bécquer de que no descubrieran a los autores; no dudo de que el castigo hubiese sido ejemplar y nos habríamos visto privados de sus "Rimas y leyendas".  

Pero más allá de estas salidas de tono, sus poemas no alcanzaron la fama merecida; en eso Bukowski tuvo más suerte. La gloria que tanto ansiaba le resultaba esquiva y así, en su agonía le decía a sus amigos: "Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo". Murió con tan solo 34 años, posiblemente de tuberculosis, aunque también hay quien especula con que la causa fuera la sífilis. Sus últimas: "Todo mortal" no resultaban extrañas en un poeta que dedicó más de una de sus creaciones a la muerte, incluso en uno de sus poemas habla de su propio final y del recuerdo que podría quedar de su persona, palabras que sirven para cualquiera de nosotros:  

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración, al oírla,
¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
¿quién vendrá a llorar?

¿Quién en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo
quién se acordará?

Y sin embargo, los amigos de Bécquer, retratado arriba en 1865, sólo cinco años antes de su muerte, le hicieron caso y póstumamente publicaron una compilación de sus versos y escritos, acción con la que en poco tiempo, Bécquer se convirtió en uno de los pilares de la poesía de nuestro país, tanto como para que, sorprendentemente, este hombre que no hacía mucho ridiculizaba de forma inmisericorde a la Corona, al clero y a la nobleza en un País como el nuestro, y reivindicado solo por la calidad de su poesía, terminara apareciendo hasta en los billetes de 100 pesetas. No deja de ser curioso que el verdadero "enfant terrible" de nuestras letras sea el aparentemente melifluo Bécquer, ese que con sus golondrinas y sus arpas es ahora lectura obligada en los colegios, el mismo que escribía: 

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Imágenes: De Wikimedia Commons -  Imagen 1 - Imagen 2 -Dominio Público (CC0)- Imagen 3 (CC BY-SA 4.0)

martes, 19 de enero de 2021

Fernando Pessoa y las ficciones sociales

 

“El verdadero mal, el único mal, son las convenciones y las ficciones sociales superpuestas a las realidades naturales; desde la familia al dinero, desde la religión al Estado: todo. Se nace hombre o mujer quiero decir: se nace para ser, ya adulto, hombre o mujer; en buena justicia natural uno no nace ni para ser marido ni para ser rico o pobre, como tampoco nace para católico o protestante, portugués o inglés. Uno es todas esas cosas en virtud de las ficciones sociales. Y las ficciones sociales son malas.”

El fragmento pertenece a "El banquero anarquista" una obra escrita por Fernando Pessoa en 1922. El retrato del escritor es del pintor portugués Bottelho.

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC BY-SA 2.0) - Fuente Original

lunes, 18 de enero de 2021

El perro de Alcibíades y los trucos de la política



Los personas con poder son amigas de las cortinas de humo para ocultar sus debilidades o sus excesos; y es que desviar la atención es sin duda la mejor opción cuando no se tiene otra defensa. Alcibíades, el gran estadista y general griego, era sin duda un maestro en esas lides. 

Alcibíades,  que tuvo como tutor a Pericles y como maestro a Sócrates,  pronto se convirtió en un gran orador de brillante futuro que también destacó como estratega en el campo de batalla. Según Plutarco, el problema de Alcibíades era que tenía tanto talento, predisposición al estudio y buena educación como sobresaliente era su deslealtad, su falta de escrúpulos y su rendida entrega a los placeres. No son raros los cuadros, como el que colocamos al final (obra del pintor ruso Henryk Siemiradzki), que representan a Alcibíades siendo rescatado por Sócrates de casas de placer. El filósofo procuró siempre llevarle por el camino de la virtud y alejarlo del vicio y la corrupción pero con escaso éxito, pues al mínimo despiste de Sócrates su alumno volvía a las andadas. De hecho hay quien apunta que cuando llegó la muerte de Alcibíades, tras el incendio de su casa y ser asaeteado con flechas, el motivo fue un problema de faldas. Incorregible el muchacho, como supongo pensaría Sócrates en más de una ocasión.

Pero de lo que queríamos hablar es de las argucias políticas de Alcibíades Clinias Escambónidas (450-404 a.C.) que es el nombre completo de nuestro protagonista. Al tiempo de ostentar responsabilidades políticas y encontrándose cuestionado, Alcibíades compró por un alto precio un hermoso perro que lucía una llamativa cola. Se paseaba con el can por toda la ciudad y este era motivo de comentario de todos, sin embargo, no tardó Alcibíades en hacer que le cortaran al perro su lustrosa cola y cuando se paseó de nuevo con el animal, ahora visiblemente mutilado en parte de su hermosura, los comentarios arreciaron y el pueblo fue muy crítico con el incomprensible acto cometido por el político con su pobre perro. Cuando sus amigos se lo reprocharon y le pidieron una explicación, Alcibíades se limitó a contestarles, muy tranquilo y risueño que era precisamente eso lo que buscaba, que los atenienses se dedicaran a criticar que le hubiera cortado la cola a su perro y mientras tanto se olvidaran de cosas peores y de investigar y cuestionar su proceder político. Ayer como hoy. Nada nuevo bajo el sol.


El busto de Alcibíades pertenece a la colección de los Museos Capitolinos de Roma y es una copia romana de un original griego.

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domingo, 17 de enero de 2021

Cary Grant, Billy Wilder y el mérito de no tener un Oscar

 

Aunque eran buenos amigos, Billy Wilder nunca logró incluir en una de sus películas a Cary Grant y ello a pesar de las grandes dotes para la comedia que tenía el actor. A Wilder no le faltaban los elogios para Grant:

"Era bueno, muy bueno. No se le escapaba una. Nunca tuvo el premio (de la Academia). Le dieron un Oscar especial... pero es una idiotez, porque los actores que suelen hacer protagonistas, para obtener un premio tienen que cojear o hacer de retrasados. Nunca ven al tipo que se esfuerza al máximo y consigue que parezca fácil. No les basta con que abra un cajón con elegancia, saque una corbata y se ponga una chaqueta. ¡Hay que sacar una pistola! Hay que sufrir. Ésas son las normas por las que se rigen los 4.500 miembros de la Academia".

Y es que cuando uno repasa la lista de los grandes actores y actrices que nunca ganaron un Oscar (excluidos los honoríficos a toda una carrera), uno no sabe en que lista es más meritorio aparecer. Ya lo decía Monty Clift que nunca consiguió uno: "Hay algo gracioso en los Oscar. Ni Greta Garbo ni Chaplin lo han ganado nunca, así que creo que el verdadero mérito es no tenerlo".  El bueno de Cary Grant era uno de ellos además de Richard Burton, Barbara Stanwyck, Robert Mitchum, Lauren Bacall, Kirk Douglas, Deborah Kerr, Edward G. Robinson, Joseph Cotten, Peter O’Toole, Marlene Dietrich... y mejor paramos.



Imágenes: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Imagen 1 - Imagen 2

sábado, 16 de enero de 2021

Las verdades de Cyrano de Bergerac - Edmond de Rostand



- CYRANO. ¡Mi elegancia va por dentro y no me acicalo como un ganapán cualquiera! Aunque parezca lo contrario, me compongo cuidadosamente, más que por fuera. No saldría a la calle sin haber lavado, por negligencia, una afrenta; sin haber despertado bien la conciencia, o con el honor arrugado y los escrúpulos en duelo. Camino limpio y adornado con mi libertad y mi franqueza. Encorseto, no mi cuerpo, sino mi alma, y en vez de cintas uso hazañas como adorno externo. Retorciendo mi espíritu como si fuese un mostacho, al atravesar los grupos y las plazas hago sonar las verdades como espuelas.

- LE BRET. Si olvidases tu alma mosquetera, podrías conseguir gloria y fortuna... 
- CYRANO. ¿Y qué tendría que hacer? Buscar un protector, tomar un amo, y como una hiedra oscura que rodea un tronco lamiéndole la corteza, subir con astucia en vez de elevarme por la fuerza. ¡No, gracias! ¿Dedicar, como todos hacen, versos a los financieros? ¿Convertirme en bufón con la vil esperanza de ver nacer una sonrisa amable en los labios de un ministro? ¡No, gracias! ¿Desayunar todos los días con un sapo? ¿Tener el vientre desgastado de arrastrarme y la piel de las rodillas sucias de tanto arrodillarme? ¿Hacer genuflexiones de agilidad dorsal? ¡No, gracias! ¿Tirar piedras con una mano y adular con la otra? ¿Procurarme ganancias a cambio de tener siempre preparado el incensario? ¡No, gracias! ¿Subir de amo en amo, convertirme en un hombrecillo y navegar por la vida con madrigales por remos y por velas, suspiros de amores viejos? ¡No, gracias! ¿Conseguir que Servy edite mis versos, pagando? ¡No, gracias! ¿Trabajar por hacerme un nombre con un soneto, y no hacer otros? ¡No, gracias! ¿Hacerme nombrar papa por los cónclaves de imbéciles de los mesones? ¡No, gracias! ¿No descubrir el talento más que a los torpes, ser vapuleado por las gacetas y repetir sin cesar: « ¡Oh!, ¡a mí, a mí, que he sido elogiado por el Mercurio de Francia!»? ¡No, gracias! ¿Calcular, tener miedo, estar pálido, preferir hacer una visita antes que un poema, releer memoriales, hacerse presentar? ¡No, gracias! ¡No, gracias! ¡No, gracias! 
Cantar, soñar, reír, caminar, estar solo, ser libre, saber que mis ojos ven bien, que mi voz vibra, ponerme al revés el sombrero cuando me plazca, batirme por sí o por un no, hacer versos... trabajar sin inquietarme la fortuna o la gloria, pensar en un viaje a la Luna, no escribir nunca nada que no nazca de mí mismo y contentarme, modestamente, con lo que salga; decirme: «Amigo mío, conténtate con flores, con frutos, o incluso con hojas, si en tu propio jardín las siembras y las recoges.» Y si, por casualidad llegara al triunfo, no verme obligado a devolver nada al César; guardar el mérito para mí mismo, y desdeñar la parásita hiedra... O incluso, siendo encina o tilo, subir, subir... subir siempre solo, ¡aunque no alcance mucha altura!

CYRANO. — ¿Qué decís?… ¿Qué es inútil?… ¡Ya sé que en este combate no debo esperar el triunfo! ¡No!… ¿Para qué?… ¡Es más bello cuando se lucha inútilmente! ¿Cuántos sois?… ¿Mil?… ¡Os reconozco, mis viejos enemigos!… ¡La Mentira!… (Golpeando con su espada en el vacío.) ¡Toma! ¡Toma!… ¡Ah, los Compromisos… los Prejuicios… las Cobardías!… (Sigue golpeando.) ¿Que pacte?… ¡Eso nunca!… ¿me oís bien? ¡Nunca! ¡Ah, por fin te veo, estupidez!… De sobra sé que al final me tumbaréis, mas no me importa: ¡lucho, lucho, lucho! (Hace molinetes inmensos y se detiene jadeando.) ¡Sí, vosotros me arrancáis todo, el laurel y la rosa! ¡Arrancadlos! ¡Hay una cosa que no me quitaréis!… ¡Esta noche, cuando entre en el cielo, mi saludo barrerá el suelo azul, y, mal que os pese, conmigo irá una cosa sin manchas ni arrugas!… (Arroja la espada a lo alto.) y esa cosa es… (La espada escapa de sus manos; vacila y cae en brazos de Le Bret y Ragueneau.) 
- ROXANA. — (Inclinándose sobre él y besándole en la frente.) ¿Y es…?
- CYRANO. — (Vuelve a abrir los ojos, la reconoce y añade sonriendo:) ¡Mi pluma!

Estos tres fragmentos pertenecen a la obra original de Cyrano de Bergerac, escrita por Edmond de Rostand en 1897 y son cada uno a ellos de momentos diferentes de la misma. La obra y sus monólogos fueron adaptados magistralmente en las películas que se dedicaron al maravilloso Cyrano, y aunque las palabras son algo distintas resulta imposible resistirse a escuchar a Gerard Depardieu en la versión de 1990 (Jean Paul Rappeneau). Esta noche toca volver a verla, placenteramente, por enésima vez.



Imagen: De Wikimedia Commons - (CC BY-SA 4.0) - Fuente Original

viernes, 15 de enero de 2021

Los Húsares Alados y la mayor carga de caballería de la historia


Una carga de caballería de miles de jinetes que llevan adosadas alas emplumadas a su coraza parece algo irreal, una broma, y sin embargo, los famosos Húsares Alados de Polonia existieron realmente y protagonizaron la mayor carga de caballería de la historia, aquella en la que, como si fueran ángeles alados, resultaron cruciales en la liberación de Viena del sitio otomano.

Y es que en septiembre de 1683, las tropas otomanas, compuestas por mas de 150.000 hombres al mando del Visir Kará Mustafá, tras conquistar la mayoría de ciudades a orillas del Danubio, sometían a Viena a un duro asedio que duraba ya más de dos meses y que amenazaba muy seriamente con hacer caer también esta ciudad en manos de las tropas del Imperio Otomano. Toda Europa se sentía seriamente amenazada.

Desde Viena, el emperador Leopoldo I pidió auxilio al Papa quien proclamó una cruzada para salvar Viena y de paso al resto de Europa. Prontamente se formó un contingente de tropas de unos 75.000 hombres, principalmente formado por alemanes y polacos, entre los que se hallaban los singulares Húsares Alados de Polonia (también los había lituanos). La batalla en defensa de Viena (conocida como Batalla de Kahlenberg) se libró frente a las murallas de la misma y el ejercito otomano consciente de su superioridad, despreció de forma temeraria a las fuerzas que fueron a socorrer la ciudad, de hecho, parece que inicialmente Kará Mustafá ni tan siquiera dispuso sus tropas en posición de batalla. El ejercito Imperial pronto puso en serios aprietos a las fuerzas sitiadoras pero sin lograr doblegarlas definitivamente. Todo se precipitó cuando se efectuó la que es considerada como la mayor carga de caballería de la historia. Nada menos que 18.000 arrojados jinetes formados en cuatro cuerpos y liderados por el Rey Juan III Sobieski al frente de sus 3000 Húsares Alados, se lanzaron sobre los sitiadores destrozando totalmente las líneas enemigas y poniendo en desbandada a las tropas otomanas. Fue tan clamoroso el éxito de la carga de caballería y tan evidente la derrota de las fuerzas contrarias que Sobieski, recordando las palabras de Julio Cesar, pero dándole el sentido propio de la Cruzada en la que participaba contra los infieles dijo: "Vinimos, vimos, Dios Venció" (Venimus, vidimus, Deus vicit).

Los Husares Alados, era un cuerpo de elite, formado por jinetes voluntarios, en su mayoría miembros de la nobleza polaca y lituana, algo entendible pues eran los propios soldados los que habían de soportar el elevado coste del caballo, la armadura y el resto de la impedimenta. Su armadura estaba formada por un casco con visera y una coraza ricamente ornamentada a la que se le añadían unas alas de madera adornadas con plumas. Podían ir armados con sables curvos, estoques, pistolas o martillos de guerra, pero su arma preferida, su seña de identidad y la que les daba mayor potencial era la "kopia", una lanza hueca con punta de acero, pero mas larga que las picas de infantería, con la que lograban romper cualquier formación en su arrollador avance. Tras el primer impacto las lanzas, huecas para aligerar peso, se rompían fácilmente pero su efecto era demoledor en el primer impacto, suficiente para romper las temibles formaciones de piqueros. 

Seguro que tras su éxito, todos los Húsares Alados comieron los deliciosos Croissants, un rico pan elaborado por los panaderos vieneses tras la batalla y que curiosamente tuvieron también su protagonismo en la defensa de Viena. Tras ser condecorados decidieron festejar la victoria creando un pan en forma de media luna -el famoso cruasán- como alegoría del símbolo de las fuerzas otomanas vencidas. Era un pan extremandamente blando, como resultaron ser las tropas otomanas, y muy rico, como el sabor de la victoria. Pero la historia de los panaderos y su cruasán queda para otro día. 

El cuadro de la carga de los Húsares Alados es obra del pintor polaco Stanisław Kaczor-Batowski (1866-1946)

El grupo Sabaton nos cuenta la historia en una de sus canciones con imágenes muy ilustrativas.



Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

"Trono de Sangre" - Akira Kurosawa


“Un hombre no es un hombre sin ambición.” (Trono de Sangre)

Un 15 de enero como hoy pero de 1957, hace ya 64 años, se estrenó uno de los grandes títulos de Akira Kurosawa: "Trono de Sangre" (Kumonosu-jô - que en español se debería haber traducido como "El castillo de la telaraña"). Siempre ha sido considerado Kurosawa como el más occidental de los grandes directores japoneses y sus adaptaciones de Shakespeare daban buena cuenta de ello; "El rey Lear" fue la base para "Ran", Hamlet para "Los canallas duermen en paz" y "Macbeth" encontró en "Trono de Sangre" la que a juicio de muchos es la mejor adaptación al cine de esta obra que se ha hecho hasta ahora, por mucho que se moldeara el texto a la cultura japonesa y se hiciera uso de la expresividad del drama musical japonés (). Ya lo decía el propio Kurosawa:

"Soy japonés, y pienso en tanto que japonés, y realizo mis películas con este estado de ánimo. No he estado nunca influenciado por el extranjero. Cuando leí Macbeth, lo encontré muy interesante. Me hacía pensar en muchas cosas. El Japón de la guerra civil y la época de Shakespeare se parecen mucho. Los personajes también. Coger a Shakespeare y adaptarlo a un contexto japonés no fue demasiado difícil.  El "no" es una forma de expresión única en el mundo. Tiene un impacto formidable. Luego si yo no hubiera tomado esta expresión, los personajes no habrían tenido el mismo impacto. Yo adoró el "no" y lo he mirando siempre, luego es normal que me inspire en él"

De nuevo Toshiro Mifue, el actor predilecto de Kurosawa, dio la fuerza necesaria a su personaje Taketori Washizu, mientras Isuzu Yamada encarna a su esposa, la ambiciosa Lady Asaji que espoleará a su marido a hacer todo lo necesario para cumplir su aparente destino de gloria y riqueza. Ambientada en el Japón feudal del siglo XVI, nos habla de una historia de ambición y sangre espoleada por la profecía de una anciana que augura que el General Washizu terminará siendo el Señor del Castillo del Norte. Unas flechas se cruzarán en su destino convirtiéndolo en un moderno San Sebastián.

Otras frases memorables de la película:

“En este mundo tienes que atacar primero, sino quieres que se adelanten los otros y te maten antes.”

“Si vas a hacer una montaña de cadáveres, al menos hazla de manera que llegues hasta el cielo.” 


Logo de "Trono de Sangre"

Título original: Kumonosu-jô (Throne of Blood)
Año: 1957 -  Duración: 110 min. - País: Japón
Dirección: Akira Kurosawa

Reparto: Toshirô Mifune, Isuzu Yamada, Takashi Shimura, Akira Kubo, Hiroshi Tachikawa, Minoru Chiaki, Takamaru Sasaki, Gen Shimizu, Kokuten Kôdô, Kichijiro Ueda, Eiko Miyoshi, Chieko Naniwa, Nakajirô Tomita, Yu Fujiki, Sachio Sakai, Shin Ôtomo, Yoshio Tsuchiya, Yoshio Inaba, Takeo Oikawa, Akira Tani, Ikio Sawamura, Yutaka Sada, Seijirô Onda

Guion: Akira Kurosawa, Ryuzo Kikushima, Hideo Oguni, Shinobu Hashimoto (Obra: William Shakespeare)
Música: Masaru Satô
Fotografía: Asakazu Nakai (Blanco y Negro)
Productora: Toho, Kurosawa Production Co.

En el vídeo se puede disfrutar de muchas imágenes de la película:


Imágenes: De Wikipedia Commons - Dominio Público (CC0)  - Imagen 1 - Imagen 2

jueves, 14 de enero de 2021

Caccini, Vavílov y el maravilloso "Ave María"... ¿ruso?

 

Mi hijo me viene últimamente con la cantinela de que el "Ave María" de Giovanni Caccini es el más bello de todos los "Ave María" que conoce, entre los que incluye sin pestañear el de Schubert o el de Gounod. El caso es que la pieza es ciertamente preciosa y a uno se le abre la curiosidad por saber un poco más de ella. Y rebuscando llego a saber que con esta pieza se da algo muy parecido al error de atribución que existe con el famosísimo "Adagio de Albinoni", que no es de Tomaso Albinoni sino que es una obra -como ya contábamos en el pasado en este blog- del musicólogo italiano Remo Giazzoto y de fecha tan reciente como 1945.

El caso del Ave María de Caccini es todavía más rotundo que el del citado Adagio, pues Giazzoto mantenía que se había basado, aunque fuera remotamente, en unos fragmentos de un movimiento lento de una sonata a trío de Albinoni, unos fragmentos de los que nunca se supo nada posteriormente. Y es que el Ave María atribuido erróneamente a Caccini,  más que una obra del primer barroco como se ha pretendido, es una obra nacida por completo del genio de un ,desconocido para mi, laudista, guitarrista y compositor ruso llamado Vládimir Fiódorovich Vavílov (1925-1973), en fecha tan cercana como 1970.

Vavílov tenía la rara costumbre de atribuir sus composiciones a otros compositores, normalmente del renacimiento y barroco, lo que me recuerda al gran Miguel Ángel que alguna vez enterró esculturas suyas para hacerlas pasar después por originales griegos -como hizo con su Baco- y saborear como se hablaba de la perfección de aquellas maravillas de un supuesto pasado cuando eran desenterradas. Quien sabe que propósito movía a Vavílov con esta manía suya, si que se le diera más atención a sus obras, su promoción de la música antigua en Rusia, la falta de ego, o simplemente la situación política en su país en la que en 1970 no creo que fueran muy bienvenidos los cánticos religiosos.... El caso es que este Ave María quedó por primera vez grabado como pieza anónima en un disco de Vavílov titulado "Musica de laúd de los siglos XVI-XVII", en la que la mayoría de las piezas eran del maestro ruso y atribuidas como el "Ave María" a otros compositores. Vavílov murió poco después, en 1973 y fue entonces cuando empezó el galimatías de adjudicar la obra a Giovanni Caccini por alguno de los colaboradores de Vavílov en la grabación de la pieza, que poco después se haría mundialmente famosa tras unos arreglos del organista Oleg Yanchenko en 1987.   

Estilísticamente es una obra que difícilmente podría haber sido de Giovanni Caccini, tal y como mantienen en la página "Musica Antigua.com" en la que supe de esta anécdota, ya que a pesar de imitar el bajo continuo propio de la época, hace uso de la melodía y armonía clásica y romántica, algo que amen de otros considerandos, nunca habría podido pasar en los inicios del siglo XVII.

Hoy en día es una pieza soberbia que figura en el repertorio de numerosas cantantes entre las que destaca , Charlotte Church, Sumi Jo o la gran Inessa Galante, en cuya voz os dejo la interpretación del tema en el siguiente vídeo:


Dedicado al mio figlio Alejandro, para que me siga sorprendiendo con sus descubrimientos musicales.

Como entrada hemos optado por la maravillosa escultura en mármol "Virgen del velo" del gran escultor Giovanni Strazza (1818-1875), un verdadero milagro en piedra. 

Imagen: Tomada de Wikimedia Commons - (CC BY-SA 4.0) - Fuente Original

miércoles, 13 de enero de 2021

¿Murió Matusalem de viejo?

 

Todos sabemos de la extraordinaria longevidad alcanzada por el mítico Matusalén, pero lo que no queda claro es cual fue la causa de su muerte a la edad, siempre según la propia Biblia, de 969 años. ¿O quizás sí que haya alguna pista? La biblia dice que Matusalén tuvo a su hijo Lamec a los 187 años y que éste a su vez tuvo a Noé a la edad de 182, en plena juventud como quien dice. Después sabemos que el Diluvio tuvo lugar teniendo Noé la muy discreta edad de 600 años. Ahora solo queda sumar un poco. Sumando estas cantidades: 187 + 182 + 600 obtenemos la cifra de 969 que es la edad a la que se nos dice que murió Matusalén y ahora presumimos que muy posiblemente ahogado. Estas son las cosas en las que se entretienen algunos matemáticos como el señor Coxeter, que reparó en esta coincidencia numérica entre los eventos del diluvio y de la muerte de Matusalén, que según todos los indicios no tenía invitación para subir al Arca. Parece que por aquella época los abuelos, llegada una edad, ya empezaban a resultar un estorbo y a ser abandonados a su suerte. Nada nuevo bajo el sol

Por supuesto para todos nosotros es una verdadera locura pensar que esas edades, casi de 1000 años, pudieran darse realmente, toda vez que el organismo humano, en condiciones ideales podría llegar aproximadamente a los 120-130 años como máximo. Así, no son pocos los que piensan que este desfase se debe a que los años están contados por los ciclos lunares en vez de los solares, de este modo la edad de Matusalén habría de ser dividida entre 13'5 con lo que la edad real de este longevo señor quedaría en una muy razonable cifra de 72 años, que sin duda para aquellas primitivas formas de vida, cargadas de riesgos y enfermedades, ya era todo un logro. 

Para ilustrar la entrada hemos elegido una foto de la obra "El diluvio" del pintor Francis Danby (1837) y que se expone en la Tate Britain londinense

 Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

martes, 12 de enero de 2021

El placer de la huida - Amélie Nothomb


 

"Al parecer, huir es poco glorioso. Lástima, porque es muy agradable. La huida proporciona la más formidable sensación de libertad que se pueda experimentar. Te sientes más libre huyendo que si no tienes nada de lo que huir. El fugitivo tiene los músculos de las piernas en trance, la piel temblorosa, las fosas nasales palpitantes, los ojos abiertos. El concepto de libertad es un tema tan manido que las primeras palabras me hacen bostezar. La experiencia de la libertad es otra cosa. Uno debería tener siempre algo de lo que huir, para cultivar esa maravillosa posibilidad. De hecho, siempre hay algo de lo que huir, aunque sólo sea de uno mismo."

El fragmento pertenece a la obra "Ni de Eva ni de Adán", una novela de la escritora belga Amélie Nothomb (1967) y que narra el romance que la escritora tuvo con un joven acomodado al que daba clases de francés. La escritora, nacida en Kobe e hija de un embajador belga vivió durante años en Japón y China y conoce perfectamente la cultura de la que habla en este libro. Para ilustrar la entrada hemos escogido una escultura del esforzado Atlas, uno de esos que no pueden huir del deber ni soltar lastre aun queriendo. La estatua de la imagen corona el Palacio de Linderhof en Baviera.

Imagen: Tomada de Pixabay (uso libre) - Fuente Original

domingo, 10 de enero de 2021

"El bazar de las sorpresas" - Ernst Lubitsch


 

"Hay pocas personas que se tomen la molestia de rascar la superficie para encontrar la verdad interior de la gente que vive en su entorno" (Alfred Kralik - James Stewart)

Nada menos que 81 años han pasado ya desde que un 11 de enero como hoy, pero de 1940 se estrenó una de esas comedias deliciosas que nos regalaba el gran director Ernst Lubitsch: "El bazar de las sorpresas" (The Shop around the corner), una película que sigue tan fresca y disfrutable como el día de su estreno. En este delicioso enredo veíamos como se enamoraban por carta, sin reconocerse sobre el papel, dos personas que aparentemente no se agradaban, el tímido Alfred Kralik (James Stewart) y la preciosa Klara Novak (Margaret Sullavan) que trabajan en Matuschek y Compañía, una tienda de Budapest, foco de sus constantes desencuentros. El final ya se lo pueden imaginar. 

El padre de Ernst Lubitsch tenía una tienda de ropa en Berlín en la que el propio director trabajó de joven. Todos los recuerdos de aquel ambiente, de los empleados, de las ventas y el trato con los clientes fueron volcados por el director en la película que no deja de ser un tributo muy personal a esa tienda de su padre ya desaparecida.

James Stewart, sin duda uno de los actores más solventes de la historia del cine, tuvo en esta película uno de esos momentos en los que la frase no quiere salir como es debido ni a la de tres y las tomas se repetían una tras otra. Nada menos que 48 repeticiones fueron necesarias para que Stewart lograra decir una sencilla frase (y luego dicen de Marilyn). El propio actor lo contaba así (fuente IMDB):  

“Estábamos en este pequeño restaurante y tenía la línea: 'Saldré a la calle y me remangaré los pantalones hasta las rodillas'. Por alguna razón no pude decirlo. Ella (Margaret Sullavan) estaba furiosa. Dijo: "Esto es absolutamente ridículo". Allí estaba yo, con los pantalones remangados hasta las rodillas, muy consciente de mis delgadas piernas, y dije: 'No quiero actuar hoy; busca un tipo con piernas decentes y enséñalas'. Margaret dijo: "Entonces me niego absolutamente a hacer la película". Así que hicimos más tomas ".

En definitiva, una elegante comedia romántica con su dosis justa de enredos y con ese famoso e indescifrable toque que el director sabía imprimir a todas sus películas. Como curiosidad mencionar que en 1998 se hizo un revisión de la historia, en el que las cartas fueron actualizadas por correos electrónicos, "Tienes un e-mail" con Tom Hanks y Meg Ryan como protagonistas, una comedía simpática aunque a mi juicio muy inferior a "El bazar de las sorpresas". 


Ficha de "El bazar de las sorpresas"

Título original; The Shop around the Corner

Año: 1940 - Duración: 94 min.  País: EEUU - Productora: Metro Goldwyn Mayer

Dirección: Ernst Lubitsch

Reparto: James Stewart, Margaret Sullavan, Frank Morgan, Felix Bressart, William Tracy, Joseph Schildkraut, Sara Haden, Inez Courtney, Sarah Edwards, Charles Halton, Edwin Maxwell, Charles Smith

Guion: Samson Raphaelson (Obra: Miklós László)
Música: Werner R. Heymann
Fotografía: William H. Daniels (B&W)

Un trocito del pastel:


Imágenes:  Imagen 1 - Imagen 3 Tomadas de la estupenda página "Doctor Macro. Imagen 2 de Wikimedia Commons (CC0)

Fragmento de "La voluntad" - Azorín


"Azorín entra en la calle de los Estudios. Pasa por la misma una mujer con dos niños. Y Azorín piensa:

- No sé qué estúpida vanidad, qué monstruoso deseo de inmortalidad, nos lleva a continuar nuestra personalidad más allá de nosotros. Yo tengo por la obra más criminal esta de empeñarnos en que prosiga indefinidamente una humanidad que siempre ha de sentirse estremecida por el dolor: por el dolor del deseo incumplido, por el dolor, más angustioso todavía, del deseo satisfecho… Podrán llegar los hombres al más alto grado de bienestar, ser todos buenos, ser todos inteligentes…, pero no serán felices; porque el tiempo, que se lleva la juventud y la belleza, trae a nosotros la añoranza melancólica por las pasadas agradables sensaciones. Y el recuerdo será siempre fuente de tristeza. Yo de mí sé decir que nada hay que tanto me contriste como volver a ver un lugar –una casa, un paisaje- que frecuenté en mi adolescencia; ni nada que ponga tanta amargura en mi espíritu como observar cómo ha ido envejeciendo…, cómo ha perdido el brillo de los ojos, y la flexibilidad de sus miembros, y la gallardía de sus movimientos… la mujer que yo amé secreta y fugazmente siendo muchacho. ¡Todo pasa brutalmente, inexorablemente! Y yo veo junto a esta mujer deforme, lenta, inexpresiva…, un gesto, una mirada, un movimiento de la muchacha de antaño…, su modo peculiar de sonreír entornando los ojos titileantes, su manera de decir no, su expresión deliciosamente grave al hacer una confidencia… ¡Y todo este resurgimiento instintivo me llena de una tristeza casi anhelante! Y pienso en una inmensa Danza de la Muerte, frenética, ciega, que juega con nosotros y nos lleva a la nada… Los hombres mueren, las cosas mueren. Y las cosas me recuerdan los hombres, las sensaciones múltiples de esos hombres, los deseos, los caprichos, las angustias, las voluptuosidades de todo un mundo que ya no es."


El fragmento pertenece a "La voluntad" obra firmada por "Azorín" que era el seudónimo de José Augusto Trinidad Martínez Ruiz (1873-1967). La fotografía tiene por título "Mujer anciana sentada junto a la ventana" y es obra de Chalmers Butterfield.

Imagen: de Wikimedia Commons - (CC POR 2.5) - Fuente Original

sábado, 9 de enero de 2021

El origen romano de "la siesta" española


La siesta, tan española y tan denostada fuera de nuestras fronteras, puede que no sea un patrimonio tan exclusivo de la piel de toro. En realidad, esa costumbre de echar una cabezadita justo después de la comida es de origen romano, al menos semánticamente. No en vano, Roma, sus normas, su idioma y su estilo de vida estuvieron presentes en la península durante nada menos que siete siglos. 

Los romanos marcaban su horario por las horas de luz y las de oscuridad. Para ellos, el día, las horas de luz que se comprendían entre la salida y la puesta del sol, se dividían en doce horas, que según la época del año podían durar más o menos, todo un lio que era solventado gracias a los relojes de sol (horologium). Así tenían hora prima nada más salir el sol, secunda, tertia, quarta, quinta, sexta, séptima, octava, nona, décima, undécima y la duodécima que era a la que se ocultaba el astro rey. Son nombres que guardan su eco en las horas canónicas utilizadas en la edad media y en los rezos monacales. 

El caso es que después de la hora quinta en la que tras terminar sus obligaciones, comían los romanos, llegaba la hora sexta (entre las 12'00 y las 15'00 horas) en la que los que podían permitírselo se pegaban una reparadora siestecita, nuestra siesta, la hora de descansar. Evidentemente de "Sexta", paso a "Sesta" y de ahí a "Siesta". Ya lo decía Marcial:

“Roma prolonga las diversas ocupaciones hasta la hora quinta -es decir, hasta la hora de la comida-, la sexta es la del descanso de los fatigados, la séptima será el final de este, la octava hasta la novena, basta para los ejercicios con el cuerpo frotado de aceite, la novena exige romper con nuestro peso los lechos que nos han preparado” (Marcial, IV,8,3-6).

Para Covarrubias, en su "Tesoro de la lengua castellana" (1611), la siesta "es el tiempo que transcurre entre el mediodía y las dos de la tarde" y "sestear" no es más que "reposar a la sombra en la hora de sexta, que es la del medio día". Y como los romanos lo tenían todo pensado, después de la cabezadita venía, para los afortunados que podían (y pueden) dedicarse un poco de tiempo a si mismos, el "Otium", nuestro tiempo de "Ocio".

Y no solo eso nos dejaron los romanos en nuestra organización de la jornada y del tiempo. La hora séptima coincidía siempre con la mitad de las horas del día, el "meridies", el mediodía, que servía entonces y ahora para dividir las horas de la mañana (A.M. - Ante Meridiem) y la tarde (P.M. - Post-Meridien).

La noche (nox - noctis) por su parte solo se dividía en cuatro tramos llamados "Vigilias", una palabra que estoy seguro traerá recuerdos a todos los que en el servicio militar tenían que hacer las guardias o vigilias nocturnas distribuidas por turnos. 

Como es evidente que estos romanos y sus costumbres e idioma están por todos lados, ya hablaremos otro día de su influencia en como nombramos los meses o los días de la semana. 

Para ilustrar la entrada hemos recurrido a un cuadro de Vincent Van Gogh: "La siesta". Una obra pintada no en España ni en Roma, si no en Francia.... Al final va a ser universal esta "mala costumbre" de la cabezadita de mediodía. El cuadro se expone en el parisino Musée D'Orsay

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC BY-SA 3.0) - Fuente Original

viernes, 8 de enero de 2021

El cruel "Toro de Falaris"

 

Difíciles de entender son las motivaciones que llevarían a Perilo, un escultor ateniense del siglo VI a.C., que meditando sobre el hueco interior que queda en las esculturas de bronce tras su fundición, ideó la macabra escultura que después sería conocida como el Toro de Falaris. El ingenio no era sino un macabro objeto de tortura y muerte. La escultura representaba a un gran toro de bronce que tenía en su parte inferior una portezuela por la que se introducía a una persona en el hueco interior, a continuación la escultura era puesta sobre el fuego de una hoguera haciendo que el interior funcionara como un horno. Perilo diseñó el toro de tal manera que cuando el ingenio empezaba a calentarse salía humo por los orificios de la nariz del toro, se encendían sus ojos y cuando los condenados empezaban a gritar en el interior por el horrendo suplicio recibido sus alaridos salían distorsionados por la boca del toro, que de esta manera parecía mugir para el asombro de todos.

Perilo, orgulloso de su macabra obra, fue a regalárselo a alguien de mente aún más torcida que la suya, a Falaris, el tirano de la siciliana ciudad de Acragas (actual Agrigento). Le gustó el regalo a Falaris y deseoso de probarlo ordenó que su creador fuera el primero en morir en el interior del toro y consiguiera sus primeros bramidos. No se sabe a cuantas personas sometió Falaris a ese cruel suplicio pero si que el mismo, llegado su San Martin, murió en el interior del toro haciéndolo rugir nuevamente.

La historia del toro no terminó ahí. Fue utilizado en otras épocas, incluida la romana en la que parece que fue usado para dar muerte a algunos cristianos entre los que figuran: San Eustaquio, San Antipas o Pelagia de Tarso

En la imagen podemos ver un grabado del Toro de Falaris obra de Pierre Woeiriot (aprox. año1500) en el que se recoge el momento en el que, ante los ojos de Falaris, se introduce a Perilo, el creador del toro, en el interior de su macabra obra.

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

jueves, 7 de enero de 2021

El día que Goya pudo matar al Duque de Wellington

"El sueño de la razón produce monstruos"

Así titulaba Don Francisco de Goya y Lucientes uno de sus más famosos grabados, pero incluso él, todo un humanista, era propenso a poner su razón a dormir en determinadas situaciones. Al igual que Beethoven, sordo como Goya, este tenía un malhumor de perros y era fácilmente irritable, momentos en los que podía llegar a mostrar una ira incontenible. Sir Arthur Wellesley, el famoso Duque de Wellington, vencedor de Napoleón en Waterloo, pudo dar buena cuenta de ello tras un memorable encontronazo con el pintor aragonés.

Según contaba en sus memorias Ramón de Mesonero Romanos, famoso escritor y cronista de la época, Wellington, tras vencer en la Batalla de Arapiles en 1812, fue convencido por el General Álava, para que posara ante Goya y así tuviera el honor de tener un retrato firmado por el mejor de nuestros artistas. Wellington, que despreciaba todo lo español, aceptó sin demasiada ilusión. Por su parte, Goya, siempre temperamental, aceptó igualmente, pero a regañadientes; no le quedaba otra al pintor que fijar su posición tras un pasado en el que había sido seducido por los ideales revolucionarios franceses, pero no por ello podía olvidar los desmanes que los ingleses, poco amigos de lo español, estaban provocando en nuestro país, para ellos un mero tablero de batalla en el que, sí, los británico luchaban junto a los españoles por librarnos de los franceses, pero sobre todo, y esa era su principal motivación, contra Napoleón y sus ideas. 

Así, un desganado Wellington, fue recibido por un Goya malencarado al que además se le exigía realizar un retrato del inglés en tan solo una hora y media y que, por supuesto, fuera ejemplo del talento del artista y por extensión de toda España. El encuentro del atildado Wellington, ejemplo de frialdad y de la flema más inglesa, con el malhumorado y totalmente sordo Goya, tuvo que ser épico. Cuando el pintor tuvo ya la obra presentable, a falta de simples retoques finales, se la mostró al militar al que no le gustó ni una pizca. “No me gusta este retrato que Goya me ha hecho” parece que dijo al General Álava, a través del cual pidió una serie de correcciones al pintor, posiblemente hacer desaparecer la ligera sombra azulada del mentón que le mostraba sin estar escrupulosamente afeitado como corresponde a un perfecto caballero inglés. Pero Goya, al que todo esto tenían que comunicárselo por el lenguaje de signos, se negó en redondo a modificar la obra. Ante la evidente desaprobación de la obra por parte del distante y altivo Wellington, sus ademanes  y una confusión creciente, el pintor empezó a lanzar improperios hacia el inglés, que si bien no podía entenderlos, si que veía claramente el significado de las expresiones y aspavientos del iracundo pintor.

No tardó Wellington en coger su sombrero para marcharse, momento en el que Goya, no pudiendo soportar aquel desaire hacía su obra, cogió una de las pistolas que siempre tenía cargadas sobre la mesa y apuntó a la cabeza del militar inglés mientras este ya desenfundaba su espada para defenderse. Pronto se abalanzaron sobre Goya su hijo y el General Álava que a duras penas pudieron contenerle y hacerle bajar el arma. A Wellington, para que se le pasara el berrinche tuvieron que convencerle de que el pintor, a pesar de su inigualable talento, no estaba bien de la cabeza. Así de cerquita estuvo Goya de quitarle un dolor de cabeza a Napoleón en Waterloo tres años después y quién sabe si de cambiar el rumbo de la historia. En cualquier caso el cuadro (arriba), a pesar del desagrado inicial mostrado por Wellington y como muestra de que los ingleses, en el fondo, no tienen nada de tontos, terminó en la National Gallery of Art londinense. Para haber sido hecho en poco más de una hora no sé qué quería “Lord Velintón”, como le decían en España al famoso militar.

Como curiosidad decir, que el retrato fue robado en 1961, por Kempton Burton, un anciano (seguramente fue en realidad su hijo) que colándose por la ventana de los aseos del museo logró llevarse el cuadro, en la misma fecha que muchos años atrás se robó la Gioconda en el Louvre. Pronto comunicó que lo tenía en su poder y que lo devolvería sin daño alguno si el gobierno inglés retiraba a las maltrechas economías de los pensionistas ingleses el impuesto para ver la televisión y se cuidaba más de ellos. La condena fue de 3 meses de prisión y una gran trascendencia mediática, tanta que la historia ha sido recientemente llevada al cine en la película "The Duke" (2020), dirigida por Roger Michell y protagonizada por Jim Broadbent y Helen Mirren. El film se estrenó el pasado septiembre en el Festival de Venecia y está a la espera de llegar a los cines. 

A ver si los españoles hacemos otra del encontronazo entre “Lord Velintón” y nuestro ingobernable Don Francisco de Goya y Lucientes; me da que podría estar de rechupete. Y ahora observen el rostro de Goya e imagínenselo enfadado. A mi ya me entran temblores.


El retrato de Goya es obra de Vicente López Portaña, fechado en 1826. Se expone en el Museo del Prado (Madrid).

Imágenes: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Imagen 1 - Imagen 2.

miércoles, 6 de enero de 2021

Jon Bernthal, "El castigador" del nuevo Hollywood



En sus trabajos cinematográficos, Jon Bernthal suele aparecer como un personaje un tanto primario, a veces brutal, y siempre rocoso. En esa línea lo disfruté en la estupenda miniserie "Mob City", en los primeros episodios de "The Walking Dead" y en la estupenda película "Fury" (Hombres de acero 2014 - David Ayer). Esa rudeza suya se convirtió en su primer activo para conseguir el rol de Frank Castle, el protagonista de la serie "The Punisher". "El castigador" tiene detrás toda una legión de fans y cuando se hizo publico que Bernthal era el elegido para dar vida al violento antihéroe, primeramente en la serie "Daredevil" y después ya como protagonista en "The Punisher" todos esperaban expectantes que iba a hacer el actor con un personaje tan difícil. 

Sus encuentros con los aficionados de Punisher fueron de lo más dispares. En una entrevista le contaba a Conan O'Brien que el primer encuentro fue en una tienda de California. El vendedor de una tienda de comics no tardó en reconocerle e incluso le regaló algunos ejemplares, pero no fue igual en Nueva York. Según el actor: «Entré en una tienda de cómics en Brooklyn. Tomé una pila entera de los cómics, los voy a comprar, él (dependiente) me mira y dice: ‘Sí, ya sé que lo eres’, y una vez pagué me dijo: ‘No la jodas’»

Bernthal, con su nariz rota en trece ocasiones y una infancia problemática había renegado de los papeles de superhéroes y sin embargo encontró ecos en Frank Castle de su propia personalidad que le decidieron a meterse en la piel del personajeY el caso es que logró convencer a todos con un Punisher complejo, brutal, cargado de violencia y humano a la vez. El actor explicaba así sus primeras impresiones sobre el personaje: "El Frank Castle que encuentras en esta historia no es "The Punisher". Está tambaleándose por la pérdida de su familia. Está dirigido por la rabia y se encuentra en una misión singular que es encontrar a la gente que le ha arrebatado a su familia y hacerlo de la forma más brutal posible". "Para mí trata sobre el ser humano. No tiene poderes. Su superpoder es su humanidad". "Él no tiene una maldita capa. No tiene superpoderes. Es un maldito padre y esposo atormentado y torturado que vive en este mundo increíble de oscuridad, pérdida y tormento".

A ver que tal me lo encuentro en "Le Mans '66" que tengo aun pendiente de ver.

Imagen: De Wikimedia Commons - Fuente Original (CC BY-SA 2.0)

martes, 5 de enero de 2021

Bach & Nina Simone: "Love me or leave me"


"Él es técnicamente perfecto. Cuando tocas la música de Bach, debes comprender que él es un matemático y que todas las notas que tocas se suman a algo: tienen sentido. Siempre se suman al clímax, como las olas del océano se hacen cada vez más grandes hasta que, después de un tiempo, cuando tantas olas se han reunido, hay una gran tormenta. Cada nota que tocas está conectada a la siguiente, y cada nota debe ejecutarse a la perfección o se pierde todo el efecto. Una vez que entendí la música de Bach, nunca quise ser otra cosa que pianista de concierto. Bach me hizo dedicar mi vida a la música."

Eso decía Nina Simone "La alta sacerdotisa del Soul" (High Priestess of Soul). Antes de convertirse en un pilar fundamental de la música norteamericana, Nina Simone estuvo a punto de ser la primera gran pianista negra de los pacatos Estados Unidos. La falta de recursos le impidieron continuar sus estudios cuando al trasladarse a Filadelfia, el prestigioso Instituto Curtis le denegó una beca, truncando así su carrera clásica, según la cantante, por simple motivo del color de su piel. Sin duda perdimos a una gran pianista clásica, pero lo que es evidente e irrefutable es que ganamos una cantante de una personalidad abrumadora que desencadenaba un verdadero huracán de sentimientos en cada una de sus actuaciones y que de paso nunca se olvidó de su admirado Bach, de lo que resulta un ejemplo evidentísimo la parte solista de piano presente en la mitad de su famoso "Love me or Leave me":


Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

lunes, 4 de enero de 2021

"El amargo don de la belleza" - Terenci Moix (fragmentos)


"Quisiera ser el mendigo que cuenta historias en las puertas de los templos, el que fascina a los niños y hace que se detengan los caminantes, atraídos por tantas maravillas. Si fuese ese mendigo, gran señor de las palabras, contaría las historias que han enardecido a los pueblos del Nilo desde el principio de las generaciones; expondría las cuitas del náufrago que llegó a la isla donde vivía el gran dragón, las disputas de los Dos Hermanos, los viajes del médico Sinuhé o la lucha de Horus contra las fuerzas del mal en la región de los grandes pantanos. Sería acaso un buen narrador de lo que otros contaron mucho antes, pues el hombre ha vivido el mismo sueño desde el principio de los tiempos. Y el Tiempo no es más que un sueño narrado por los mendigos ante las puertas de los grandes santuarios."

Este párrafo y el final pertenecen a "El amargo don de la belleza", novela escrita por Terenci Moix -seudónimo de Ramón Moix Meseguer-  en 1996 y ganadora del Premio Fernando Lara, obra en la que vuelca todo su amor por Nefertiti y su fascinación por el milenario Egipto. Como decía el propio escritor: "desde los siglos más remotos está escrito: el hombre teme al tiempo y el tiempo sólo teme a las pirámides." 

"En la inmensa fertilidad de la memoria evocaré la miseria de las ruinas, el misterio que agoniza en el desierto, enviando mensajes indescifrables a la inmensa generación de soñadores. En nombre de esta raza caminará mi alma cada día hacia el llano desnudo, hacia el palacio que ya no existe. ¡Fecundo páramo, tan pródigo en remembranzas sublimes! En alguna de las tumbas jamás ocupadas resuenan poemas que nadie ha escrito. ¿Me aventuro al suponer que serán escritos algún día? Quede libre la inspiración para que los soñadores, garantes de lo eterno, vuelvan a pronunciar con reverencia el nombre de la Ciudad del Sol, muerta sobre su horizonte. Y que esos mismos soñadores celebren hasta más allá de los planetas el rostro de aquella cuya existencia habrá de ser loada por toda la eternidad de la belleza:

Tú, inmortal Señora de la Gracia,

Nefer-Neferu-Atón-Nefertiti"


La primera imagen es del Templo de Karnak y la segunda del famoso busto de Nefertiti (La belleza ha llegado), esposa del controvertido Akenatón. Un busto que se expone en el Neues Museum de Berlín

Imágenes: De Wikimedia Commons. Imagen 1 (CC BY-SA 4.0) - Imagen 2 (CC BY-SA 3.0)

domingo, 3 de enero de 2021

"Si consideramos" - Charles Bukowski



"Si consideramos lo que puede verse: motores que nos vuelven locos, amantes que acaban odiándose, ese pescado que en el mercado mira fijamente hacia atrás adentrándose en nuestras mentes, flores podridas, moscas atrapadas en telarañas, motines, rugidos de leones enjaulados, payasos enamorados de billetes, naciones que trasladan a la gente como peones de ajedrez, ladrones a la luz del día con maravillosas esposas y vinos por la noche, las cárceles atestadas, el tópico de los parados, hierba moribunda, fuegos insignificantes, hombres suficientemente viejos como para amar la tumba. Éstas y otras cosas demuestran que la vida gira en torno a un eje podrido.

Pero nos han dejado un poco de música y un póster clavado en el rincón, un vaso de whisky, una corbata azul, un delgado volumen de poemas de Rimbaud, un caballo que corre como si el diablo le estuviera retorciendo la cola sobre la hierba azul y el griterío y después, de nuevo, el amor como un coche que dobla la esquina, puntual, la ciudad a la espera, el vino y las flores, el agua corriendo a través del lago, y verano e invierno y verano y verano y de nuevo invierno."

Espero disculpen la licencia de mostrar este poema de Charles Bukowski de este modo más lineal y prosaico, que aunque resulte una pequeña falta de respeto con el original, no le resta demasiado valor a su contenido. El poema "If we takes" fue escrito en 1970.

Imagen: La fotografía, ligeramente recortada, corresponde a un grafitti inspirado en una famosa imagen de Bukowski, y esta tomada de la página de "thierry ehrmann" en Flickr donde aparece etiquetada como (CC BY 2.0). habilitando su uso. Fuente Original

sábado, 2 de enero de 2021

"Una oración" de Jorge Luis Borges

 

"Mi boca ha pronunciado y pronunciará, miles de veces y en los dos idiomas que me son íntimos, el padre nuestro, pero sólo en parte lo entiendo. Esta mañana, la del día primero de julio de 1969, quiero intentar una oración que sea personal, no heredada. Sé que se trata de una empresa que exige una sinceridad más que humana. Es evidente, en primer término, que me está vedado pedir. Pedir que no anochezcan mis ojos sería una locura; sé de millares de personas que ven y que no son particularmente felices, justas o sabias. El proceso del tiempo es una trama de efectos y de causas, de suerte que pedir cualquier merced, por ínfima que sea, es pedir que se rompa un eslabón de esa trama de hierro, es pedir que ya se haya roto. Nadie merece tal milagro. No puedo suplicar que mis errores me sean perdonados; el perdón es un acto ajeno y solo yo puedo salvarme. El perdón purifica al ofendido, no al ofensor, a quien casi no le concierne. La libertad de mi albedrío es tal vez ilusoria, pero puedo dar o soñar que doy. Puedo dar el coraje, que no tengo; puedo dar la esperanza que no esta en mí; puedo enseñar la voluntad de aprender lo que sé apenas o entreveo. Quiero ser recordado menos como poeta que como amigo; que alguien repita una cadencia de Dunbar o de Frost o del hombre que vio en la medianoche el árbol que sangra, la Cruz, y piense que por primera vez la oyó de mis labios. Lo demás no me importa; espero que el olvido no se demore. Desconocemos los designios del universo, pero sabemos que razonar con lucidez y obrar con justicia es ayudar a esos designios, que no nos serán revelados. 

Quiero morir del todo; quiero morir con este compañero, mi cuerpo."

"Una oración" se incluye en "Elogio de la sombra" una colección de versos de Borges publicada en 1969. La fotografía de Borges es obra de Annemarie Heinrich y está fechada en 1967.

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

viernes, 1 de enero de 2021

Los comienzos de Ingrid Bergman

 

"Puedo hacer todo con facilidad en el escenario, mientras que en la vida real me siento muy grande y torpe. Así que no he elegido actuar. Ella me eligió."

Son palabras de la actriz sueca Ingrid Bergman y aunque ella dijera que no eligió actuar lo cierto es que en 1933, cuando tenía tan solo 18 años se presentó a las exigentes pruebas del Royal Dramatic Theather School de Estocolmo donde ya había estudiado Greta Garbo. Fueron cientos los alumnos que se presentaron a las pruebas. La joven Ingrid, como las demás aspirantes, debía preparar tres piezas distintas, después de lo cual los jueces seleccionaban dos de ellas y valoraban la actuación. A los admitidos le entregaban el placet con un sobre blanco, mientras que los rechazados recibían un sobre marrón. Ingrid Bergman, una actriz que con el tiempo supimos que era principalmente una actriz dramática se presentó con una comedia y a sus ojos sentía como los miembros del jurado parecían no prestarle mucha atención y mucho menos lograba arrancarles la mas mínima sonrisa. Acababa de terminar la primera representación cuando sin dejarle emprender la segunda que obligatoriamente debía representar le pidieron que se retirara sin darle más explicación. Ingrid Bergman se sintió totalmente hundida y fracasada y sin esperar a recoger el sobre que ella daba por seguro sería marrón se marchó del lugar. Muchos años después, las actriz recordaba aquel momento crucial de su carrera de la siguiente forma: 

"Cuando abandonaba el escenario estaba de luto, me encontraba en un funeral. El mío. Era la muerte de mi yo creativo. Tenía el corazón roto de veras. Al salir a la calle, Estocolmo, que siempre me había parecido tan hermoso, ya no lo era, y los actores y actrices que esperaban a recoger su sobre, se reían y burlaban de mi, ¨¿Por qué no lo has cogido?" me preguntaban entre risas. Cada vez me sentía peor. Aunque casi no veía nada porque tenía los ojos llenos de lágrimas. Cuando llegué a casa, me estaban esperando mis primas, me dijeron que había llamado un actor amigo de ellas que había participado en las pruebas. Él había conseguido un sobre blanco y preguntó que por qué yo no había recogido el mío. Le pregunté si sabía de qué color era mi sobre. Me dijo que era blanco. Salí volando. Corrí todo el rato hasta recoger mi sobre blanco. Estaba entusiasmada. Llevada por la agitación, rompí el papel de dentro al abrir el sobre. Años después conocí a uno de los miembros del jurado y le pregunté por qué habían interrumpido mi lectura tan pronto. Él me dijo: “Nos encantó su seguridad y su impertinencia. Hablamos y no vimos ninguna necesidad de perder el tiempo. Sabíamos que era fabulosa y tenía un talento innato. Su futuro como actriz estaba asegurado”. Aquella noche, cuando me enteré de lo del sobre blanco, fue la noche que cambió mi vida."

Poco después, en 1937, rodaría su primera película, "Munkbrogreven"  en la que daba vida a "Elsa Edlund" un personaje de nombre muy parecido al que le daría fama mundial en "Casablanca""Ilsa Lund". La Bergman siempre buscó la excelencia en sus trabajos tanto que el director Alfred Hitchcock que la tuvo a sus órdenes en dos trabajos: "Recuerda" (1945) y "Encadenados" (1946) dijo de ella:

 "El problema de Ingrid Bergman era que sólo quería hacer obras maestras"

Tres premios Oscar lo avalan.



Imágenes: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Imagen 1 - Imagen 2