lunes, 9 de mayo de 2022

Clark Gable, una inspiración para la moda y para Bugs Bunny


Clark Gable, o el "Caracable" como le decíamos de chicos, era casi tan gaditano como yo; de hecho nació en Cádiz y murió en San Fernando, con la diferencia de que ese Cádiz esta en Ohio y ese San Fernando es un valle a las afueras de Los Ángeles

El caso es que el muchacho marcó toda una época en el cine; sus personajes siempre tenían un punto cínico, prepotente, pagado de sí mismo y rebosante de virilidad que era la delicia de las mujeres de la época y el referente para muchos hombres a los que empezó a importarle muy mucho como se vestía "El rey", como perfilaba su bigotillo o como arqueaba las cejas. Así puso de moda la sahariana después de "Mogambo" película en la que se las vio y "se las deseo" con Ava Gardner Grace Kelly. Un impulso parecido le dio a los pañuelos de cuello que lucia en "Lo que el viento se llevó"; era lo que ahora se dice un "Influencer" y sus novedades se convertían en un negocio inmediato y eran bienvenidas por los vendedores.  Otro gallo cantó cuando vinieron las perdidas y es que cuando apareció sin camiseta interior en "Sucedió una noche", las mujeres suspiraron y sus maridos decidieron que ellos también dejarían de llevarlas. La consecuencia no pudo ser otra que el desplome de las ventas de esta prenda. Dicen que los fabricantes de camisetas pidieron compensaciones a la Columbia, aunque en realidad como por otro lado aumentaron sus ventas por la chaqueta Norlfolk y el jersey de cuello alto que también lucía Gable en la película, supongo que lo dejaron en un oportuno "lo comido por lo servido". 

No cabe duda de que el papel que representó en "Sucedió una noche" es uno de los más importantes de su carrera, de hecho le valió un Oscar, y posiblemente solo es superado en el recuerdo colectivo por su Rhett Butler de "Lo que el viento se llevo", tal es así que el conocidísimo conejo Bugs Bunny está inspirado en algunos de sus detalles en el  papel de Gable en aquella película. Más allá de la evidente referencia a sus orejas, esa afición que tiene el conejo por comer zanahorias apoyándose en una valla está inspirada por la escena en la que Clark Gable hace otro tanto en "Sucedió una noche"; por cierto la primera película que ganó los cinco premios principales (Oscar a mejor película, Director, actor y actriz principal y guion).

Nadie hubiese dicho en principio que Gable, el humilde hijo de un granjero que había sido inscrito como niña en su partida de nacimiento, iba a ser el terror de las nenas (no siempre cuentan algunos). Empezó vendiendo corbatas hasta que lo descubrió Irvin Thalberg, quien  a pesar de no poder reprimir un "pero mira que orejas de murciélago tiene...." lo contrató para darle las primeras oportunidades de demostrar su talento, unos inicios en su carrera al estrellato que el supo reforzar con algún que otro matrimonio "aparentemente" de conveniencia con mujeres influyentes mucho mayores que él. Antes había sido rechazado por la Warner Brothers en la que los expertos dictaminaron "Tiene las orejas demasiado grandes. Como asas de botijo" e incluso el director Mervyn LeRoy fue abroncado por haberle hecho una prueba a "ese tío con cara de mono". Desde luego esas orejas de soplillo fueron siempre un problema y en más de una ocasión tuvieron que intentar replegarlas un poco con la ayuda de esparadrapo por detrás. Todo eso por supuesto nunca le importó a Bugs Bunny que las lucía con gran orgullo mientras saboreaba sus zanahorias, y si alguna conejita le decía algo al respecto le respondía con desparpajo: "Francamente querida, me importa un bledo"

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domingo, 8 de mayo de 2022

Hedy Lamarr, toda un pavo real



El poderoso y enamoradizo Sansón encontró una verdadera "femme fatale" en la traicionera Dalila, un bellezón que supo robarle el secreto de su fuerza sobrenatural sin mover un músculo. Evidentemente, cuando el director Cecil B. De Mille se embarcó en llevar a la pantalla la historia de esta parejita (Sansón y Dalila - 1949), era imprescindible encontrar una actriz que por su belleza representara a la vez el ángel y el diablo que a veces todos guardamos en nuestro interior, a un ser capaz de conseguir que un hombre le entregue confiadamente el mayor de sus secretos para después no dudar en robárselo.

De Mille, que no era precisamente tonto, eligió a la maravillosa Hedy Lamarr para encarnar a Dalila y encandilar a Sansón, rol que corría a cargo de Victor Mature. Y como las mujeres hermosas y peligrosas suelen ayudarse de un vestuario espectacular, Hedy Lamarr iba a contar para esta película con uno de los vestidos más sorprendentes de la historia del cine. La película se rodó en Technicolor y el impacto visual era determinante. Cecil B.De Mille lo tenía todo bien preparado y amigo de los excesos como era, había estado diez años recogiendo y seleccionando plumas de los pavos reales que tenía en los jardines de un rancho de su propiedad y llegado el momento de preparar el vestuario para la película, entregó 1900 plumas rebosantes de color, para que fueran cosidas al más fastuoso traje que se hubiera ideado hasta la fecha. El resultado fue ciertamente espectacular y ni que decir tiene que se llevó el Oscar al mejor vestuario. En la foto de cabecera podemos ver el esplendoroso vestido al que hacemos referencia (lástima que no pueda dejar su imagen en color).

Hedy Lamarr, no tenía un pelo de tonta, de hecho mucha de la tecnología necesaria para el funcionamiento de nuestros teléfonos móviles, con el wifi y esas zarandajas tecnológicas, se la debemos a ella, y a pesar de ello era capaz de lanzar frases tan curiosas como aquella que decía: "Cualquier chica puede parecer glamourosa. Todo lo que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida". Por supuesto la frase es solo una excusa para observar lo bien que estaba quietecita esta arrebatadora Lamarr.



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sábado, 7 de mayo de 2022

Marilyn Monroe y Billy Wilder: Sobre la impuntualidad y las bañeras

 

El admirado Billy Wilder rodó con Marilyn Monroe dos deliciosas comedias: "La tentación vive arriba" (The seven year itch - 1955) "Con faldas y a lo loco" (Some like it hot - 1959); ambas,  a pesar de los excelentes resultados logrados, resultaron un verdadero suplicio para el director. Wilder reconocía la magia que desprendían las imágenes de la actriz en la gran pantalla, el amor que por ella sentía la cámara: "Marilyn Monroe era de carne, y se fotografiaba de carne. Tenías la impresión de que bastaba con alargar la mano para poder tocarla". Y sobre su talento tampoco albergaba dudas: "Marilyn era un absoluto genio como actriz cómica, con un sentido extraordinario para los diálogos cómicos. Tenía ese don. Nunca después he vuelto a encontrar una actriz así". De hecho, estoy seguro que si no hubiese fallecido tan pronto la actriz, en 1962, habrían rodado alguna película más juntos, de hecho el papel femenino de "Bésame tonto" (1964), ese que terminó llevándose Kim Novak, le iba que ni pintadoPero algo en el comportamiento de la actriz tiraba por tierra todas esas virtudes ante el director: su acusada  impuntualidad, una tortura sobre la que Wilder se pronunció dedicándole una frase ciertamente memorable:  

"Sobre la impuntualidad de Marilyn debo decir que tengo una vieja tía en Viena que estaría en el plató cada mañana a las seis y sería capaz de recitar los diálogos incluso al revés. Pero, ¿quién querría verla?… Además, mientras esperamos a Marilyn Monroe todo el equipo, no perdemos totalmente el tiempo… Yo, sin ir más lejos, tuve la oportunidad de leer Guerra y Paz, y Los Miserables."

Marilyn, por su parte, era totalmente consciente de sus retrasos y al respecto decía: 

“Invariablemente llego tarde a las citas, en ocasiones con un retraso de dos horas. He intentado cambiar mi manera de ser, pero lo que me hace llegar tarde es algo fuerte... y demasiado agradable. Cuando debo ir a cenar a alguna parte a las ocho, me quedo tendida en la bañera durante una hora o más. Llegan las ocho y todavía sigo en la bañera. Voy echando perfumes en el agua y dejando que se vacíe el agua y llenando de nuevo la bañera con agua limpia. Olvido que son las ocho y mi cita para cenar. Sigo pensando y sintiéndome muy lejos. No es Marilyn Monroe la que está en la bañera sino Norma Jeane. Estoy dándole gusto a Norma Jeane. Solía tener que bañarse en el agua que habían utilizado seis u ocho personas. Ahora puede bañarse en agua tan limpia y transparente como el cristal. Y parece que Norma no tenga nunca suficiente agua limpia con olor a verdadera colonia”

Quien sabe si, sabedor de este problemilla de Marilyn con sus baños, en "La tentación vive arriba" le dedicó una escena en la que se ve a la estrella en la bañera, con el dedo gordo de uno de sus pies encajado en el grifo, imposibilitada para poder abandonar su refrescante aseo. Y a pesar de todo Wilder terminó dando por bueno todos aquellos ratos "de lectura obligada de los clásicos" debidos a la impuntualidad de la estrella: "Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la II Guerra Mundial. Hay cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena". 

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jueves, 5 de mayo de 2022

John Ford y sus problemas con "el hombre del tiempo"

 

John Ford, ese hombre que hacía películas del oeste, tal y como se definía él mismo, se encontraba en 1948 rodando "Fort Apache" en Monument Valley, una de sus localizaciones preferidas, y como era su costumbre, había decidido emplear indios reales en la filmación con el fin de ayudarles económicamente, además, por supuesto, de hacer más redondo el resultado final. El director logró una buena sintonía con los indios e incluso llegó a preocuparse por la predicción que sobre el tiempo realizaba diariamente el hechicero de la tribu. Al cabo de unos días y tras comprobar que el hechicero no fallaba en nada de lo que pronosticaba, John Ford terminó por confiar más en sus vaticinios que en los que les daba el personal técnico. Una mañana no le llegó la ya esperada predicción y preocupado le preguntó a uno de los indios que trabajaban en la película y este le dijo que el hechicero no tenía una respuesta que poder darle. Cuando Ford le preguntó por el motivo, el indio se limitó a contestarle: "Su radio se ha roto"

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miércoles, 4 de mayo de 2022

Marilyn, Wilder y los mirones de "La tentación vive arriba"

 

Nunca pensé que el título español que se le dio a esta película "The seven year itch" (1955) tuviera "indirectamente" tanto que ver con una anécdota que ocurrió durante la famosa escena en la que a Marilyn Monroe se le levanta la falda por el aire del respiradero del metro. Cosas de electricistas y mirones que sintieron intensamente que en verdad "La tentación vive arriba". Lo cuenta Billy Wilder, el director de la película:

"Personalmente prefiero el rodaje en estudio porque puedo controlarlo. No tengo que luchar con la luz, que cambia constantemente, ni con la meteorología. No estoy obligado a parar en el momento en el que el cielo se ensombrece: cuando no tienes el control, estás obligado a hacer concesiones. Creo que en un estudio puedo encontrar mejores soluciones. Y además está la molestia de trabajar con extraños. A propósito de esto, tengo una buena historia. Rodábamos La "Tentación vive arriba. ¿Se acuerda?: Era verano en Nueva York y Marilyn se asa de calor. Conserva su ropa interior en el frigorífico y quiere pasar la noche con Tom Ewell, cuya mujer está en el campo, porque él tiene aire acondicionado. Van al teatro por la noche y al salir pasan sobre la rejilla de ventilación del metro por la que sopla un viento refrescante que levanta la falda de Marilyn. ¿Se acuerda de aquel célebre plano? Estábamos rodándolo en el cruce de la calle 54 y Madison Avenue. Fácilmente habría unas cinco mil personas que esperaban para ver las piernas de Marilyn. Y bajo la rejilla, los eléctricos que hacían funcionar el ventilador aceptaban chatos de vino de mirones que también querían ver a Marilyn desde abajo. Volvimos a empezar el plano varias veces, la cosa no marchaba. Los espectadores estaban agitados, pedían autógrafos. Aquello se volvía embarazoso y a Joe DiMaggio, el marido de Marilyn que estaba presente, no le gustaba mucho que su mujer sirviera de espectáculo. En resumen, yo no controlaba nada. Finalmente volvimos al estudio de la Fox. Reconstruimos una esquina de la calle y fue perfecto"

Extracto del libro "Billy & Joe - Conversaciones con Billy WIlder y Joseph L. Mankiewicz" de Michel Ciment


Y por supuesto, la escena:

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martes, 3 de mayo de 2022

Duke Ellington: El señor del Jazz

 

Puede que el primer Kennedy en entrar en la Casa Blanca fuera Duke Ellington. Y es que su verdadero nombre era Edward Kennedy Ellington y su padre trabajaba como mayordomo en el hogar de los presidentes de EEUU. Su madre procedía de una familia acomodada, lo que hizo que el muchacho pronto tuviera estudios de música y aprendiera a tocar el piano, instrumento desde el que en no pocas veces dirigiría su orquesta y en el que era todo un virtuoso. Recibió una esmerada educación burguesa que lo revestía de una cierta elegancia aristocrática que le acompañaría durante toda su vida, motivo por el cual sus amigos le dieron el apodo de "Duke" (Duque) por el que sería conocido en esa singular nobleza del jazz, en la que también había condes (Count Basie), reyes (King Oliver y Nat King Cole), Presidentes (Press - Lester Young) y hasta una Lady (Lady Day - Billie Holiday). Sin extenderme en la posterior evolución musical de éste, de los iniciales Washingtonians, de su paso por el Cotton Club, de su orquesta y sus maravillosas composiciones, que ya ocuparán otras reseñas en el futuro, lo que quiero remarcar es la formación académica de Duke, como músico, algo que no era del todo habitual en el Jazz, a fin de entender las frases suyas que ahora paso a reseñar:

Duke Ellington dixit:

"Piensan que el jazz es aquella historia que he contado muchas veces de un chiquillo que nunca fue al colegio y que estando en el campo, andrajoso como una lata de espaguetis, llega a un prado y se encuentra lo que parecer ser un palo negro. Lo coge y tranquilamente se sienta bajo un sauce. Por supuesto, nosotros sabemos –aunque él no– que se trata de un clarinete. Empieza a soplar y de ahí nace el jazz. Mucha gente piensa que de ahí es de dónde viene el jazz y ahí es donde termina. No aceptan a nadie que pueda escribir algo sobre el jazz. No creen que se pueda poner en un pentagrama y no creen que requiera habilidad alguna, y que si, un segundo antes de tocar algo ya sabes lo que vas a tocar, entonces eso no es jazz, y eso es imposible, ya sabes..."

"Algunos críticos y algunas escuelas de pensamiento dicen que el jazz es libertad de expresión y todo ese tipo de cosas, pero en realidad sus ideas son muy tendenciosas, porque creen que una personalidad debería estar limitada a su principal rasgo de identidad."

"En general, el jazz siempre ha sido como el tipo de hombre que no te gustaría para tu hija."

"Ningún texto musical es swing. No se puede escribir swing, y que el swing es lo que sacude al auditor y no hay swing en tanto que la nota no ha sonado. El swing es un fluido y aunque una orquesta haya tocado un trozo catorce veces, puede ocurrir que sólo lo logre con swing a la décima quinta vez."

"Tocar "be bop" es como jugar a la sopa de letras faltándote todas las vocales."

"No soy disciplinado. Tienes que ser responsable cuando eres líder, tener la dignidad y la autoridad que requiere un líder, y eso es muy pesado para mí."

"Soy una orquesta y soy un compositor. No soy un maestro."


Y para terminar, aquí queda este sensacional vídeo en el que podemos ver a Duke dirigiendo desde el piano un meddley de algunas de sus obras más conocidas: "Mood Indigo", "Sophisticated Lady", "It don't mean a thing" y "Don't get around much anymore":


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lunes, 2 de mayo de 2022

Ingmar Bergman: ¿Qué es la creación?

 

“La creación artística siempre se ha manifestado en mí como un hambre. […] Durante veinte años, sin fatigarme, con una suerte de furor, he transmitido sueños, sensaciones, fantasmas, crisis de locura, neurosis, éxtasis de la fe y puras mentiras. Mi hambre siempre ha sido nueva. El dinero, la celebridad, el éxito han arropado mi paso, de manera sorprendente, pero al final poco interesante.

Al decir esto, no subestimo lo que, por casualidad, haya podido realizar. El arte como satisfacción de uno mismo puede tener, naturalmente, cierta importancia –sobre todo para el artista. Si he de ser totalmente sincero, el arte (y no sólo el arte cinematográfico) carece, en mi opinión, de importancia. La literatura, la pintura, la música y el teatro se engendran y se alimentan de sí mismos. Surgen y se agotan nuevas mutaciones y combinaciones; visto desde el exterior el movimiento parece de una vitalidad febril alimentada por la soberbia de los artistas a la hora de proyectar ante ellos mismos y un público cada vez más distraído un mundo que no se preocupa de lo que ellos piensan. […] Si a pesar de todo pretendo continuar “haciendo arte”, hay una razón muy sencilla para ello […]. Esta razón es la curiosidad. Me siento como un prisionero que, de regreso tras una larga condena, de pronto se sumerge en la alharaca y el bullicio de la vida. […] El artista comparte su condición con cada ser vivo, que sólo existe para sí mismo. A fin de cuentas, esto crea, sin duda, una gran fraternidad que también existe en el seno de una comunidad egoísta en nuestra tierra cálida y sucia bajo un cielo frío y despejado”

El texto está sacado del libro que Cahiers du Cinema dedicó hace unos años al director de cine sueco Ingmar Begman. Es un texto que este sensacional director sueco escribió con ocasión de la concesión del Premio Erasmo en 1965. Más tarde ese mismo texto fue reproducido como prefacio a su película "Persona".

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) Fuente Original

sábado, 30 de abril de 2022

El doloroso comienzo de Vittorio de Sica como actor


 

"Había que elegir al protagonista del drama religioso en honor al niño mártir san Tarcisio. Los dos seleccionados entre los cuarenta niños de la misma edad éramos Colasanti, de trece años, y yo, de doce. Desafortunadamente, me eligieron a mí porque Colasanti no caía bien. Él formó parte del grupo de aquellos que debían matar a pedradas a san Tarcisio, que llevaba las hostias consagradas a los cristianos encerrados en las catacumbas.

Todos los demás niños arrojaban piedras hechas por el buen padre Grossi con tela de saco y serrín; sin embargo, Colasanti tiró piedras de verdad. Me desvanecí en plena escena porque una piedra me golpeó en la frente, pero todos, en la platea, incluido mi padre, aplaudieron con entusiasmo, admirados del auténtico modo de morir de aquel san Tarcisio interpretado por el niño de doce años, De Sica"

Este fragmento, con la narración del que parece ser el primer -y doloroso- paso en el mundo de la actuación del gran Vittorio de Sica ha sido tomado de sus memorias, tituladas "La Puerta del Cielo". De Sica, era solo un niño de 12 años, por lo que sus posteriores éxitos como actor y director de cine no se puede decir que estuvieran precisamente "a tiro de piedra", aunque también es verdad que los aplausos obtenidos en este pequeño papel le llevaron a realizar otros trabajos en el mundillo de las tablas y a perfilar una senda que le llevaría a ser uno de los grandes del cine. 

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC BY-SA 3.0 NL) - Fuente Original

viernes, 29 de abril de 2022

Katharine Hepburn y su desdén a sus cuatro Oscars


 

Katharine Hepburn es una de las mejores actrices de la historia del cine, pero es a su vez una de las personalidades más interesantes de ese mundillo. Si todo el mundo sabe que Marlon Brando rechazó un Oscar de forma muy llamativa a través de aquella india que después resultó no serlo, pocos conocen que la rebelde Katharine ganó nada más y nada menos que cuatro de esos premios y no fue a recoger ninguno de ellos. Congruentemente afirmaba que si no había ido a recogerlos tampoco debía tenerlos como objeto de adoración en su casa y en su línea siempre sorprendente decidió  donarlos al edificio "Empire State Building" de Nueva York, donde actualmente se exhiben en una urna de cristal. 

Hepburn solo acudió en una ocasión a la gala de los Oscar (estuvo nominada en doce ocasiones) y fue con el exclusivo motivo de entregar -que no recibir- un premio. Pero eso sí, lo hizo a su manera, fue vestida en pijama, para protestar por la banalidad de dichos premios. Algo realmente chocante si lo comparamos con los shows que se montan hoy día en la alfombra roja, en la que las damiselas de moda, se disputan los flashes de los fotógrafos para ver quién es elegida la más elegante, gracias a un espectacular modelito que dejará a todos sin respiración (a veces a ellas también).

Decíamos que Katharine es la intérprete que ha conseguido más Óscar de la historia, cuatro, la siguen Walter Brennan, Ingrid Bergman, Meryl Streep, Jack Nicholson y Daniel Day Lewis con tres cada uno. Sin embargo, estando viva, nunca ganó un Globo de oro ni un premio Bafta. Como curiosidad, ganó su cuarto Óscar 48 años después del primero, lo que constituye otro récord.

Y es que como decía Frank Capra"Hay mujeres y luego está Kate" o el amor de su vida Spencer Tracy que sentenciaba: "Kate tiene poca carne, pero la que tiene es de mucha calidad".



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jueves, 28 de abril de 2022

Louise Brooks, la Pandora del Cine Mudo

 

"Una mujer bien vestida, aunque su cartera esté dolorosamente vacía, puede conquistar el mundo"

Y si encima es tan bella como Louise Brooks, a quien pertenecen esas palabras, ya me dirán ustedes las dificultades que podría encontrar en poner ese mundo a sus pies. En una época en la que las actrices aparecían en pantalla timoratas y débiles, casi como muñequitas de porcelana con grandes ojos, sumisas y llenas de afectación, surgió una vampiresa, rebelde e ingobernable de pelo negro que iba a romper todos los moldes: la fabulosa Louise Brooks, la actriz maldita que desafió a Hollywood, una actriz que fascinaba tanto a hombres como a mujeres. 

"Aprendí a actuar mirando bailar a Martha Graham y a bailar viendo actuar a Chaplin" decía una Brooks que en sus inicios pretendía ser bailarina y que a pesar de llegar a pertenecer a las Ziegfeld Follies de Broadway no pudo esquivar su indudable destino tras unas cámaras que adoraban su inigualable sonrisa, su desparpajo y el erotismo que emanaba su persona. Nadie reía ni amaba como la Brooks. Hay quien mantiene que ni tan siquiera mitos eróticos como Marilyn han sido capaces de sostener una mirada con una carga sensual como la de Louise Brooks, esa mirada hipnotizante enmarcada en los paréntesis negros de un peinado que marcaría época y que fue copiado hasta la saciedad por las mujeres de aquellos años.

"Tengo un don para enfurecer a la gente, pero si alguna vez te aburro, será con un cuchillo" decía la actriz. No cabía duda de que aquella morena estaba en las antípodas de todas las actrices de aquel cine sin palabras y muy adelantada a su tiempo. Louise era distinta, era independiente, una mujer liberada y dueña de si misma y de su sexualidad en una época en la que aquello era casi motivo de ir a la hoguera y para colmo era inteligente y devoraba libros como quien come pipas. No se podía esperar nada bueno de una actriz que se ponía a leer en los descansos de los rodajes y que por otro lado soltaba perlas del estilo: “Hacer el amor es sólo una forma petulante de pasar el tiempo esperando la llamada del estudio de cine”. Ingobernable y de un marcado carácter no tardo en ganarse la etiqueta de libérrima, antipática, caprichosa y esnob.

Los problemas con los estudios no tardaron en llegar, sobre todo con la inminente llegada del cine sonoro y cuando quisieron someterla, lejos de amilanarse, se fue a Europa donde se forjaría definitivamente el mito. En Alemania se estaba buscando una actriz para dar vida a la inclasificable "Lulú" de la "La caja de Pandora" (1928), una película para la que Wilhem Pabst ya había desechado a centenares de actrices en una búsqueda que solo encuentra ecos en el casting de la Scarlett O'Hara de "Lo que el viento se llevó". Cuando Pabst vió a Louise Brooks tuvo claro de inmediato quien sería "Lulú". El enfado de Marlene Dietrich, que creía tener seguro el papel fue de órdago. 

Lúlu era un personaje complejo, encarnaba a una vampiresa que era la perdición de los hombres, un papel que parecía estar hecho a la medida de la Brooks, un criatura insaciable que se mueve solo por el placer, libre de hipocresías y ataduras en un mundo reprimido sexualmente. Lulú es una mujer que comienza la película como amante, que pasa a ser esposa y luego adultera y que finalmente trabaja como prostituta, por supuesto sin asomo de culpa. Para que la sociedad terminara de llevarse las manos a la cabeza no faltaban algunos devaneos lésbicos e incestuosos. La cosa como entenderán no podía terminar bien y la pobre "Lulú" termina asesinada entre las brumas londinenses por el mismísimo Jack el Destripador.

La película resultó todo un escándalo y fue prohibida en casi todos los países por lo escabroso que resultaba el personaje de "Lulú" y al coincidir con la llegada del sonoro el film no tuvo demasiado eco. A pesar de ello Louise Brooks se convirtió en todo un mito en Europa y logró hacer alguna película más, de las que merece la pena recordar especialmente otro título rodado a las órdenes de Pabst: "Tres páginas de un diario"

No cabía duda de que la cámara amaba sus expresiones; Brooks era ya un mito, pero eso no bastó para que poco a poco su carácter la fuera alejando del cine y la hiciera pasar por etapas parecidas a las de su Lulú. Fue de nuevo bailarina, dependienta, escritora e incluso hay quien dice que "dama de compañía" de ricachones... Unas décadas después su imagen causó sensación en los jóvenes críticos de la Nouvelle Vague que de inmediato reivindicaron su figura, su belleza misteriosa y la fuerza y modernidad de sus papeles cinematográficos. Godard hizo que su musa Anna Karina llevara su peinado en una de sus películas; Henry Langlois, director de la Cinemateca francesa sentenciaría: "No hay Garbo. No hay Dietrich. ¡Solo está Louise Brooks!" y después completaría: "Aquellos que la han visto no la pueden olvidar. Es la actriz moderna por excelencia... Apenas aparece en la pantalla, la ficción se esfuma al tiempo con el arte, y uno tiene la impresión de estar viendo un documental. Es como si la cámara la hubiera tomado por sorpresa, sin su conocimiento. Es la inteligencia del proceso cinematográfico. Personificación perfecta de lo fotogénico, ella encarna todo lo que el cine redescubrió en sus últimos años de silencio: la naturalidad y la simplicidad completas. Su arte es tan puro que se vuelve invisible."

Su imagen transgresora y sus desnudos invitaron, ya en 1965 al dibujante italiano Guido Crepax, a utilizar su imagen para dar vida a Valentina, una personaje de cómic para adultos de fuerte carga sexual, que no provocó ningún enfado en la ya mayor actriz, al contrario terminó siendo gran amiga del dibujante con el que mantuvo una intensa correspondencia, de hecho se sentía orgullosa de haber sido una de las pocas actrices que habían inspirado un personaje ficticio.

Como imaginaran, una mujer como Louise Brooks, que cabalgaba a lomos de un tigre no tuvo una vida fácil lejos de las cámaras y llegada ya la vejez. Los años de fumar como un carretero y beber sin freno hicieron estragos. Sus últimos años los paso sola hasta fallecer en 1985 a los 78 años de un ataque al corazón. En Europa su muerte tuvo amplio eco en toda la prensa, todo lo contrario que en Estados Unidos donde estaba prácticamente olvidada. La propia Louise Brooks definió claramente su suerte: 

"Siempre vi mi belleza como una maldición que hacía que me identificaran más como una prostituta que como una actriz. Ahora, por lo menos, entiendo que mi belleza fue una bendición. Mi falta de entendimiento sobre cómo comercializarla fue la maldición"


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miércoles, 27 de abril de 2022

Marilyn Monroe, la virtud y el alma


 

"La virtud de una chica es mucho menos importante en Hollywood que su peinado. Se te juzga por tu aspecto, no por lo que eres. Hollywood es un lugar donde te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma. Lo sé porque rechacé la primera oferta bastante a menudo y cobré siempre los cincuenta centavos"

Marilyn Monroe

martes, 26 de abril de 2022

Mario Vargas Llosa y "La verdad de las mentiras"

 

“Porque la vida real, la vida verdadera nunca ha sido ni será bastante para colmar los deseos humanos. Y porque sin esa insatisfacción vital que las mentiras de la literatura a la vez azuzan y aplacan, nunca hay auténtico progreso.

La fantasía de que estamos dotados es un don demoníaco. Está continuamente abriendo un abismo entre lo que somos y lo que quisiéramos ser, entre lo que tenemos y lo que deseamos.

Pero la imaginación ha concebido un astuto y sutil paliativo para ese divorcio inevitable entre nuestra realidad y nuestros apetitos desmedidos: la ficción. Gracias a ella somos más y somos otros sin dejar de ser los mismos. En ella nos disolvemos y multiplicamos, viviendo muchas más vidas de la que tenemos y de las que podríamos vivir si permaneciéramos confinados en lo verídico, sin salir de la cárcel de la historia.

Los hombres no viven sólo de verdades; también les hacen falta las mentiras: las que inventan libremente, no las que les imponen; las que se presentan como lo que son, no las contrabandeadas con el ropaje de la historia. La ficción enriquece su existencia, la completa, y, transitoriamente, los compensa de esa trágica condición que es la nuestra: la de desear y soñar siempre más de lo que podemos realmente alcanzar."

El fragmento pertenece a "La verdad de las mentiras", un ensayo del escritor peruano Mario Vargas Llosa publicado en 1990 en el que reflexiona sobre varias obras literarias y su capacidad de ofrecer esa pizca de ficción que falta a la vida real. Para ilustrar el fragmento encabeza la entrada la obra "Pensamientos" (1883) del pintor inglés John Henry Henshall.

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lunes, 25 de abril de 2022

Cyd Charisse: La tentación verde



Cyd Charisse fue una de las grandes diosas de los tiempos dorados de Hollywood. Sus piernas eran legendarias, tanto que en 2001 llegó a aparecer en el libro Guinness de los récords en el apartado "Piernas más valiosas", gracias al seguro que contrató en 1952 por valor de 5 millones de dólares (de los de entonces) para protegerlas, dejando muy por detrás el hito de su antecesora en tal cuestión, la conocida como "la chica de las piernas del millón de dólares" que no era otra que Betty Grable.

Pero más allá de la belleza está el talento y Cyd Charisse poseía unas dotes extraordinarias como  bailarina que la hicieron aparecer en algunos de los musicales más gratamente recordados de los que se hicieron en Hollywood. Baste recordar su aparición en "Cantando bajo la lluvia" (Stanley Donen - 1952), una película perfecta, en la que para colmo, en medio de tanta diversión y alegría, aparece nuestra Cyd Charisse vestida de verde, dando vida a una rotunda devorahombres que vuelve loco al genial Gene Kelly y que con solo levantar una pierna al cielo sujetando el sombrero del estupefacto bailarín paró el mundo por un instante e hizo a todos pensar en verde aunque no hubiera cerveza cerca. Pocas veces una sola escena tuvo tanto impacto. Su personaje no tenía ni tan siquiera nombre, pero nadie olvida hablar de ella cuando acaba la película, tanto entonces como ahora, setenta años después. Por su culpa, si la tentación tuviera algún color, no cabe duda de que sería el verde.

Con Kelly también grabó "Brigadoon" (Vincente Minelli - 1954), pero antes rodó la sensacional "Melodías de Broadway 1955" (Vincente Minelli - 1953) en la que la Charisse esta vez se vistió de rojo y se marcó un baile sencillamente espectacular con Fred Astaire -que incluimos al final de esta entrada- quien con razón la definía en sus memorias como "una hermosa dinamita".

Con Astaire también rodó la deliciosa película "La Bella de Moscú" (Rouben Mamoulian - 1957); y si la Garbo pudo reír cuanto quiso como Ninotchka (en la versión precedente de esta historia), desde luego nunca llegaría a ponerse unas "pecaminosas" medias de seda, símbolo de todo lo malo del capitalismo, con la magia de la que era capaz Cyd Charisse que, todo hay que decirlo, en esta película estaba sencillamente preciosa. Fred Astaire terminó sentenciando: "Cuando bailas con Cyd sabes lo que es bailar", todo un cumplido viniendo de alguien tan exigente y perfeccionista como él.

Poniendo de ejemplo a esta estupenda actriz, queríamos comentar lo rocambolesco que algunas veces puede resultar el conseguir un nombre artístico. Cyd Charisse se llamaba en realidad Tula Ellice Finklea, pero desde muy pequeña su hermano menor le puso el apodo de "Sid" (parece que derivado de "sister) algo que en principio quedó en el olvido. Con el tiempo llegó a participar en los exigentes ballets rusos del famoso Sergei Diaghilev y evidentemente aunque hubiese nacido en Texas, tenía que presentarse con un nombre artístico a modo, con lo que pasó a ser conocida como "Felia Sidorova" y en otras ocasiones como "María Istomina". No tardaría en casarse con su profesor de baile Nico Charisse y cuando decidió dar el salto al cine, a pesar de empezar con el nombre de Lily Norwood, al ver el potencial que tenía aquel bellezón, que bailaba como los ángeles, los directivos de la MGM la instaron a cambiar de nombre, proponiendo ella misma llamarse "Sid" como la apodaba su hermano y "Charisse" por el apellido de su marido y que en esos momentos era también el suyo. La cosa quedó cerca y los directivos de los estudios solo introdujeron un ligero cambio cambiando la "S" inicial por una exótica "C". Se llamaría "Cyd Charisse". La tentación verde ya tenía nombre.


El bailecito de Band Wagon (Melodías de Broadway - 1955)


Y por supuesto el de "Cantando bajo la lluvia"


Imágenes: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Img 13 - 4 - Imagen 2 de Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

viernes, 22 de abril de 2022

Sal Mineo y el intimidante John Ford

 

John Ford solía filmar sus películas del Oeste en Monument Valley y con ocasión del rodaje de "El gran combate" (Cheyenne Autumn - 1964), su último western, contaba en el reparto con Sal Mineo con el que se produjo una curiosa anécdota que resulta muy reveladora sobre el talante del director y que cuenta el mismo actor:

"Todas las noches escuchaba algo de música en mi habitación cuando estábamos rodando exteriores, por lo general, cosas de jazz o algo por el estilo, y bien alto. Una noche entra Ford y me pregunta por qué no puedo poner el volumen un poco más bajo. "Verá usted, señor" le dije, "este tipo de música se tiene que poner a todo volumen, porque si no no se  le saca todo el jugo". El viejo saca el cuchillo, lo abre y lo pone encima de la mesa. "Puedes ponerlo un poquito más bajo", dijo. "Si señor, puedo ponerla, mucho más bajo." Entonces agarrara la navaja y la cierra. Baja la cabeza y dice: "Es lo que creía yo", y se marcha".

Esta anécdota aparece en el libro "John Ford" de Peter Bogdanovich.

Imagen: De Flickr "kate gabrielle" (CC POR 2.0) - Fuente Original

jueves, 21 de abril de 2022

Todo el mundo quiere ser Cary Grant


"Peter Bogdanovich cuenta que, en 1971, Cary Grant fue al Beverly Wishire Hotel para asistir a una gala en honor de John Ford. En el mostrador de reservas abordó a una de las señoras maduras que controlaban las invitaciones.

-¡Hola! Me he olvidado el ticket, lo siento muchísimo. ¿puedo entrar, por favor?

-¿Cómo se llama usted?

- Cary Grant.

- No se parece usted a Cary Grant -argumentó la señora madura.

Sin pausa, el actor replicó con la mayor jovialidad.

- Es verdad, nadie se le parece"

De hecho, el propio actor, que se llamaba en realidad Archibald Alexander Leach, solía decir de la criatura cinematográfica a la que daba vida: "Todo el mundo quiere ser Cary Grant, incluso yo quiero ser Cary Grant". Algo nada fácil en realidad. Su elegancia, su presencia en la pantalla y esa rara capacidad suya para la comedia y el drama no se han vuelto a repetir en otro actor, por mucho que el Sr. Clooney lo intente desesperadamente. Ya lo decía el gran director Sidney Lumet: "Es igual que lo que decían de Cary Grant... "Bah!, solo tiene encanto". Pues, para empezar, el encanto no es una cualidad fácil de encontrar". Y entre "Tu y yo", sobre Cary Grant no existe "Sospecha" alguna al respecto, lo derrochaba a raudales, aún cuando se encontrara "Con la muerte en los talones". 

La anécdota inicial era contada por José Luis Guarner en el artículo "El actor que creó su propio personaje" publicado en La Vanguardia el 1/1/1986 y posteriormente citada por Bonet Mojica en su libro "Casa de Citas - Hollywood habla".


Imágenes: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro - Img 1 - Img 2

miércoles, 20 de abril de 2022

John Ford, John Wayne y el arte de la oratoria

 

Nadie duda de que una de las mejores cosas que pudieron ocurrirle a John Wayne fue convertirse en el actor fetiche del grandioso John Ford, con el que protagonizó algunas de las mejores películas de la historia. La verdad es que Wayne no apuntaba muy alto hasta comenzar su relación con Ford y de esta manera, Robert Parrish, que trabajaba como montador con el hombre que hacía películas del oeste, como gustaba definirse a si mismo Ford, le pregunto a este cuál era el secreto para que Wayne luciera mucho mejor cuando trabajaba con él que cuando lo hacía para otros directores. Ford más bien enojado por la pregunta le dijo "¿Por qué quieres saberlo?" a lo que Parrish le contestó "Algún día me gustaría dirigir". Ford, fiel a su estilo, le contestó secamente: "Entonces ¿por qué demonios no te vuelves a tu sala y montaje y aprendes primero a cortar?"

Con el tiempo Parrish llegó a cumplir su sueño de dirigir películas y a su cargo corren títulos como "Casino Royale", "Mas allá de Rio Grande" o "Contrato en Marsella" por nombrar algunas, y años después de aquella pregunta, él y Ford, que no le había olvidado, coincidieron en la Marina, donde le invitó al visionado de algunas películas suyas junto a otros oficiales. Cuando la proyección iba a dar comienzo y se apagaban las luces, Ford le dijo a Parrish que contara el número de veces que Wayne hablaba en "La Diligencia" y en "Hombres Intrépidos". Cuando las luces se encendieron Ford preguntó: "¿Cuántas veces?". Parrish había contado tan sólo 14 cortos diálogos en cada una de las películas. Ford sentenció: "Así es como haces que sean buenos actores ¡No dejes que hablen!"

La foto que acompaña la anécdota corresponde a otra de las grandes obras de Ford, nada menos que "El hombre que mató a Liberty Valance" (1962) y en ella se puede ver a Ford con su parche en el ojo, al poco hablador (por exigencias del guion) de Wayne y al sensacional James Stewart. ¡Vaya tres!

Imagen: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Fuente Original

lunes, 18 de abril de 2022

El día que Mickey Mouse y Minnie se casaron en la vida real


Pues sí, puede parecer raro, pero de alguna manera Mickey Mouse y Minnie llegaron a casarse en la vida real. El caso es que en 1977, Wayne Allwine, que había comenzado como conserje en los Estudios Disney se hizo cargo de dar voz a Mickey, después de que ese cometido lo hubieran desempeñado el propio Walt Disney y Jimmy MacDonald. Ese mismo año Russi Taylor entró a trabajar en los mismos estudios y nueve años después se convertiría en la voz de Minnie. Supongo que tanto trabajar codo con codo, tantas carantoñas vocales y la complicidad de los personajes a los que prestaban sus almas, provocó que se enamoraran y que terminaran casándose en 1991. A pesar de la singularidad de su unión, la pareja fue extremadamente discreta con esta anécdota y solo después de bastantes años se atrevieron a dar alguna entrevista en la que, eso sí, no dudaron en utilizar, para responder las preguntas, las voces que crearon para sus personajes. Si en la noche de boda continuaron con sus juegos vocales en la intimidad, algo que entra dentro de lo probable, no puedo dejar de imaginarme algunas escenas de alcoba.... ¡qué pensarían los vecinos!

Imagen: De Flickr (Peter Lee) - (CC BY-NC 2.0) - Fuente Original

James Dean y su "Pequeño Bastardo"

 

Decía James Dean: "Creo que sólo hay una forma de grandeza para el hombre. Es cuando un hombre puede salvar la brecha entre la vida y la muerte. Quiero decir, si puede vivir después de que ha muerto, entonces tal vez fue un gran hombre. Para mí el único éxito, la única grandeza, es la inmortalidad." Y parece que la consiguió.

Hay otra frase famosa que le es adjudicada al actor, aquella de "Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver" aunque esta es una atribución errónea por mucho que venga como anillo al dedo al actor por cumplir escrupulosamente cada una de sus palabras. En realidad esta frase forma parte de un guion de Nicholas Ray para la película "Llamad a cualquier puerta".

James Dean, nacido en 1931, tenía una imagen adelantada a su tiempo, poseía, o cuando menos aparentaba, una rebeldía muy moderna que pronto lo convirtió en todo un icono para muchos jóvenes. Hay quien afirma que uno de los símbolos de la relajación en la forma de vestir de los jóvenes de entonces y que continua en nuestros días, el pantalón vaquero, debe su popularización a este jovencito que falleció en 1955, con 24 años y después de tan sólo 3 películas: "Al este del Edén" (la única estrenada en vida del actor), la sensacional "Gigante" y "Rebelde sin causa". Tras el accidente que le quitó la vida, su imagen, su forma de vivir y el éxito en forma de dos nominaciones póstumas al Oscar, hizo que se convirtiera en un mito intemporal, circunstancia a la que sin duda ayudó notablemente, como en tantos otros casos, la visita un tanto madrugadora de su muerte. La segunda muerte que puede tener una persona, la del olvido, no le está permitida por las personas que gestionan sus derechos de imagen, y de esta manera James Dean sigue vendiendo y produciendo millones de beneficios desde la tumba para aquellos que siguen manoseando su imagen. Se empezó a hacer caja desde el mismo instante de su muerte.

James Dean era aficionado a las carreras de coches e incluso en alguna de ellas había logrado puestos destacados. Su coche era un Porsche Spyder 550 que fue bautizado como "Little Bastard", y sería en este "Pequeño Bastardo" en el que encontraría la muerte tras un choque frontal con otro vehículo. Curiosamente días antes del choque había rodado un anuncio pidiendo prudencia en la carretera, un anuncio que después de su accidente nunca se emitió. 

Pero más allá de todos los detalles del accidente, a lo que quiero llegar es al manoseo de la imagen de Dean. Ciertamente el conductor del coche que chocó contra el de Dean, un tal Donald Turnupseed, fallecido en 1995, no se lucró durante todos esos años de las suculentas cifras que podría haber conseguido contando la experiencia y paseándose por los platós de televisión como a buen seguro habría ocurrido en esta España nuestra que nos ha tocado vivir. Siempre guardó un respetuoso silencio. Pero no todos fueron tan respetuosos. Una vez muerto empezaba el festín con los despojos del actor. El primer buitre en aparecer en el horizonte fue un tal William Eschirisch que tuvo la genial idea de hacerse con los restos destrozados del coche de Dean y compró en el Servicio de Recuperación de Carreteras el amasijo de hierros en el que quedó "Little Bastard" por la cantidad de 1000 dólares y que en muy poco tiempo revendió por 2500 dólares a una compañía publicitaria de Hollywood. Tras un tiempo el coche terminó exhibiéndose en un escaparate con un cartel a modo de reclamo en el que podía leerse con unas letras de color rojo sangre: "Esta es la estrella vertiginosa en la que James Dean halló la muerte. Precio de admisión 35 centavos". Y si ese era el precio, 35 centavos, módica cantidad por la que cualquier curioso morboso podía sentarse durante 15 segundos en el mismo asiento en el que se había sentado James Dean y podría tocar el volante y los asientos que todavía se encontraban manchados con la sangre del actor. Uno podría pensar que nadie puede ser tan macabro como para sentarse en ese lugar, pero la raza humana es realmente sorprendente y el primer día acudieron al reclamo la significativa cantidad de 3000 personas, ritmo que se mantuvo a un nivel considerable durante bastante tiempo. El negocio fue redondo.

Otro americanito tuvo la idea de hacer cojines con el rostro de James Dean y lo bautizo con el nombre de "Almohadas del amor" y curiosamente vendió también una buena cantidad de ellos y después empezarían las revistas monográficas sobre su persona que se agotaban nada más salir. Otros tuvieron la idea de robar la ropa que el actor había usado en sus películas y después de trocearlas, fueron vendiendo los trocitos por cantidades desorbitadas para un trocito de tela.

En 2005, el 50 aniversario de la muerte del actor, la casa Porsche sacó una edición limitada de 1953 unidades de un modelo conmemorativo de aquel Porsche Spyder 550, con lo que todos los que tuvieran la módica cantidad de 59.900 dólares podía tener su propio "Pequeño Bastardo". Las cosas……



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domingo, 17 de abril de 2022

Los orígenes vascos de Jessica Chastain y su lucha por la igualdad


Jessica Chastain se está afianzando como una de las actrices más solidas de su generación, no en vano este año se ha llevado el Oscar a la mejor actriz por su papel de telepredicadora en "Los ojos de Tammy Faye" (2021 - Michael Showalter), pero previamente ya podía presumir de dos nominaciones al Oscar y un rosario de trabajos realmente soberbios en películas como: la infravalorada y a mi juicio sensacional film "El arbol de la vida" (2011), la exitosa "Criadas y señoras" (2011), la interesantísima "La noche más oscura" (2012), la soberbia "Interstellar" (2014), por no citar "El año más violento""Lawless""El caso Sloane" o la muy entretenida "The Molly's Game", pues bien, como decía, después de este rosario de grandes títulos, resulta que como sus demás compañeras de profesión tiene que ir luchando dólar a dólar por la equiparación en sueldo con sus compañeros masculinos, algo ciertamente difícil en Hollywood, según ella misma refería en una mesa redonda con otras actrices, entre ellas Jennifer Lawrence y Emma Stone, en "The Hollywood Reporter" y de la que se hacía eco Vanity Fair:

"Después de La noche más oscura, me enviaron muchos guiones en los que había una mujer protagonista. [Pero decían que] no negociarían mi contrato hasta que supieran quién iba a ser el hombre protagonista porque necesitaban hacer antes su contrato y ver cuánto quedaba [para mí]"

"Decidí que no iba a [negociar después que mis compañeros masculinos] nunca más. Así que a partir de ahora, si alguien tiene algo que ofrecerme, genial, hagamos mi contrato ahora. Pero también, si alguien se presenta en el rodaje durante tres semanas en una película que tarda dos meses en rodarse, no van a pagarle más que a mí"

No se si ha logrado sus pretensiones pero le deseo lo mejor en su justa reivindicación. Puede que siendo pelirroja y bisnieta de vascos por parte paterna logre poner orden en Hollywood. Según cuenta el maravilloso programa "La noche de...", el bisabuelo de Jessica Chastain era de Gernika  y se llamaba Antonio Monasterio Astoreka, y su bisabuela era de navarra y se llamaba Ramona Egurrola Basánez. Así el apellido real de la actriz debería ser Monasterio por parte de su padre, pero al abandonar este a la familia por delirios de lograr el éxito en el mundo del rock y las vicisitudes por las que hubo de pasar la familia y que abajo cuenta ella misma, decidió cambiar su apellido por el de su madre y llamarse ya oficialmente y a todos los efectos Jessica Chastain

"Me crié con una madre soltera que trabajó mucho para poner comida en nuestra mesa. No teníamos dinero. Hubo muchas noches en las que tuvimos que irnos a dormir sin comer. Fue una crianza muy difícil. Las cosas no fueron fáciles para mí cuando era niña"

Osea que, buena relación no se puede decir que tenga con sus orígenes vascos tras abandonar su padre la familia, pero también es cierto que si fuera de su interés, y puestos a hacer méritos para una continuación de "Ocho apellidos vascos" podría tener algo que decir.

Jessica Michelle Chastain nació en Sacramento, California, el 24 de marzo de 1977 - Actualmente tiene 45 años y mide 1'63 metros. En 2017 contrajo matrimonio con el aristócrata veneciano Gian Luca Passi de Preposulo y es madre de dos niños.


Imágenes: De Wikimedia Commons - Img 1 recortada (CC BY 2.0) - Img 2 (CC0)