miércoles, 7 de julio de 2021

Eisenstein, Chaplin y el bigote de "El gran dictador"

 

"La ironía del destino quiso que la mariposa negra de dos bigotes simétricos se posara sobre el labio superior de dos hombres completamente distintos. Uno es una máscara, una invención; el otro es real, de carne y huesos. El primero es uno de los hombres más populares del planeta. El segundo es, de lejos, el más odiado.

"¡Me robó mi bigote!, gritaba alegremente Chaplin en los periódicos, acusando a Hitler de plagio: "¡Yo tuve antes la idea!". Por entonces, Hitler no parecía más que un cómico, poco más que un bufón : y la acusación de Chaplin lo convertiría en un payaso grotesco. Pero con los años, resultó que Hitler no era sólo un bufón, un payaso, un comicastro sino que era sobre todo un maníaco sanguinario. Entonces Chaplin hizo "El gran dictador".

Estas palabras dedicaba el gran director ruso Serguéi Eisenstein, creador de obras como "El acorazado Potemkin" u "Octubre", a otro genio del cine, el celebérrimo Charles Chaplin en 1941, poco después del estreno de la atrevida obra "El gran dictador" en la que Chaplin ridiculizaba y condenaba el fascismo antes de que el resto del mundo se diera cuenta realmente de lo que se le venía encima. No solo se parodiaba a Hitler, si no que además daba un repaso a personajes fácilmente equiparables a Goebbels, Göring y Mussolini. Hay que tener en cuenta que la película, estrenada en 1940, empezó a producirse en 1939, poco antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Es más, Chaplin contaba en su autobiografía que no podría haber hecho la película si hubiera sabido la barbarie que se cometió en los campos de concentración nazis, unos campos en los que como miembro de la etnia gitana que era, Chaplin podría haber tenido invitación segura a uno de esos campos de exterminio, un lugar en el que de poco le habría servido ser uno de los actores favoritos del líder nazi. No en vano, más allá de la población judía perseguida y muerta durante el holocausto, también medio millón de gitanos, el 75% de la población europea de esta etnia en esos momentos, fue exterminada.

Pero volviendo al asunto piloso, es cierto que esa semejanza entre los bigotes de Chaplin en el rol de Charlot y el de Hitler es sin duda tan singular como llamativa, lo que es menos sabido es que ambos nacieron con una diferencia de cuatro días en abril de 1889. Tantas semejanzas daban que pensar al creador de Charlot y su hijo Charles Chaplin Junior contaba en el libro que dedicó a su padre: 

"Sus destinos eran contrarios: el de uno era hacer llorar a millones, mientras que el del otro era hacer reír al mundo entero. Papá nunca podía pensar en Hitler sin un estremecimiento, mitad de horror, mitad de fascinación. «Piensa» - decía con inquietud -: «él es el loco, y yo soy el cómico; pero podría haber sido al revés»"

Parece que Hitler, aunque prohibió su exhibición tanto en Alemania como en los territorios ocupados, vio "El gran dictador" al menos dos veces. No creo que en esta ocasión, a pesar de ser fan de Charlot, se riera mucho. En España la película no se pudo estrenar hasta 1976...


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martes, 6 de julio de 2021

Margaret Sullavan: La chica de las sorpresas


 

La actriz estadounidense Margaret Sullavan (1909-1960) daba en pantalla la apariencia de ese tipo de chica perfecta, modosita y educada, que cualquier padre hubiese deseado para su hijo. Fue compañera de James Stewart en más de una comedia entre las que recuerdo con especial cariño la deliciosa película titulada "El bazar de las sorpresas" (1940), una más de las genialidades de Ernst Lubitsch. Tras la cámara, la cosa cambiaba y parece que tras su menudo cuerpo, medía tan solo 1'57, escondía un genio considerable con el que llegó a poner contra las cuerdas a más de un director y mandamás de los grandes estudios.

En cierta ocasión se dirigió a ella el todopoderoso Harry Cohn,  presidente de la Columbia Pictures, quien en un encuentro privado, con predecibles intenciones, la abordó sin miramientos diciéndole:

"Willie Wyler (el famoso director) me dice que eres muy buena en la cama"

La Sullavan no se despeinó y le contestó: "Eso no te lo ha dicho Willie. Es demasiado caballero para hablar de esas cosas contigo". Decía estas palabras mientras se encaminaba a la salida y al llegar a la puerta, se detuvo por un momento, se giró y apostilló: "Pero lo soy".

Margaret Sullavan sufriría pronto una severa sordera que la alejo del mundo del cine, refugiándose temporalmente en el teatro, que en realidad era su verdadera vocación. Desgraciadamente falleció con tan solo 48 años por una sobredosis de barbitúricos, desconociéndose si fue de forma accidental o provocada por la propia actriz.

Algunas frases suyas:

"Quizás me acostumbre a este extraño lugar llamado Hollywood, pero lo dudo."

"¡Todavía odio hacer fotos! Y no me gusta Hollywood. Detesto el protagonismo y amo la sencillez, y en Hollywood lo único que importa es el alboroto de la fama. Si Hollywood me deja en paz para encontrar mi camino sin forzarme y apresurarme a hacer cosas, probablemente cambiaré mis sentimientos al respecto. Pero en la actualidad Hollywood me parece absolutamente horrible, interfiriendo y consumiendo. Por eso quiero dejarlo tan pronto como pueda."

"Nunca aprenderás a actuar en Hollywood. No en mil años."

"La mayoría de los actores son básicamente personas neuróticas. Terriblemente infelices. Esa es una de las razones por las que se convierten en actores. Nadie bien adaptado querría exponerse nunca a un grupo tan grande de extraños. Piénsalo. ¡Locura! Generalmente, por su propia naturaleza. Es decir, si son dedicados, los actores no son buenos padres. Son completamente ególatras y egoístas. Cuanto mejor es el actor, y odio decirlo, cuanto más grande es la estrella, más verdad parece"



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domingo, 4 de julio de 2021

Fiódor Dostoievski, "El idiota" y "Don Quijote"



Miguel de Unamuno mantenía que nadie había entendido tan bien "El Quijote" como los ingleses y los rusos y por supuesto, entre estos últimos, ocupa un lugar destacado el genial Fiódor Dostoievski, que realizó un profundo estudio de la obra de Cervantes e incluso la tomó como base para su novela "El idiota", cuyo personaje central, el Príncipe Mishkin, según palabras del propio escritor ruso, estaba inspirado en nuestro Caballero de la Triste Figura, con el que guardaba interesantes similitudes. Con su idiota, Dostoievski quiso componer un personaje que representase a un hombre sin tacha moral, un hombre bueno, al estilo de Don Quijote, frente al cual habita una sociedad egoísta, interesada, deshonesta y falsa. Al Príncipe Mishkin todos lo tienen por idiota, como a nuestro caballero por loco y sin embargo muestra una aguda capacidad para juzgar de forma certera a las personas y sus intenciones tal y como le decían en un párrafo del libro: "¡Pero, perdón, príncipe, por una lado muestra usted una simplicidad y una inocencia como no se han visto ni en el Siglo de Oro, y de repente, al mismo tiempo, atraviesa usted a un hombre de parte a parte como una flecha, con una penetración psicológica tan profunda!". Un comentario este que bien podría haberse hecho de nuestro héroe manchego que, entre desvarió y desvarío, tanto acierto mostraba al juzgar las cuestiones humanas.

La obra de Cervantes estaba presente en muchos escritos de Dostoievski y muy especialmente en su "Diario de un escritor", obra en la que dice al respecto de las aventuras de nuestro ingenioso hidalgo:

"En todo el mundo no hay obra de ficción más sublime y fuerte que ésta. Representa hasta ahora su suprema y más alta expresión del pensamiento humano, la más amarga ironía que pueda formular el hombre, y si se acabase el mundo y alguien le preguntase a los mortales: ‘Veamos, ¿qué habéis sacado en limpio de vuestra vida y qué conclusión definitiva habéis deducido de ella?’ podrían los hombres mostrar el Quijote y decir: «Esta es mi conclusión respecto a la vida…, ¿y podríais condenarme por ella?"

"(...) Es ese un gran libro; es del número de los eternos, de esos con que sólo de tarde en tarde se ve gratificada la humanidad"

En la cabecera podemos ver un retrato de Fiódor Dostoievski, obra de Vasily Perov expuesta en la Galería Tretyakov de Moscú. La segunda imagen corresponde a un grabado de Auguste Doré para la ilustración de la obra de Cervantes en la que se puede ver a Don Quijote velando armas.

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sábado, 3 de julio de 2021

Los "Noctámbulos" de Edward Hopper Vs "Otras veces" de Ángel González




Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.

Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta madura mustia y a jazmín podrido.

Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio
destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.

El poema se titula "Otras veces" y es obra del ovetense Ángel González (1925 - 2008), un poeta español de la Generación del 50, académico y Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985.  El poema se incluye en “Breves acotaciones para una biografía” (1971). La imagen que lo acompaña es un detalle del cuadro "Nighthawks" (Noctámbulos) -1942-, la famosa obra del pintor estadounidense Edward Hopper que ha servido de inspiración para tantos relatos y películas. El cuadro, que reproducimos al final del texto en su totalidad, se expone en el Arts Institute de Chicago. 



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viernes, 2 de julio de 2021

"Demian" de Hermann Hesse Vs "El hijo del hombre" de Magritte

 

    "No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a ensueño, como la vida de todos los hombres que no quieren más mentirse a sí mismos.
      La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo, la tentativa de un camino, la huella de un sendero. Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros, cada uno como puede. Todos llevan consigo, hasta el fin, viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial. Alguno no llega jamás a ser hombre..."  

El fragmento pertenece a la novela "Demian. Historia de juventud de Emil Sinclair" (1919), titulo del escritor alemán Hermann Hesse, galardonado con el Premio Nóbel de Literatura en 1946.. Para ilustrarlo hemos elegido una obra del siempre enigmático pintor belga René Magritte: "El hijo del hombre" (1964), obra en la que como es habitual en él juega a despertar nuestro interés a través de la inclusión de algún absurdo sinsentido que despersonaliza al protagonista y lo dotan a la par de un singular misterio. La manzana podría aludir al pecado original, pero también es símbolo de sabiduría y conocimiento, lo que vendría de perillas al texto. La obra pertenece a una colección privada.

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jueves, 1 de julio de 2021

Los huevos de Alfred Hitchcock

 

Con el título de la entrada y esa foto de nuestro admirado Alfred Hitchcock con sus manos en tan equivoca posición, habrá más de uno que estará pensando en alguna escabrosa idea y aunque nosotros vamos por otro camino, finalmente se justificará el titular. Hitchcock era muy aficionado a intentar descubrir los miedos más íntimos de sus actores; si eran las ratas o bien a las arañas u otros insectos los que provocaban que dieran un salto hacia atrás y tirarán cuanto tuvieran en las manos. Una vez descubierto su talón de Aquiles solía mandarle una cajita con el animalillo en cuestión a modo de regalo. No cabe duda de que Don Alfredo sabía hacer amigos. 

A veces se pasaba de rosca, como en aquella ocasión en la que a la jovencita Melanie Grifith, la hija de su sufrida y maravillosa actriz Tippi Hedren, a la que tuvo a sus órdenes en "Los Pájaros" y "Marnie la ladrona", le regaló por Navidad una cajita de la suyas -esta vez de pino y fácilmente confundible con un pequeño ataúd- que contenía en su interior una muñeca con un más que considerable parecido a su madre. Eso que se dijo después de que la muñeca llevaba una soga puesta al cuello parece que fue una exageración de la prensa.

Pero lo curioso de este director acostumbrado a hurgar en los miedos de todos nosotros tan certeramente, eran sus propios miedos. Al parecer Don Alfredo tenía una fobia algo subidita de tono hacia los huevos y de ellos decía:

"Los huevos me dan miedo, algo más que miedo, me repugnan. Esas cosas blancas, redondas, sin agujeros… ¿Alguna vez has visto algo más asqueroso que la yema rota de un huevo rebosando ese líquido amarillo? La sangre es alegre, roja. Pero la yema del huevo es amarilla, repugnante. Nunca la he probado."

También curiosamente odiaba las gaitas de las que decía:

“Supongo que el inventor se inspiró en un hombre que llevaba un cerdo indignado y asmático bajo el brazo. Por desgracia, el sonido creado por el hombre nunca pudo igualar la pureza del sonido conseguido por ese cerdo”

¡Todo un personaje!

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martes, 29 de junio de 2021

El arcoíris imposible de Judy Garland

 

"Over the Rainbow" se ha convertido en parte de mi vida. Simboliza tan bien los deseos y sueños de la gente que estoy segura de que ése es el motivo por el que la gente llora cuando la oye. La he cantado cientos de veces y sigue siendo la canción que llevo más cerca del corazón (Judy Garland)

En 2012 el traje de "Dorothy", aquel sencillo vestido azul que lucía Judy Garland mientras caminaba por el camino de baldosas amarillas o cantaba "Over the rainbow" en "El mago de Oz" (1938 - Victor Fleming), fue vendido en una subasta por la friolera de 480.000 dólares y hace apenas unas semanas aparecieron las zapatillas rojas de "Dorothy" tras haber sido robadas hace más de trece años. Había una recompensa de 250.000 dólares por su recuperación y se valoran en bastante más de un millón. Unas cantidades que hablan de la leyenda en la que se ha convertido "El mago de Oz" y por supuesto Judy Garland como "Dorothy"; pero que son a la vez toda una barbaridad o un insulto si quieren cuando uno sabe que la pobre Garland, siempre tan maltratada por los estudios, apenas cobró 500 dólares a la semana, cuando los actores que le acompañaban en el camino de baldosas amarillas cobraban 5 o 6 veces más que ella. Hasta Totó, el perrillo que le acompañaba en su aventura y que sostiene en la foto de cabecera, cobraba en comparación más que ella, 125 dólares a la semana, puede que porque ya el perrito tenía "experiencia" en otras películas anteriores y en vez de cantar como los ángeles como la protagonista mantenía que era capaz de ladrar en cinco idiomas. 

Judy Garland siempre fue maltratada y minusvalorada a pesar de su enorme valía como actriz y como cantante. Charles Walters la dirigió en varias ocasiones y comentaba: "Judy acudía al colegio con actrices como Ava Gardner, Lana Turner, Elizabeth Taylor, que eran realmente bellas. Ella era una gran máquina de hacer dinero en ese tiempo, una mujercita muy exitosa, pero era el "patito feo" del estudio. Esto, creo, afectó muchísimo sus sentimientos". 

De poco servía los premios que atesoraba como cantante o actriz si no lograba ser feliz en medio de aquella locura de barbitúricos y sedantes con los que la exprimían los estudios para mantener unos ritmos de rodaje verdaderamente infernales. En las notas preparatorias de una autobiografía nunca terminada escribía: 

“Si soy tal leyenda, ¿por qué me siento tan sola? ¿Por qué me siento en casa durante horas mirando el maldito teléfono? Las leyendas están muy bien si tienes a alguien alrededor que te ama, un hombre que no teme enamorarse de Judy Garland”. 

Así no es de extrañar que, al igual que "Dorothy", soñara con una vida mejor y dijera: “Siempre me tomé El mago de Oz muy en serio, ya sabes. Creo en la idea del arcoíris. Y he pasado toda mi vida tratando de superarlo”. No le quedó otra que cantar una y otra vez en su mente aquella canción que la hizo famosa,  anhelando ver su sueño cumplido. Simplemente ser feliz. Ojala ahí arriba pudiera chocar los talones de las zapatillas rojas tres veces y volver para ver que sigue en el recuerdo de todos.

"En algún lugar sobre el arcoíris, muy, muy alto hay una tierra de la que escuché contar en una canción de cuna. En algún lugar sobre el arcoíris los cielos son azules y los sueños que te atreves a soñar realmente se vuelven realidad. Algún día pediré un deseo a una estrella y despertaré donde las nubes, lejos están, dejándolas atrás mío... donde los problemas se derriten como gotas de limón. Lejos muy por encima de las chimeneas, ahí es donde me encontrarás. En algún lugar sobre el arcoíris vuelan pájaros celestes. Los pájaros vuelan por encima del arcoíris entonces, oh... ¿por que no podría yo?"


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lunes, 28 de junio de 2021

El "Hombre" de Blas de Otero Vs "El caminante" de Caspar D. Friedrich


 

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser –y no ser – eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!



El poema, titulado "Hombre", es obra del poeta bilbaíno Blas de Otero y pertenece a su colección de poemas "Ángel fieramente humano". El cuadro que encabeza el poema es obra de Caspar David Friedrich y tiene por título: "Caminante sobre el mar de nubes" (1817-18). Se expone en el Kunsthalle de Hamburgo.

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domingo, 27 de junio de 2021

Lo quiero todo - El dedo de Feng Menglong


"Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Este tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.

—¿Qué más deseas, pues? —le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.

—¡Quisiera tu dedo! —contestó el otro."

El cuento es obra de Feng Menglong (1574 - 1645), un escritor chino en la dinastía Ming. Para ilustrar su pequeño cuento hemos elegido la mano de la que debió ser una estatua colosal del Emperador Constantino el Grande, cuyos restos se exponen en el patio del Palazzo dei Conservatori de los Museos Capitolinos de Roma.

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domingo, 20 de junio de 2021

El Greco, la Inquisición y su "Expolio"


Hay quien dice del Greco que es uno de los artistas que más han influido en el posterior devenir de la pintura. Lo cierto es que su transgresor uso del color, su acusado manierismo, alargando y estilizando las figuras de forma un tanto antinatural y en contra de los cánones que había asentado el renacimiento le produjo algún que otro problema. 

Se cuenta que en cierta ocasión fue llamado a declarar por la Inquisición acusado de herejía; el motivo principal era que al parecer pintaba las alas de los ángeles de forma contraria a como se describían en la Biblia. No falta quien mantiene que en realidad compareció por un cuadro con el tema del Expolio de Jesús en el que aparecen tres Marías (su madre la Virgen, María Magdalena, y María de Cleofás) a sus pies, no pareciéndole bien al Santo Oficio que las tres mujeres estuviesen allí presenciando el momento en el que le iban a quitar las ropas al Nazareno. Puede que también estuviera de por medio el que la Iglesia no quería pagar lo que el pintor pensaba que valía su trabajo. Otros mantienen que el Greco tenía muy buenas relaciones con los veladores de la Fe, y ciertamente era muy amigo de Francisco Pacheco, un pintor que fue nombrado por la Inquisición para vigilar la ortodoxia de la producción pictórica en nuestro país, de modo que difícilmente pudo tener algún encontronazo del tipo antes reseñado. 

En cualquier caso el supuesto lance entre el Greco y el Tribunal eclesiástico ha dado para mucho y hasta se dice que cuando el pintor compareció ante sus jueces, y estos le preguntaron la razón por la que pintaba las figuras de forma tan extraña, con los cuerpos y las caras tan alargadas, aparente fruto de un extraviado misticismo, el Greco se limitó a decir:

"Pinto así porque el mayor defecto del hombre es ser pequeño"

"El Expolio", pintado por el Greco entre 1577 y 1579 se expone en la Sacristía de la Catedral de Santa María de Toledo

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martes, 15 de junio de 2021

"Muere lentamente" de Medeiros Vs "Magdalena Penitente" de Antonio Canova


Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca.
No arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente
quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente
quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente,
quien pasa los días quejándose de su mala suerte
o de la lluvia incesante.

Muere lentamente,
quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando de un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
una espléndida felicidad.

Este poema es habitualmente presentado en la red como obra de Pablo Neruda, cosa que ha sido desmentida incluso por la Fundación que lleva el nombre del poeta. El poema es en realidad obra de la escritora y periodista brasileña Martha Medeiros.

En la fotografía podemos ver la escultura "Magdalena penintente" (1809), obra del genial escultor italiano de estilo neoclásico, Antonio Canova (1757-1822). Alguien escribía sobre ella: "Sus brazos vencidos, suplicantes, con las palmas abiertas y tendidas hacia el cielo. Su torso doblegado. Su vestido descuidado. Su cabello agónico. Así habla su cuerpo". Y es cierto que parece morir lentamente, vencida por un peso invisible, como puede ser la rutina. La escultura pertenece al Hermitage de San Petersburgo.

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC BY 3.0) - Fuente Original

martes, 1 de junio de 2021

Anthony Hopkins: Compositor de valses


Ya intuíamos que el gran actor Anthony Hopkins debía tener una especial sensibilidad para la música, o al menos eso me pareció a mí cuando le veía saborear, una a una, las notas de las "Variaciones Goldberg" mientras brutalmente se libraba de sus guardias en "El silencio de los corderos". Ahora tenemos la confirmación de que no es precisamente Anthony Hopkins un hombre de silencios, por mucho que pudiera parecerlo en "Lo que queda del día". Resulta que con tan sólo 19 años escribió un delicioso vals titulado "The waltz goes on" -El vals debe continuar-, una pieza que durante décadas nunca pasó del pentagrama y la única sala de conciertos en la que habían resonado sus notas era en el pensamiento de este genial actor y recién descubierto compositor. No hace mucho tuvo la oportunidad de proponerle a Andre Rieu, que revisara la partitura por si la consideraba merecedora de incluirla en su repertorio. El propio Rieu confirma que recibe cientos de peticiones como esta a las que no puede prestar la debida atención, pero que cuando reparó en quien era el compositor de aquella pieza, no pudo evitar la curiosidad de ver que había garabateado sobre el pentagrama el bueno de "Hannibal Lecter", encontrándose para su sorpresa una pieza rebosante de luminosidad y glamour al más puro estilo vienés. Decidido a incluirla en su repertorio hizo los oportunos ajustes e invitó a Hopkins a la gala de presentación, acto en el cual, más de cincuenta años después, dejaría de escuchar la música solo en su cabeza para poder compartirla con todos nosotros. Gracias por el regalo Mr. Hopkins, la degustaremos con un buen Chianti... Afortunadamente, como me indica mi hijo Alejandro, ningún músico desafinó, que ya sabemos cómo terminan esas cosas, cuando un exquisito y amante de la perfección está entre el público.

No os perdías la reacción de Hopkins ante su propia música. Merece la pena.


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lunes, 31 de mayo de 2021

El descanso de Winston Churchill en Berlín

 

Una vez que Alemania ya se había rendido en la Segunda Guerra Mundial y con motivo de la Conferencia de Potsdam, el Primer Ministro británico Winston Churchill visitó Berlín en julio de 1945 y por supuesto dio un paseíto por el bunker de Hitler. Parece que la caminata le quitó un poco el resuello y sin quitarse el puro de la boca, se decidió tomar un respiro en una de las sillas que se encontraban en el exterior de la estructura. Puede que sin saberlo, aunque lo dudo mucho, eligió un desvencijado sillón que al parecer perteneció a Hitler. Y es que, como si de un Juego de Tronos se tratase, al final, lograr sentarse victorioso en el asiento del adversario tiene su morbo. Churchill tampoco pudo resistirse y quien sabe si tuvo un momento para reflexionar sobre la sangre, sudor y lágrimas que costó la foto y terminar con aquella pesadilla de guerra. 

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domingo, 30 de mayo de 2021

Charles Laughton: El rey de los actores


Es realmente llamativo el caso de Charles Laughton, uno de los mejores actores de la historia del cine y que ahora para la mayoría de las personas, si es recordado, es por su única incursión en el mundo de la dirección con "La Noche del cazador", una soberbia película que curiosamente en su día fue un completo fracaso. El admirado Billy Wilder, que lo tuvo a sus órdenes en "Testigo de cargo" dijo de él que era el mejor actor con quien nunca había trabajado, de hecho, añadía Wilder con entusiasmo que en su opinión, Laughton era "el más grande de todos los actores", y no cabe duda de que la opinión de Wilder es muy cualificada.

Laughton, gracias a la intensa implicación con la que abordaba los personajes, hacía de su trabajo, tal y como el defendía, algo más que una profesión, y lo asemejaba a un verdadero arte a la altura de la literatura, la pintura o la música. No es de extrañar que cuando irrumpe en el panorama actoral alguien tan sobrado de facultades como James Manson comentara que su llegada había sido una verdadera revolución en su mundillo y llegó a definirlo como "Un actor del método sin tonterías". El propio Laughton daría una visión todavía más certera al referirse al Actors Studio en los siguientes términos: "Un actor del Método te ofrece una fotografía: yo prefiero hacer una pintura al óleo".

La mayoría de los directores caían rendidos ante las habilidades de este actor, tal es el caso de profesionales tan destacados como: Ernst Lubitsch, Jean Renoir, James Whale, Leo McCarey, Robert Siodmak, Otto Preminger o el ya citado Billy Wilder, maestros que en no pocos de los casos llegaron a entablar una fecunda amistad con el actor. También es cierto que había otros directores de renombre que lo sentían como una piedra en el zapato, tal era el caso de Josef Sternberg o Alfred Hitchcock. Este último le dedicó una frase de lo más ácida: “Nunca se te ocurra hacer una película con animales, ni con niños, ni con Charles Laughton”. Otro gran director, Alexander Korda, harto de ver como el actor necesitaba estar de buen humor antes de abordar una escena y que además cada una de ellas era tan dificultosa como un parto, llegó a decirle: "Lo que necesitas es una comadrona". No es de extrañar que con estos directores lo que en realidad existiera es una incompatibilidad de caracteres y Laughton se resistiera a regalarles su mejor sonrisa a quien estimaba que no la merecían. Así, según el ambiente, dirigirlo podía ser lo más fácil del mundo o la más arduas de las tareas. Por su parte, cuando le toco estar detrás de la cámara en "La noche del cazador" se cuenta que trataba a todo el equipo y actores con exquisito respeto hacía sus personas y trabajo, y lejos de imponer sus formas, intentaba siempre que potenciaran su propia creatividad. A mi entender debía ser buen tipo, me fío de la admiración que le profesaba el gran Billy Wilder.

Laughton era el referente para las esperanzas de muchos actores que no eran precisamente unos galanes de la pantalla. Con todas las limitaciones de sus marcados y exagerados rasgos -él mantenía que tenía la cara como el trasero de un elefante-, su mediana estatura y de su voluminosa envergadura, supo a través del puro y simple arte de saber actuar romper con todos los clichés y barreras que podían haberlo confinado a la sombría tarea de un mero actor secundario; muy al contrario sus habilidades en las tablas o ante la cámara le hicieron convertirse en una figura estelar dentro de cada película en la que participaba. Ciertamente no le fue fácil. Laughton era un actor de teatro y era sobre las tablas donde encontraba la esencia de la actuación; era tal esta tendencia, que se negó a participar en cualquier película como secundario y solo aceptaba papeles de calidad y de primera línea, más como medio de ganarse bien la vida que por otros considerandos. Su único Oscar lo ganó en 1933 por su interpretación en "La vida privada de Enrique VIII" a las órdenes de Alexander Korda,  en un año en el que, cobrando muchísimo menos que en el cine, estaba completamente volcado en sus actuaciones teatrales en el Old Vic con obras de Shakespeare, Wilde o Chejov, que era lo que verdaderamente, como ya decíamos, le hacía sentir la grandeza de ser actor.

Si absurdamente borráramos de nuestra memoria todas sus demás interpretaciones, bastaría recordar su interpretación en "Testigo de Cargo" para que si todavía estuviera de moda llevar sombrero -benditos años 50- tuviéramos que descubrirnos ante él. De su relación con su esposa, Elsa Lanchester (La novia de Frankenstein) ya hablaremos otro día.

Imágenes: De Wikimedia Commons (Imagen 1) (CC0) - Cortesía de Doctor Macro: Imagen 2 e Imagen 3

miércoles, 26 de mayo de 2021

Las manos de los poderosos - "Custodian y no toman" - Diego Saavedra


 

"Representaban los tebanos la integridad de los ministros, y principalmente de los de justicia, por una estatua sin manos, porque éstas son símbolo de la avaricia cuando están cerradas e instrumentos de ella cuando siempre están abiertas para recibir. Esto mismo se representa aquí en el jardín, puestas en los frentes de los viales estatuas sin brazos. Ningunas guardas mejores que éstas, con ojos para guardar sus flores y frutos y sin brazos para no tocarlos. Si los ministros fuesen como estas estatuas, más llenos estarían los erarios públicos y más bien gobernados los estados. (...) No puede ser bien gobernado un Estado cuyos ministros son avarientos y codiciosos, porque ¿Cómo será justiciero el que despoja a otros? ¿Cómo procurará merecer los premios por sus servicios el que de su mano se hace pagado? (...) Ninguna cosa alborota más a los vasallos que el robo y sobornos de los ministros."

El texto es obra de Diego Saavedra Fajardo, un escritor y diplomático español del siglo XVII, que en el capítulo 53 de su obra "Empresas políticas" (1640) se hace eco de un típico emblema barroco, la imágenes sin brazos que adornaban los jardines con la leyenda "Custodivm non Carpvnt" o lo que es lo mismo: "Custodian y no toman". El texto aparece en la sensacional revista Historia de National Geographic n º131 - pag. 24.

Si en vez de concretar en los ministros, hablara de "los poderosos" sería una cita perfecta para nuestro tiempo. Y es que ya está uno un poquito abrumado de que tanto Tirios como Troyanos no miren por el jardín que deberían estar cuidando.  Ayer como hoy….

Os dejo otras frases de este desconocido personaje, que también tienen miga:

"El que a muchos teme, de muchos es temido".

"La belleza del cuerpo es un viajero que pasa; pero la del alma es un amigo que queda."

"La curiosidad se atreve más contra lo que más se prohíbe. "

"Sobre las piedras de las leyes, no de la voluntad, se funda la verdadera política."

"No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir".

"Andan siempre unidas la clemencia y la justicia. Usa de la una con tal arte que la otra no quede ofendida."

"Quien no duda no puede conocer la verdad"

La escultura, corresponde a las preciosas manos esculpidas por Rodin a las que dio por título "La Catedral" (1908) - Esta versión en bronce se expone en el Museo Soumaya de Ciudad de México.

Imágenes: De Wikipedia Commons - Imagen 1 - (CC BY-SA 4.0) - Imagen 2 (CC0)

martes, 25 de mayo de 2021

"Tie a yellow ribbon": La guerra, la cárcel y el origen de los lazos y pulseras de colores

 

"Voy a volver a casa, he cumplido mi condena. Ahora tengo que saber lo que es y no es mío. Si recibieras mi carta diciéndote que pronto seré libre entonces sabrás qué hacer si aún me quieres. Si aún me quieres ata una cinta amarilla alrededor del árbol de roble"

Así comienza "Tie a yellow ribbon" la famosa canción de "Tony Orlando & Dawn", parte del origen de los lazos que hoy se utilizan para solidarizarse con las más variopintas causas. Con ecos remotos en la Guerra Civil inglesa, parece que los colonos ingleses llevaron a Estados Unidos la costumbre de que las mujeres llevaran el pelo recogido con un lazo amarillo en señal de fidelidad a sus parejas que se encontraban fuera del hogar sirviendo al ejercito o en la guerra, tradición de la que se hacía eco John Ford en su película de 1949 "She wore a yellow ribbon", conocida en España como "La legión invencible". 

Más tarde el desencadenante de la moda de los lazos toma fuerza con la canción "Tie a yellow ribbon" cuya inspiración parece ser otra. La historia se basa en un preso que tras ser liberado dudaba de si sería bien recibido por su esposa tras el largo tiempo de ausencia. El periodista Pete Hamill, contaba la historia en un artículo publicado en el "New York Post" en 1971. Durante un viaje a Florida en autobús uno de los viajeros llamó poderosamente la atención de unos jóvenes que pronto empezaron a elucubrar sobre cual podría ser su historia. El artículo lo describía así: "Su rostro polvoriento enmascaraba su edad, vestía un sencillo traje marrón que no le quedaba bien. Sus dedos estaban manchados por cigarrillos y se mordía mucho el interior de su labio. Se sentó en completo silencio y parecía completamente inconsciente de la existencia de los demás". La curiosidad les pudo a los jóvenes y decidieron intentar saber su historia. Supieron que su nombre era Vingo y tras ir acercándose poco a poco a aquel misterioso hombre lograron que les contara la razón de su viaje y de su inquietud. Vingo regresaba a su casa tras una condena de cárcel de cuatro años y les dijo: 

"Cuando estaba en la cárcel escribí a mi mujer. le dije -Martha, entiendo si no puedes seguir casada conmigo-. Le dije que iba a estar fuera durante mucho tiempo y que si ella no podía soportarlo, si los niños seguían haciéndole preguntas o si le dolía demasiado, ella podría olvidarme. -Buscate otro hombre (ella es una mujer realmente maravillosa) y olvídame-. Le dije que no tenía que escribirme ni nada y ella no lo hizo. No durante tres años y medio.La semana pasada, cuando estaba seguro de obtener la libertad condicional, le escribí de nuevo. Le dije que si tenía un hombre nuevo, lo entendería. pero que si no lo tenía, si ella quería que volviera, me lo hiciera saber. Vivíamos en Brunswick y hay un gran roble justo a la entrada de la ciudad. Le dije que si quería que volviera, debía atar un lazo amarillo en el árbol, y yo volvería a casa. Si no, podía olvidarse del lazo y yo lo entendería y seguiría mi propio camino"

A la entrada de pueblo se tapaba los ojos con las manos, temeroso de ver el roble. Los jóvenes que ya conocían la historia empezaron a gritar de alegría y solo entonces Vingo pudo ver el árbol repleto de lazos amarillos. El relato fue reimpreso en la revista "Reader's digest" en 1972 y sirvió de inspiración para los compositores Irwin Levine y L. Russell Brown para escribir la famosa canción "Tie a yellow ribbon round the ole oak tree", que hizo mundialmente famosa Tony Orlando & Dawn, un exitazo que vendió mas de tres millones de copias y que se encaramó a lo más alto de las listas. En España fue versionada exitosamente por "Los Mismos".

El tema coincidió con los últimos años de la Guerra de Vietnam y la canción de moda tomó una nueva dimensión y recordando aquellos lazos que las mujeres se ponían en el pelo originariamente, paso a ser un nuevo símbolo. Así, cuando los soldados americanos iban a la guerra, las familias de estos tenían la tradición de colocar un lazo amarillo alrededor del árbol más sano y fuerte que estuviera a la puerta de su casa, como símbolo de que lo tenían siempre presente y del deseo de que volviera sano y salvo, así durante la guerra hubo alguna que otra calle que estaba llena de lazos, uno por cada hijo que estaba en el frente. Cuando llegaba la noticia de una perdida el amarillo se cambiaba por un lazo negro. Aquellos lazos amarillos fueron los primeros de otros muchos lazos de los colores más diversos que sirvieron y sirven como símbolo de solidaridad y lucha por las más insospechadas causas y que de rodear arboles han pasado a lucir en nuestro pecho, prendidos de nuestras ropas con un alfiler o en forma de pulsera en nuestras muñecas. 

Tony Orlando & Dawn:


"Los Mismos" y su maravillosa versión en español


Imagen: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Fuente Original

domingo, 23 de mayo de 2021

Groucho Marx y la corrupción


 

"No permitiré injusticias ni juego sucio, pero... si se pilla a alguien practicando la corrupción, sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar!"

Eso decía Groucho Marx como Rufus T. Firefly en la sensacional película "Sopa de ganso" - (1933 - Leo McCarey). Un asunto complejo ese de la corrupción; en cualquier momento el vivales de turno puede perder la sonrisa y atragantarse con el humo de los exclusivos puros que tanto le costó fumar. En ese juego, hay que saber adaptarse a las circunstancias, moverse en las sombras y hacer buena aquella frase del sabio Groucho que decía:

"El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido", al fin y al cabo “Solo hay una forma de saber si un hombre es honesto. Preguntárselo, y si responde si, sabes que está corrupto”. De ahí la importancia del arte de la simulación, del parecer y no ser que tan en cuenta tenía Groucho cuando sentenciaba:

"Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros". Entre ellos se conocen, se calan de inmediato; quizás por eso Groucho tenía sus líneas rojas: “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”. Para la mayoría de los mortales sus pecados con el dinero son de escaso calibre y si acaso solo pueden confesar tropelías del tipo: “He hecho cosas horribles por dinero... como despertarme temprano para ir a trabajar”, pero para algunos caballeros, “Disculpen que les llame caballeros, pero es que no les conozco muy bien”, un poco de pasta no basta, hay que Vivir Bien: “Pienso vivir para siempre o morir en el intento”, y es entonces cuando recurren a aquella máxima tan manida de que el fin justifica los medios. Para vivir a todo trapo hace falta lo de siempre, mucho dinero: "¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero... ¡pero cuestan tanto!", al fin y al cabo “La felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”. Y en esa lucha por pequeñas cosas, en la afanosa búsqueda del preciado din y del respetado don "La humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria."

Palabra de Groucho.

Imagen: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Fuente Original

sábado, 22 de mayo de 2021

El reencuentro de Lester Young con Billie Holiday: Fine and Mellow


 

Billie Holiday es alguien que necesita poca presentación, máxime cuando vuelve a estar de rotunda actualidad por el estreno de la película "Los Estados Unidos contra Billie Holiday" (2021 - Lee Daniels). Para los buenos aficionados al jazz tampoco es precisamente un desconocido el saxofonista que la acompañaba en muchísimas de las grandes interpretaciones que la convirtieron en todo un icono de jazz, el genial Lester Young, al que Lady Day le puso dentro de la peculiar aristocracia del Jazz el apodo de "Pres" o "Prez" (Presidente), con toda la intención del mundo, y es que se quiera o no, en Estados Unidos no hay realmente Duques (Duke Ellington), Condes (Count Basie) ni reyes (Nat King Cole), allí la máxima autoridad es el Presidente y esa fue la cariñosa vitola que Billie regaló al soplador de melodías. 

Young es un mito dentro de la historia del Jazz y fue copiado hasta la saciedad, si es que se puede imitar lo inimitable. "Pres" forma parte del poker de ases de este instrumento junto a Coleman Hawkins, Ben Webster y Charlie Parker, al que se podría añadir para el repoker la presencia de un comodín muy personal mío, Don Byas. 

Lester Young tuvo un paso caótico por el ejército, donde recibió malos tratos y torturas que cambiaron radicalmente su carácter. Con el tiempo (no sé la razón) terminó disgustándose con Billie Holiday y prácticamente no se hablaban. En sus últimos años Lester Young estaba muy débil, casi no comía, estaba entregado al alcohol, prácticamente no tenía trabajo y malvivía en un hotelucho neoyorkino donde tenía todo el tiempo del mundo para reflexionar sobre lo duro que siempre había sido todo para él, sobre su vida, que como la de otros grandes del jazz, fue vivida entre penurias e incomprensión.

Ya contaba Billie Holiday en su autobiografía "Lady sings the blues": "Cuando Lester toca, parece que canta y te da la sensación de que estás oyendo la letra. La gente se cree que es engreído, pero en dos segundos le puedes herir profundamente. Me di cuenta una vez que lo hice. Juntos hemos pasado hambre y siempre le querré a él y a su música".   

En 1957, Lester fue invitado al programa "The sound of jazz" en el que se reunirían un buen número de grandes músicos de jazz e interpretarían "Fine and Mellow" con Billie Holiday. Llegado el día, Lester ya en los estudios, dijo que no podría tocar, estaba enfermo y alegaba que no tenía fuerzas para soplar su saxofón, que ni tan siquiera podía levantarse de la silla. La situación con Billie seguía siendo tensa y le pidieron que aunque no tocara al menos estuviera presente en aquella reunión de talentos tan inusual. Llegado el momento de la grabación, no se sabe como, Lester sacó fuerzas de donde no las había, para soplar una vez más su caña de metal y regaló uno de los momentos más emotivos del jazz, el solo que aborda tenía un mensaje inequívoco de cariño, tristeza y melancolía. Billie lo mira con una ternura, un agradecimiento y un amor infinitos. Ese momento de simbólico reencuentro quedó grabado y ese increíble recurso que es youtube para los curiosos de otros tiempos nos da la oportunidad de verlo, así que ahí abajo os lo dejo. Lester Young empieza a tocar en el minuto 1'29".

Lester Young al igual que Billie moriría en 1959, poco después de la sesión que antes comentábamos. Si yo tuviera un sombrero puede que fuera como el suyo, y ahora lo estaría levantando como muestra de respeto.


Canta Billie Holiday. Ben Webster (saxo tenor), Lester Young (saxo tenor), Vic Dickenson (trombón), Gerry Mulligan (saxo baritono), Coleman Hawkins (saxo tenor), Roy Eldridge (trompeta), Doc Cheatham (trompeta), Danny Barker (guitarra), Milt Hinton (contrabajo); Mal Waldron (piano) y Osie Johnson (bateria).

Imágenes: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Imagen 1 - Imagen 2 - Imagen 3

viernes, 21 de mayo de 2021

Las palabras de John Huston en el funeral de Humphrey Bogart


Humphrey Bogart murió a los 57 años de edad, víctima de un cáncer de esófago que lo mantuvo en un digno retiro durante sus últimos meses. Solo podían ir a verlo sus más íntimos amigos a los que siempre recibía con su habitual hospitalidad; entre ellos estaba John Huston, el director y amigo con el que rodó cinco maravillosas películas, cruciales en la trayectoria profesional de ambos: "El halcón maltés" (1941), "Cayo Largo" (1948), "El tesoro de Sierra Madre" (1948), "La reina de África" (1951) y "La burla del diablo" (1954). Huston dedicó a Bogart estas sentidas palabras en su funeral:

"Humphrey Bogart murió el lunes en la mañana. Su esposa estaba en su cabecera y sus hijos en el cuarto contiguo. Estuvo inconsciente por un día. No sufrió. La suya fue una muerte serena. Durante los meses de la enfermedad no pensó nunca, en ningún momento, en morir, y no porque rechazara el pensar en ella: simplemente porque ese pensamiento nunca lo tuvo en mente. Amaba la vida. La vida para él era la familia, los amigos, el trabajo, su bote. No imaginaba que tendría que abandonarlos y así, hasta el último momento, pensó en lo que haría cuando fuera dado de alta. Hizo calafatear el barco. Su hijo Stephen pronto tendría la edad para aprender a navegar y compartir con el padre el amor por el mar. Algunas semanas en barco y Bogie estaría listo para retomar el trabajo. Y habría hecho buenas películas.

Con el paso de los años era siempre más consciente de la dignidad de su profesión. Actor, no estrella: actor. Jamás se había tomado demasiado en serio, pero si mucho en el trabajo. Consideraba la imagen de “Bogart, la estrella”, con cinismo divertido, pero tenía mucha estimación por “Bogart, el actor”. Aquellos que no lo conocían bien, que nunca habían trabajado con él, que no pertenecían al pequeño grupo de sus amigos íntimos, tenían del hombre una idea muy diferente de aquella de los pocos privilegiados. Creo que aquellos que lo conocieron poco estaban en desventaja, sobre todo si eran gente empapada de su propia importancia en el mundo del cine. Los altos jerarcas aprendieron a mantener lejos sus cuellos de ciertos recibimientos brillantes de Hollywood, que exponerlos a las “banderillas” de Bogart.

En algún estanque de Versalles se obliga a las carpas a ejercitarse, pues de otra manera engordarían hasta morirse. Bogie asumía, con raro placer, el mismo objetivo en las fuentes de Hollywood. Los presuntuosos y los arrogantes eran su blanco preferido. Y sus víctimas rara vez se lo tomaban a mal, y en cualquier caso no por mucho tiempo. Sus sarcasmos estaban destinados a golpear sobre todo la superficie externa del sujeto, no a penetrar en las regiones del espíritu donde se producen las verdaderas heridas.

Las bellas moradas de Beverly Hills eran otros campos de acción para la vitalidad de Bogie, pero su casa era un santuario. Al amparo de aquellos muros, podía –cualquiera que fuese su situación- respirar a su gusto. La hospitalidad de Bogie iba más allá del beber y del comer. Curaba la moral de su huésped como su físico, alimentándolo de bienestar hasta hacerle probar la ebriedad, en el corazón como en las piernas.

Esta tradición de hospitalidad maravillosa la observó hasta el último instante, en tanto pudo estar sentado. Os voy a decir los esfuerzos que esto le costó en los últimos tiempos.. A las cinco de la tarde, mientras descansaba en un diván, en el piso superior de su casa, le afeitaban, y, luego, le vestian con unos pantalones de franela y una chaqueta de esmoquin escarlata. Como sea que ya no podía caminar, ponían su cuerpo esquelético en una silla de ruedas, que, a su vez, acercaban a un montacargas al que habían quitado la techumbre para que Bogie cupiera. Las enfermeras le sentaban en una sillita, en el montacargas, y así el bajaba a la cocina en donde volvían a ponerle en la silla de ruedas, con la que le transportaban a la biblioteca, en donde le sentaban en un sillón. Y allí estaba con un vaso de Jerez en una mano y un cigarrillo en la otra. A las cinco y media, hora en que sus invitados empezaban a llegar. Eran pocos, solo quienes mejor le conocían y más tiempo llevaban conociéndolo. Hablaban con él, de dos en dos o de tres en tres, durante media hora. Hacia las ocho de la noche, se retiraba al piso superior, por los mismos medios por los que había bajado. Nadie, entre los que le vieron en las últimas semanas olvidará aquello. Fue una incomparable demostración de puro valor animal. Después de la primera visita (en la primera uno tenía que superar la impresión que la presencia de Bogie producía), uno se sentía arrastrado por la grandeza del comportamiento de Bogie, se sentía extrañamente traspuesto, orgulloso de estar allí, orgulloso de ser su amigo, de ser amigo de un valiente.  

Si Bogart era valiente, su mujer era intrépida. No pensaba jamás en la muerte. Betty sabía que estaba allí, a cualquier hora del día y la noche, sombra espantosa que lentamente se materializaba, la invitada que no se iba después de media hora. Pero ni una sola vez traicionó el secreto. Betty sabía perfectamente, desde el día de la operación, que, en la más optimista de las hipótesis, se trataba de un año o dos, pero encontraba en su propio amor la fuerza para esconder la pena y continuar siendo ella misma para Bogie. Había hecho de todo para que los otros no fueran puestos al corriente de la gravedad de la situación por temor de que el secreto le fuera revelado. Así que no sólo debía representar su papel para Bogie sino para todos. La interpretación no tuvo defectos. Betty satisfacía cada uno sus pequeños deseos, aun incluso antes de que se enterara. No omitió ninguna estratagema. Desde el día de su matrimonio a aquel en que la muerte los separó fue leal, totalmente leal. No se puede meter todo ésto más que en el concepto de “clase”. Del amor y de la “clase”.

Un día, hace muchos años, Bogie, dos amigos y yo, discutíamos para matar el tiempo –temo que habíamos alzado demasiado el codo- sobre el significado de la existencia, y uno de nosotros preguntó si existía un período de nuestra vida que hubiéramos querido revivir. Con la excepción de Bogey, la respuesta de todos fue negativa. Después habló Bogey: “Sí –dijo- hay una época que amaría vivir por segunda vez: los años pasados con Betty”.

Bogie era afortunado en el amor y afortunado en el juego. Tenía de entrada el más grande don que un hombre puede tener: el talento. Todo el mundo sabe reconocerlo. Gracias a eso, pudo vivir una vida confortable con su mujer y sus hijos. Aunque, si no fue particularmente larga, su vida fue ricamente, plenamente vivida. La fuente de sus alegrías más grandes fueron sus hijos, Stephen y Leslie, que dieron el significado principal a sus últimos años. No, Bogie no deseaba nada más. No tenemos motivo para compadecerlo, a él, si no de compadecernos, a nosotros, por haberlo perdido. Es absolutamente insustituible. No habrá nadie como él."

Imágenes: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Imagen 1 e Imagen 3 - De Wikimedia Commons - Imagen 2 - (CC0)

jueves, 20 de mayo de 2021

Andréi Tarkovski o el arte de "Esculpir en el tiempo"

 

"Nunca podré pagar a mi madre lo que ha hecho por mí. Muy pocas mujeres se atreven a empujar a su hijo a una carrera artística, sin preocuparse de exigencias materiales más concretas. Yo se lo debo todo a ella, a sus alegrias, a su comprensión, a sus esperanzas, a sus sacrificios y dolores y a todos lo que ha padecido inadvertido a los ojos del mundo. Su entereza es la que me ha elevado, la que me ha hecho ser lo que soy"

Son palabras de Andréi Tarkovski, el que muy probablemente sea el director soviético más importante tras Eisenstein. Como un eco de su padre, Arseni Tarkovski, uno de los poetas rusos más importantes del siglo XX, el cine de Andréi esta lleno de imágenes hermosas, de reflexiones muy íntimas sobre la vida, el hombre y su continua búsqueda de respuestas así como sobre la constante decadencia de la espiritualidad en la sociedad moderna. Una mezcla de reflexión y belleza que le llevó a ser considerado como un poeta del cine. Fallecido con tan solo 54 años y tan exigente y meticuloso en sus obras como Kubrick, solo llegó a rodar siete películas en veinticinco años de carrera cinematográfica: La infancia de Ivan (962), Andréi Rublev (1966), Solaris (1972), El espejo (1975), Stálker (1979), Boris Godunov (1982), Nostalgia (1983) y Sacrificio (1986), última película del director, ganadora de cuatro premios en el Festival de Cannes y que Tarkovski filmó ya presa del cáncer, de hecho terminó de montarla estando ya muy grave en la cama de un hospital. Para dar una medida de la profundidad de su cine baste citar las palabras del siempre complejo Ingmar Bergman acerca de "La infancia de Iván":

"Es un verdadero milagro. Me sentí conmovido cuando descubrí que todo lo que yo siempre quería contar, pero que no sabía cómo expresarlo, estaba en esta película."

Seguro que estas palabras fueron muy valoradas por Tarkovski, que tenía a Bergman por uno de sus directores más valorados. Cuando en 1972 le pidieron una lista con sus diez películas más valoradas, ofreció una lista muy distante de las que habitualmente solemos ver, más reflexiva y comprometida, en la que incluía una de las obras del español Buñuel y en la que Chaplin logra colarse con "Luces de la ciudad" demostrando que en su cine hay mucha miga además de las evidentes risas, compartiendo espacio en una lista tan exigua con Bresson (por partida doble), Kurosawa, Mizoguchi, Teshigahara e Ingmar Bergman, del que se incluyen  hasta tres títulos. La lista es esta:

Diario de un cura rural (1950), de Robert Bresson
Los comulgantes (1962), de Ingmar Bergman
Nazarín (1958), de Luis Buñuel
Fresas salvajes (1957), de Ingmar Bergman
Luces de la ciudad (1930), de Charles Chaplin
Cuentos de la luna pálida (1953), de Kenji Mizoguchi
Los siete samuráis (1954), de Akira Kurosawa
Persona (1966), de Ingmar Bergman
Mouchette (1967), de Robert Bresson
La mujer en la arena (1964), de Hiroshi Teshigahara

El cine de Tarkovski es considerado por muchos como difícil, algo que el director parecía asumir sin mayores complicaciones. "En cuanto cedes en algo que no crees, luego sucumbes y te conviertes en un conformista" decía el director ruso, que no estaba dispuesto a renunciar a su integridad creativa en pos de un supuesto éxito comercial: "Una persona debe ser ella misma, debe tener el valor de decir: "soy yo, eso es lo que soy". No es fácil. A todos nosotros nos encanta gustar." 

En su libro "Esculpir en el tiempo" da algunas claves muy interesantes sobre su forma de entender el cine y el arte: 

"La fórmula de "esto no lo entiende el pueblo" siempre me ha indignado profundamente. ¿Qué se quiere conseguir con ello? ¿Quién se toma el derecho de hablar en nombre del pueblo, de verse a sí mismo como la encarnación de la mayoría del pueblo? ¿Y quién sabe qué es lo que comprende el pueblo y qué deja de comprender, qué necesita y qué rechaza? ¿O es que alguien en alguna ocasión ha hecho si quiera una sencillísima pero honrada encuesta entre ese pueblo, para ilustrarse acerca de sus verdaderos intereses, reflexiones, deseos, esperanzas y decepciones? Yo mismo soy una parte de mi pueblo. Yo he vivido con él en mi patria y yo he tendido (de acuerdo con mi edad) las mismas experiencias históricas de ellos, yo he observado las mismas experiencias vitales que él y sobre ellos he reflexionado. Y también ahora, viviendo en el mundo occidental, sigo siendo hijo de mi pueblo. Soy una pequeña gota, una partícula diminuta de él, y espero que pueda expresar sus ideas, ideas profundamente ancladas en sus tradiciones culturales e históricas"

"El artista no tiene ningún derecho moral para dejarse llevar a un abstracto nivel medio, para hacer que su obra sea más comprensible, más accesible. Esto no acarrearía otra cosa que la decadencia del arte, cuando en realidad esperamos su florecimiento, creemos en las posibilidades potenciales y aún no desarrolladas del artista y también en una elevación de las exigencias del público. O al menos queremos creer en todo ello.“

"La única comunicación adecuada con el espectador es ésta: permanecer fiel a sí mismo. Sin concesión alguna a ese ochenta por ciento de espectadores de cine que, por motivos indescifrables, exigen de nosotros, los directores, que les entretengamos. A la vez, nosotros los directores hemos empezado a despreciar tanto ese ochenta por ciento de espectadores, que estamos dispuestos a entretenerles, puesto que de ellos depende la financiación de la próxima película: una situación sin salida."

"Allí donde alguien se orienta deliberadamente por el público, estamos ante un producto de la industria del entretenimiento, ante shows y espectáculos de masas, nunca ante el arte, que indefectiblemente tiene que seguir sus leyes internas, inmanentes, con independencia de que sean aceptadas o no encuentren acogida"

"Hemos llegado a una situación en la que el público prefiere cualquier basura comercial a Fresas salvajes de Bergman o a El eclipse de Antonioni"

"Si alguien intenta llegar a ser director de cine, está arriesgando su vida entera, y él es el único responsable de ese riesgo"

"Debe existir algún tipo de presión; el artista existe porque el mundo no es perfecto. El arte sería inútil si el mundo fuera perfecto, ya que el hombre no buscaría la armonía sino que simplemente viviría en ella. El arte nace de un mundo diseñado enfermizamente"

"¿Que es arte? (…) Es como una declaración de amor: la conciencia de nuestra dependencia mutua. Una confesión. Un acto inconsciente que, no obstante, refleja el verdadero sentido de la vida: el amor y el sacrificio ”

Algunas imágenes de sus películas:

Imagen: De Flickr (CC BY-SA 2.0) - Recortada - Fuente Original