domingo, 14 de enero de 2024

Billy Wilder o cuando Dios te llama por teléfono


"Yo también tengo diez mandamientos, y los nueve primeros son: No aburrirás. El décimo dice: tienes que tener derecho al montaje final de la película" (Billy Wilder)

El 21 de marzo de 1994, en la ceremonia de entrega de la 66ª edición de los Oscar, Fernando Trueba conseguía el Oscar a la mejor película de habla no inglesa por "Belle Époque". Al finalizar su discurso de agradecimiento dio carta de naturaleza a una nueva religión que tenía, de forma latente, muchos seguidores practicantes entre los buenos aficionados del cine. Así, Trueba dijo unas palabras, eco de un sueño previo a la recepción del Oscar, que ya son dogma de fe para los seguidores de Billy Wilder: 

"Me gustaría creer en Dios para darle las gracias pero yo sólo creo en Billy Wilder. Gracias, Mr. Wilder"

Lo que es menos conocido es la reacción de Wilder tras ese inesperado homenaje. Según contaba el propio Trueba en un artículo de La Vanguardia (22-6-1996) dedicado al 90 cumpleaños del director estadounidense, este, en su línea, se mostró tan genial como cabía esperar de él:

«A la mañana siguiente (de la concesión del Óscar) yo hacía una entrevista con España, cuando el otro teléfono comenzó a sonar. Carmen Rico Godoy lo descolgó y gritó: “¡Fernando, Billy Wilder en la otra línea!”. Cogí el teléfono: “Hola, Fernando, soy Dios. No debiste decir eso ayer. Desde que lo hiciste la gente se santigua al cruzarse conmigo por la calle”. 

Unos días después, me contaba: “Estaba yo viendo los Óscar en casa con mi mujer y ya estaba preparándome el séptimo martini, cuando tú apareciste y dijiste tu speech. Audrey dio un grito, se volvió y me dijo: Billy, ¿has oído eso? Y yo le respondí: Claro que lo he oído. Envíale al Sr. Trueba la factura del tinte de la alfombra”.»

En aquel momento, el gran Billy Wilder hacía ya 13 años que había dirigido su última película "Aquí un amigo" y se encontraba un tanto olvidado en las sombras de la industria cinematográfica, poco importaba que en su filmografía atesorara, entre otras maravillas, cuatro películas que en algunas listas figuran entre las 20 mejores de todos los tiempos: "Testigo de cargo" (1957), "El crepúsculo de los dioses" (1950), "Perdición" (1944) y "El apartamento" (1960), además de "Con faldas y a lo loco" (1959) muy cerca de estos puestos de honor. Aquellas palabras de Trueba sirvieron en cierta medida para hacer un nuevo honor y poner en la primera plana nuevamente a un director que, si las productoras no hubieran sido tan cobardes, no habría dejado de rodar a la temprana edad de 75 años, 20 años antes de morir con una edad de 95 años, la misma con la que Clint Eastwood, por ejemplo, sigue rodando hoy en día. 

Uno de los seguidores de esta nueva religión de cineastas posiblemente sea el director francés Michel Hazanavicius, quien cuando recogió en 2012 su Oscar por "The Artist" también tuvo palabras para el director de "La tentación vive arriba" y en vez de negarlo tres veces como ocurre con otros Dioses dijo: "Quería dar las gracias a las siguientes tres personas, a Billy Wilder, a Billy Wilder y a Billy Wilder". 

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC0) Dominio Publico en Fuente original

sábado, 13 de enero de 2024

Marilyn Monroe: Un mar de dudas



"No puedo dormir, no puedo concentrarme, no sé si soy buena o mala en la cama, odio el dolor, no puedo tener hijos, me cuesta tomar decisiones, no puedo mantener una relación amorosa, padezco depresiones, y tomo demasiados tranquilizantes. Bebo, miento, y, con frecuencia, deseo morir, aunque tengo pánico a la muerte y a las cosas muertas. Quiero amar, y, al mismo tiempo, lo sacrifico todo por mi carrera. Soy ignorante, tonta y vulgar, y leo libros y tengo maestros que creen que puedo ser una gran actriz, pero no puedo recordar los parlamentos del guion. Soy una estrella pero las productoras me odian. Creo en el matrimonio y la fidelidad pero me acuesto con otros... Dios mío, qué confusión"

En multitud de páginas este párrafo viene con la indicación de que corresponde a una anotación de Mariyn en uno de sus cuadernos de notas. No he logrado encontrarlo tal cual en una fuente original, pero si otros pensamientos muy similares, por lo que, aun con dudas lo dejo por aquí como muestra de lo desorientada que podía encontrarse la Monroe en determinados momentos de su vida. A modo de complemento sirva el siguiente escrito, este totalmente confirmado que son palabras de MM:

"Estoy inquieta y nerviosa y dispersa y asustadiza -hace unos minutos casi tiro una bandeja de plata- en una zona oscura del plató -pero sabía que no podía permitirme expresar nada que realmente sintiera, de hecho no me atrevería porque seguramente no me detendría ahí. Justo antes de eso casi vomito el almuerzo entero. Estoy cansada. Estoy buscando el modo de interpretar este papel, llevo la vida entera deprimida hasta donde puedo recordar -Cómo puedo ser una chica tan joven y tan alegre y tan llena de esperanza- Lo que estoy utilizando es aquel domingo de cuando tenía catorce años porqu8e fui todo eso aquel día -Por qué no puedo utilizarlo más consistentemente, la concentración se me dispersa casi todo el tiempo - algo me precipita en la dirección opuesta casi todos los día que puedo recordar. Tengo que trabajar mucho en mi concentración- empezando por las cosas más sencillas." (Del libro Marilyn Monroe - Fragmentos -Seix Barral)

Imagen: Cortesía de Doctor Macro - Fuente original

viernes, 12 de enero de 2024

James Cagney, un ángel con cara sucia

 

Entre los actores legendarios de la historia del cine elaborada por la American Film Institute, el duro de James Cagney, al que ayer disfrutaba viendo "Corazón de hielo" (1950 - Gordon Douglas), figura nada más y nada menos que en el octavo lugar, por delante de otros grandes como Spencer Tracy, Charles Chaplin, Gregory Peck, John Wayne y tantísimos otros. No en vano Orson Welles decía de él: "Quizás el mejor actor que jamás haya aparecido delante de una cámara", mientras Bogart mantenía: "Es el actor con más carácter que he conocido, sin duda la mayor personalidad de la historia del cine". No era amigo de métodos para crear sus personajes, no entendía todas aquellas complejidades del Actor's Studio. Al respecto de su forma de hacer ante la cámara decía: "Todo lo que trato de hacer es comprender plenamente al hombre que estoy interpretando y luego poner todo lo que puedo en mi actuación. Para hacerlo, recurro a todo lo que he conocido, oído, visto o recuerdo.". "Aprende tus líneas, encuentra tu marca, míralos a los ojos y diles la verdad". 

Su estilo estaba cargado de una energía arrolladora, de súbitos arrebatos de furia y crueldad, todo ello aderezado con esa actitud suya constante de "aquí estoy yo". "No hay mucho que decir sobre la actuación excepto esto. Nunca te quedes quieto. Nunca te relajes. Si tú te relajas, el público se relaja." decía el actor.  Para el gran público era el arquetipo del gánster, del tipo duro e irascible, del joven que quiere comerse el mundo de un rápido bocado, una idea que queda perfectamente respaldada con títulos como: "Al rojo vivo" (1949), "El enemigo público" (1931), "Los violentos años 20" (1939), "Ángeles con caras sucias" (1938)... Pero Cagney era mucho más, era un gran bailarín, tanto que se llevó su único Oscar por una película como "Yankee Doodle Dandy" (1942), y que a la vez era capaz de adentrarse sin reparos en los terrenos del western o de la comedía sin mayores problemas, sirva de ejemplo la sensacional "Un, dos, tres" (1961) a las órdenes de Billy Wilder. Y en cambio esa supuesta dureza suya es la que ha marcado a fuego al actor. Cuando se conocen algunos detalles más de él, esa dureza se matiza mucho, es como si él mismo fuera en  realidad un ángel con cara sucia.

James Cagney provenía de una familia humilde de orígenes irlandeses, criado en uno de los barrios más conflictivos de Nueva York en unos tiempos nada fáciles. Sabía lo que costaba ganar un dólar: "de donde yo vengo, si puedes ganar un dólar no haces preguntas, simplemente vas y lo haces". Puede que por eso, en no pocas películas, abandonaba el rodaje temprano, cuando quedaba todavía trabajo por hacer, alegando encontrarse indispuesto, treta con la que buscaba conseguir que los extras y el equipo de filmación a los que consideraba mal pagados, pudieran tener un día adicional de salario.

En sus inicios, en un coro musical, cuando solo ganaba 55 dólares a la semana, no olvidaba enviar 40 a casa de su madre. Y más o menos siempre se mantuvo en la misma línea aun siendo ya una gran estrella. Cuando hizo "Enemigo Público" ya ganaba 400 dólares a la semana y 300 iban a la casa materna. Hasta que falleció su madre nunca se quedó con más de la mitad del dinero que ganaba. La madre tenía que ser de armas tomar, tan temperamental como los personajes de su hijo, así, animó a su hijo a aprender a boxear para defenderse en el ambiente difícil en el que vivía, pero cuando Cagney le dijo que quería pasar a ser profesional, la madre se colocó sus guantes y le dijo: "Si quieres convertirte en luchador profesional, tu primera pelea tendra que ser contra mi". Ya os supondréis como terminó la cosa...

En los terrenos de la fidelidad entre las grandes estrellas siempre nos quedamos en el ejemplar Paul Newman, pero hay otros casos y James Cagney es uno. Siendo estrella absoluta durante unos años en los que Hollywood era lo más parecido a Sodoma y Gomorra, no se le conocen aventuras con otras mujeres y fue fiel a su esposa Frances durante 64 años, hasta su muerte.

Pero tampoco tan buenazo... El chico por supuesto tenía carácter y no arredraba ante los poderosos. La mafia por ejemplo quiso atentar contra él y lo tenía ya todo preparado para darle matarile, porque desde su presidencia del Sindicato de actores estaba decidido a impedir que esa organización se infiltrara en el mundo del cine como ya había logrado en otros sectores. Si no llega a interceder por él George Raft, que tenía buenos contactos en ese mundillo, seguramente la carrera de Cagney hubiese sido mucho más corta. Tampoco tuvo reparos para enfrentarse a Jack Warner a fin de mejorar sus condiciones de trabajo, de hecho, en una época en la que resultaba casi imposible desligarse de los grandes estudios, Cagney llego a crear -aunque efímeramente- una productora propia.

No cabe duda de que hubo un momento en su carrera en el que, cuando el éxito le sonreía, pudo con razón  gritar sin quemarse: "Lo conseguí Madre, La cima del mundo", una de las frases míticas de la historia del cine, pronunciada por Cagney como Cody Jarret en "Al rojo vivo".

Fuentes: IMDB y Diccionario de Actores Cinematográficos (Manuel Gutiérrez Silva)
Imagen: Cortesía de la Página Doctor Macro 

domingo, 7 de enero de 2024

David Garrick o el suplicio de "Reír llorando"

 

Viendo a Garrick -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
“Eres el más gracioso de la tierra,
y más feliz…” y el cómico reía.
 
Víctimas del spleen, los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.
 
Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
sufro -le dijo-, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
 
Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.
 
-Viajad y os distraeréis. -¡Tanto he viajado!
-Las lecturas buscad. -¡Tanto he leído!
-Que os ame una mujer. -¡Si soy amado!
-Un título adquirid. -¡Noble he nacido!
 
-¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas.
-¿De lisonjas gustáis? -¡Tantas escucho!
-¿Qué tenéis de familia? -Mis tristezas.
-¿Vais a los cementerios? -Mucho… mucho.
 
-De vuestra vida actual ¿tenéis testigos?
-Sí, mas no dejo que me impongan yugos:
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos, mis verdugos.
 
Me deja -agrega el médico- perplejo
vuestro mal, y no debe acobardaros;
tomad hoy por receta este consejo
“Sólo viendo a Garrick podréis curaros”.
-¿A Garrik? -Sí, a Garrick… La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡Tiene una gracia artística asombrosa!
-¿Y a mí me hará reír? -¡Ah! sí, os lo juro;
Él sí; nada más él; más… ¿qué os inquieta?
-Así -dijo el enfermo-, no me curo:
¡Yo soy Garrick!… Cambiadme la receta.
 
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!
 
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!
 
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
 
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.

El poema "Reír llorando" es obra de mexicano Juan de Dios Peza (1852-1910) y esta basado en la figura de un famoso actor y dramaturgo inglés del siglo XVIII llamado David Garrick (1717-1779), quien estaba extraordinariamente dotado para comedia, tanto que sus actuaciones eran recomendadas por los médicos por los beneficios que aseguraban le procurarían a sus pacientes más melancólicos el simple hecho de reír abiertamente. En la fotografía quien aparece es el mimo francés Marcel Marceau.

Imagen: De Pxhere.com - Dominio Público CC0 en Fuente Original

viernes, 5 de enero de 2024

Béla Lugosi, Drácula y la estaca de Peter Lorre


Puede que el Drácula por excelencia, el más icónico, sea el encarnado por Béla Lugosi. Tanto se metió el actor en el papel que cuando falleció, lo vistieron con las galas de Drácula incluida su maravillosa capa. Existen muy serias dudas de que aparecer de esta guisa fuera por deseo del propio actor, al menos no se recoge en sus últimas voluntades, pero fuera como fuese, el caso es que así, en su ataúd, ligeramente inclinado y abierta la tapa del mismo se presentaba en su última actuación como Drácula a todos aquellos que iban a presentarle sus respetos, que a decir verdad no fueron demasiados. Entre estas personas aparecieron dos de los grandes del cine de terror: Vincent Price y Peter Lorre. El cuerpo de su amigo, expuesto de aquella manera, todavía sobrecogía a los presentes y según contaba Vincent Price, Peter Lorre puede que abriendo los ojos de ese modo tan característico suyo, no pudo reprimir comentarle en evidente tono de broma: "¿Crees que deberíamos clavarle una estaca en el corazón por si acaso?". 

Hay quien mantiene que Peter Lorre y Vincent Price ni tan siquiera estuvieron presentes en el entierro de Béla Lugosi, pero como decían en la película "El hombre que mató a Liberty Valance": "Cuando la leyenda se convierte en hecho, imprime la leyenda"

Fuente: "Los pecados del cine" - Rafael Dalmau

Imagen: De Wikimedia Commons - CC0 en Fuente Original

lunes, 1 de enero de 2024

Anton Bruckner: Mucho más que "El de la trompeta"

 

El compositor austríaco Antón Bruckner (1824-1896), siempre ávido de reconocimiento, intentó desesperadamente asomar la cabeza en un mundo en el que ya resplandecían, por lugares opuestos, Brahms y Wagner, compositores que polarizaban el paisaje musical de aquellos momentos. No ayudaban a los propósitos de Bruckner, de humildes orígenes campesinos, su tendencia a la melancolía, su carácter solitario, sus muchas manías y su complejo de inferioridad.

Siempre fue considerado un extraordinario organista pero no lograba el aplauso que esperaba para sus sinfonías, obras por las que ahora es recordado. Su timidez y a veces falta de seguridad hacía que permitiera intromisiones en sus obras impensables en otros compositores, así, algunos grandes directores de orquesta amigos suyo, con buena intención y buscando que lograra el éxito que tanto ansiaba, le impulsaban a retocar sus obras para hacerlas más accesibles al gran público, lo que hace que algunas de sus sinfonías tengan hasta cuatro versiones. No obstante, Bruckner, siempre cuidadoso, guardó celosamente la partitura original a buen recaudo de cada obra suya, la idea inicial, aquella que solo se debía a su talento. 

Con su estilo de vida monacal y como católico devoto que era, estaba convencido de que la música que salía de su cabeza se la debía solo a Dios, así en cierta ocasión dijo: "Quieren que escriba de otra forma. Podría, desde luego, pero no debo hacerlo. Dios me ha elegido entre miles de personas y me ha dado, precisamente a mí, ese talento. Es a él a quien debo rendir cuentas. ¿Cómo podría después enfrentarme a Dios Todopoderoso si obedeciera a los demás y no a Él?". En esta línea, el propio Bruckner decía de su "Te Deum" una de sus grandes obras: "Le mostraré a Él (Dios) la partitura de mi Te Deum, y Él se mostrará clemente conmigo".

Bruckner era un ser meticuloso y perfeccionista en extremo y también condicionado por sus muchas manías, desde acumular botines en su armario a su obsesión por los títulos y diplomas o la compulsión con los números que le hacía contar ávidamente las cuentas de los collares, los ladrillos de los edificios, las hojas de los árboles o las ventanas de un edificio. Su mente estaba siempre inquieta y alerta.

Su amor por la música de Wagner le impulsó a enviarle las partituras de la segunda y tercera de sus sinfonías con la intención de dedicarle una de estas (a gusto del consumidor). Impaciente decidió visitarlo para saber su elección. Cuenta la leyenda que Wagner y Bruckner marcharon juntos a tomar unas copitas para cambiar pareceres y en el transcurso de la charla Wagner le comunicó su elección. Las copas serían más de una y más de dos, de modo que el atribulado Bruckner olvidó cuál era la sinfonía que finalmente había elegido el compositor de Tristán e Isolda. Ni corto ni perezoso, Bruckner le escribió a Wagner una carta en la que le confesaba su olvido y le preguntaba nuevamente cuál era su preferida: "¿La sinfonía en re menor, donde la trompeta empieza la melodía?". Wagner le contestó escuetamente: "Si. Saludos. Richard Wagner". Desde entonces Wagner se refería a su olvidadizo amigo como "Bruckner el de la trompeta".

La dedicatoria fue la que se esperaba de alguien tan apocado como Brukner y se refería a Wagner en la misma como "el inalcanzable, mundialmente famoso y sublime maestro del arte de la poesía y la música, con la más profunda reverencia de Antón Bruckner". La sinfonía nº 3 paso a ser conocida, como era de esperar, como la "Sinfonía Wagner", algo que no le valió precisamente los elogios de los partidarios de Brahms. 

El honor recibido por Wagner de su rendido admirador tuvo su eco y más allá de una buena amistad que mantuvieron, Wagner dejo escrito en sus memorias: "Si alguien tiene ideas sinfónicas después de Beethoven, ese es Bruckner". 

Al final, el respeto y la admiración, tan ansiados por este oscuro y tímido compositor y que en cierta medida ya tuvo en vida, llegaron de forma unánime y sus sinfonías, definidas por algunos como "catedrales de sonido" que llevan la sinfonía romántica al límite de sus posibilidades, son actualmente muy respetadas y admiradas y siguen programándose habitualmente en los grandes auditorios de la música.

Queda en representación de la obra sinfónica de Bruckner este vídeo de su Cuarta Sinfonía, la denominada "Romántica", dirigida por Claudio Abbado al frente de la Filarmónica de Viena, de la que os recomiendo que al menos no os perdáis su maravilloso inicio.


Imagen: De Wikimedia Commons - CC0 en Fuente Original

domingo, 31 de diciembre de 2023

Judy Garland, Dorothy y los tornados


Posiblemente el papel más recordado de Judy Garland sea el de Dorothy en "El mago de Oz" (1939), allí está su esencia cinematográfica y musical, sus zapatos rojos y sus coletas; de hecho se dice que es la película más vista de la historia del cine y la canción "Over the rainbow" una de las más icónicas del siglo XX, lo que nos da una idea del impacto del film en la cultura popular. Toda aquella historia de aventuras por el camino de baldosas amarillas, junto al león, el espantapájaros y el hombre de hojalata tienen su comienzo en un tornado en Kansas que se lleva volando a Dorothy y a su perro Toto hasta la mágica Tierra de Oz. Algunas veces, aunque sea forzando la imaginación, somos dados a cerrar círculos y quizás por eso llama la atención la anécdota que recoge IMDB en la que se cuenta que el día del fallecimiento de Judy Garland, ocurrido en Londres el 22 de junio de 1969, hubo un tornado en Kansas puede que buscando la esencia de aquella actriz, demasiado maltratada en este mundo, para trasladarla, ya para siempre, al reino de fantasía que le dio fama.

Imagen: Cortesía de Doctor Macro

sábado, 30 de diciembre de 2023

La Risa: Dostoievsky Vs Murillo


"Hay una gente a la que su risa traiciona: uno se da cuenta en seguida de lo que llevan en las entrañas. Incluso una risa indiscutiblemente inteligente es a veces repulsiva. La risa exige ante todo franqueza, pero ¿dónde encontrar franqueza entre los hombres? La risa exige bondad, y la gente ríe la mayoría de las veces malignamente. La risa franca y sin maldad, es la alegría: ¿dónde encontrar la alegría en nuestra época y dónde encontrar a la gente que sepa estar alegre? (…) La alegría de un hombre es su rasgo más revelador, juntamente con los pies y las manos. Hay caracteres que uno no llega a penetrar, pero un día ese hombre estalla en una risa bien franca, y he aquí de golpe todo su carácter desplegado delante de uno. Tan sólo las personas que gozan del desarrollo más elevado y más feliz pueden tener una alegría comunicativa, es decir, irresistible y buena. No quiero hablar del desarrollo intelectual, sino del carácter, del conjunto del hombre. Por eso si quieren ustedes estudiar a un hombre y conocer su alma, no presten atención a la forma que tenga de callarse, de hablar, de llorar, o a la forma en que se conmueva por las más nobles ideas. Miradlo más bien cuando ríe.

(...) No comprendo más que una cosa: que la risa es la prueba más segura de un alma. Mirad a un niño; ciertos niños saben reír a la perfección, y por eso son irresistibles. Un niño que llora me resulta odioso, pero el que ríe y se alegra es un rayo del paraíso, una revelación del porvenir en el que el hombre llegará a ser, por fin, tan puro e ingenuo como un niño. "

El fragmento pertenece a "El adolescente", obra de Fiódor Dostoievski publicada en 1875. Y es que hay tantas sonrisas: de auténtica felicidad, contagiosas, deslumbrantes, joviales, risueñas, tímidas, tensas, indescifrables, sutiles, torcidas, coquetas, pícaras, cómplices, provocadoras, seductoras, burlonas, descaradas, maliciosas, altaneras, arrogantes, sospechosas, ladinas, fanfarronas, despreciativas, sibilinas, socarronas... y como no las sonrisas fingidas e hipócritas. Se dice tanto cuando reímos.

Para ilustrarlo hemos escogido el maravilloso cuadro "Mujeres en la ventana" (1665-1675) de Bartolomé Esteban Murillo, en el que una joven sonríe abiertamente mientras su compañera, algo más mayor, oculta su sonrisa. Para muchos estudiosos del arte sería la imagen de las chicas de un burdel, y sin saber con claridad si el color de los ojos de la más joven pudieran ser verdes, bien se podría jugar con aquella famosa copla que decía "apoyá en el "alfeizar" de la mancebía miraba encenderse la noche de Mayo. Pasaban los hombres y yo sonreía, hasta que en mi puerta paraste el caballo...." El cuadro se expone en la Galería Nacional de Arte de Washington DC (EEUU).

Imagen tomada de Wikimedia Commons en la que aparece como (CC0) - Fuente original

viernes, 29 de diciembre de 2023

La divina "ignorancia" de Orson Welles en "Ciudadano Kane"


"Ciudadano Kane" (1941) es una obra revolucionaria dentro de la historia del cine, un antes y un después en muchos aspectos, un hito que curiosamente su director, Orson Welles, terminó achacando a su ignorancia sobre el arte de dirigir: "Mi gran aportación a Ciudadano Kane fue la ignorancia; no sabía que hubiera cosas que no se podían hacer" y abundando en esa idea de la falta de conocimientos profesionales, señalaba: "No existe confianza que la pueda igualar. Solamente cuando conoces la profesión es cuando eres tímido o prudente"

Orson Welles, tras algunas producciones teatrales y aquella mítica retransmisión radiofónica de "La guerra de los Mundos" llegó a Hollywood con una aureola de genio absoluto que le valió un contrato sin precedentes con la RKO que era la envidia del resto de directores de cine por el control, de inicio a fin, que se le otorgaba sobre la obra, y eso que no había dirigido nada hasta entonces. Curiosamente nunca más tuvo tanta libertad como creador cinematográfico.

Con 24 añitos se dispuso a rodar su primera película casi de forma temeraria, según el mismo contaba solo llevaba como aprendizaje el haber visto de forma repetitiva "La diligencia" de John Ford: "Como se vio después, el primer día que caminé por un set fue mi primer día como director. Había aprendido todo lo que sabía en la sala de proyección, de Ford. Después de cenar, cada noche durante aproximadamente un mes estuve proyectando "La diligencia", a menudo con algún técnico distinto o jefe de departamento del estudio, y haciendo preguntas. «¿Cómo se hizo?» «¿Por qué se hizo?». Era como ir a la escuela."

Tuvo la inteligencia de rodearse de actores no profesionales del mundo del cine, sino provenientes del teatro, más conocido por él y que por tanto no captarían su bisoñez tras la cámara. Joseph Cotten solo contaba con dos cortos anteriores. Además, tuvo el acierto de contar con la colaboración de un elenco de grandiosos profesionales que sumarían al de Welles su genio y sus ganas de cambiarlo todo: Herman J. Mankiewicz con un guion sensacional, Bernard Herrmann con la música, Robert Wise en el montaje y especialmente Greg Toland, artífice de la maravillosa fotografía que luce el film. En palabras de Welles:

“Tuve la fortuna de contar con Gregg Toland, uno de los mejores directores de fotografía del mundo, y la fortuna de un reparto de actores que jamás habían trabajado en el cine. Nunca habría podido hacer Ciudadano Kane con estrellas de cine, porque me habrían objetado en seguida. Sólo fue posible porque yo tenía mi propia familia, por así decirlo”.

Pero esa supuesta y providencial ignorancia solo era conocida por el propio Orson Welles. Para los demás lo que les llegaba era su vitola de genio precoz y de trato difícil, algo que no era nada bueno para lograr la complicidad de todos los participantes en la película. Cuenta Gregorio Doval en su "Pequeño libro de grandes anécdotas" una historia que si bien puede que no sea cierta (como casi todas las anécdotas) viene al pelo para remarcar lo nuevos que eran los caminos de la dirección de películas para Welles, así, el novato director intentando sacudirse astutamente esas ideas preconcebidas sobre su carácter y relajar el ambiente, una vez estuvo todo dispuesto para el rodaje chocó de forma intencionada con un artefacto que, según él, estorbaba en el estudio. Al preguntar qué era aquello y qué hacía allí, le contestaron que era con lo que se grababa, la cámara. Welles se sentó y dijo "Bueno es saberlo". Supongo que tras algunas risillas el personal se relajó y se empezó a trabajar de firme en la que es considerada una de las mejores películas de la historia.


Imágenes: Cortesía de la página Doctor Macro

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Ridley Scott, un Napoleón del cine

"No sé si ser un director se parece mucho a ser un general, pero algo hay. Sin querer ir de sobrado, alguien tiene que conducir el autobús. Si te pasas la mañana hablando con el ayudante de dirección, el director de fotografía, con el actor... y tienes que decidir con ellos dónde pones la cámara... Estás jodido. No se puede perder el tiempo con tonterías. Cada mañana, no más tarde de las nueve, mi equipo sabe lo que quiero. Al final, es todo cuestión de geometría. Rodando con 11 cámaras, una batalla que podría tomar un mes de trabajo, la termino en seis días. Eso viene de mis inicios en publicidad. Llegué al cine después de una larga y muy exitosa carrera como realizador de spots. La publicidad fue mí escuela de cine. Aprendí a rodar deprisa y a condensar, en 30, 40 segundos o dos minutos, historias completas. Además, tienes que ajustarte a un presupuesto. Tienes tanto para rodar un día, dos, tres a lo sumo. Y el reloj no se para y ese tictac son dólares que se esfuman. Aprendí a llevar la cámara para hacerlo todo más rápido y me convertí en un buenísimo operador de cámara. ¿Sabes quién la llevaba en "Los duelistas" (1977), en “Alien, el octavo pasajero” (1979) o en “Thelma y Louise“ ( 1991)? Pues yo. Yo manejaba la única cámara del set. Así aprendí a ser eficaz"

Son palabras del director de cine Ridley Scott, recogidas en una entrevista publicada en el nº 2161 de la revista Fotogramas. Con ellas entra en el juego del entrevistador, Roger Salvans, y se compara a una especie de Napoleón en la dirección de sus propias películas. Nadie duda de que tras la cámara acumula tantas batallas exitosas como el pequeño corso. Esa capacidad suya de condensar historias es loable, pero solo deseo que  su “Napoleón” mejore tanto como “El reino de los Cielos” con su metraje extra. Me ha gustado, es de justicia decirlo, pero noto que tiene mucho más por dar con todos los minutos de película con los que podremos disfrutarla en un futuro, espero que cercano.

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC0) - Dominio Público  en su Fuente Original

miércoles, 2 de noviembre de 2022

60 seudónimos de escritores famosos



A la hora de tratar un tema como el de los seudónimos en el mundo de la literatura era obligado otorgar la foto de cabecera a una mujer, en este caso Aurore Dupin vestida de George Sand, el alias que hubo de adoptar para poder publicar sus obras, dado que hacerlo con su verdadero nombre, como mujer y en aquellos tiempos era del todo impensable, máxime si quería que sus escritos fuera valorados en su justa medida. Curiosamente no hace tanto que J.K. Rowling recurría también a un seudónimo (Robert Galbraith) para publicar alguno de sus escritos. En otras ocasiones los motivos son otros, bien librarse de la presión de éxitos precedentes, crear un nombre más sonoro que el propio o apartarse de un estilo en que algún escritor se puede sentir obligado por sus lectores. También sirve para la experimentación literaria sin riesgos cuidando la privacidad o como estrategia publicitaria y también para evitar repercusiones o persecuciones o simplemente como una máscara, como bien decía Manuel Vázquez Montalban: 

"Cuando uno escribe bajo seudónimo, escribe diferente porque se mete en la piel de un personaje. Un escritor siempre es su personaje: Kafka es su personaje, Tabucchi es su personaje... A veces hace falta exagerar eso y buscar un personaje dentro del cual te sientes diferente, como cuando en un baile de máscaras te pones una máscara y pasas a ser una persona diferente. De hecho, los seudónimos son una máscara"

Para algunos fue un juego temporal u ocasional y una vez logrado el reconocimiento y éxito pudieron retomar su propia identidad, pero para otros su seudónimo terminó por convertirse en su verdadera identidad tal y como ocurre con no pocos actores y actrices. Aquí os dejo los seudónimos (algunos ocasionales) y nombres reales de más de sesenta grandes creadores que decidieron dejar su nombre solo para el documento nacional de identidad, por supuesto encabezada por Fernando Pessoa que no tenía un solo seudónimo, sino varios adaptados a su forma de sentir en cada momento o a la temática sobre la que escribía, en tal caso a esos alias se le llamaban heterónimos al servirle para adjudicarle no toda, sino solo una parte de su obra, tal como también ocurrió ocasionalmente a Antonio Machado, Paul Valery o Unamuno.


Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares, Ricardo Reis.... = Fernando Pessoa
Augusto Pérez = Miguel de Unamuno - (Heterónimo)
Agatha Christie = Agatha Marie Clarisa Miller
Amos Oz = Annos Klauusne
Anne Rampling = Anne Rice
A.M. Barnade = Louise May Alcott
Azorín = José Martínez Ruiz
Beaumarchais = Pierre-Augustin Caron
Benjamin Black = John Banville
Blue Jeans = Francisco de Paula Fernández
Boz = Charles Dickens
Carlo Collodi = Carlo Lorenzini
Clarín = Leopoldo García-Alas y Ureña
Colette = Gabrielle Sidonie
Currer, Ellis y Acton Bell = Las hermanas Brönte (Charlotte, Emily, Anne)
Edmond Teste = Paul Valery (Heterónimo)
Fernán Caballero = Cecilia Böhl de Faber y Larrea
Fígaro = Mariano José de Larra
Forges = Antonio Fraguas
Gabriela Mistral = Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga
George Orwell = Eric Arthur Blair
George Sand = Amandine Aurore Lucile Dupin
Gil Paz = Leopoldo Lugones
Gipi = Gian Alfonso Pacinotti
Gustavo Adolfo Becquer = Adolfo Domínguez Bastida
Herge = Georges Remi
Isak Dinesen  = Karen Christence Blixen-Finecke
J.D. Robb = Nora Roberts
Jack London = John Griffith Chaney
James Herriot = James Alfred Wight
Jan = Juan López Fernández
Jason = John Arne Saeteroy
John Lange = Michael Crichton
Juan de Mairena y hasta 33 alías más = Antonio Machado (Heterónimo)
Kurban Said = Lev Nussimbaum y Essas Bey
Conde de Lautréamont = Isidore Ducasse
Lemony Snicket = Daniel Handler
Lewis Carroll = Charles Lutwidge Dodgson
Lord Byron = Georges Gordon
Mark Twain = Samuel Langhorne Clemens
Marquesa Colombi = María Antonieta Toirriani
Max = Miguel Delibes Setién
Moebius = Jean Giraud
Moliere = Jean Baptiste Poquelin
O. Henry = William Sidney Porter
Pablo Neruda = Neftalí Ricardo Reyes
Paul French = Isaac Asimov
Quino = Joaquín Lavado Tejón
Ramón María del Valle-Inclán = Ramón José Simón Valle Peña
Richard Bachman = Stephen King
Rius = Eduaro del Río García
Robert Galbraith = J.K. Rowling
Rubén Darío = Félix Rubén García Sarmiento
Saki = Hector Hugh Munro
Sjón = Sigurjón Birgir Sigurdsoon
Stan Lee = Stanley Martin Lieber
Stendhal = Marie-Henri Beyle
Dr. Seuss = Theo Lesieg
Trevanian = Rodney Whitaker
Tristán = Ramón Gómez de la Serna
Troy Denning = Richard Awlinson
Victoria Holt = Jean Plaidy
Virginia Woolf = Adeline Virginia Stephen
Voltaire = François-Marie Arouet
Yukio Mishima = Hiraoka Kimitake

La imagen está tomada de la siguiente página:
https://es.pinterest.com/pin/305189312229684679/

miércoles, 26 de octubre de 2022

Carta de Beethoven a la joven Emilia


Emilia, una rendida admiradora de Ludwig van Beethoven de tan solo ocho años, decidió escribirle para decirle que su música la hacía feliz y acompañó su carta de un humilde presente, una sencilla cartera hecha por ella misma. Beethoven no dudó en contestarle con estas palabras:

Toeplitz, 17 de Julio de 1812.

Mi querida y buena Emilia, mi querida Emilia:

Mi respuesta a tu carta llega tarde; un cúmulo de ocupaciones y mi persistente indisposición me excusan. Mi presencia aquí para el restablecimiento de mi salud prueba la veracidad de mis excusas. No arranques a Haendel, Haydn y Mozart su corona de laurel; les pertenece a ellos y no a mí todavía. Guardo tu billetera entre otras señales de la estima que me han demostrado otras personas, y que todavía no merezco. 

Continúa, no ejercites tan sólo tu arte, sino penetra en su intimidad; él lo merece, pues sólo el arte y la ciencia elevan al hombre hasta la divinidad. Si alguna vez deseas alguna cosa, mi querida Emilia, escríbeme con toda confianza. El verdadero artista no tiene orgullo; bien sabe que el arte no tiene límites; siente oscuramente hasta qué punto está alejado de su objetivo, y mientras otros, puede ser, le admiran, deplora no haber llegado todavía ahí donde su genio mejor brilla para él como un sol lejano.

Posiblemente iría gustoso a tu casa, con los tuyos, antes que a las casas de muchos ricos en las que se adivina la pobreza de su espíritu. Si voy alguna vez a Hamburgo, iré a tu casa, con tu familia. No reconozco en ningún hombre otro signo de superioridad más que la bondad. Allá donde la encuentro, ahí está mi hogar.

Si quieres escribirme, querida Emilia, dirige tu carta aquí, donde pasaré algunas semanas todavía, o bien a Viena; es lo mismo. Considérame como tu amigo y el de tu familia.

Ludwig van Beethoven.

A buen seguro Beethoven escribió esta carta en un descanso mientras su cabeza se esforzaba por culminar la Sinfonía nº 8, que completó solo unos meses después, en octubre de 1812:


La carta nos llegó a través de la amiga Celia Valdelomar
Imagen: De Wikimedia Commons - (CC0) - Dominio Público  en Fuente original

jueves, 20 de octubre de 2022

Michael Haneke por sí mismo


 

Decía el recientemente fallecido Jean-Luc Godard aquello de "La fotografía es verdad. Y el cine es verdad 24 fotogramas por segundo". Con el tiempo el director austríaco Michael Haneke le daría replica afirmando todo lo contrario: "El cine son 24 mentiras por segundo". Las verdades de Godard ya las vimos en un recopilatorio de frases suyas, hoy toca revisar las de Haneke, director de -entre otras-: "Funny Games" (1997),"La pianista" (2001), "Caché" (2005), "La cinta Blanca" (2009) o "Amor" (2012), a ver si ayudan a encontrar respuesta al dilema de la verdadera naturaleza de los 24 fotogramas:

"La pregunta es, ¿el cine es meramente entretenimiento o es más? Si es arte, tiene que ser más. El arte puede ser entretenido. "El Evangelio según san Mateo" (1964) es entretenido, [pero] es más que diversión, es concentración, enfoca tus pensamientos. [¿entonces el cine puede cambiar el mundo?] No, pero puede convertirlo en un lugar menos triste de lo que ya es."

"Me interesa ver películas que me confronten con cosas nuevas, películas que me hagan cuestionarme, películas que me ayuden a reflexionar sobre temas en los que no había pensado antes, películas que me ayudan a progresar y avanzar. Esas son las clases de películas que me interesan. Para mí, personalmente, creo que ver una película que simplemente confirma mis sentimientos es una pérdida de tiempo. Eso se aplica no solo a las películas, sino también a los libros y todas las formas de arte."

"El arte debe hacer preguntas y no avanzar respuestas, que siempre me parecen sospechosas, incluso peligrosas"

"El cine más interesante de hoy día viene del tercer mundo, porque esa gente tiene algo por lo que luchar. Nosotros no hacemos más que describir permanentemente el asco que sentimos de nosotros mismos"

"Encuentro que las películas de hoy en día son cada vez más planas, más banales y al espectador le tratan como si fuera tonto y con esta película intento protestar contra eso. Quiero que me tomen en serio como espectador y cuando hago una película intento pensar en mi espectador como una persona inteligente, no tonto, eso es todo"

"Nosotros no percibimos ya la realidad, sino, en su lugar, la representación televisiva de la realidad. Nuestro horizonte de experiencias es muy limitado. Lo que sabemos del mundo es poco más que el mundo mediático, la imagen. No tenemos realidad, sino un derivado de la realidad"

"Todo el que infringe la corriente principal de pensamiento, y no me refiero sólo al cine, generalmente es provocativo. Cualquiera que sea la antítesis a la norma y a la forma convencional, se le llama obsceno y provocativo. Así que espero que todas mis películas sean obscenas y provocativas."

"No le preguntes a un ciempiés cómo anda o tropezará" (Cuando se le pregunta por qué está haciendo películas)

Imagen: De Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0) - Fuente Original

miércoles, 19 de octubre de 2022

"Tener y no tener": Howard Hawks entre Hemingway y Bogart



“Tengo diez mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!.” 

Esa era una de las máximas de Howard Hawks, que sabiamente no se llevaba la contraria a sí mismo y lograba que sus películas fueran de lo más entretenidas. Puede que mucha parte de su éxito tuviera que ver, más allá de su evidente talento y de los grandes actores que lo acompañaban, a su tendencia a rodearse de grandes escritores para elaborar sus guiones. 

Uno de esos talentos fue Ernest Hemingway. A Hawks le gustaba exprimir la vida tanto como al escritor y ambos coincidían a veces en salidas en busca de entretenimiento y diversión y no pocas a pescar o a cazar. En una de esas "excursiones" y ante la insistencia del director de fichar al escritor, Hemingway tuvo que contestarle "Yo no quiero ir a Hollywood. No me gusta, no sabría que hacer allí". El director buscando alguna manera de implicarlo, le replicó que podrían trabajar en un guión desde cualquier otra parte que no fuera Hollywood y decidió plantearle un reto que no pudiera resistir, Hawks le dijo que él sería capaz de sacar una buena película del peor relato del escritor. Hemingway quedo aguijoneado por la curiosidad y le preguntó "Con cuál de ellos?" A lo que obtuvo la respuesta de "Con esa porquería titulada "Tener y no tener". 

El resultado ya sabemos todos que es una de las cumbres del cine negro, con una esplendorosa Lauren Bacall que se iniciaba en el cine con esta película y que por cierto tuvo que esconder por un tiempo su condición de judía por temor a que Hawks, que al parecer les tenía un poquito en mala estima a los de su raza, la despidiera. A su lado le daría replica Humphrey Bogart en lo que sería el inicio, entre silbiditos y contoneos, de una de las parejas míticas de Hollywood. Por cierto, "Slim" el nombre del personaje al que la Bacall dio vida en esta película y que ya se asoció a su persona para siempre, era en realidad el apodo de Nancy "Slim" Keith, la esposa de Howard Hawks, un verdadero ícono de la moda y de la jet set de aquel entonces. Fue ella la que con una portada de Harper's Bazar en la que salía la Bacall se la dio a conocer a su marido.

Se cuenta que en el rodaje de "Tener y no tener", Bogart apareció en el plató con una borrachera algo subidita de tono que le provocaba que se fuera golpeando con todo lo que se cruzaba en su camino. Hawks le dijo "Bogie, no eres tan buen actor como para apañártelas cuando llevas unas cuantas copas de más encima", Bogart replica "Que lástima. Porque me gusta la bebida". Aquello sencillamente se podía ir de las manos, así que Hawks se decidió a poner límites: "Bueno, en tal caso, o yo necesito un actor nuevo o tú vas a necesitar un nuevo director". Y parece que Bogart entendió perfectamente el envite y como si del guion de una novela negra se tratara, supo que quien le hablaba tenía la pistola en su mano y podía dispararle al despido en cualquier momento. Bogart como buen jugador de ajedrez que era, no volvió a beber en exceso durante todo el tiempo de rodaje y por supuesto se comió a la reina de aquel tablero que no era otra que Lauren Bacall.


Imágenes: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro:  Img 1 - 2 - 3

martes, 18 de octubre de 2022

La vida no es más que "Una comedia ligera"



"A veces tengo la sensación de que toda mi vida se derrumba. Tal vez es un momento de flaqueza, tal vez un momento fugaz de lucidez, eso poco importa; luego vuelve todo a la normalidad.(…). Los años pasan (…) y en vez de añadir algo a nuestras vidas, nos quitan lo poco que tenemos; siempre es lo mismo: deseamos una cosa con todas nuestras fuerzas, durante mucho tiempo, y cuando por fin lo conseguimos, es demasiado tarde, o es menos de lo que imaginábamos, o descubrimos que en el fondo no lo deseábamos con tanto ardor. Todos nuestros sueños son insignificantes cuando se materializan. En cambio, si perdemos algo, no hay consuelo. Así es la vida. Siempre lo supe, pero lo que no podía sospechar es que además todo ocurriera con tanta rapidez. Miro hacia atrás y no veo nada."


El fragmento pertenece al libro "Una comedia ligera" obra de Eduardo Mendoza publicada en 1996.

Imagen: Tomada de Pinterest: Fuente Original

miércoles, 12 de octubre de 2022

Doisneau, Juan Gelman y los ladrones de poemas


En todas las épocas hubo amantes a los que les faltaron las palabras para cantarle su amor a la mujer que le robaba el pensamiento, enamorados o embaucadores que antes de devanarse los sesos maridando palabras y sentimientos no dudaban en ayudarse de algún hurto literario, que a buen seguro su autor habría disculpado. Algo así parece ser que le pasó al poeta argentino Juan Gelman, que contaba la siguiente anécdota:

"Estaba con Mario Benedetti y Daniel Viglietti haciendo un reportaje en una radio. Había chicas y muchachos entre el público. Mario leyó un poema, luego yo leí un poema de amor. Cuando terminó la grabación, una chica que estaba allí se me acercó y me dijo «¿Ese poema es suyo?» Le digo: «Sí».  Me dice: «¡Hijo de puta!». Le digo:« Mire, yo sé que no es muy bueno, pero soy una buena persona». Ella dice: «No, no lo digo por usted, estoy hablando de un novio que tuve, que me mintió, diciendo que lo había escrito él»"

Pudiera ser que el poema robado, por poner uno de Juan Gelman, fuera "Ausencia de amor":

Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.

Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobrecristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.

Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo
lo que he esperado
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.


La fotografía de cabecera es del socorrido Robert Doisneau, siempre atento con su cámara a los arrumacos de amantes callejeros, vemos a una pareja abrazándose en el Jardín de las Tullerías de París, en 1944, durante la ocupación alemana. Poco importaban las alambradas, o los soldados malencarados que vigilaban las calles por las que paseaban abrazados, pudiera ser que para ellos la ciudad de la luz nunca fuera tan hermosa como entonces y puestos a imaginar, puede que poco después de sentarse en ese banco él le hubiera regalado un poema robado a quien sabe que poeta. Sin duda prefiero esa historia a imaginar por qué razón ambos llevan un pañuelo en su mano en una ciudad ocupada.

Imagen: Tomada de Tumblr - Fuente Original

domingo, 9 de octubre de 2022

Frank Sinatra y el alcohol: "One for my baby (and other one for the road)"

"El alcohol es quizá el peor enemigo del hombre, pero la Biblia dice que ames a tu enemigo"

Eso al menos decía Frank Sinatra, un cantante con una voz maravillosa y un hígado fantástico que debería haber legado a la ciencia para su estudio. Su médico de toda la vida desaprobaba el intenso ritmo al que bebía el cantante y le recomendó cambiar drásticamente de hábitos, especialmente con respecto al alcohol. Sinatra solo podía hacer dos cosas: hacerle caso al galeno o cambiar de médico. De allí se fue directo a su bar predilecto de Nueva York y furioso le confesó a su amigo Dean Martin: "Acabo de despedir a mi médico. Es un imbécil. No sabe nada de la vida". Con su siguiente médico, al que tuvo que acudir a regañadientes, no le fue mucho mejor pero el relato de su visita es ciertamente clarificadora de como era el bueno de Frankie cuando ponían en riesgo sus aficiones etílicas. Llegado a la consulta se dispusieron a hacerle un reconocimiento completo y el doctor le preguntó: "¿Cuánto bebe usted?". Sinatra le contestó sin dudar: "Unos treinta y seis tragos al día" (sin agua al parecer y solo un par de peces de hielo -como diría Sabina-). El médico creyó que era una broma del cantante y volvió a preguntarle: "Le hablo en serio Sr. Sinatra ¿Cuánto bebe usted?. Frankie, indiferente a las dudas del médico volvió a responderle: “Ya se lo he dicho, treinta y seis tragos al día”. Al médico le extrañaba la cantidad pero también que fuera tan exacto en el número de tragos: “¿Cómo puede estar tan seguro?”. "Verá doctor, -replicó Sinatra- bebo una botella de Jack Daniel's diaria, lo que equivale a treinta y seis tragos". El médico intentando no hacer demasiado evidente su asombro, aunque con un incipiente tono de desaprobación, continuó: "Y como se siente cada mañana?". "No lo sé - dijo para terminar Sinatra, mientras se ponía en pie- nunca me levanto por la mañana. Y no estoy seguro de que usted sea el médico apropiado para mi". Si se quitan al día solo seis horas de sueño, quedan 18 horas, lo que supone un lingotazo de whiskey cada media hora, o lo que es lo mismo estar todo el santo día bebiendo. "Homérico" dirían en "El hombre tranquilo" e incomprensible para mi que no tengo muchas filias por el alcohol. Supongo que pensaba en personas como yo cuando dijo: "Lo siento por las personas que no beben. Cuando despiertan por la mañana, se sienten tan bien como se van a sentir el resto del día"

Hay quien dice que el alcohol es el mejor ansiolítico que existe, de modo que supongo que Sinatra veía en el Jack Daniel's una tabla a la que agarrarse. Al menos eso se desprende de aquella afirmación suya: "Estoy a favor de cualquier cosa que te haga pasar la noche, ya sea una oración, traquilizantes o una botella de Jack Daniel's"

Desde luego no debían de ser muy recomendables sus noches, pero lo que queda claro es que Sinatra tenía una afición desmedida por el whiskey Jack Daniel's, al que llamaba "El néctar de los dioses". Sus 45º parecían no hacerle mella y cuando murió pidió que pusieran una botella en el ataúd. Supongo que con tanto alcohol su cuerpo debe estar ahora mejor conservado aún que el de Lenin. El caso es que la marca Jack Daniel's nunca pudo pagar una publicidad tan esplendida como la que gratuitamente le hacía el cantante, pero en agradecimiento, en el 100 aniversario de su nacimiento sacó una edición especial en su honor "Jack Daniel's - Sinatra selected", en cuyo interior incluso llevaba como regalo un número de membresía para "la pandilla de ratas", el famoso "Rat Pack" de Sinatra en el que no miraban precisamente bien a los abstemios. 

En realidad la entrada casi ha sido una excusa para poder poner una de las grandes canciones de Sinatra, la maravillosa: "One for my baby (and other one for the road)" un tema de Harold Arlen y Johnny Mercer que data de 1943 para el musical "The sky's the limit" que encontró su mejor versión en "la voz" de Frank Sinatra (valga la redundancia).


Son las tres menos cuarto
no hay nadie aquí excepto tú y yo
Así que, siéntate Joe
tengo una pequeña historia que tienes que escuchar
Estamos bebiendo, amigo mío, por el final de un breve episodio
Sírveme una por mi chica y otra más para el camino

Ya lo tengo por rutina
así que echa otra moneda a la máquina
Me siento muy mal
¿No puedes poner algo de música tranquila y triste?
Te podría contar un montón de cosas
pero hay que ser acorde con tu código de honor
Sírveme una por mi chica y otra más para el camino

Tú nunca lo has sabido pero, amigo, soy una especie de poeta
y tengo un montón de cosas que me gustaría decir
y cuando esté melancólico me tienes que escuchar
hasta que lo haya soltado...

Bueno, esto es todo
y ya se, Joe, que empiezas a estar ansioso por cerrar
Gracias por escucharme, espero que no te haya importado que te soltara el rollo
pero esta angustia que tengo debe de ser sofocada o pronto explotará
Así que sírveme una por mi chica
y otra más para el camino
tan largo, tan largo, tan largo..."

Fuente: A partir del siguiente artículo:
La Razón - "Rarezas y excesos de genios"

sábado, 8 de octubre de 2022

La piel de gallina de Alfred Hitchcock

 

"Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense"

Con esas palabras definía el suspense el gran Alfred Hitchcock, considerado unánimemente como el mago de dicho género. El director era evidentemente consciente del efecto que sus películas causaban en el publico y era algo que terminaba por definirle, tal y como podemos ver en la siguiente anécdota. 

En cierta ocasión que viajó a Francia, Alfred Hitchcock se vio retenido en el aeropuerto y el funcionario que se encontraba a cargo de la aduana, al que suponemos poco aficionado al cine y por tanto desconocía la identidad de Don Alfredo, se mostró intrigado por la palabra "Productor" que figuraba en su pasaporte y le preguntó al director:

-¿Productor? ¿Y usted que produce?

- Piel de gallina - le contestó agudamente Hitchcock.

Y fue un genio en esa tarea, de hecho hizo las delicias de los espectadores con un buen número de películas maravillosas e inolvidables, entretenidas a la vez que talentosas, que sin embargo no fueron reconocidas por la Academia de Hollywood que nunca le otorgó un premio Oscar a pesar de sus cinco nominaciones. "Siempre novia, nunca esposa" decía el propio director. Con el tiempo, en 1968, le entregaron uno de esos premios de consolación, el Irving G. Thalberg Memorial Award, que Hitchcock recogió con uno de los discursos más breves de la historia de los Oscar, simplemente se limitó a decir con aire circunspecto, se diría que sin emoción alguna, un lacónico: "Thank you" y cuando ya casi marchaba y el público empezaba a reír, se volvió para rematar con un "very much indeed", y se marchó por donde había venido. En justicia se merecía haber sido uno de los directores de cine más galardonados de la historia del séptimo arte. No me extrañaría que ese veneno junto al que posa en la foto le trajera a la memoria el nombre de algunos personajillos influyentes de aquel Hollywood que le tocó vivir.


Imagen: De Flickr -Ross Dunn- (CC BY-SA 2.0) - Fuente Original

viernes, 7 de octubre de 2022

Bertrand Russell y los idiotas

 

"…Basta leer algo de su llamada filosofía para descubrir inmediatamente qué clase de idiota es usted. El otro día leí en un diario suizo alemán algo que evidentemente usted había dicho: ´Vivimos en una época que tiene tres revoluciones por delante: la lucha de la juventud contra la vejez; la lucha de la pobreza contra la riqueza y la lucha de la estupidez contra la inteligencia…´ (…) Le digo categóricamente que las tres revoluciones que lo inquietan no las tenemos por delante, sino que han caracterizado a todas las generaciones de todos los siglos"

Esa era la carta que un hombre común le escribió a Bertrand Russell en 1958. La respuesta del filósofo, matemático, activista social y Premio Nobel de Literatura en 1950 no se hizo esperar: 

"Estimado señor: 

Hay una categoría de idiotas que usted ha omitido mencionar. Es la categoría de quienes creen lo que leen en los diarios. Yo nunca hice la declaración que usted cita. 

Lo saluda atentamente, 

Bertrand Russell"

Con ochenta años seguía demostrando que de idiota no tenía un pelo y en sus "Reflexiones en mi octogésimo cumpleaños" decía :

"He vivido en busca de una visión, tanto personal como social. Personal: cuidar lo que es noble, lo que es bello, lo que es amable; permitir momentos de intuición para entregar sabiduría en los tiempos más mundanos. Social: ver en la imaginación la sociedad que debe ser creada, donde los individuos crecen libremente, y donde el odio y la codicia y la envidia mueren porque no hay nada que los sustente. Estas cosas, y el mundo, con todos sus horrores, me han dado fortaleza."

La anécdota inicial nos llegó a través de la amiga Celia Valdelomar.

Imagen: De Wikimedia Commons - (CC0) - Dominio Público en fuente original

domingo, 2 de octubre de 2022

Norman Mailer y los recuerdos


 

"A lo largo de la vida, la mayoría de nosotros construye en su intimidad mental una historia cultural de los años en los que le ha tocado vivir. A menudo concebimos esa historia como un recuerdo colectivo que otros compartirán con nosotros. Incluso nos referimos a ella como nuestro tiempo. Pero lo cierto es que se trata sólo de un tiempo personal, el tiempo social, cultural e histórico de nuestra intimidad, nuestra imagen personal de lo que ha ocurrido en el mundo. (...) Trabajamos sin cesar para lograr cierta comprensión de nuestra vida y de nuestro tiempo. De modo que revisamos permanentemente nuestra historia personal del pasado hasta incluir en ella a todos aquellos en relación con los cuales hemos reaccionado en la vida: nuestros amigos, nuestros parientes, nuestros enemigos, nuestras estrellas de cine, nuestros atletas, nuestros héroes y las figuras públicas, por no hablar de todos los grandes acontecimientos, los históricos, y también de los minúsculos, por los que hemos pasado, además de todos los libros que han permanecido con nosotros, los que han contribuido a cambiar nuestra vida."

Estas palabras del escritor estadounidense Norman Mailer aparecen en el prólogo de su obra "América" (2006) aunque yo las he tomado de la entrada del muy entretenido  libro-entrevista "Sabina en carne viva" (2006 - Ediciones B). La reflexión de Mailer me hacen pensar en algunas personas de edad muy avanzada que dicen vivir de recuerdos, que estos son su mayor tesoro, hasta el punto de que esos recuerdos terminan por definirlos y secuestrarlos; es como si ya no les quedara impulso vital para crear nada nuevo, para acometer otros proyectos o ilusiones; son personas hechas de pasado, son en esencia lo que han vivido y con sus recuerdos cargan de continuo la balanza de su vida atentos siempre a lo que marca el fiel, esperando salir vencedores del juicio interior que de continuo se hacen y de poder decirse a si mismos que aprovecharon su tiempo. Y eso, gracias a Dios, cuando quedan recuerdos....

Imagen: De Wikimedia Commons (CC0) - Dominio Público en fuente original

sábado, 1 de octubre de 2022

Puccini, las costureras y "La Bohéme"



Hubo una época en la que Giacomo Puccini estaba muy lejos de ser un acomodado y reconocido compositor de ópera que derrochaba dinero alegremente en coches y mujeres, de hecho, en su juventud estuvo mucho más cerca de las estrecheces que vivían los protagonistas de su obra "La Bohème", una ópera maravillosa que ahora es profusamente representada pero que en su estreno, allá por 1896, resultó un absoluto fracaso. 

"La Bohème" puede que sea la obra más bella y convincente de Puccini, que no es decir poco en un autor que también nos regaló óperas del calibre de Tosca, Madame Butterfly o Manon. En "La Bohème" no se nos muestran grandes gestas o mitificadas leyendas, nos habla de la vida misma iluminada por el resplandor de las pequeñas cosas, "Piccole cose" que decía Puccini; no hay tampoco héroes, reyes o seres legendarios, tan solo un par de pobres enamorados, el poeta "Rodolfo" y la modistilla "Mimí" que viven en una muy modesta buhardilla del barrio latino de París, acosados por el frio y la escasez durante una nochebuena. Puede que sea ese acercamiento a la vida real y a las privaciones que cualquiera puede padecer lo que hiciera de esta opera, pasado el tiempo, una obra de tanto éxito. Puccini y los libretistas Giacosa e Illica trabajaron denodadamente durante tres años para adaptar la novela folletinesca de Murger "Escenas de la vida Bohemia" hasta llevar a la desesperación al empresario Ricordi: "Os confieso que por este continuo rehacer, retocar, añadir, corregir, cortar, pegar, hinchar aquí para desinflar allá, estoy exhausto".

Puccini no pudo evitar introducir en esta opera algunos guiños a su propia vida y a las experiencias de su época de estudiante en el conservatorio de Milán, tiempo en el que compartía piso con Mascagni, otro gran compositor de operas. De hecho la escena en la que estando ya Mimí muy enferma y Colline, un filósofo amigo de la pareja de enamorados, marcha a vender su abrigo para poder comprarle medicinas (Vecchia zimarra, senti / "Viejo abrigo, escucha"), estaba inspirada en un recuerdo de juventud de Puccini, quien al parecer tuvo una novia costurera (como Mimí) y no teniendo dinero, empeño su abrigo para poder invitarla a cenar una noche. Con los años comentaba de esta anécdota: "A la mitad del invierno ya había roto con ella; pero sin abrigo tuve que estar todo aquel invierno". Seguro que fue una cena maravillosa.

Seguro que hay otras versiones mejores, con Pavarotti y Mirella Freni por ejemplo, pero aquí, y primando la calidad del vídeo y los subtítulos, os dejo con dos de las mejores arias de esta preciosa opera interpretadas por Rolando Villazón y Anna Netrebko, dos grandes cantantes que están de moda desde hace unos años: 

"Che gelida manina"


"Si, mi chiamo Mimí"


Imágenes: De Wikimedia Commons - (CC0) en Fuente original - Img 1 - Img 2