lunes, 15 de agosto de 2022

El ataúd de Sarah Bernhardt y otros apuntes

 

"El primer beso, sabedlo, no se da con la boca, sino con los ojos" (Sarah  Bernhardt)

"Sarah era maravillosa y terrible. Oh, verla y escucharla, una criatura salvaje, una gacela con la fascinación y la furia de una hermosa pantera, riendo en francés musical, gritando con verdadero grito de pantera, sollozando y suspirando como un ciervo solloza, herida de muerte... No es bonita, su voz no es dulce, pero es la encarnación de la emoción salvaje que compartimos con todos los seres vivos..."

Así describía D.H. Lawrence a Sarah Bernhardt tras verla interpretar "La dama de las Camelias". Por su parte, un crítico apuntaba sobre la actriz:

"Sarah no es un ser, sino un conjunto de seres. Podría meterse en un convento, inocularse la rabia, descubrir el Polo, asesinar a un rey, casarse con un emperador negro: no causaría sorpresa"

Mientras que Heller, un biógrafo de Sarah completaba su perfil:

"Es una perpetua insatisfecha. Nunca consigue colmar sus deseos. Dominada constantemente por la impaciencia aspira a algo vagamente absoluto que la fascina irresistiblemente. Sus aventuras sentimentales y sus éxitos artísticos le dejan una sed insaciable de perfeccionamiento. No regula sus caprichos. Los combate satisfaciéndolos siempre. Se embriaga con champaña cuando quiere sentirse dominada por una alegría loca. Se entrega a largas excursiones por el campo. En su casa instala una auténtica casa de fieras y se rodea de un ambiente de constantes excentricidades"

La impresión que Sarah Bernhardt dejó en sus contemporáneos debió ser formidable. Mark Twain dijo en cierta ocasión que había cinco clases de actrices: "Las buenas, las malas, las regulares, las grandes actrices y… Sarah Bernhardt", Oscar Wilder escribió para ella "Salomé", Marcel Proust la convirtió en "Berma" en su obra "En busca del tiempo perdido" y Sigmund Freud, tras verla actuar en "Theodora" nunca pudo separarse de una foto suya que lucía en su consulta y le dedicó las siguientes palabras:

"No puedo decir mucho de la obra, pero esta Sarah, ¡cómo actuaba! Desde el momento en que escuché sus primeras líneas, pronunciadas con su voz vibrante y adorable, tuve la sensación de que la conocía desde hacía años. Ninguna de las líneas que interpretó me podía sorprender, creí inmediatamente todo lo que dijo. El más pequeño centímetro de este personaje estaba vivo y me encantó. Y luego, estaba la manera en que ella tenía que halagar, implorar, abrazar. Sus posturas increíbles, la manera en el que guarda silencio, y en el que cada una de sus extremidades y cada uno de sus movimientos juegan un papel para ella! ¡Criatura extraña! Es fácil para mí imaginar que no tiene necesidad de ser diferente en la calle de lo que es en el escenario!"

Como toda actriz con una larga carrera, tuvo que luchar contra el paso de los años, y esa condena de intentar abordar cuando, ya no es creíble, papeles de jovencita, la reseñaba un periodista de la época así:

"Sarah entra en su rico, elegante y cómodo camerino al menos tres horas antes de comenzar el espectáculo y allí se recluye con su robusta y fiel doncella, que además es una excelente masajista. Sarah se entrega, gimiente, a los formidables golpes; tal vez grita de dolor mientras la fámula la amasa y le aplasta la nuca con sus gruesos pulgares, y le tensa la carne de los omóplatos, y le pellizca las caderas, y le mete los puños en los costados, y después le toma la piel del estómago y la retuerce, la enrolla, la alisa y la empuja hacia las costillas y hacia la pelvis. (...) Concluido el masaje, es necesario e indispensable desnudarla, por lo que la doncella toma a Sarah y la arroja a una bañera de agua helada. El frío le atraviesa los huesos, le coagula la sangre, le hace dar diente con diente. El caso es que tantas veces como tiene ella la sensación de convertirse en una jovencita otras tantas tiene de morir. (...) Pero se trata de un remedio soberano contra las arrugas. Y, luego de la inmersión helada, la camarera restriega el cuerpo de su señora con un guante de crines impregnado de alcohol, le da fricciones con una toalla de tela gruesa y por fin la perfuma. Después, todavía le quedaba una hora de trabajo de maquillaje y caracterización"

Entre las extravagancias y rarezas de la actriz se encontraba la de hacerse acompañar en sus desplazamientos por un ataúd, al parecer para ir acostumbrándose a la idea de la muerte, de hecho incluso algunas veces dormía en él, tal como se la ve en la fotografía de abajo, además tenía un esqueleto al que llamaba Lázaro y una calavera sobre cuya frente Victor Hugo le escribió unos versos. 

Algunas frases de la actriz:

"La vida es corta, incluso para aquellos que viven mucho tiempo, y debemos vivir por los pocos que nos conocen y aprecian, que nos juzgan y absuelven, y por quienes tenemos el mismo afecto e indulgencia. El resto lo veo como una mera multitud, animada o triste, leal o corrupta, de quien no se puede esperar nada más que emociones fugaces, agradables o desagradables, que no dejan rastro detrás de ellas"

"El que es incapaz de sentir fuertes pasiones, de ser sacudido por la ira, de la vida en todos los sentidos de la palabra, nunca va a ser un buen actor"

"El ser inteligente hace del egoísmo una virtud; el necio la convierte en vicio"

Parte de las anécdotas y apuntes están tomados del recomendable libro "Los poderes de Venus" de Alicia Misrahi.

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domingo, 14 de agosto de 2022

Johannes Brahms: De los burdeles a la gloria



"Componer no es difícil, lo complicado es dejar caer bajo la mesa las notas superfluas" (Brahms)

La infancia de Johannes Brahms no fue nada fácil. Pertenecía a una familia muy modesta, su madre era costurera y su padre un músico ambulante de comportamiento un tanto caótico que se ganaba unos cuartos tocando el contrabajo de aquí para allá. Vivían en una de las zonas más pobres de la ciudad de Hamburgo, en un barrio portuario en el que compartían casa con muchas personas más. Para colmo de males del joven Brahms sus padres se separaron cuando él solo tenía seis años. Muy pronto, con tan solo siete años, siendo aún un niño débil y enfermizo -su salud no mejoró hasta los catorce años- empezó a mostrar una devoción irrefrenable hacia la música para la que tenía una facilidad y aptitudes envidiables. A pesar de las estrecheces que vivían sus padres estos se volcaron con el jovencito Brahms y lo apoyaron en sus estudios musicales que el ayudaba a pagar tocando desde muy pequeño en cervecerías, posadas y también en burdeles, llegando a ser todo un personajillo en la ciudad con apenas diez años. Pero no era la vida apropiada para un niño. Cuando su madre lo llevó, con doce años, a tocar en los clubes de alterne del barrio portuario de la ciudad, Brahms se pasaba la noche animando el ambiente con el piano por unas monedas que resultaban muy necesarias, pero por la mañana estaba tan cansado que no era extraño que llegara tarde al colegio o que incluso faltara. A pesar de todo, a los dieciséis años ya destacaba y a los veinte años ya era famoso gracias a la música. Fue con esa edad cuando Robert Schumann sentenciaría en una crítica escrita por él: "Johannes Brahms, un nuevo genio". De hecho, con el tiempo, fue aclamado por muchos como un nuevo Beethoven, tal es así que la Primera sinfonía de Brahms fue para los críticos "La décima de Beethoven", la continuación natural de la obra de un genio ya desaparecido del que Brahms decía: "Nunca comprenderá usted lo que sentimos los músicos cuando oímos detrás de nosotros el paso de un gigante como Ludwig van Beethoven."

Puede que aquella infancia tan difícil fuera en parte causa del carácter huraño y un tanto asocial que mostraría con los años, muy parecido al de su admirado Beethoven. Su trato era difícil sin duda. Se cuenta que en una reunión en la que había discutido con los presentes, se levantó y antes de salir se volvió hacia los presentes y les dijo: "Si hay alguien aquí a quien no haya insultado, le pido perdón". Igual que había músicos que lo idolatraban había otros como Wagner, Dukas o Hugo Wolf que no lo soportaban. Supongo que Wolf hasta con un poco de razón. En cierta ocasión, este le pidió  a Brahms su opinión sobre algunos de sus famosos lieders y entregándole las partituras, le invitó a poner una cruz donde creyera que algo fallaba. Brahms se las devolvió de inmediato diciéndole: "¡No quiero convertir su composición en un cementerio!"

Y a pesar de ese duro carácter, después era capaz de crear melodías sencillas y encantadoras como la canción de cuna que todos hemos escuchado alguna vez, del mismo modo que Beethoven era capaz de componer piezas llenas de ternura a la par que otras llenas de energía y dinamismo. 

Eternamente enamorado de Clara Schumann no se casó nunca, lo que no dejaba de tener sus ventajas según él mismo daba a entender. Brahms era muy crítico con su propio trabajo y sabía cuando las cosas estaban a la altura o no y así decía: "Cuando entro en mi cuarto solitario después de un fracaso, éste no me hiere. Pero si estuviese obligado a encontrarme con los ojos interrogadores de mi mujer y tener que decirle que he fallado nuevamente... No podría soportarlo". En su música tocó todos los palos, excepto la ópera, que le resultaba insufrible: "Prefiero casarme antes que componer una ópera".... aunque si hubiese sido Clara estoy seguro de que no lo habría dudado."

Sirva toda esta pequeña introducción, como excusa para presentar una maravillosa pieza que he estado disfrutando repetidamente estos días, el tercer movimiento de la Tercera sinfonía op. 90 de Brahms, que hablará mucho más y mejor del compositor de lo que podamos decir en este blog. En una época marcada por nuevas tendencias, Brahms seguía fiel a los cánones clásicos de su pasado musical inmediato, es decir a Beethoven, a Haydn o Mozart. Poco, o más bien nada, quería saber de Wagner y otras lindezas, aunque sus obras bien estudiadas también tienen su puntito de romanticismo. Gracias a su perseverancia en su forma de entender la música logró escribir una nueva y maravillosa página en la música alemana, en la que es incluido en la Santísima Trinidad anunciada por el gran director de orquesta Hans von Büllow, las tres Bes de la música germana: Bach, Beethoven y Brahms. Estoy seguro de que a él le habría encantado ver su nombre al lado de su inspirador Beethoven. El maravilloso tercer movimiento -poco allegretto- de la sinfonía número tres que os dejo más abajo es de una belleza inconmensurable, una música majestuosa plena de madurez y sabiduría, propio de quien sabe que no tiene ya nada que demostrar y está atento solo a sus propios sentimientos. Al parecer Brahms se basó en un lema muy apreciado por él: "Frei aber froh" -"Libre pero féliz"- FAF o lo que es lo mismo Fa-La-Fa. La obra es conocida como la "Heroica" de Brahms. Otro día ya hablaremos de su maravilloso concierto para violín con el que Brahms es capaz de competir y puede que hasta superar en hermosura, dificultad y energía al de Beethoven, que ya es decir.

Leonard Bernstein dirige el tercer movimiento de la Sinfonía nº 3 - 3er. mov. "Poco Allegretto" con la Filarmónica de Viena 


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sábado, 13 de agosto de 2022

Orson Welles, Carol Reed y "El tercer hombre"


Cuando pensamos en la película “El tercer hombre”, dirigida magistralmente por Carol Reed en 1949 sobre un guion de Graham Greene, no podemos evitar pensar que el film rezuma influencias de Orson Welles en cada fotograma y que muy posiblemente este tuviera mucho que ver en la filmación del mismo, algo con lo que se especuló de forma muy insistente desde el mismo momento de su estreno. Orson Welles siempre negó estas afirmaciones y cuando fue entrevistado por Peter Bogdanovich se explayó un poquito más. Os dejo un extracto de la entrevista:

Peter Bogdanovich: “Aparte de hacer el papel de Harry Lime, ¿qué más hiciste en aquella película?

Orson Welles: Escribí mi papel…

PB: ¿Hasta su última palabra?

OW: Carol Reed es el tipo de director dispuesto a usar cualquier idea que se le ofrezca. Yo tuve unas ideas para el diálogo y a Carol le gustaron. Con la excepción de una contribución más bien pequeña, la historia se debe a Graham Greene, alguien con quien es imposible competir. Y la idea básica, pese a que nunca se le acreditó como suya, de Alex Korda (el productor)

PB: Tienes algo que ver con los escenarios definitivos y las tomas de la película?

OW: Solo unas pocas ideas, como los dedos que aparecen a través de la parrilla

PB: ¿Qué hay de la primera vez en que te vemos en el quicio de la puerta?

OW: Era absolutamente de Carol.

PB: ¿Fue un toque tuyo la última escena en el funeral?

OW: No, no lo fue. Fue una gran toma inventada por Carol…. No por Greene o cualquier otro. Maravillosa idea. Yo estaba allí cuando se rodó. Me gustaría poder decir que contribuí a la idea, pero yo no hice otra cosa que estar allí, mirando como la rodaban

PB: La película parece influenciada por ti… Tal vez por el reparto con la elección de Joseph Cotten

OW: Fue una película de Carol, Peter y de Korda

PB: Bien, tú tienes el papel más pequeño, pero que domina todo el recuerdo que uno conserva de la película

OW: Eso se debe al papel, ¿sabes? Cada frase en el guion se refiere a Harry Lime… Nadie habla de otra cosa a lo largo de diez rollos de película


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viernes, 12 de agosto de 2022

Bukowski y la bebida


 

Charles Bukowski, el "outsider" por excelencia, era un ser autodestructivo que, sorprendentemente, desde la demolición de su propia persona fue capaz de crear un universo literario totalmente nuevo, aliándose con la verdad desnuda, cruda e impactante con la que golpeaba en sus lectores de forma brillante y contundente. Hoy es un dios de la literatura, en vida solo quería escribir y abrazarse a la botella y a las mujeres, sin simulaciones, sin máscaras, irreverente con lo establecido, viviendo su vida y sus quebrantos sin más. El borracho más lúcido y lucido de la historia. Dejamos algunas frases suyas sobre el hábito de beber, pero si alguien leyéndolas puede llegar a pensar que es el camino de alcanzar la genialidad, que tenga muy presente la frase que Bukowski eligió como epitafio en su tumba "Don`t Try" (No lo intentes):

"Beber es algo emocional. Te sacude frente a la estandarización de la vida de todos los días, te lleva fuera de eso que es lo mismo siempre. Tira de tu cuerpo y de tu mente y los arroja contra la pared. Tengo la impresión de que beber es una forma de suicido en cual se te permite regresar a la vida y comenzar de nuevo al día siguiente. Es como matarte a ti mismo y después renacer. Creo que hasta ahora he vivido diez o quince mil vidas."

"Ese es el problema de beber, pensaba, mientras me servía un trago. Si algo malo pasa, bebes para intentar olvidar; si algo bueno pasa, bebes para celebrar; y si nada pasa, bebes para que hacer que algo pase." (Mujeres - 1978)

"Emborracharse era bueno. Decidí que siempre me gustaría emborracharme. Aparta lo obvio y tal vez, si lo obvio está suficientemente lejos, no te vuelves obvio para ti mismo." (La senda del perdedor - 1982)

"Cuando bebes el mundo aún está ahí afuera, pero en ese momento no te tiene cogido del cuello." (Factotum - 1975)

"Yo creo en el alcohol, pero hay que estar en buena forma para poder beber. Tomo buenos vinos, me gusta ser bueno con mi estómago, si soy bueno con él, él es bueno con mi mente, mi mente es buena con mi espíritu y mi máquina de escribir es buena conmigo"

"Hay tristeza en la mano que sostiene la lata de cerveza, hay tristeza hasta en la suciedad debajo de las uñas, y la mano es como la mano de una máquina y, aun así, no lo es… se curva por completo (un esfuerzo mágico) alrededor de la lata como las raíces que dan vida al gladiolo y lo elevan a las alturas, y la cerveza se cuela en mí. (Elaborada y envasada en...)

"Me gusta cambiar de licorería con frecuencia porque los empleados aprenden tus hábitos si vas día y noche y compras en gran cantidad. Puedo verlos peguntándose por qué todavía no estoy muerto, y eso me hace sentir incómodo. Probablemente no piensen nada de eso, pero un hombre se vuelve paranoico cuando tiene 300 resacas al año." (Mujeres - 1978)

"en la taza se asienta mi botella
como un enano que espera ganarse mis oraciones
bebo y toso como un idiota en una sinfonía,
luz del sol y aves enloquecidas por todos lados
el repiqueteo del teléfono hace saltar su sonido
contra los pronósticos del mar atormentado;
bebo profundamente e incluso ahora,
bebo por el paraíso
y la muerte
y la mentira del amor."

(Soirée)

"No era mi día. Ni mi semana, ni mi mes, ni mi año. Ni mi vida. ¡Maldita sea!" 

Parte de las citas están tomadas de un artículo dedicado a Bukowski en la página "Cultura inquieta"

Imagen: De Flickr - "gibridehome" - (CC BY-NC 2.0) - Fuente Original

jueves, 11 de agosto de 2022

Theda Bara al desnudo

 

A Theda Bara le llegó su oportunidad en el cine a destiempo. En aquellos albores del cine, en los que las actrices rara vez superaban los 25 años, ella, rebasados ya los 30, supo encandilar con su personalidad a los mandamases cinematográficos y estos se decidieron a lanzarla al estrellato, eso si, con los debidos retoques previos. La actriz se llamaba en realidad Theodosia Burr Goodman y había nacido en un lugar tan poco exótico como la ciudad de Cincinnati. Con la idea de prefabricar un mito, la convirtieron en Theda Bara, un anagrama de "Arab Death", o lo que es lo mismo "Muerte Árabe". Por supuesto, para hacerla pasar por más joven, habría nacido cinco años después de la fecha real, en pleno desierto del Sahara y fruto del amor entre una concubina egipcia y un artista francés. Arroparon la historia de que era una chica peligrosa con la afirmación de que dominaba misteriosos rituales de magia oriental con los que era capaz de hechizar a cualquier hombre. Y el caso es que la historia fue del gusto del público, es más, todo un exitazo. 

Y de esta manera Theda Bara se convirtió en la primera "vampiresa" o "mujer fatal" de la historia del cine, una actriz que era capaz de levantar con su primitivo erotismo, las más calenturientas pasiones en sus fans, por más que en la actualidad nos pueda parecer imposible con esa mirada suya tan triste. Pero las cosas son como son y en cierta ocasión, la actriz recibió desde Shanghái la carta de un admirador que le hacía la siguiente petición:

"Honorable señora Bara: Por favor, envíeme por correo su honorable retrato a la mayor brevedad. Le ruego que en el mismo aparezca tan honorablemente desnuda como le sea posible. Gracias"

Y es que, sabiendo pedir las cosas, educadamente.... no hay nada imposible.


Imágenes: De Wikimedia Commons - Dominio Público - (CC0) - Img 1 - Img 2

martes, 9 de agosto de 2022

"Grease", Sandy y Olivia Newton-John



Ayer, 8 de agosto, nos decía adiós Olivia Newton-John, que bien puede ser recordada como cantante, con aquellos temas de "Physical" o "Xanadu", pero que sobre todo ha quedado prendida en el imaginario popular por su papel de Sandy, la maravillosa chica por la que bebía los vientos Danny Zucco, interpretado por John Travolta, en la película "Grease" (1978- Randal Kleiser).

"Grease" es posiblemente el musical más rentable de la historia del cine y no solo en las taquillas, de hecho su maravillosa banda sonora vendió la friolera de 26 millones de copias y nos ha acompañado a todos en no pocos saraos donde parecía resultar casi inevitable ese momentazo rockerillo en el que a todos, en una u otra ocasión nos ha tocado imitar los bailes y contoneos de Sandy o Danny Zucco.

La película, aún hoy, rezuma buen rollo a raudales y resultó toda una mina de oro. Los seis millones de dólares que costó hacerla pronto se convertirían en diez veces más solo en EEUU y si hablamos de cifras en todo el mundo la recaudación sube hasta los 395 millones de dólares. De hecho, "Grease", ha sido durante un tiempo una de las tres películas más taquilleras de la historia, un ranking en la que solo "Tiburon" (1975 - S. Spielberg) y "La guerra de las galaxias" (1977 - G. Lucas) dieron más dinero. Nadie esperaba que esta aventura de instituto diera tan buen resultado, y por supuesto fue carta de presentación para muchas otras películas de enamoradizos jóvenes que buscaban ahondar en el filón, así llegaron a las pantallas películas como "Desmadre a la americana" (1978), "Porky's" (1981) o "Los incorregibles albóndigas" (1979), aunque con resultados menos espectaculares. "Grease" es punto y aparte en este tipo de cine,  juega en otra liga, por mucho que los dos protagonistas estuvieran ya un poquito creciditos para hacer de estudiantes. Olivia tenía ya 28 añitos y el Travolta 23. No fue mayor problema, todos admitimos con gusto a este pulpo como animal de compañía y aceptamos a sus interpretes como jóvenes estudiantes adolescentes.  

Y si para ellas, la miga estaba en la chulería y el tupe del Travolta, que por aquel entonces era "lo muy muy de lo más más" tras su exitazo como Tony Manero en "Fiebre del sábado noche" y copaba las portadas de las carpetas de todas las jóvenes; los chicos caímos rendidos sin remedio ante la transformación final de la candorosa Sandy, a la que Olivia le revolucionó el pelo y decidió vestirla de cuero negro ajustado para desesperación de todos los que seguíamos con ojos desorbitados todas sus evoluciones y casi deseábamos ser el cigarrillo que apagaba con su zapato, incluido también el personaje de John Travolta. Fue tal el afán de transformarse de Olivia Newton John que cuando le dieron cierta libertad para decidir como sería el radical cambio de Sandy, escogió unos pantalones tan estrechos que llegó a romper la cremallera y hubo que cosérselos puestos para poder terminar la escena en la que cantan aquel sensacional "You're the one that I want" que os dejo más abajo para terminar. 

Como decía Danny Zucco"Siento escalofríos que se están multiplicando, estoy perdiendo el control..."


D.E.P. Olivia. Sandy sigue bailando y cantando por ti.

Imagen: De Flickr - Jazz Guy - (CC BY-NC-ND 2.0) - Fuente Original

lunes, 8 de agosto de 2022

Preston Sturges y sus reglas de oro para una comedia de éxito

 

Preston Sturges (1898-1959) es otro más de esos sensacionales directores de cine, que tras regalarnos películas tan entretenidas como: "Las tres noches de Eva" (1941), "Un marido rico"(1942), "El milagro de Morgan Creek" (1944) o la sensacional "Los viajes de Sullivan" (1941), a la que pertenece la imagen de cabecera con sus protagonistas Veronica Lake y Joel McCrea, inexplicablemente quedan en ese limbo que es el olvido de la mayoría. 

En la época sonora del cine, puede que fuera el primero que aunó exitosamente las tareas de guionista y director, una senda que luego tomarían otros grandes como: Billy Wilder, John Huston o Blake Edwards. Su gloria fue inmensa en los años cuarenta, pero también efímera. Aunque no temía al fracaso y confiaba en su talento para salir adelante: "Cuando se acabe el último centavo, me sentaré afuera, en la acera, con un lápiz y un cuaderno de diez centavos y comenzaré todo de nuevo", sus películas, inexplicablemente tras tantos éxitos encadenados, dejaron de hacerse. Murió repentinamente en 1959, un infarto pudo con él a la edad de sesenta años, mientras intentaba escribir su biografía, ya enfermo y solo, en una habitación del Hotel Algonquin de Nueva York. 

El tiempo no lo trató bien, un tiempo del que poéticamente decía: "Frías son las manos del tiempo que avanzan sin descanso, destruyendo lentamente, pero sin piedad, lo que ayer fue joven. Solo nuestros recuerdos resisten esta desintegración y se vuelven más bellos con el paso de los años." 

Y a pesar de todo sus comedias siguen estando ahí, más combativas y afiladas de lo que pudieran parecer, formando todavía parte de los pilares de este género. No es extraño que el mismo Sturges nos dejara sus "Reglas de oro para una comedia de éxito":

Una chica bonita es mejor que una fea.
Una pierna, es mejor que un brazo.
Un dormitorio, es mejor que una sala de estar.
Una llegada, mejor que una partida.
Un nacimiento, es mejor que una muerte.
Una persecución, mejor que una charla.
Un perro, es mejor que un paisaje.
Un gatito, mejor que un perro.
Un bebé, mejor que un gatito.
Un beso, mejor que un bebé.
Y una buena caída, mejor que ninguna otra cosa.

También es verdad que Chaplin todavía lo tenía más claro aún:

"Todo lo que necesito para hacer una comedia es un parque, un policía y una chica bonita."

Consejo: Si alguien no la ha visto y no sabe que ver esta noche, que no lo dude: "Los viajes de Sullivan" es una opción inmejorable.

Imágenes: Img 1 Cortesía de Doctor Macro - Img 2 de Flickr (CC0)

domingo, 7 de agosto de 2022

Carta de Jack Kerouac a Marlon Brando: "On the road"



Marlon Brando estaba en la cúspide, había sido nominado cinco veces al Oscar como mejor actor, premio que terminó llevándose en 1954 por "La ley del silencio" (On the waterfront - Elia Kazan). Jack Keoruac acababa de lanzar exitosamente "En el camino" (On the road), una de las novelas que se tornarían icónicas en el pasado siglo XX. El escritor suspiraba por que Brando se metiera en el papel de Dean Moriarty, y ni corto ni perezoso le mandó la siguiente carta para intentar convencerlo:

"Querido Marlon,

Rezo para que compres "En el camino" y lo conviertas en una película. No te preocupes por la estructura, yo sé cómo comprimir y reorganizar la trama un poco para darle una estructura aceptable para una película: convirtiéndolo en un viaje que incluya todos los viajes de costa a costa del libro; un solo gran viaje desde Nueva York a Denver a San Francisco a México a Nuevo Orleans y de vuelta a Nueva York. Ya puedo imaginar las maravillosas tomas que podrían realizarse desde el asiento del automóvil, mostrando el camino (día y noche) desenrollarse por el parabrisas mientras Sal y Dean se relajan. Quiero que tú hagas el papel porque Dean (como sabes), no solo es un atontado fanático de los autos, sino un irlandés verdaderamente inteligente (de hecho, Jesuita). Tú interpretas a Dean y yo hago a Sal (Warner Bros. dijo que yo haría a Sal) y te mostraré cómo es Dean en la vida real, no hay manera de que lo imagines sin ver una imitación genuina. De hecho, podemos visitarlo en Frisco o hacerlo venir a Los Ángeles, aún es un gato frenético, pero actualmente se estableció con su última y definitiva esposa recitando un Padre Nuestro con sus pequeños hijos cada noche… como lo verás cuando leas la obra de teatro "Generación Beat". Todo lo que pretendo de esto es lograr establecerme a mí y a mi madre un ingreso de por vida, para así poder tomar mis cosas y andar y vagar por todo el mundo y escribir todo lo que me venga a la cabeza y ser libre para alimentar a mis amigos cuando estén hambrientos y no preocuparme por mi madre.

Por cierto, mi próxima novela es "Los subterráneos" que sale en Nueva York en marzo próximo y es acerca de un romance entre un tipo blanco y una chida de color y es una historia muy moderna. Algunos de sus personajes los puedes ver fácilmente en el Vilage (Stanley Gould, etc.) y puede ser adaptado a un guion mucho más fácil que "En el camino".

Lo que quiero hacer es reinventar el teatro y el cine de América, darle un ritmo espontáneo, hacer a un lado los prejuicios de la “situación” y dejar a las personas delirar tal y como lo hacen en la vida real. Esa es la jugada: ningún argumento en particular, ningún “significado” en particular, sólo la forma en que la gente es. Todo lo que escribo lo escribo en el espíritu desde donde me imagino a mí mismo como un Ángel de regreso en la tierra y que lo observa todo con ojos tristes tal y como es. Sé que compartes estas ideas, y por cierto, el último show de Frank Sinatra está basado también en lo “espontáneo”, que es la única manera de ser en este mundo, ya sea en los negocios o en la vida. Las películas francesas de los 30 son aún superiores por mucho a las nuestras porque los franceses realmente dejan a sus actores ser ellos mismos y los escritores no son quisquillosos acerca de algunas nociones preconcebidas acerca de qué tan inteligente es la audiencia, ellos hablan sinceramente de alma a alma y todo el mundo entiende a la primera. Finalmente, cuando sea rico, quiero hacer grandiosas películas francesas en América… El teatro y cine americanos son un gran dinosaurio inmaduro pasado de moda contra el ritmo de la mejor literatura americana.

Si de verdad quieres empezar con esto, haz los arreglos para verme en Nueva York la próxima vez que vayas, o si vas a Florida, aquí estaré pero lo que deberíamos hacer es ponernos en camino y comenzar algo de verdad grandioso. Estoy aburrido hoy en día y estoy buscando algo que hacer en este mundo, de todos modos: escribir novelas se está volviendo demasiado fácil, lo mismo con las obras de teatro, escribí la obra en 24 horas.

¡Anda, ahora, Marlon, levanta esos dedos y escribe!

Sinceramente, se despide, Jack Kerouac"

La carta, que se encontró entre las pertenencias de Marlon Brando tras su muerte en 2004, debió escribirse a finales de 1957 -fecha de publicación de "On the road" o inicios de 1958, fecha esta última en que se publicó "Los subterráneos". Kerouac no logró su película sobre "On the road" que hasta el día de hoy no tiene ninguna adaptación que este a la altura del espíritu y calidad del libro.


Imágenes: Img 1 Cortesía de Doctor Macro - Img 2 de Wikimedia Commons (CC BY SA 2.0)

sábado, 6 de agosto de 2022

Frédéric Chopin por el mismo



"Yo no estoy hecho para dar conciertos; el público me intimida, me siento asfixiado por su impaciencia precipitada, paralizado por sus miradas curiosas, mudo ante esas fisonomías desconocidas".

"Según la opinión general, mi interpretación se ha caracterizado por una sonoridad demasiado débil o, mejor dicho, demasiado delicada para el gusto de los oyentes vieneses, acostumbrados a escuchar a los artistas destrozando su instrumento (…) No importa; es imposible que no haya algún pero, y prefiero esto a oír decir que toco demasiado fuerte".

"La simplicidad es la meta más alta alcanzable, cuando se han superado todas las dificultades".
"Si yo fuera más tonto de lo que soy, creo que habría alcanzado la cumbre de mi carrera".

"Dejad que sea lo que debo ser, nada más que un compositor de piano, porque esto es lo único que sé hacer"

"Soy un revolucionario, el dinero no significa nada para mí".

"No hay nada más odioso que la música sin significado oculto".

"No me gusta la gente que no se ríe. Es gente frívola."

"Es inútil volver sobre lo que ha sido y no es ya"

«No deseo ser una copia de Kalkbrenner [...]. Nada podría quitarme la idea ni el deseo, acaso audaz, pero noble, de crearme un mundo nuevo"

"Nosotros utilizamos los sonidos con el fin de hacer música, como usamos las palabras con el fin de crear el lenguaje"

"Podría expresar mis sentimientos más fácilmente si pudieran ponerlos en las notas de la música, pero como el mejor concierto no cubriría mi afecto por ti, querido papá, debo usar las simples palabras de mi corazón, para ponerte ante ti. mi mayor agradecimiento y afecto filial ”

"La simplicidad es el logro final. Después de haber tocado una gran cantidad de notas y más notas, es la simplicidad la que emerge como la recompensa suprema del arte ”.

"¡A veces solo puedo gemir, sufrir y derramar mi desesperación en el piano!"

“Señores, me gustaría que se me concediera el favor de actuar en uno de sus admirables conciertos, y se lo ruego. Confiando, ya que carezco de otras calificaciones para obtenerlo, en su buena voluntad hacia los artistas, me atrevo a esperar que acojan favorablemente mi solicitud, tengo el honor de ser, señores, su muy humilde servidor. Frédéric Chopin" (Carta de solicitud a la Société des Concerts du Conservatoire)

"Cuando uno hace algo, parece bueno, de lo contrario no lo escribiría. Sólo más tarde llega la reflexión, y uno descarta o acepta la cosa. El tiempo es el mejor censor y la paciencia un excelente maestro"

“Es terrible cuando algo pesa en tu mente, no tener un alma en la que desahogarte. Sabes a lo que me refiero. Le cuento a mi piano las cosas que solía decirte ”

"Mi piano no ha llegado todavía. ¿Cómo lo envió? ¿Por Marsella o por Perpignan? Yo sueño con la música pero no puedo hacerla porque aquí no hay pianos. . . en este sentido este es un país salvaje" (extracto de una carta escrita al inicio de su estancia en Valdemosa (Mallorca)

«Aparento estar alegre, especialmente cuando me encuentro entre compatriotas, pero llevo algo en mí que me mata, pálpitos sombríos, intranquilidad, insomnio, nostalgia, indiferencia por todo; en un momento alegría de vivir, pero en seguida deseo de muerte, apatía, congelación, ausencia de espíritu y a veces recuerdos demasiado claros me martirizan» (Carta desde Escocia a Marie de Rozières)

«Tengo los nervios agotados y no puedo terminar esta carta. Padezco de una nostalgia estúpida; a despecho de mi resignación, no sé que hacer con mi persona y eso me atormenta... Ya no puedo estar triste o feliz; ya no siento realmente nada, vegeto, sencillamente, y espero con paciencia mi fin... ¡Ah, si pudiera saber que la enfermedad no me acabará aquí el próximo invierno!» (Carta desde Londres a su amigo Grzymala)

Estando ya cerca su muerte, dijo a los presentes:

"Encontraréis muchas partituras, más o menos dignas de mí. En nombre del amor que me tenéis, por favor, quemadlas todas excepto la primera parte de mi método para piano. El resto debe ser consumido por el fuego sin excepción, porque tengo demasiado respeto por mi público y no quiero que todas las piezas que no sean dignas de él anden circulando por mi culpa y bajo mi nombre."



En la cuadro se puede ver a Chopin tocando en el ambiente preferido por él, el de los recogidos salones, lejos de los grandes escenarios, en esta ocasión ante la Familia Radziwiłł (obra de Henryk Siemiradzki)Para terminar dejamos uno de sus nocturnos más conocidos, el opus 9 - nº 2, en este caso interpretando por Valentina Lisitsa.

Imágenes: De Wikimedia Commons - Img 1: (CC BY-SA 4.0) - Img 2: (CC0)

viernes, 5 de agosto de 2022

Groucho Marx y la corrupción

 

"No permitiré injusticias ni juego sucio, pero... si se pilla a alguien practicando la corrupción, sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar!

Eso decía Groucho Marx como Rufus T. Firefly en la sensacional película "Sopa de ganso" - (1933 - Leo McCarey). Un asunto feo ese de la corrupción; en cualquier momento se puede pasar de estar en la espuma, a estar escondiéndose de todos, del mismo modo que en la fotografía de "Un día en las carreras" (1937 - Sam Wood) lo hace Groucho tras el sillón. Los amigos se pierden como por arte de magia, incluso Groucho tuvo que desmarcarse alguna vez: "Nunca olvido una cara, pero con Vd. haré una excepción". En ese juego, uno debe saber adaptarse a las circunstancias, moverse en las sombras y hacer buena aquella frase suya:

"El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido."

¡Ay el arte de la simulación! El parecer y no ser que tan en cuenta tenía Groucho cuando decía:

"Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros".

Uno debe pensar inicialmente bien de las personas, en su bondad, en su honestidad y en sus principios. El tiempo nos dirá la realidad de cada cual. Julius, como se llamaba en realidad el cómico, nunca se equivocaba a este respecto cuando se presentaba a las nuevas amistades: 

"Disculpen si les llamo caballeros, pero todavía no les conozco bien".

Y es que no pocas veces manda el dinero. Groucho que tenía cierta fama de tacaño, lo sabía bien:

¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero... ¡pero cuestan tanto! 

Hay que saber conformarse, ser inteligentes y buscar la felicidad a nuestro alrededor. El Sr. Marx que siempre sabía dar grandes consejos ya lo apuntaba:

"Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna"

Y según el cómico, que tenía una píldora para todo, cuando no te da la felicidad, siempre te da opciones:

"Si bien el dinero no puede comprar la felicidad, ciertamente te permite elegir tu propia forma de desgracia".

Tristemente, en este mundo que nos ha tocado vivir, muchos están convencido de que todo está permitido con tal de tener los bolsillos llenos. Da igual si uno termina por opinar de sí mismo, incluso orgullosamente, lo mismo que sentenciaba el bigotudo de los Hermanos Marx:

“Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”

Palabra de Groucho

Imagen: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Fuente original

jueves, 4 de agosto de 2022

¿Era el "Adagio" de Albinoni realmente obra de Albinoni?

 

Pues eso, que el famosísimo Adagio de Albinoni, tiene poco o casi nada de la mano del compositor que le da nombre. El Adagio en sol menor, como realmente se denomina este tema, es una obra para orquesta de cuerdas y órgano en sol menor, compuesta en 1945 por el musicólogo italiano Remo Giazotto (1910-1998)publicado por primera vez en 1958 por la editorial Casa Ricordi. El editor lanzó como argumento de venta (el negocio es el negocio) que el autor se había basado en unos fragmentos de un movimiento lento de una sonata a trío de Tomaso Albinoni (1671 - 1751), al respecto de de los cuales Giazzoto manifestaba que sólo mostraban el pentagrama del bajo y de seis compases de la melodía. Remo Giazotto era conocido especialmente por su clasificación y catalogación de las obras de Tomaso Albinoni y dijo que dichos fragmentos los había encontrado en las ruinas de la Biblioteca de Dresde tras los bombardeos de la ciudad acaecidos en la Segunda Guerra Mundial, pero una prueba seria de la existencia de tales fragmentos no ha sido nunca encontrada; es más, la «Staatsbibliothek Dresden» ha desmentido formalmente tenerlas en su colección de partituras. 

Por lo que no queda otra que decir que el famoso Adagio más que de Albinoni es de Giazotto, quien lo compuso en 1945 y si no nos atrevemos a admitir que completamente, hecho más que probable, si en su mayor parte. 
La injusticia queda para con Albinoni, un compositor esplendoroso, del que el gran público solo conocía esta pieza, como si fuera lo único valioso de su repertorio, la misma pieza que ahora resulta no ser suya. Espero que su talento sea reivindicado con otras de sus grandes y numerosas composiciones.

En la imagen aparece Santa Cecilia, la patrona de la música y los músicos, en un óleo de 1606 obra del pintor italiano Guido Reni (1575 - 1642). Se expone en "The Norton Simon Foundation" de Pasadena (EEUU)

Y ahora solo queda disfrutar del famoso Adagio, sin preocuparnos de quien pueda ser el autor. Versión para Cello con Stjepan Hauser como solista:


Imagen: De Flickr (Gandalf's Gallery) donde figura como (CC BY-NC-SA 2.0) - Fuente

miércoles, 3 de agosto de 2022

George Raft, el modelo de la mafia



"Debo haber gastado 10 millones de dólares durante mi carrera. Parte del botín se destinó a apuestas, parte a caballos y parte a mujeres. El resto lo gasté tontamente."

Son palabras del actor George Raft, muy parecidas a las que se atribuyen al jugador de fútbol George Best. Ambos sin duda sabían sacarle todo el jugo a la vida. Siempre que se habla de cine y mafia uno piensa en Frank Sinatra, pero si hay alguien que puede con justicia ocupar esa posición es sin duda George Raft, una de las grandes estrellas del cine de gangsters de los años treinta y el encargado de enseñar a toda una generación de mafiosos a jugar con una moneda, lanzándola al aire una y otra vez.

El caso es que Raft, no empezó como actor y si muy cerca del mundo del hampa. Nacido en el seno de una familia pobre, era el mayor de diez hermanos y se crío en un entorno nada propicio, el barrio neoyorkino conocido como "Hell's Kitchen" (Las cocinas del infierno) en el que tenía de compañeros de juegos a no pocos chavales que con el tiempo serían notorios mafiosos. Intentando sacudirse el hambre trabajó en lo que pudo hasta convertirse en bailarín, oficio que según algunos comentarios simultaneaba con el contrabando de licores en plena ley seca. No debía ser mal bailarín cuando el mismísimo Fred Astaire, tras verlo bailar dijo: "... lo que considero el bailarín de charleston más ordenado y rápido de todos los tiempos. George Raft. Prácticamente me derrotó con su juego de pies"

Gracias a sus amistades infantiles y a contactos posteriores llegó a ser un gran amigo de mafiosos de la talla de Lucky Luciano, Owney Madden, Bugsy Siegel o Meyer Lansky, hombres con los que solía relacionarse sin sentir la necesidad de cubrir las apariencias. Incluso declaraba su admiración por este tipo de personajes, de los que manifestaba a su biógrafo:

"Creo que son los tipos más grandes del mundo" "Estos colegas -(Bugsy) Siegel, Costello, Adonis, Luciano y Madden- eran dioses para mí. Todos ellos tenían Cadillacs de 16 cilindros y, como dijo alguien, cuando hay dinero cerca lo mejor es ir a por él. Allá a donde fueran había capitanes de policía y políticos inclinándose a su paso. Yo pensaba que estos tipos realmente no podían estar haciendo nada malo. ¿Por qué no debería ser como ellos? Quería seguir sus pasos" 

Y en este afán por emularlos, terminó entrando en el mundo del cine y gracias a eso que Howard Hawks definía como "Rasgo de Impasibilidad maravillosa" que caracterizaba a Raft y que después sería imitado por Bogart, consiguió un papel en "Scarface" dando réplica al gran Paul Muni. Allí empezaría a lanzar su moneda al aire, algo que se hizo tan famoso entre los gánsteres que cuando participó en "Con faldas y a lo loco" como el inolvidable mafioso "Botines Colombo" y se cruza con un gánster de tres al cuarto que no para de lanzar la moneda al aire, le espeta: "¿Dónde aprendiste ese estúpido truco?". 

Pero no se reduce a un asunto de monedas su influencia sobre los usos de la mafia. Con su interpretación en "Scarface", sus modales, su imagen de matón duro e impertérrito, su elegancia y estilo en la forma de vestir, esa seguridad en sí mismo y el ser casi considerado por los mafiosos como "Uno de los nuestros", provocó que todos los miembros de esa honorable sociedad quisieran parecerse a él, llegando incluso a pedirle consejo sobre como tenían que comportarse en una declaración ante la policía, una rueda de reconocimiento u ante otras circunstancias que no sabían cómo resolver sin renunciar a su supuesta altivez. 

En realidad Raft había basado su personaje cinematográfico en un gánster llamado Joe Adonis, quien le sirvió de inspiración para su forma de usar las manos, su forma de hablar o de ladear la barbilla en un ángulo determinado. Por supuesto Joe Adonis se sentía halagado por este remedo suyo que ahora era famoso en el mundo del cine y que terminó por convertirse en un icono popular de los años 30.

Pero más allá de todas estas historias es preciso hacer referencia a esas estupendas películas que nos dejó: "Si yo tuviera un millón"(1932), Bolero (1934), "La llave de cristal" (1935), "Almas en el mar" (1937), "La pasión ciega" (1940) y las ya citadas "Scarface" y "Con faldas y a lo loco". 

Después de coincidir con Humphrey Bogart en la sensacional película "La pasión ciega" y en "Invisible stripes" y encontrándose en la cima de su carrera, tomó un par de decisiones transcendentales en su carrera, tuvo la poca visión de rechazar los papeles protagonistas en "El último refugio" y en "El halcón maltés", incluso muchos incluyen el papel protagonista de "Casablanca" en beneficio de Bogart, quien terminaría por robarle el estrellato y convertirse en el actor de referencia para este tipo de papeles.

Raft, como no podía ser de otra manera, terminó regentando casinos de la mafia en Londres y en La Habana, sin hacer nada especial, simplemente estando allí, haciendo de sí mismo, de George Raft, la imagen ideal que todo mafioso querría tener. Murió en 1980 a los 85 años.




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martes, 2 de agosto de 2022

El milagro de recrear al Monstruo de Frankenstein


Entre las primeras creaciones de la Universal en el género de terror brillaba con luz propia el maravilloso monstruo de "El doctor Frankenstein" (1931) bajo la dirección de James Whale, película en la que la criatura fue encarnada por Boris Karloff después de que Béla Lugosi, el actor que dio vida a Drácula en ese mismo año de 1931, rechazara el papel. 

La creación del monstruo en la novela de Mary Shelley se nos presenta como un proyecto sobrehumano, imposible, pero la recreación de ese mismo monstruo en la ficción de la película y que resultara creíble no era un reto precisamente menor. Es aquí donde entra en acción el genial Jack Pierce, un griego nacido en 1889, con el que comenzó la edad de oro del maquillaje y al que podemos ver en la foto de cabecera trabajando sobre el rostro de Boris Karloff para convertirlo en el monstruo de Frankenstein. 

Pierce estudio la forma en la que los cirujanos efectuaban las operaciones craneales y descubrió que había seis formas de acometerlas, de esta manera y dando por hecho que el Doctor Frankenstein más que un experto forense o cirujano era un gran científico, adoptó la fórmula de acceso al cráneo más sencilla de aquellas seis y así el monstruo se nos presenta con esa cabezón cuadrado en el que la parte superior se asemeja a la tapa de una caja de sombreros unida al rostro por varias grapas metálicas y aderezada con varías cicatrices. En el cuello le añadió los electrodos por los que el monstruo habría de recibir la corriente que le daría vida.

Los suplementos que daban forma a la cabeza y a sus cansinos parpados, que sugerían que el monstruo no estaba despierto-vivo del todo, estaban hechos de goma, sus uñas iban pintadas de negro con betún de zapatos, las mangas de su chaqueta acortadas para dar la necesaria sensación de enormidad del monstruo. A Karloff se le obligó a ir con una espina dorsal metálica y dobles pantalones para aumentar la sensación de rigidez de la criatura y para colmo había de calzar unas botas grandísimas que eran las que habitualmente usaban los operarios encargados de verter el asfalto sobre las carreteras, todo lo cual, terminó provocándole al actor unos dolores de espalda que le durarían ya de por vida. El conjunto se completaba con una pintura de color azul verdoso que cubría el rostro y manos del actor y que al ser filmado en blanco y negro adoptaba un mortecino gris en la pantalla muy apropiado a la naturaleza resucitada de la criatura. 

Para tomar esta singular apariencia, Karloff debía someterse a unas largas sesiones de maquillaje de hasta 4 horas y tras el rodaje todavía quedarían dos horas más para retirar todo y devolverle a la normalidad. Se calcula que durante todas las sesiones en las que hubo de encarnar al monstruo a lo largo de las tres películas en las que le dio vida, Boris Karloff llegó a recibir hasta 2450 kilos de maquillaje. 

Pierce, tras el éxito de su trabajo en Frankenstein, se encargaría de dar vida a "La Momia" y a "El hombre lobo" entre otros. Curiosamente fue patrocinado por alguien que era experto en maquillarse a sí mismo, el hombre de las mil carasLon Chaney.

Me gusta imaginar a Jack Pierce finalizando por primera vez el maquillaje del monstruo, dando los últimos retoques a este ser que, de alguna manera era también obra suya, repitiendo las palabras con las que el Doctor Frankenstein daba vida al monstruo en el libro:

"Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento compulsivo sacudió su cuerpo."


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lunes, 1 de agosto de 2022

Cary Grant: La elegancia personificada


"Todo el mundo quiere ser Cary Grant. Incluso yo quiero ser Cary Grant."

Eso decía el actor de sí mismo. Y añadía: "A menudo los críticos me han acusado de ser yo mismo en la pantalla. Pero ser uno mismo es más difícil de lo que imaginas". Construyó su personaje con cariño y cuidando hacer perfecta cada pequeña minucia en torno a él: "Se necesitan 500 pequeños detalles para sumar una impresión favorable" decía el actor, que siempre aparecía perfecto. Al final, de tanto afinar, ya no sabía si era él o su personaje: "He pasado la mayor parte de mi vida fluctuando entre Archie Leach (su nombre verdadero era Archibald Leach) y Cary Grant, inseguro de cada uno, sospechando de cada uno."

En cualquier caso, el actor, a pesar de conseguir un sello muy personal en Hollywood, diría que hasta inconfundible, sufría como las demás estrellas del cine los frecuentes despistes de los admiradores.  

En cierta ocasión, cuando salía el actor de un restaurante (imaginen que la foto de cabecera pertenece a ese momento), perfectamente vestido, con soltura y desenfado, puede que recordando aquel consejo de su padre: "Que te vean a ti y no al traje. Eso debería ser secundario", fue abordado por un admirador que foto en mano le pedía: ¨Podría firmarme en su fotografía". Gary Grant no mostró reparo alguno y esbozando una sonrisa tomó la foto. La sorpresa es que el de la imagen no era él si no Clark Gable. Evidentemente, un rey de la comedia como él, se tomó la cosa con humor y para no desilusionar al sujeto le dejó escrita unas breves palabras en la fotografía que cortésmente firmó como "Tyrone Power". La elegancia personificada.


Imágenes: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro: Img 1 - Img 2

Jeremiah Clarke: La muerte a cara o cruz


Hay personas que resultan sorprendentes hasta en la hora de su muerte. Se imaginan una persona que desesperada no encuentra otra salida que suicidarse y ante la duda de si ahogarse o ahorcarse decide tirar una moneda al aire y como esta cae de canto (es posible) opta por pegarse un tiro. Pues esto ocurrió en realidad, por muy extraño que parezca. El protagonista del suceso es Jeremiah Clarke, un compositor inglés prácticamente olvidado si no fuera porque es el autor de una pieza que solemos escuchar muy a menudo en nuestras celebraciones e indispensable para los amantes de la música clásica, un exitazo que hace de Clarke todo un "One hit wonder" como dicen por ahí, el famoso "Trumpet Voluntary" del que hablaremos después.  

El caso es que el bueno de Jeremiah Clarke (1654-1707), como hombre de buen gusto que era, se enamoró perdidamente de una señora bellísima, pero como el corazón no atiende a determinados impedimentos, no reparó en que aquella beldad era de una clase muy superior a la suya, algo que en aquella sociedad inglesa tan compartimentada lo descalificaba absolutamente para poder acceder a casarse con esta por mucho que se quisieran. De nada servía su puesto como director de la Capilla Real, o el predicamento de sus hoy olvidados himnos, salmos, odas y otras piezas. La vida de pronto dejó de tener sentido para el compositor y un día que regresaba a Londres a caballo, después de una visita a un amigo a las afueras, su animo se ensombreció totalmente e internándose en el bosque llegó a un lago en el que tomó la determinación de quitarse la vida, aunque dudaba en la forma de morir, si ahorcándose de la rama de un árbol o adentrándose en el lago y morir ahogado. Ni corto ni perezoso tomó una moneda que lanzó al aire a la orilla del lago y que al caer sobre el fango se clavó de canto. Cualquier persona en el mundo griego o romano habría tenido esto por un augurio, por una señal o muestra de que los dioses no querían su muerte, pero Clarke, tan solo pensó, supongo, que aquello quería decir que no había de morir ni ahogado ni ahorcado, por lo que continuó cabalgando hasta el cementerio de la Catedral de San Pablo y allí se disparó un tiro en la cabeza, dando cima a su negro propósito a los 32 años. Aunque normalmente a los suicidas no se les permite el descanso en sagrado, la tumba de Clarke quedó en la misma Catedral de San Pablo

El referido "Trumpet Voluntary" de Clarke, en un estilo muy británico, ya saben, ese tipo de obras aparentemente solo aptas para celebraciones y grandes ceremonias, es una pieza para teclado titulada originalmente "Marcha del Principe de Dinamarca" y que durante largo tiempo estuvo atribuida a Henry Purcell. En citada obramás que el órgano de fondo, que aparentemente debía ser el instrumento principal, terminó por tomar protagonismo la airosa trompeta que inunda la atmósfera de una elegante solemnidad, tanto que es uno de los temas preferidos para los bodorrios de quienes quieren parecer innovadores y huyen de los manidos Wagner y Mendelsshon. Y ahora solo queda escuchar y disfrutar el tema en cuestión, que seguro que habría presidido la boda del pobre Clarke y aquella lady con la que los tiempos que les tocó vivir le impidieron ser feliz. La versión es de Wynton Marsalis un maravilloso trompetista de Jazz que dejó al mundo boquiabierto cuando decidió demostrar que también sabía tocar la trompeta clásica tan bien como el mejor.



Nota: Según las reseñas sobre el suicidio de Clarke, este, cuando salió de la casa de su amigo, iba acompañado de un criado de aquel, que preocupado por el estado del compositor impuso su presencia. Supongo que el relato de lo que ocurrió en el lago parte de este.

La fotografía de cabecera aparece reseñada en la fuente original como "Ángel del apocalipsis tocando la trompeta", sin que haya podido encontrar más datos sobre autor o ubicación.

Imágenes: Img 1 de Flickr (CC0)