lunes, 16 de noviembre de 2020

La espectacular presentación de Cleopatra a Julio Cesar

 

“Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje” (Plutarco sobre Cleopatra)

Aunque de su famosa nariz no diremos nada, no me cabe duda de que Cleopatra fue una bella mujer, cautivadora e inteligente (hablaba nueve idiomas) sin olvidar que era además ambiciosa y decidida. Toda una "femme fatale" antes de que fueran inventadas por el cine, un cine del que hemos rescatado la imagen de Liz Taylor dándole vida para encabezar esta entrada. 

Cuando Julio Cesar llegó a Egipto persiguiendo a Pompeyo tras derrotarlo en la batalla de Farsalia, se encontró un país dividido. Los Ptolomeos, descendientes del famoso general de Alejandro Magno, tenían la perversa costumbre de matarse entre ellos en la fatigosa lucha por el trono. La bella Cleopatra estaba por entonces conspirando contra su propio hermano y esposo, Ptolomeo XIII y se encontraba fuera de Egipto, consciente de que si la sorprendían de vuelta perdería la vida.

El que el poderoso Julio Cesar se encontrara en el país del Nilo le daba una oportunidad más de intrigar contra el faraón para ocupar su lugar. Su retorno tenía que ser lo más discreto posible y la forma de presentarse ante Julio Cesar, por supuesto, impactante. De esta forma llegó Apolodoro de Sicilia, el más fiel servidor de Cleopatra, con una fabulosa alfombra sobre sus hombros al palacio en el que se alojaba Julio en Alejandría. Con habilidad convenció a los guardias romanos de que había sido enviado por una alta personalidad para entregar personalmente un rico presente a Cesar y estos lo condujeron hasta la misma estancia en la que se encontraba. Ante Cesar, Apolodoro, se inclinó sobre la alfombra enrollada para desatar las ligaduras, tal y como haría quien va a mostrar la más maravillosa de las alfombras orientales y tras desenrollarla, apareció tendida ante sus atónitos ojos, la bellísima Cleopatra, al decir de algunos deliciosamente desnuda. Se incorporó y se presentó: "Soy Cleopatra"

El encuentro no cabe duda de que tuvo que ser de órdago y que el regalo fue del agrado de Cesar, aunque los detalles mejor los dejamos a la imaginación de cada uno. Lo que si es cierto es que no pasó mucho tiempo antes de que Julio Cesar acabara con el gobierno y la vida de Ptolomeo XIII y entregara el trono a Cleopatra y su hermano menor Ptolomeo XIV. Como también lo es que, curiosamente a los nueve meses después de que Cleopatra se presentara ante Cesar con su alfombra (octubre del año 48 a. C), naciera, el 23 de junio del año 47 a.C. el hijo común de ambos, Cesarión, el único hijo varón de Julio Cesar, toda vez que Octaviano era solo su ahijado.  Cesarión, el "Faraón César" viviría hasta los 17 años, edad a la que fue asesinado. Como "Ptolomeo XV" sería el último de los faraones de la dinastía de los Ptolomeos. Lo del romance de su madre con Marco Antonio lo dejamos para otro momento.

El cuadro del encuentro, titulado "Cleopatra y Cesar" (1866) es obra de Jean Léon Gérôme y pertenece a una colección particular.

Imágenes: Imagen 1 es cortesía de la página Doctor Macro. Imagen 2 de Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0)

domingo, 15 de noviembre de 2020

El castigo eterno de las Cariátides

 

"Nada es tan bello como las ruinas de una cosa bella" (Auguste Rodin)

Todos cargamos algún peso, pero los griegos eran especialistas en cargar las espaldas de los demás. Cuando Atlas lideró a los Titanes en su lucha contra los dioses del Olimpo, tuvo que soportar, una vez derrotado, el castigo impuesto por Zeus de cargar sobre sus espaldas el Cielo durante toda la eternidad. La historia de las famosas Cariátides, las bellas columnas con forma de mujer que sostienen parte del Erecteión, el templo ubicado en la Acrópolis ateniense, también tiene que ver, según algunos, más con un castigo que con una glorificación de la belleza.

Aunque hay quien mantiene que las esculturas representan a las danzantes de la ciudad griega de Carias que llevaban cestos de plantas sobre sus cabezas en las danzas folclóricas dedicadas a la diosa Artemisa Cariátide, otros como el arquitecto romano Vitruvio (siglo I a.C.) dan un origen más sombrío a las bellas esculturas, que de un modo distinto también está relacionado con las mujeres de la misma ciudad del Peloponeso. El mismo Vitruvio nos da la clave en el siguiente texto entresacado del libro I de su obra "Los diez libros de Arquitectura":

"A menos que esté familiarizado con la Historia, (el arquitecto) será incapaz de justificar el uso de aquellos ornamentos que tenga ocasión de introducir. Si, por ejemplo, en vez de columnas se colocan estatuas de mármol de mujeres vestidas con estola – que se llaman cariátides – y si superpone modillones y cornisas, deberá saber dar explicaciones a quienes pregunten; veamos: Caria, ciudad del Peloponeso, conspiró contra los griegos con ayuda de los persas, enemigos de los griegos. Posteriormente, al verse libres tras una gloriosa victoria, los griegos, de común acuerdo, declararon la guerra a los habitantes de Caria. Una vez conquistada la ciudad y pasados a cuchillo sus habitantes, se llevaron como esclavas a sus matronas, sin permitir que se desprendieran de sus estolas, ni de sus distintivos matronales, para que fueran conducidas en ceremonia triunfal y, a la vez, para que pagaran sus delitos en favor de su ciudad, agobiadas por tan grave ultraje, como ejemplo imperecedero de esclavitud. Quienes en aquel momento ejercían como arquitectos, diseñaron en los edificios públicos unas estatuas de matronas que soportaban todo el peso, con el fin de transmitir a la posteridad el castigo impuesto por las ofensas de las cariátides". 

Y desde entonces hasta hoy, la arquitectura de todo el mundo se llenó de bellas mujeres que vestidas con sus peplos soportaban sobre sus cabezas bellos edificios, como las de abajo en el Hôtel de Ville (Ayuntamiento) de Paris. A veces, las modernas cariátides tienen la suerte de verse acompañadas en el mismo edificio con bellos atlantes de torso desnudo a los que trocaron el cielo por ladrillos. Hermosas figuras que recuerdan un castigo, mitos para los que nunca existirá el perdón que les libre de su pesada carga. 



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sábado, 14 de noviembre de 2020

Las ansiadas vacunas, el altruismo y Wilhelm Röntgen

 

Hoy todos esperamos con ansiedad una vacuna que nos libre del Coronavirus. Parece existir una enconada competición entre laboratorios por llegar primeros en la que ya es una frenética carrera hacia la consecución de la mejor vacuna. Ahí están Pfizer, Moderna, Astra Zaneca, Johnson & Johnson y algunos más apurando sus pruebas para esprintar hacía el éxito. El premio, más allá de los posibles honores, serán unos beneficios estratosféricos, toda vez que es un medicamento del que tendrá necesidad toda la población mundial. Es por ello que puede que sea bueno, incluso diría que imprescindible, recordar figuras como la de Wilhelm Röntgen que son ejemplo de un altruismo ejemplar.

Röntgen fue un físico alemán que en 1895, mientras investigaba con tubos de rayos catódicos, descubrió casualmente unos rayos que revolucionarían completamente la medicina. Aquella extraña fluorescencia que emanaba del dispositivo sobre el que trabajaba y que se reflejaba en una pantalla cercana parecía tener la milagrosa cualidad de atravesar materiales como el papel, la tela o la madera como si fueran transparentes. Pronto estuvo seguro de estar ante un nuevo tipo de rayo al que llamó "Rayos X" por resultarle una incógnita su naturaleza. "En pocos minutos no hubo dudas sobre ello. Los rayos que salían del tubo tenían un efecto luminiscente en el papel. Lo he probado con éxito a distancias cada vez mayores, incluso a dos metros. En principio parecía una nueva clase de luz invisible. Era claramente algo nuevo, algo no registrado" en palabras del propio físico. No tardó en poner su mano ante aquella extraña luz y ver como sus huesos se hacían visibles y poco después dio un paso más al pedir a su valiente esposa, Anna Bertha Ludwig, que hiciera lo mismo, mientras él colocaba una placa fotográfica tras su mano. Como resultado obtuvo la impresión de la imagen de sus huesos adornados por un anillo. Su esposa, horrorizada ante la imagen de su huesuda mano solo acertó a decir: "Dios mío, Wilhelm. ¡He visto mi propia muerte!  Era la primera radiografía de la historia (imagen de la derecha). Deseoso de saber todo sobre aquellos misteriosos rayos, cuando le preguntaron que había pensado al ser consciente de su hallazgo solo dijo: "No pensé, solo investigué". El reconocimiento del descubrimiento fue inmediato; el avance que procuró a la medicina soberbio; la cantidad de vidas que se han salvado gracias a los Rayos X incontables; los beneficios para su descubridor... ninguno.

Cierto que Röntgen recibió consideración y respeto hasta su muerte. Cierto que fue galardonado con el Premio Nobel de 1901, pero cierto es también que donó  la cuantiosa recompensa económica que conlleva el premio a su Universidad, la de Würzburg, para alentar nuevas investigaciones en beneficio de la humanidad. Se negó a patentar su descubrimiento, renunciando así a unas ganancias fabulosas, pero asegurándose también que toda la humanidad pudiera beneficiarse de las posibilidades médicas que ofrecía su hallazgo. Hijo de un humilde tejedor, rechazo títulos nobiliarios que le habrían hecho ingresar en la nobleza alemana y por negarse, se negó hasta a que los rayos llevaran su nombre. De hecho, aún siguen llamándose en todo el mundo "Rayos X", los rayos incógnita, cuando ya no lo son. Solo Alemania se negó a cumplir sus deseos y en ese país. los indiscretos rayos que nos dejaban ver por debajo de la piel, son llamados Rayos Röntgen. Es de justicia. 

Pero, como desgraciadamente suele ocurrir con este tipo de personas que priman el altruismo, la integridad y la humanidad sobre el beneficio personal, el tiempo no fue generoso con sus acciones. En 1923, el año de su muerte, el físico estaba prácticamente en la ruina por la inflación económica derivada de la Primera Guerra Mundial. Y después vino el olvido; puede que no de la comunidad científica pero sí de las masas. Historias como la suya deberían ser conocidas por todos y sin embargo son excepción los que saben quien era Wilhelm Röntgen y muchos menos los que son conscientes de cuanto le debemos. 

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viernes, 13 de noviembre de 2020

Fragmentos de "Frankenstein" (1818) - Mary Shelley


"Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento compulsivo sacudió su cuerpo."

"¡Odioso día en el que recibí la vida! -exclamé desesperado-.¡Maldito creador! ¿Porqué creaste a un monstruo tan horripilante, del cual, incluso tu te apartaste asqueado?"

"Monstruo odiado ¡Infame asesino! Los tormentos del infierno serán un castigo demasiado benévolo para tus crímenes. ¡Demonio inmundo! ¿Me reprochas que te haya creado? Pues, bien, acércate y extinguiré el brillo de la vida que, en mi locura, supe alumbrar en ti" 

“¿Cómo podría llegar a tu alma? ¿No hay palabras suficientes para hacerte comprender que debes volver tus ojos hacia una criatura, tu propio hijo, que te implora bondad y compasión? Créeme, Frankenstein, mi alma era amorosa; pero, ¿no ves que estoy irremisiblemente solo? Si hasta tú, mi creador, me aborreces, ¿qué crees que puedo esperar de tus iguales, que nada me deben? El desprecio y el miedo es lo que experimentan ante mí, tan sólo los glaciares y las altas montañas son mis compañeros, mi refugio. Hace días que ando por estas soledades, viviendo en grutas heladas; son el único sitio donde me siento seguro, los únicos parajes que el hombre no me niega. El cielo gris, la nieve, todo esto, merecen mi respeto y mi adoración porque me tratan con más consideración que tus propios semejantes. Si las gentes supiesen de mi existencia harían lo mismo que tú: levantarían su brazo contra mí”

"Satanás tenía al menos compañeros, otros demonios que lo admiraban y animaban. Pero yo estoy solo y todos me desprecian."

"¡Despiadado creador! Me has dado sentimientos y pasiones, pero me has abandonado al desprecio y al asco de la humanidad."

"¿No he de odiar, pues, a quienes me aborrecen? No tendré contemplaciones con mis enemigos, soy desgraciado y ellos han de compartir mi desgracia."

"Si no estoy ligado a nadie ni amo a nadie, el vicio y el crimen deberán ser, forzosamente, mi objetivo. (...) Mis vicios son los vástagos de una soledad impuesta y que aborrezco; y mis virtudes surgirían necesariamente cuando viviera en armonía con un semejante. Sentiría el afecto de otro ser y me incorporaría a la cadena de existencia y sucesos de la cual ahora quedo excluído."

“Me conformo con sufrir solo mientras duren mis sufrimientos; me satisface que cuando muera, mi memoria estará cargada de odio y oprobio. Alguna vez los sueños de virtud, de fama y de alegría serenaron mi fantasía. Alguna vez fantasee con conocer seres que, perdonando mi apariencia externa, me amarían por excelentes cualidades que yo era capaz de revelar. Me nutría de grandes ideas de honor y devoción. Pero ahora el crimen me ha degradado situándome por debajo del animal más despreciable. No puede haber culpa, maldad ni desgracia comparables a la mía. Cuando recorro el catálogo de mis pecados, no puedo creer que yo sea la misma criatura cuyas ideas estuvieron alguna vez pobladas de trancendentes y sublimes imágenes de belleza y de majestuosa bondad. Pero así es: el ángel caído se ha convertido en un diablo malvado; pero hasta ese enemigo de Dios y del hombre tenía enemigos y compañeros en su desolación. Yo, en cambio, estoy solo”

"No tema usted, no cometeré más crímenes. Mi tarea ha terminado. Ni su vida ni la de ningún otro ser humano son necesarias ya para que se cumpla lo que debe cumplirse. Bastará con una sola existencia: la mía. Y no tardaré en efectuar esta inmolación. Dejaré su navío, tomaré el trineo que me ha conducido hasta aquí y me dirigiré al más alejado y septentrional lugar del hemisferio; allí recogeré todo cuanto pueda arder para construir una pira en la que pueda consumirse mi mísero cuerpo"

Fragmentos estos del libro de Mary Shelley que aunque aparentan cierta continuidad entre los mismos, se presentan en la obra en diferentes momentos. De las películas originales que James Whale dedicó al monstruo al que dio vida el actor Boris Karloff (en las fotos) puede que solo en la segunda; "La novia de Frankenstein", en la escena con el ciego, aparezcan atisbos de esa palpitante humanidad que hay en el monstruo y que tan claramente se muestra en la novela. A esos momentos pertenece el siguiente vídeo:


Imágenes: Todas cortesía de la estupenda página Doctor Macro. Fuente Original

jueves, 12 de noviembre de 2020

Plotino y la belleza


 

"Regresa a ti mismo y mira: si aún no te ves bello, haz como el escultor de una estatua que ha de salirle hermosa: quita, raspa, pule y limpia hasta que hace aparecer un bello rostro en la estatua. También tú, quita todo lo que sea superfluo, endereza todo lo que sea tortuoso, limpia todo lo que esté oscuro, abrillántala y no ceses de esculpir tu propia estatua hasta que resplandezca en ti el divino esplendor de la virtud, hasta que veas la Sabiduría en pie sobre su sagrado pedestal. "

El fragmento pertenece a "Eneadas", la obra principal del filósofo griego Plotino (205-270),  figura de inmensa influencia en la cultura occidental y fundador del neoplatonismo con su agudo comentario de las obras de Platón. La cita es sin duda muy tentadora para los gimnastas que modelan su físico con esfuerzo y tesón en busca de un cuerpo ideal, pero Plotino iba mucho más allá y en su filosofía, la belleza como tal, la ansiada perfección, era algo mucho más complejo que un cuerpo de "diez". Para el filósofo la belleza estaba jerarquizada y la puramente física era la más baja en su escalafón. Plotino, como Platón, postulaba que el cuerpo no es sino la prisión del alma inmortal y que esta tiene como propósito último el retornar al origen (al Uno) por medio de una vida de bondad, sabiduría y virtud. Con estas premisas no es de extrañar que según las crónicas, las últimas palabras del filósofo, dirigidas a Eustaquio, su médico pero también discípulo, fueran: 

"Esfuérzate por reconducir lo que de divino hay en nosotros a lo que hay de divino en el universo"

El busto de Plotino es de autor desconocido y pertenece a la colección del Ostiense Museum, Ostia Antica de Roma.

Imagen: de Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Fuente Original

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Virginia Woolf y la magia de las Palabras



"Las palabras (...) están llenas de ecos, de memorias, de asociaciones. Han estado por todas partes: en los labios de la gente, en las calles, en sus casas, en los campos, por tantos siglos. Y esa es una de las principales dificultades para escribirlas hoy: están llenas de otros significados, de otras memorias, y han contraído muchos matrimonios famosos en el pasado.(...) En los viejos tiempos, por supuesto, el inglés era una nueva lengua, los escritores podían inventar nuevas palabras y usarlas. Hoy en día, es bastante fácil inventar nuevas palabras -brotan a los labios cuando vemos una nueva vista o tenemos una nueva sensación- pero no podemos usarlas porque el inglés es una lengua vieja. No se puede usar una palabra nueva en un lenguaje viejo por el hecho tan obvio pero siempre misterioso de que una palabra no es una entidad distinta y separada, sino parte de otras palabras. En efecto, no es una palabra hasta que no es parte de un enunciado. Las palabras pertenecen las unas a las otras (...) -Las palabras- Son la más salvaje, libre, la más irresponsable, la más inenseñable de todas las cosas. Por supuesto, puedes atraparlas y distribuirlas y colocarlas en orden alfabético en los diccionarios. Pero las palabras no viven en diccionarios. Viven en la mente. Si se quiere una prueba de ello, que se considere cuán seguido, en momentos de emoción, cuando más necesitamos las palabras, no encontramos ninguna. Y sin embargo, ahí está el diccionario; ahí, a nuestra disposición, está medio millón de palabras, todas en orden alfabético. Pero, ¿podemos usarlas? No, porque las palabras no viven en diccionarios, viven en la mente.  Mira una vez más al diccionario. Ahí, más allá de toda duda, yacen obras más espléndidas que Antonio y Cleopatra, poemas más amorosos que la Oda al ruiseñor, y novelas junto a las cuáles Orgullo y prejuicio o David Copperfield son garabatos crudos de amateurs. Es sólo cuestión de encontrar las palabras correctas y ponerlas en el orden adecuado. Pero no podemos hacerlo porque no viven en diccionarios; viven en la mente. ¿Y cómo viven en la mente? En forma extraña y variada, en gran parte como los seres humanos, deambulando de aquí para allá, enamorándose, juntándose. Es cierto que están menos atadas por la ceremonia y la convención que nosotros. Las palabras de la realeza se juntan con las comunes. Las palabras inglesas se casan con las francesas, las alemanas, las indias, las negras, si así lo quieren.

(...) Unas cuantas reglas triviales de gramática y ortografía es cuanta mordaza podemos ponerles. Todo lo que podemos decir sobre ellas, conforme nos aparejamos con ellas a la orilla de esa caverna honda, oscura y apenas iluminada en la que viven -la mente-, todo lo que podemos decir de ellas que es que parece gustarles la gente que piensa antes de usarlas, y que siente antes de usarlas, pero no piensa y siente sobre ellas, sino sobre algo completamente diferente. Son altamente sensibles, y fácilmente se incomodan y apenan. No les gusta que se discuta su pureza o impureza. Si se abriera una Sociedad por el Inglés Puro, mostrarían su resentimiento iniciando otro inglés impuro, y de ahí la antinatural violencia de gran parte del discurso moderno, en protesta contra los puritanos. Son muy democráticas, también. Piensan que una palabra es tan buena como la otra, y las palabras mal educadas tan buenas como las educadas, y las incultas tan buenas como las cultas: no hay rangos ni títulos en su sociedad. Tampoco les gusta ser elevadas en el punto de una pluma y examinadas por separado. Se pasean juntas, en enunciados, en párrafos -a veces en páginas enteras a la vez. Odian ser útiles, odian hacer dinero, odian que se les den lecciones en público. En pocas palabras, odian cualquier cosa que les estampe un significado o las confine a una actitud, pues su naturaleza es cambiar.

Quizá esa sea su mayor peculiaridad: su necesidad de cambio. Es porque la verdad que tratan de atrapar tiene muchos tamaños, y la transportan adquiriendo muchos tamaños, corriendo para aquí, luego para allá. Por eso, significan una cosa para una persona, otra cosa para otra persona; son ininteligibles para una generación, directas como una lanza para la siguiente. Y es por esta complejidad, este poder para significar distintas cosas para distintas personas, que sobreviven. Quizás, entonces, una razón por la que no tenemos un gran poeta, novelista o crítico que escriba hoy es que nos negamos a permitir a las palabras su libertad. Las encajamos en un significado, su significado útil, el significado que nos hace llegar al tren, el que nos hace pasar el examen."

Hace ya tiempo, nuestra amiga Celia Valdelomar ya publicó en nuestro blog un extracto de este magnífico texto de Virginia Woolf que fue la contribución que hizo la escritora inglesa en 1937 a la serie de la BBC  "Las palabras me fallan" (Words fail me). El ensayo creo que tiene como título original "Craftmanship" (Artesanía) y puede encontrarse en "La muerte de la polilla y otros ensayos".

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martes, 10 de noviembre de 2020

Los afilados dardos de Benavente


"Dicen que me burlo de todo y me río de todo, porque me burlo de ellos y me río de ellos, y ellos creen serlo todo"

Se cuenta de Jacinto Benavente, uno de nuestros escasos premios Nobel y autor de obras como "Los intereses creados" o "La malquerida", la deliciosa anécdota de un día que se encontró, mientras paseaba, con un militar de alta graduación. Quedaron uno frente al otro en una acera estrecha. Ante la indecisión mutua de quien pasaría primero, el militar le dijo secamente a Benavente: "Yo no cedo el paso a maricones" a lo que Benavente contestó, en el acto de bajarse del acerado: "Pero yo si"

No cabe duda, con esta perla, de la apabullante facilidad para dar respuesta a situaciones incomodas con elegancia y rotundidad que lucía Benavente, una cualidad que para nosotros mismos desearíamos todos, acostumbrados a quedar muchas veces indefensos ante un ataque verbal para el que solo después, cuando ya no sirve para nada, encontramos la afilada respuesta que hubiera sido adecuada y nos nos hace repertinos nuevamente el consabido: "Le debería haber dicho...". 

Una de las anécdotas que más me gustan de Benavente a este respecto es la que habla del día en que el escritor se encontraba en una tertulia, y en ella dedicaba frases elogiosas hacia la figura de Valle-Inclán. En ese punto uno de los participantes en la conversación le indicó a Benavente, que quizás no debería hablar tan positivamente de alguien que en realidad lo que hacía era hablar mal de su persona cuando no estaba presente. Jacinto Benavente se quedó pensativo unos momentos, meditando sobre las malas palabras que al parecer le dedicaba Valle-Inclán, y entonces contestó afilada, y elegantemente "Quizás estemos equivocados los dos". Así dejaba claro que posiblemente ni Valle-Inclán fuera tan bueno como antes proclamaba, ni él mismo tan malo como pudiera decir su colega escritor. 

Algunas citas de Don Jacinto:

"Los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados"

"Piense usted que siempre es más noble engañarse alguna vez que desconfiar siempre."

"El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece."

"Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos."

"Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos."

"Bienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos."

"La cultura es la buena educación del entendimiento."

"Una hora de alegría es algo que robamos al dolor y a la muerte, y el cielo nos recuerda pronto nuestro destino."

"Todos creen que tener talento es cuestión de suerte; nadie piensa que la suerte puede ser cuestión de talento."

"Para comprender el dolor no hay inteligencia como el dolor mismo."

"El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo."

"La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe ."

"Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón."

"Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes."

"El peligro del amor no está en las flechas que nos tira, sino en la venda que nos pone"

"En asuntos de amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca"

"Los libros son como los amigos, no siempre es el mejor el que más te gusta"

"La educación no es cosa de un día ni de dos... He conocido familias mal educadas hasta la quinta generación. Es la enfermedad más hereditaria"

"Lo peor de la ingratitud es que siempre quiere tener razón"

"Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa"

"La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe"

"Bien sé que las mujeres aman, por lo regular, a quienes lo merecen menos. Es que las mujeres prefieren hacer limosnas a dar premios"

"El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir"

"En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la victoria, se conoce al caballero"

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lunes, 9 de noviembre de 2020

Discépolo, Julio Sosa y el "Cambalache" de nuestros días


Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el quinientos seis y en el dos mil también. Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y dublés. Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos.

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador. ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos (Que va a haber) ni escalafón, los inmorales nos han igualao. Si uno vive en la impostura y otro afana en su ambición da lo mismo que sea cura colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón.

¡Qué falta de respeto qué atropello a la razón! Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón. Mezclao con Stavisky va Don Bosco y La Mignon, Carnera y Napoleón, Don Chicho y San Martín. Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia junto a un calefón.

Siglo veinte, cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil. ¡Dale, nomás! ¡Dale, que va! ¡Que allá en el Horno nos vamos a encontrar! No pienses más, sentate a un lao que a nadie importa si naciste honrao. Da lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de las minas, que el que roba, que el que cura o está fuera de la ley. 

El tango "Cambalache" parece la crónica perpetua de un tiempo y una sociedad que no quiere cambiar sus errores y contradicciones. Compuesto en 1934 continúa tan actual como entonces. Esta maravilla es obra del genial compositor argentino Enrique Santos Discépolo (en la foto), creador de otros tangos míticos como "Yira, Yira", "Uno", "El choclo" o "Cafetín de Buenos Aires", y si en "Cambalache" volcó todo su disgusto con la sociedad argentina de aquellos años 30 del siglo pasado, sus palabras terminaron por no tener ni fronteras ni tiempo, convirtiéndose en una verdad absoluta. La canción fue compuesta para la película "El alma del bandoneón" (1935 - Mario Soffici) donde lo interpretó Ernesto Famá. Su maravillosa carga de lunfardo y de crítica social hizo que una década después fuera incluido entre los "tangos prohibidos" para su difusión radiofónica, veto que solo sería retirado en 1949 por Perón.

En 1955 llegaría al repertorio del sensacional Julio Sosa, "El Varón del Tango", que acompañado de la orquesta de Armando Pontier y con su vigorosa voz le dio una nueva dimensión, resultando la suya, a mi modesto entender, la mejor versión del tema. Sosa cambió algunas expresiones de la letra original y así "el que vive de las minas (mujeres)" por "el que vive de los otros" y en lugar de "Mezclaos con Stavisky (un estafador) van don Bosco y la Mignon, don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín" cantó "Mezclaos con Toscanini van Scarface y la Mignon, don Bosco y Napoleón, Carnera y San Martín".

Posteriormente ha sido cantado por una legión de cantantes entre los que son destacables: Libertad Lamarque, Caetano Veloso, Tita Merelleo, Julio Iglesias, Luis Eduardo Aute, Raphael, Calamaro y por supuesto Juan Manuel Serrat, resultándome la interpretación de este último verdaderamente maravillosa, aunque por supuesto lejos de la del imbatible Julio Sosa que es a quien pasamos a escuchar a continuación.

El sonido y la imagen podrían ser infinitamente mejores pero es el único vídeo en el que se puede disfrutar de Julio Sosa cantando esta maravilla de canción:


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domingo, 8 de noviembre de 2020

Kafka, Prometeo y los buitres


"Erase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.

Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

– Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

– No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.

– ¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?

– Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

– No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.

– Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba."


"El buitre" (1920) es un pequeño cuento del siempre singular Franz Kafka, en cuya interpretación no quiero entrar. Para ilustrarlo nos hemos permitido un pequeño giro y hemos colocado una imagen de la escultura "Prometeo encadenado" (1762),  una espectacular obra del escultor Nicolas S. Adam en la que se representa el castigo de los dioses a Prometeo por haberles robado el fuego para dárselo a los hombres. En este mito es un águila el que interminablemente comerá del hígado de Prometeo que, como inmortal que era, volvía a sufrir el suplicio al día siguiente después de crecerle nuevamente el hígado por la noche. Prometeo finalmente será liberado por Hércules quien logra matar al águila de un flechazo. El buitre en vez de flecha tenía reservado un tiro pero, Kafka decidió otro final... La historia del buitre me recordó este mito y la afición de Kafka a jugar con la mitología en sus relatos; de hecho incluso tiene otro pequeño cuento titulado "Prometeo". La escultura se exhibe en el Museo del Louvre (París)

Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público - (CC0).- Fuente Original

sábado, 7 de noviembre de 2020

Winston Churchill, el tabaco y los venenos


A primera vista podría parecer imposible que ese mozalbete vestido fastuosamente con el uniforme del Cuarto Ejercito de Húsares del Ejercito Británico sea Sir Winston Churchill, pero todos hemos tenido 20 años de los que presumir y él aquí tenía 21. El tiempo se encargaría de "esculpir" su figura hasta convertirlo en el hombre de "gran presencia" que todos recordamos.

El bueno de Churchill tenía más salidas que una plaza de toros y de ello puede dar fe Nancy Witcher Langhorne Astor, la primera mujer que accedió a la Cámara de los Comunes. Cuando Churchill hubo de acompañar a Lady Astor a visitar a los Duques de Marlborough en su Castillo de Blenheim, las relaciones entre ellos eran ciertamente tensas y se habían llegado a reconocer mutuamente como enemigos públicos. En un momento en el que la paciencia ya se estaba agotando, Lady Astor le dijo a Churchill:

- Si usted fuera mi marido yo le daría veneno en el desayuno. 

Churchill, como siempre agudo e ingenioso, le respondió gélidamente, sin sangre, ni sudor ni lágrimas: 

- Señora, si usted fuera mi esposa yo no dudaría en tomármelo”.

Amigo de los placeres de la vida, en cierta ocasión Winston se encontró con uno de sus mejores mariscales de campo en la Segunda Guerra Mundial, el singular Bernard Law Montgomery (Monty para los amigos),  Al contrario que Churchill que era una chimenea andante, Montgomery tenía una fuerte aversión al tabaco e inevitablemente chocaba con el Sr. Winston, que llevaba el tabaco hasta en el nombre. Con estos antecedentes no es de extrañar que Montgomery le dijera al Premier Británico:

— Yo no bebo ni fumo. Duermo bastantes horas. Por eso estoy en forma al ciento por ciento.

Y Churchill respondió

— Yo bebo mucho, duermo poco y fumo un cigarro tras otro. Por eso estoy en forma al doscientos por ciento.

El tabaco mata millones de personas al año en todo el mundo, pero con Churchill parecía hacer una excepción. Su afición por los puros era tal que cuando le advirtieron de sus peligros y que el tabaco era un veneno lento, Churchill contestó con sus muchos años: !Y tan lento! (murió con 91)

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viernes, 6 de noviembre de 2020

El verdadero Quasimodo, "El jorobado de Notre Dame"


Quasimodo, el famoso jorobado de Notre Dame de París, con su rostro deforme y sordo por el sonido de las campanas de la Catedral a las que se encargaba de hacer "bailar", es un personaje icónico dentro de la historia del cine. En su piel se han metido grandes actores, desde Lon Chaney todavía en tiempos del cine mudo (1923) al más reciente Anthony Hopkins en 1982, pasando por las geniales interpretaciones de Charles Laughton (1939) o Anthony Quinn (1956), aunque han sido muchos más los actores que antes y después encarnaron a Quasimodo, un personaje muy codiciado en la pantalla. No se puede olvidar tampoco la adaptación al mundo de la animación que, edulcorando un poco la historia original de Victor Hugo, hizo Walt Disney en 1996.  

Y la pregunta es: ¿Podría estar basado Quasimodo en una persona real? El caso es que, en 1999 se descubrió en los archivos de la Tate Gallery londinense unas memorias de Henry Sibson, un escultor inglés que había trabajado en la restauración de la Catedral de Notre Dame, en los años inmediatamente anteriores a  la obra "Nuestra Señora de París" escrita por Victor Hugo en 1931. Sibson hace referencia en sus escritos a un escultor jorobado que trabajaba en la Catedral, solitario y esquivo en el trato con los demás. Lo contaba así:

Hacia 1820 "El Gobierno (francés) ordenó la reparación de la catedral de Notre Dame, y estaba ya en marcha. Dos contratistas, Plantor y Fontaine, me encargaron que esculpiera el follaje en torno a las ventanas". Tras una disputa con Plantor fue despedido. "Solicité entonces trabajo en los estudios del Gobierno, donde se encargaban de ejecutar las grandes figuras (para la decoración) y allí conocí a monsieur Trajan, el hombre más digno, paternal y amable que jamás he conocido" (...) "Tallaba bajo las órdenes de un escultor del Gobierno cuyo nombre he olvidado porque no tuve relación con él. Todo lo que sé es que era jorobado y no le gustaba mezclarse con los talladores". 

Más adelante Sibson vuelve a citar al enigmático escultor jorobado en referencia a unas obras en Dreux, una población cercana a París: "Monsieur le Bossu (el señor Jorobado), le dijo a Monsieur Trajan que se asegurase de que contrataba al pequeño inglés (Sibson)"

Esas pocas líneas llamaron la atención de los investigadores para ir atando cabos. Victor Hugo estaba muy comprometido en aquel entonces con las reparaciones que se estaban haciendo en Notre Dame y era especialmente crítico con algunas de ellas, de hecho terminó por liderar un grupo de personalidades que exigía que las obras fueran fieles al estilo original de la Catedral, motivo por el cual es obvio que estaba muy pendiente de la marcha de las obras que sin duda visitaría frecuentemente. Además se ha constatado, a través de archivos, que Trajan y su cuadrilla (a la que pertenecía el enigmático jorobado) tuvieron su taller de escultura en una habitación contigua a la Escuela de Bellas Artes del distrito sexto de Paris,  Saint-Germain-des-Prés, en la misma zona en la que el escritor vivía por aquella época. 

Por todo ello parece más que probable que Victor Hugo (imagen a la izquierda) llegara a saber del solitario y huraño jorobado, el que, quien sabe si fue así, pudo encargarse de realizar las enigmáticas gárgolas que tanta presencia tienen en el relato. De momento no se sabe el nombre del escultor que sirvió de inspiración a Quasimodo, pero no queda duda de que al menos, aunque el resto de la historia sea inventada, en tiempos de Victor Hugo hubo realmente un "jorobado de Notre Dame". Sobre la maravillosa Esmeralda y su Corte de los Milagros todavía no hay pistas.

Como última curiosidad decir que Jean Valjean, el protagonista de "Los miserables", otra de las maravillosas obras de escritor francés, iba a llamarse inicialmente Jean Trajean, un nombre sin duda muy similar al del bonancible Trajan ya antes citado.  

En la imagen de cabecera se puede ver a Lon Chaney en la versión muda que en 1923 se hizo de la historia. Después de sufrir castigo y humillación pública, Quasimodo solicitaba casi desfallecido un poco de agua. Solo Esmeralda, la zíngara, se apiado de él y calmó su sed, conquistando ya para siempre el corazón del pobre jorobado. "Ella me dio agua" repetiría una y otra vez.

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jueves, 5 de noviembre de 2020

¿Por qué era Clark Gable "El Rey" de Hollywood?

 

En un mundo tan competitivo como Hollywood no es fácil hacerse con la corona de Rey, aunque tener un buen par de orejas que la sostengan ayuda bastante. Glark Gable parece que reunía algunos de los méritos necesarios con suficiencia por lo que solo hacía falta un golpe de suerte para ocupar el trono. El sobrenombre lo conseguiría mucho antes de ser Rhett Buttler en "Lo que el viento se llevó" (Victor Fleming - 1939) o de marcharse de caza por África con una morena y una rubia, a cuál más guapa, que bebían los vientos por él en "Mogambo" (John Ford - 1953), aunque para decir verdad ya había hecho méritos y tenía en casa un Oscar por lo bien que se había comido las zanahorias en la maravillosa "Sucedió una noche" (Frank Capra - 1934). El bautizo se produjo en 1936, año en el que Clark Gable se encontraba rodando la exitosa película "San Francisco" (W.S. van Dyke) en compañía de Spencer Tracy y Jeanette MacDonall, un film en el que se recreaba los efectos que en 1906 causo un gran terremoto sobre la ciudad de San Francisco y que llegó a ganar el Oscar al mejor sonido y tuvo otras 5 nominaciones. 

El caso es que cierto día que Spencer Tracy llegaba a los estudios de grabación de la Metro-Goldwyn-Mayer para una de las sesiones de rodaje, se encontró con que el paso estaba totalmente colapsado por un nutrido grupo de fans que se arremolinaban en torno al automóvil de Clark Gable que también pretendía entrar. Viendo como acosaban a su compañero de reparto y sin saber como acceder a los estudios, a Spencer Tracy no se le ocurrió otra cosa que gritar, supongo que con un puntito de envidia:

- ¡Viva el rey!

Los allí congregados se quedaron por unos instantes atónitos y sorprendidos, momentos estos que aprovecho Spencer Tracy para hacerse paso y llegar a su destino. Posteriormente la anécdota empezó a contarse por los estudios hasta que finalmente el periodista Ed Sullivan lo llevó a la prensa popularizándolo y convirtiendo de facto a Clark Gable en "El Rey de Hollywood"

Aunque por muy Rey que fuera, para mí siempre será "El Cara-Cable" que es como le decíamos de chiquillos. Y soy consciente de que este último apunte a todos vosotros francamente os importará un bledo.

Imagen: Cortesía de la estupenda página Doctor Macro

miércoles, 4 de noviembre de 2020

El testamento de Auguste Rodin

 

Jóvenes que quieren ser oficiantes de la belleza, quizá les guste encontrar aquí el resumen de una larga experiencia. Amen devotamente a los maestros que les precedieron. Inclínense delante de Fidias y de Michelangelo. Admiren la divina serenidad de uno, la brutal angustia del otro. La admiración es un vino generoso para los espíritus nobles. Cuídense, sin embargo, de imitar a sus mayores.

Respetuosos de la tradición, sepan discernir lo que ella encierra de eternamente fecundo: el amor a la Naturaleza y la sinceridad. Éstas son las dos fuertes pasiones de los genios. Todos han adorado a la Naturaleza y jamás han mentido. Así la tradición les tenderá la llave gracias a la cual ustedes se evadirán de la rutina. Es la tradición misma quien les recomienda interrogar sin cesar la realidad y quien los preserva de someterse ciegamente a algún maestro. Que la Naturaleza sea su única diosa. Tengan en ella una fe absoluta. Estén ciertos de que jamás es fea y limiten su ambición a serle fiel. Todo es bello para el artista, pues en todo ser y en cada cosa, su mirada penetrante descubre el carácter, es decir, la verdad interior que se transparenta bajo la forma. Y esta verdad es la belleza misma. Estudien religiosamente: no podrán dejar de encontrar la belleza, porque se encontrarán con la verdad. 

Trabajen con empeño.

Fortalezcan en ustedes, escultores, el sentido de la profundidad. EI espíritu se familiariza difícilmente con esta noción; que no se representa de manera distinta más que con superficies. Imaginar formas con volumen le es molesto. Ése es, no obstante, su oficio. Antes que todo, establezcan nítidamente grandes planos de las figuras que esculpan. Acentúen vigorosamente la orientación que darán a cada parte del cuerpo, a la cabeza, a los hombros, a la pelvis, a las piernas. EI arte reclama decisión. Es por la salida bien acusada de las líneas por la que se adentran en el espacio y se apoderan de la profundidad. Cuando sus planos se detengan, todo se ha encontrado. Su estatua vive ya. Los detalles nacen y enseguida se disponen por sí mismos.

Al modelar, jamás piensen en superficie, sino en relieve.

Que su espíritu conciba toda superficie como la extremidad de un volumen que lo empuja por detrás. Imaginen las formas como levantándose hacia ustedes. Toda vida surge de un centro, luego germina y se expande de adentro hacia afuera. De la misma manera, en la escultura bella se adivina siempre un poderoso impulso interior. Ése es el secreto del arte antiguo.

Ustedes, pintores, observen también la realidad en profundidad. Miren, por ejemplo, un retrato pintado por Rafael. Cuando este maestro representa un personaje de frente, hace salir oblicuamente el pecho y así queda la ilusión de tercera dimensión. Todos los grandes pintores sondean el espacio. Es en la noción de espesor donde reside la fuerza. Recuerden esto: no hay trazos, sólo hay volúmenes. Cuando dibujen, no se preocupen jamás del contorno, sino del relieve. Es el relieve lo que rige el contorno Ejercítense sin reposo. Es necesario que se entreguen al oficio.

EI arte no es más que sentimiento. Pero sin la ciencia de los volúmenes, de las proporciones de los colores, sin la dirección de la mano, el sentimiento más vivo se paraliza. ¿Qué llegará a ser el gran poeta en un país extranjero del que ignora la lengua? En la nueva generación de artistas, hay un número de poetas que, desgraciadamente, rechazan aprender a hablarla. Por eso no hacen más que balbucear.

¡Paciencia! No cuenten con la inspiración. No existe. Las únicas cualidades del artista son sensatez, atención, sinceridad, voluntad. Realicen su tarea como obreros honestos.

Sean verdaderos, jóvenes. Pero eso no significa que sean meramente exactos. Hay una exactitud de base: la de la fotografía y la del vaciado. EI arte no comienza más que con la verdad interior. Que todas sus formas, todos sus colores, traduzcan sentimientos. 

EI artista que se contenta con la apariencia y quien reproduce servilmente los detalles sin valor no serájamás un maestro. Si han visitado algún camposanto de Italia, sin duda habrán notado con que puerilidad los artistas encargados de decorar las tumbas se dan a la tarea de copiar, en sus estatuas, adornos, dinteles, trenzas de caballo. Son quizá exactas. No son verdaderas, porque no se dirigen al alma.

Casi todos nuestros escultores recuerdan aquellos cementerios italianos. En los monumentos de nuestras plazas públicas, no distinguimos más que levitas, mesas, veladores, sillas, máquinas, globos, telégrafos. Punto de verdad interior, luego punto de arte. Horrorícense ante esta ropavejería. Sean profunda y tenazmente veraces. No duden jamás en expresar lo que sienten, aun cuando se encuentren en oposición a las ideas establecidas. Puede ser que no sean comprendidos al principio. Pero su aislamiento no durará mucho. Los amigos pronto llegarán a ustedes, porque aquello que es profundamente verdadero para un hombre lo es para todos.

Y con todo, sin muecas, sin contorsiones para atraer al público. ¡Simplicidad, inocencia! Los sujetos más bellos se encuentran delante de ustedes: son los que los conocen mejor...

Mi muy querido y muy grande Eugène Carrière, quien nos dejó tan pronto, mostró genio al pintar a su mujer y a sus hijos. No le basta celebrar el amor maternal para ser sublime. Los maestros son aquellos que miran con sus propios ojos lo que todo el mundo vio y que saben percibir la belleza de lo que es demasiado común para los otros espíritus. Los malos artistas siempre ven a través de los anteojos de otros. 

EI gran punto es conmoverse, amar, esperar, estremecerse, vivir. ¡Ser hombre antes que ser artista! La verdadera elocuencia se burla de la elocuencia, decía Pascal. EI verdadero arte se burla del arte. Retomo aquí el ejemplo de Eugène Carrière. En las exposiciones, la mayor parte de los cuadros no son más que pintura: ¡las suyas parecen, en medio de las otras, dos ventanas abiertas a la vida! Acojan las críticas justas. Las reconocerán fácilmente. Son las que confirmará la duda, que los asediará. No se dejen envolver por las que su conciencia no admita. No teman a las críticas injustas. Indignarán a sus amigos. Les obligarán a reflexionar sobre la simpatía que les tienen y la pregonarán más resueltamente cuando se disciernan mejor los motivos. Si su talento es nuevo, no contarán al principio más que con pocos partidarios y tendrán una multitud de enemigos. No se desanimen. Los primeros triunfarán, pues saben por qué los aman; los otros ignoran por qué les son odiosos. Los primeros están apasionados por la verdad y ganan sin cesar nuevos adeptos; los otros no testimonian ningún celo durable por su opinión falsa. Los primeros son tenaces; los otros vuelan a todos los vientos. La victoria de la verdad es cierta. 

No pierdan su tiempo en anudar relaciones mundanas o políticas. Verán a muchos de sus compañeros arribar por la intriga a los honores y a la fortuna: no son verdaderos artistas. Algunos entre ellos son, sin embargo, muy inteligentes y si ustedes emprenden la lucha con ellos sobre el mismo terreno, consumirán tanto tiempo como ellos mismos, es decir, toda su existencia: no les quedará entonces más de un minuto para ser artistas. Amen apasionadamente su misión. No hay en ella más belleza. Es mucho más alta de lo que la gente cree. EI artista da un gran ejemplo. Adora su oficio: su más preciosa recompensa y la alegría de hacerlo bien. Actualmente, ¡lástima!, se persuade a los obreros por su desgracia de odiar el trabajo y de sabotearlo. EI mundo sólo será feliz cuando todos los hombres tengan almas de artistas, es decir cuando todos hagan con placer su tarea. EI arte es más aún una magnífica lección de sinceridad. 

EI verdadero artista expresa siempre lo que piensa a riesgo de atropellar todos los prejuicios establecidos. Enseña así la franqueza a sus semejantes. Ahora bien, ¡imaginemos qué maravillosos progresos se realizarían de pronto si la veracidad absoluta reinara entre los hombres!

¡Ah, qué rápido se libraría la sociedad de los errores y las bajezas que habría confesado y con qué rapidez nuestra tierra se volvería un Paraíso!

Auguste Rodin 

El texto, en el que Auguste Rodin parece querer dar testimonio de la experiencia de toda una vida dedicada a la escultura, como un testamento artístico o bien como guía para jóvenes artistas, fue dictado por el escultor a Paul Gsell en 1911, con la intención de que fuera publicado tras de su muerte, lo que no ocurrió hasta seis años después, en 1917

La fotografía de Rodin es obra de Nadar datada en 1891. La segunda imagen es de la "Venus" de Rodin que se expone en el Art Institute de Chicago. La tercera imagen es de la obra conocida como "La catedral" (Museo Soumaya) . Y finalmente, la cuarta es la obra titulada "Adan" (Art Galery of Western Australia)

Imágenes: De Wikimedia Commons. Imagen 1 (CC0) - Imagen 2 (CC BY 3.0) - Imagen 3 (CC0) - Imagen 4 (CC0)

Texto del testamento: Fuente

martes, 3 de noviembre de 2020

Bessie Smith y "St. Louis Blues"

 

Louis Armstrong decía de Bessie Smith que "tenía música en el alma" y una de las canciones en las que la volcó de forma más generosa fue en  el tema "St. Louis Blues", que en el vídeo que dejamos al final canta de forma totalmente desgarrada, desde la barra de un bar, abrazada a una jarra de cerveza y sin mirar a la cámara. "St. Louis Blues" es un tema crucial en la historia del blues, iniciático podría decirse, y es que hubo un tiempo en el que todos los temas de blues eran temas tradicionales y heredados entre generaciones, así podría decirse que "St. Louis Blues" fue el primero de los blues compuestos íntegramente como tal e inspirado en un determinado suceso. 

El tema data de 1913 y fue compuesto por W. C. Handy. La canción cuenta la historia de una mujer que ha sido abandonada por su pareja para marcharse con una bonita chica de la ciudad de St. Louis. W. C. Handy afirmaba que se había inspirado para el mismo en el insistente lamento que escuchó en una ocasión a una mujer y que decía: "Ese hombre tiene el corazón de una piedra lanzada al mar", frase que insertó en la canción. 

La canción  fue interpretada por varios artistas, pero cuando realmente tomó su verdadera dimensión fue cuando Bessie Smith la hizo suya y la convirtió en uno de los lamentos más conmovedores de la historia del blues. En el vídeo que acompaña el texto podemos disfrutar de la propia Bessie Smith cantando este blues. Puede que haya vídeos con mejor sonido, pero no pueden igualar la fuerza que transmiten las imágenes de una Bessie Smith cantando el tema como si ella fuera realmente la protagonista de su lamento. La pobre Bessie era alcohólica y su vida una carrera de obstáculos continua, de modo que no le resultaba nada difícil buscar en sus entrañas el sentimiento que había de volcar en aquella letra que le hablaba de historias vividas de cerca. La canción fue un verdadero bombazo. Era una época en la que las listas de éxitos no existían y la dimensión de una pieza se medía por el número de partituras vendidas. Las ventas fueron tales que el tema terminó por convertir a W. C. Handy en millonario y a Bessie Smith en la emperatriz del blues. No llegaría otra voz parecida hasta la aparición de Billie Holiday.




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lunes, 2 de noviembre de 2020

Hirohito, Barbara Bush y los bombardeos sobre Tokyo


Antes de que se lanzaran las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, la ciudad de Tokyo sufrió bombardeos sistemáticos que causaron más daño y mortandad que el sufrido en aquellas ciudades. El bombardeo de la capital japonesa del 9 de marzo de 1945 fue especialmente duro, para muchos historiadores el más cruento de la historia. Aquel día se arrojaron sobre Tokyo casi 1700 toneladas de bombas con la particularidad de que estas eran bombas incendiarias de napalm de muy poco peso. Así, un total de 496.000 artefactos explosivos de tan solo 2'7 kilos cada uno fueron lanzados sobre una ciudad en la que muchas de sus construcciones eran de madera, suficientes para crear un sin fin de incendios que terminaron por arrasar la ciudad. Si en Hiroshima murieron de forma inmediata 80.000 personas y en Nagasaki fallecieron 74.000, en Tokio, ese fatídico día fueron la friolera de 105.000 personas las que perdieron la vida. Gran parte de la ciudad quedó destruida y 260.000 hogares arrasados

Georges Beck, artillero de uno de los bombarderos B-29 que participó en aquella misión, anotó en su diario: “Se formaron nubes de humo negro y apestoso, de hasta 20.000 pies de altura, causando corrientes de aire caliente muy poderosas que hacían tambalearse fuertemente nuestros aviones y traían consigo el horrible olor de la carne que se quema”. Y no fue este el único bombardeo que sufrió la ciudad, únicamente fue el más cruento. El efecto mediático de los hongos atómicos dejó en el olvido estas barrabasadas de los americanos, al parecer, según cuenta la siguiente anécdota, incluso para ellos mismos. 

En abril de 1982, George H. Bush, futuro presidente de los Estados Unidos, en compañía de su esposa Barbara, hicieron una visita a Japón y fueron recibidos por el Emperador Hirohito. El encuentro fue relatado por Barbara Bush en su libro de memorias. En la entrada de los días 23 al 25 de abril de 1982 puede leerse (traducción propia y seguro que deficiente):

"Durante una vista a Japón, George y yo almorzamos en el Palacio Imperial con el emperador Hirohito. Mientras esperábamos a que apareciese, recuerdo permanecer frente a unas dobles puertas cerradas y pensar que detrás de ellas estaba el hombre que de pequeños pensábamos era el diablo. Él era al que acertada o equivocadamente culpamos por Pearl Harbor. Cuando las puertas se abrieron se presentó ante nosotros un ser diminuto de aspecto amable. Durante ese memorable almuerzo, me senté junto al emperador y encontré la conversación algo dificultosa. (...) Él tenía un "si" o un "no" como respuesta para todo, entre los que intercalaba algún ocasional "gracias". 

Estábamos sentados en el glorioso y relativamente nuevo Palacio, así que desesperada por hablar sobre algo, dije que el nuevo palacio era encantador. "Gracias" me respondió. Entonces insistí "¿Es nuevo?". "Si" contestó. Finalmente comenté: "¿Era el antiguo palacio tan viejo que se vino abajo? Él se giró con una encantadora sonrisa y me dijo: "No, me temo que vosotros lo bombardeásteis".

El maravilloso castillo palacio original de la era Meiji quedó destruido en un bombardeo la noche del 25 de mayo de 1945, para ser reconstruido en 1968 con el nuevo nombre de "Kökyo" (Residencia imperial). 

En otras entradas se hablará de las barbaridades que también cometió el ejercito imperial japonés. En la guerra todos los bandos tienen siempre acciones ignominiosas a sus espaldas.

En la foto se puede ver al Emperador Hirohito el día de su entronización en 1928.

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domingo, 1 de noviembre de 2020

La Tocata y Fuga BWV 565 de Johann Sebastian Bach

 

"Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo". (Goethe)

Pero antes de hablar de Bach, me gustaría hablar de los organistas. Hoy día, las figuras más sobresalientes de la interpretación en la música clásica suelen contarse entre pianistas o violinistas y para ellos parece que quedó reservado el calificativo de genios, pero entre los instrumentistas todavía hay quien, a mi modesto juicio, los supera: los organistas; esos interpretes que se enfrentan a mastodónticos y complejos instrumentos, con decenas, cuando no centenares de tubos y clavijas, con varios teclados y hasta pedales para tocar parte de la música con los pies. Bach fue seguramente el mejor de todos y su fama con este instrumento era grande. No es fácil enfrentarse a uno de esos ingenios. A los organistas las teclas del clave se les quedaron cortas y a la búsqueda de retos mayores llegaron a la gran complicación y hermosura embriagadora de esos órganos en los que han de coordinar brazos y piernas para sacarle todo el rendimiento a un instrumento ante el que se asemejan a una araña que está tejiendo una complicadísima red sonora. 

Y entre los grandes retos que se pueden acometer con un órgano de tubos se encuentra, en una posición de preeminencia, la Tocatta y fuga en re menor BWV 565 de Johann Sebastian Bach, una obra soberbia y apabullante en su sonoridad y complejidad que el bueno de Bach compuso en plena juventud, en algún momento entre 1703 y 1707, o sea, cuando Bach tenía tan solo entre los 18 y los 22 añitos. Puede que por esa efervescencia y atrevimiento que suele acompañar la juventud la obra resulte tan singular,  al condesar en su desarrollo todos los registros que ofrece el órgano y no dudar en exprimirlo a fondo en varios momentos. Bach, como decíamosera un renombrado organista y también era solicitado a menudo para probar los nuevos órganos que se instalaban en las numerosas iglesias alemanas, por ello hay quien considera que la Tocata y Fuga es una obra concebida como una herramienta, como un examen para los órganos que eran probados por Bach, un test de calidad para ver la salud del instrumento, sus capacidades y prestaciones en todos y cada uno de sus registros. Igual que si en punto muerto pisáramos a fondo el acelerador de un coche para oír como ruge su motor, Bach no dudaba en sacarle al inicio de la Tocata todo el poder al órgano requiriéndole toda su potencia en los graves para ver que tal respiraban sus pulmones, logrando una atmósfera inigualable y sobrecogedora, para después empezar a hacer diabluras con sus teclados, exprimirle todas sus posibilidades y ver sus prestaciones. Es como si para probar un micrófono en vez de decir el consabido "uno dos, uno dos, probando" el cantante improvisara con el "Largo al factotum" de "El Barbero de Sevilla", y es que si realmente Bach ideó esta obra como una "piececita" para realizar pruebas, no cabe duda de que terminó componiendo una de las obras más famosas de la historia de la música, versionada y manoseada hasta la saciedad por pianistas, orquestas y violinistas, no consiguiendo por supuesto ninguno de ellos la atmósfera que ofrece su ejecución en un órgano de tubos. Recordar que este instrumento  puede abarcar hasta diez octavas, una por encima y otra por debajo de las que ofrece el ya de por si completo teclado de un piano, abarcando con ello prácticamente toda la gama de sonidos audibles por el ser humano. 

En el desarrollo de la fuga hay quien mantiene que las evoluciones sobre el teclado del órgano podrían estar inspiradas en un original para violín perdido, aunque es algo que difícilmente podremos llegar a saber con certeza. La obra estuvo durante mucho tiempo olvidada hasta que el gran Mendelsshon, al igual que con otras obras de Bach, como la Pasión según San Mateo, la recuperó para nuestro disfrute y admiración. 

Ahora solo queda escucharla y para ello os dejo este maravilloso vídeo en el que vemos las evoluciones del organista alemán Hans-André Stamm, tocando un órgano construido entre 1724 y 1730 (en vida de Bach) por Tobias Heinrich Gottfried Trost y ubicado en la iglesia Stadkirche de la ciudad alemana de Walterhausen, a menos de 200 kilómetros de Leipzig, ciudad en la que desarrolló parte de su carrera Bach y en la que murió en 1751. Puede que hasta "el pelucas", como gustaba llamar Fernando Argenta a Bach, probara con su exigente Tocata y Fuga, este mismo órgano, que como vemos tiene buenos pulmones y respira una salud envidiable.




"Inicialmente estaba Bach..., y entonces todos los otros" (Pau Casals)
"A pesar de todo mi amor para muchos otros -y Beethoven y Mozart no son los menos- puedo solamente estar de acuerdo con Casals: Bach los domina a todos" (Paul Tortelier)
"Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso" (Emil Cioran)

ImagenJohann Sebastian Bach (61 años) en un retrato de Elias Gottlob Haussmann , copia o segunda versión de su lienzo de 1746. La pintura original cuelga en la galería del Altes Rathaus (Old Town Hall) en Leipzig, Alemania


Imagen: De Wikimedia Commons - Dominio Público (CC0) - Enlace a Fuente Original